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Archivo de la categoría ‘Cultura’

Guillermo Cabrera Infante, un escritor reidor

Mircoles, 4 Diciembre 2013

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No existe un solo libro de Guillermo Cabrera Infante con el que no haya “leído” a carcajadas. Donde escribí “leído” debió decir “reído”, claro, pero es que cuando leo al autor cubano también río a mandíbula batiente con cada una de sus ocurrencias anecdóticas, reflexivas o lingüísticas. De tal modo aprendí, leyéndolo y riéndome, que La Habana era una ciudad plena de euforia, luminosa, rítmica y sonriente, que la capital donde yo había nacido y crecido nada tenía que ver con el espectáculo angustioso cotidiano en el que nos sumieron los demiurgos del apocalipsis revolucionario, y sus protagonistas: el pueblo, sus dirigentes, y tao, tao, tao… No voy a entrar en la muela bizca de la que ya estarán hartos.

Acabo de releer ‘Mapa dibujado por un espía’ -publicada por Galaxia Gutenberg y editada por uno de los mejores editores, Antoni Munné- y me cuesta escribir, y hasta evocarla y pensar en ella, porque sigo enmarañada en la profunda tristeza que emana palabra a palabra de este texto laberíntico, y lo que es mejor, que no peor, tampoco deseo liberarme de la melancolía en la que me ha hundido. Ya saben que a mí me gusta llorar con el buen cine y me encanta reírme con la buena literatura. Sin embargo, con esta novela me ha ocurrido algo muy distinto: ni risa ni llanto; sino una especie de escozor que recorría mi espina dorsal mientras la leía apesadumbrada, con los dientes apretados. Ira y congoja. Sensaciones extrañas de las que no puedo y no ansío despojarme. Porque pese a la enorme depresión que se atisba y destila de la escritura de Guillermo Cabrera Infante advierto que hasta la melancolía de aquella época, con todos sus errores y horrores, lucía un sello de elegancia, de distinción sosegada, de carácter emblemático, y hasta eso, ese tipo de anonadamiento, se ha perdido en Cuba. Se perdió la risa, se acabó la melodía, se apagó la ciudad (desmoronándose a puñados), se largaron los mejores artistas, los mejores en todo, o sea los alegres. La patética amargura reemplazó a la poética aflicción. La memoria varada entonces en el terreno de lo antaño, no sirvió más que para mea culpas, arrepentimientos, subterfugios.

Esta novela nada tiene que ver con mea culpas, ni con ‘Mea Cuba’, dicho sea de paso; un libro que también fue ocultado, no por el autor, sino por los censores de turno fuera de Cuba al servicio del tirano de la isla.

Debo pautar en una pausa que, de las tantas veces que visité a Guillermo Cabrera Infante y a Miriam Gómez no recuerdo ninguna empañada por la agonía de la nostalgia, no los recuerdo jamás hundidos en la morriña. Por el contrario, viviendo en el corazón de Londres, rodeados de gran cantidad de libros, de las mejores librerías y museos, de tiendas y restaurantes para escoger, en esa casa que todavía hoy visito siempre se respiró y se respira la Cuba extraviada y hallada en aquel rincón, en pocos rincones del mundo, menos en la isla misma, y una maravillosa alegría. Nunca he conocido una pareja más cómica, más inteligente, más reidora que Miriam y Guillermo. Y ahora, en la ausencia de Guillermo, Miriam se ha propuesto continuar ese alborozo tan cubano, ese júbilo tan productivo, trabajando en los manuscritos que escribió su esposo en el exilio. Porque Guillermo Cabrera Infante escribió la mayor parte de su obra en el exilio, al igual que José Martí, Cirilo Villaverde y Gertrudis Gómez de Avellaneda, y numerosos escritores exiliados desde el año 1959 hasta la fecha.

Uno de los engaños que no perdonaré nunca al régimen castrista es que nos haya querido inculcar, mediante trampas y chantajes, que solamente la literatura y el arte (por llamarlo de alguna manera) que se produce en Cuba poseen un auténtico valor, pese a que la mediocridad, la pusilanimidad, el servilismo, y el cretinismo inundaron la creación y ofuscaron el pensamiento. Pese a que la gran obra cubana de todos los tiempos y de los grandes escritores, poetas, pintores, músicos, filósofos -desde el siglo XIX hasta hoy- se ha construido en el exilio. Haya sido compuesta en la época en la que lo haya sido. Pero no entraré en esos temas, que ya aburren –como indiqué al inicio-, sobre todo para los que nos pasamos la vida conversando acerca de ellos; temas de los que todavía muchos no quieren enterarse, como canta el bolero: “por pura cobardía”.

Otra de las fabulaciones del castrismo, de las mentiras y calumnias de sus esbirros, ha sido los de regar, o sea, divulgar que tanto Cabrera Infante y Reinaldo Arenas eran seres llenos de odio y acomplejados ( por cierto, lo mismo que dicen de mí), lo que, como supondrán, me sume en el orgullo, y me compromete e impulsa a continuar con inmenso amor y honor. ¡Odio y complejo! Todo lo opuesto a lo que podemos apreciar en esas obras: generosidad, ternura, dolor, tristeza, valentía, vida y libertad.

‘Mapa dibujado por un espía’ es, tal como anuncia su prólogo, una novela inacabada, escondida púdica y secretamente por el escritor. La única novela no leída por Miriam Gómez hasta su edición. Pero incluso siendo un texto inacabado su grandeza es incalculable, no sólo por su calidad literaria, qué duda cabe, sino porque por encima de todo se trata de un testimonio muy personal, íntimo. La última desgarradora aventura de un escritor acorralado en su país, y no de cualquier escritor. De alguien que se sintió culpable por haber creído y, pudo por fin, fugarse para no seguir sintiéndose responsable después de haber reído, y hasta después de haber leído, como tantos de los que nos tuvimos que quedar.

El primer exergo del libro pertenece a Ernest Hemingway y cito: “Tú no eres realmente uno de ellos sino un espía en su país”. Nada más transparente que esa breve introducción. Aunque Guillermo Cabrera Infante pudo quedarse y seguir siendo uno de ellos, cómodamente, debido a sus orígenes humildes, y por su procedencia de una familia comunista, eligió partir hacia la libertad antes que vivir encadenado a la mentira y quedar esclavo de la vigilancia en un país que ya no era el suyo, sino el de “ellos”, el de “ésos”: los odiadores reales. Impuestos el odio y la maldad, el fracaso estaba asegurado, como ha sido, rotundo. Esta novela es la máxima prueba del gran fracaso que constituyó esa revolución, una prueba de primera mano.

Aun después de haber leído y sufrido con esta reciente obra de Cabrera Infante, sigo y seguiré sosteniendo que su autor era un escritor reidor. ¿Por qué? Pues porque amaba la verdad. Y tal como nos afirman Bergson y Heinrich Böll, en su cuento El reidor, sólo los dueños de la verdad, que la conquistaron con esfuerzo, poesía, y padecimiento, son reidores sofisticados, exquisitos y legítimos. Ni una sola obra de los odiadores, ni una frase redactada por los maldicientes, ni una sílaba de los imitadores, posee la altura de ‘Mapa dibujado por un espía’, ya que, reitero, no se trata exclusivamente del testimonio individual del autor, se trata de un fragmento tenebroso de la historia de Cuba que ahora los culpables, muy fétidamente, se disponen a borrar de un tachón: la época del espanto.

La paradoja, o “parajoda”, como bromeaba Guillermo, radica en que medio siglo más tarde, el tiempo y la razón están por fin del lado de los que con toda evidencia la tenían, de los silenciados y humillados. Publicar esta novela no sólo ha sido un hermoso gesto de justicia, además restituye la verdad escamoteada una y otra vez. Pone al descubierto la sombría falacia, muestra la basura barrida bajo la alfombra. Y le da un tapaboca a los ingratos y traidores.

Afortunadamente Guillermo Cabrera Infante sigue perpetuándose en ese reidor que no pocos conocimos, aunque no exactamente como el reidor profesional del cuento de Böll, sino como todos esos reidores que tuvo Cuba en el pasado, que reían porque buscaban y hallaron la verdad, porque como canta el verso de Lezama: nacer allí todavía era “una fiesta innombrable”, y nunca renegaron de sus orígenes.

Foto: Néstor Almendros. Archivos del escritor.

Tres tazas

Mircoles, 6 Noviembre 2013
He leído en estos días varios artículos y entrevistas con esos personeros semi enmascarados de la tiranía castrista. Dos de ellos son escritores del régimen, aunque tapiñados, claro, y se la pasan viajando pero marcando la tarjeta en Cuba y retratándose en sus chozas de lujo que les concedió el Partido Comunista en los repartos habaneros. El otro pasa por un profesor universitario y ensayista del exilio de terciopelo. Y el tercero es un periodista y biógrafo norteamericano, vamos a decir, que medio zanaco, o se hace. Todos coinciden en nombrar a -según ellos- novelistas cubanos de importancia, a los que por supuesto nadie conoce ni en la sala de su casa a la hora de encender el televisor ruso en blanco y negro. Y obvian, claro está, los nombres de otros escritores premiados, traducidos, publicados, con una obra extensa, casi todos exiliados, y anticastristas hasta el tuétano, entre los que me encuentro.

Lo curioso es que los especímenes estos a los que rara vez menciono, coinciden en ignorar, lo que ya es el colmo, el nombre de Guillermo Cabrera Infante, y para más inri uno de los escritorzuelos, un “fama” plagiador inventado por la izquierda, cuando ya no le quedó más remedio de aceptar su existencia, se llenó la boca para mascullar que el autor de Tres tristes tigres y de su novela más reciente Mapa dibujado por un espía (Galaxia Gutenberg, 2013), que es pan caliente en las librerías españolas, hoy precisamente, no había publicado nada una vez que se fue de Cuba. No sólo es una mentira y una falta de respeto inaceptables, además, en esta nueva novela de Cabrera Infante, la que ya tengo en mi poder y de la que escribiré más adelante cuando la haya terminado de leer, se cuentan las verdaderas razones por las que su autor, uno de los más grandes escritores cubanos y universales, fue durante toda su vida un anticastrista cabal, pese a que por sus orígenes bien pudo haberse acomodado y haber vivido como le hubiera dado la gana en un mundo de víboras y farsantes, como han hecho los antes no mencionados de marras.

De modo que no sólo Guillermo Cabrera Infante publicó la mayor parte de su obra fuera de Cuba, donde la escribió también, sino que además, después de su desaparición física, su esposa, Miriam Gómez, se ha dado a la tarea titánica de editar toda la obra inédita, y ya van cuatro libros publicados, bajo el atento cuidado de Antoni Munné, su editor. Una sola frase de cualquiera de esos volúmenes vale muchísimo más que cualquier librejo de basura de estos nuevos voceros del castrismo.

Tres alegres tazas.

Colección Robert Altmann de pintura cubana en PIASA

Sbado, 12 Octubre 2013

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Mi amistad con Robert Altmann data de 1996, fue gracias a Guido Llinás y a José Triana que nos conocimos. Nuestro viaje a Clairgoutte para la Retrospectiva de Guido Llinás fue el detonante de una perdurable amistad. Sus cartas, desde Viroflay, acompañadas siempre de una pintura o de un dibujo de su autoría colman mis archivos y las paredes de mi casa.

El día 26 de noviembre se pondrá a la venta la Colección Robert Altmann de pintura cubana, una de las más importantes del mundo. La exposición y el catálogo, así como la subasta en PIASA, han sido organizados por un equipo extraordinario, a quienes agradezco, así como a los hijos de Robert Altmann, el pintor Roberto Altmann, Claudine y Sergio.

Robert Altmann vivió en Cuba entre 1941 y 1949, nació en Hamburgo en 1915, reside en Francia.

Cliqueen aquí para el Comunicado de prensa en francéspiasa-rive-gauche-the-robert-altmann-collection-of-post-war-cuban-art-26-november-2013.pdf

En inglés:  piasa-rive-gauche-the-robert-altmann-collection-of-post-war-cuban-art-26-november-2013.pdf

Sita Gómez en Ars Atelier City

Domingo, 22 Septiembre 2013

En el último número de la revista Ars Atelier City se le hace un homenaje a la pintora cubana exiliada Sita Gómez.

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El entorno de una novela

Martes, 20 Agosto 2013
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Toda novela es silencio de alguna manera violado, sin embargo también es monólogo redentor, sobre todo cuando lo que se escribe se ha vivido peligrosa e intensamente, cuando se musita en puntillas, aunque de manera resoluta, la historia de toda una vida, la propia, y alejándose de ella sin embargo se ventilan las deudas, los cobros (en algunos de ellos se ha pagado con la existencia misma), se bosquejan las alegrías y desdibujan los pesares de toda una generación poseída por la fiebre de la irreverencia y apagada luego en el resquemor del olvido.

El entorno del silencio, novela de Antonio Ricardo Valle, transita esos vericuetos ya conocidos, los del “yo” y de “nosotros”, sin la grosería tan manoseada de utilizarlos de forma obvia y ñoña, nada de eso. Su narrativa fluye de manera natural y maciza, no es un diario, es una novela -como la vida, ya lo recalcó Marcel Proust-, porque constituye sin duda un bouquet perfecto de sentimientos, un ramo de sensaciones, estilos y maneras de narrar ya frecuentados por otros, por supuesto, y esos otros han sido sus maestros, nuestros dioses leídos y releídos, divinidades gozadas y profundizadas hasta el desmayo y el desvelo; aunque en su caso ha sido entregado, devuelto el agradecimiento, sin aspavientos ni exhibicionismo, todo lo contrario, con elegancia, reflexión, sutileza, soberbia madurez.

Trata de vida, pero también de lecturas, de cultura, de descubrimientos alrededor del mundo, y periplos austeros por su mundo interior. Es la novela de un explorador explorado. 

Es de agradecer sobre todo  la supuesta ‘urgencia’ bajo lupa con la que esta novela ha sido rumiada, y por eso tan paradójicamente dilatada en su ciclo ovoidal, del anhelo que se percibe y que pese al intrínseco deseo, lucha en su contra, para al fin contar lo que fue la trayectoria en espiral, de un niño con la respiración en permanencia entrecortada por una hélice de aspas afiladas, nacido en los años cincuenta, rescatado en nuestros días; de un hombre que ha sido el testigo de la construcción de no pocos pedestales desde donde el horror se ha empinado y ha obligado a obedecer, y desde donde se ha ninguneado y asesinado. Pero por otro lado, muy acertadamente, se honra la obra de aquellos que no bajaron la cabeza, de los resistentes, de los “renunciantes”; y finalmente se muestra la reafirmación, o el triste y esperado declive, la decadencia de los más importantes y estrafalarios símbolos: desde la revuelta o algarabía chanchullera castrista (jamás revolución), con todos sus falsos héroes y sus perrunos artistas y escritores adictos al poder, esa intelectualidad de pacotilla enganchada al éxtasis de una barba trucada que truncó tantos rumbos, hasta la caída del Muro de Berlín, el idealizado fin del comunismo trocado por capitalismo salvaje, y el horrendo atentado islamista que ha sido erróneamente denominado el derrumbe de las Torres Gemelas en Nueva York, cuando en verdad lo que ocurrió fue una cruzada hostil y guerrerista, una masacre inadmisible.

Matteo, el protagonista de este libro, es un testigo apacible, un amante creativo, un visitante que muda en viajero. “Un peregrino inmóvil” y lezamiano a veces, y andarín y ubícuo en otras. Matteo es un salvador. Su peregrinaje, imaginado primero, antes que mude en éxodo, en fuga, devendrá finalmente interminable e infatigable procesión en pos de la verdad y de la paz.

No debíera de ser yo quien escriba sobre una historia que conozco muy de cerca, que he caldeado y saboreado en conversaciones con el autor en tantos ’santos lugares’ (para homenajear al maestro Ernesto Sábato) de este mundo: París, donde empezó a escribirla, muy cercano de un busto de Víctor Hugo, un guiño que el lector agradecerá al final del libro, sabiendo que Hugo escribió sobre las mujeres cubanas; en Roma, donde Antonio Ricardo Valle ya iba cocinándola a fuego lento y engulléndola suculento y al mismo tiempo devorándose apetitosamente a si mismo. Y más tarde, a través del teléfono, desde Nueva York, la ciudad donde reside y donde fue repujándola como un artesano, o mejor, recreándola a través de personajes remodelados, inspirados en protagonistas reales, moldeándola como un alfarero, sopesándola como un alquimista en cuya diminuta balanza se escabulle el azogue saltando hacia la viscosidad del oro lícuado. Finalmente descontextualizándola en Creta, en una noche de luna llena en Platania, en un almuerzo servido por los dioses de Hania. 

No debía de ser yo, reitero, conozco demasiado los secretos, los escondites, y no quisiera revelarlos antes de que ustedes paladeen su escritura, antes de que penetren en el universo de un escritor que lleva décadas meditando lo que finalmente ha novelado en apenas tres o cuatro años. Recuerden los versos de Constantino Cavafis: “Doce y media. Cómo pasan las horas. Doce y media. Cómo pasan los años”. Pero estoy segura que ustedes entenderán mi regocijo al presentárselas desde el privilegio de la amistad.

El silencio acumulado, ahorrado en el sosiego, valió la pena, porque una novela de semejante envergadura sólo puede ser escrita desde la satisfacción y el deleite de haber cumplido de manera honesta y puntual con la suerte y el esfuerzo, y sí, también es cierto, con los sinsabores de la pérdida, de las ausencias. De mucho sirvió haber quedado bien consigo mismo, de haber andando, a menudo con dificultad, pero la mayoría de las veces con destreza,  por los caminos trazados, rediseñados, que unos llaman aventura y otros destino.

El entorno del silencio en Ediciones Palibrio.

Último día de exámenes

Jueves, 4 Julio 2013
Ayer fue el último día de exámenes de mi hija, que acaba de terminar su primer año en La Sorbonne. Es casi imposible de explicar la alegría que inevitablemente he sentido cuando en años anteriores me ha llamado para anunciarme que ha salido bien en un exámen. Esta vez también ha salido bien, que es como siempre ella lo dice, sin alharacas, ni pedanterías añadidas: “Mamá, salí bien”. Sólo eso. Y yo radiante de felicidad.

Acompañar a un hijo en su sueño de convertirse una persona de bien es lo más hermoso que nos pueda suceder. Y sólo ocurre, como la infancia, una sola vez. Ayer Luna terminó oficialmente su primer año de estudiante universitaria. Ya ha matriculado el segundo año de Cine y ha aplicado para una segunda Licenciatura: Español.

La película que tuvo que analizar para su exámen fue Funny Face (1957), de Stanley Donen, con Audrey Hepburn y Fred Astaire. Les dejo este fragmento:

Como comprenderán hoy todo en el Métro para mí fue como ese París cantarino y danzarino de la película.

Teaser de ‘La mujer que llora’

Lunes, 17 Junio 2013

El más hermoso regalo, aparte de ella misma, que me hizo mi hija, estudiante de Cine en La Sorbonne, lo quiero compartir con ustedes:

Tàpies en el Palazzo Fortuny, en Venecia

Martes, 11 Junio 2013
En Venecia no hay taxis, o los taxis son los vaporettos, embarcaciones pesadas y lentísimas; a través de sus ventanillas vas contemplando la ciudad dorada, sepia, terracota, suspedida encima de La Laguna. En los vaporettos se confunde uno con mucha facilidad, y confundiéndose y perdidos es como mejor se aprecia la ciudad de los canales. En Venecia también se camina como loco, todo es por pies, de un lado a otro, trafucándose también en ese bellísimo laberinto humano, que si al Rialto, que si a la Piazza San Marco, que si al Gran Canal… La vida transcurre a su verdadero ritmo, y no al compás de internet, cuya conexión además es una pérdida de tiempo, porque a veces la consigues y otras “tampoco casi nunca”.

No hay nada como perderse en Venecia y reencontrarse más tarde en el Café Florián, o en La Rivetta, el restaurante preferido del pintor cubano Roberto García York, donde hay que reservar con un mes de anticipación, o sentarse en la Terraza del prestigioso Hotel Danieli a comtemplar el Lido, allí donde ocurrió Muerte en Venecia, la novela de Thomas Mann y la película basada en la novela de Lucino Visconti. O deambular como en una novela de Terenci Moix.

Es mi quinta visita a Venecia y jamás me ha abandonado en ninguna de las ocasiones anteriores. ni en ésta, la sensación de que la redescubro, porque invariablemente se descubre algo por primera vez en cada vez.

Para llegar al Palazzo Fortuny tomé no sé cuántas callejuelas y atajos, finalmente una señora muy amable, vestida como para un almuerzo veraniego dominical, me condujo hacia la Calle de los Abogados, y de ahí ya pude encontrar más fácilmente el extraordinario Palazzo Fortuny donde se exhibe dentro de la 55 Biennale una expo dedicada a Antoni Tàpies y su colección personal de obras de artistas amigos y objetos. No les contaré más para no romper la sorpresa de aquellos que pretenderán visitarla y seguramente la visitarán. Pero no pueden perdérsela, Tàpies era todo corazón y razón, manos y memoria, y palabras, ¡palabras justas! Lo que en la pintura no siempre se agradece.

Colaboracionismo

Mircoles, 29 Mayo 2013
Paso frente al Memorial de la Shoah siempre que salgo del metro Saint-Paul hacia mi bodega preferida Izrael en la rue François Miron, o cuando voy a la boutique Mélodies Graphiques, donde compro papel y tarjetas postales. No es que me quede en el trayecto, pero me desvío y me detengo frente a esos nombres, muchos de ellos niños, y se me hunde el pecho…También pienso en todos esos franceses que colaboraron con los nazis… Horror multiplicado.Y de ahí sin proponérmelo salto al tema Cuba, y al colaboracionismo de algunos, y a la destreza de la tiranía para convertir los panes de boniato en peces.

Primero lo hicieron con los artistas plásticos. Mandaron a un burujón de pintores hacia un supuesto exilio de terciopelo. Pero les salió mal la jugada. Muchos de esos artistas y pintores se les quedaron fuera de verdad, aunque la mayoría bastante calladita para que los dejaran regresar.

Después lo intentaron con los escritores, tras la publicación de mi novela La nada cotidiana, enviaron a unos cuantos escritorzuelos a que los representaran en el exterior. Cobraban ambas partes, por supuesto. A algunos de ellos los instalaron en puntos claves inclusive, otros todavía vienen y van. Y los terceros ni siquiera fueron elegidos para semejante empresa, se propusieron ellos solos. Esos son los peores.

Se robaron a los escritores exiliados muertos en la mejor operación de necrofilia que se haya conocido jamás, a los mismos que insultaron llamándolos locos y pornógrafos (como me llaman a mí), y a los que despreciaron, y hasta persiguieron y encarcelaron por homosexuales. La hija del tirano convierte la FMC, Federación Castrocomunista para reprimir a la Mujer Cubana en CENESEX, una ONG para cogerle dinero y tumbarle premios al “imperialismo” y a los gays exiliados, y seguir perseguiendo a los homosexuales anticastristas. A los turistas homosexuales les cobrará el cambio de sexo. Todo un negocio. En cualquier momento hasta los CDR devendrán ONG y estaremos trabajando desde el exilio, pagando impuestos, para engordarlos todavía más y mantenerles la chivatería.

Al tiempo del uso que se gastaron con los escritores, apelaron a los músicos. Hicieron el pan con ellos. Y un hijo  ejemplar del castrismo que no reconocía a su padre exiliado en los conciertos en Nueva York, enseguida fue autorizado a abrazarlo públicamente, documental mediante. Así lo hizo y cuánta lasca le han sacado a eso, primero al desprecio en contra de su padre, y luego al “amor” que súbitamente sintió por él.

Una cantante que le canta al tirano Fidel Castro es considerada rapera contestataria en Francia, y sus conciertos son vendidos con esos apelativos de “la más contestataria” por encima de los grandes músicos exiliados. Beyoncé y Jay Z, los “enviados especiales” de Obama, se despelotan en la isla bailando con una canción de Celia Cruz por la que los que la ponen ahora no pagan ni pagarán derechos de autor. Estamos hablando de Celia Cruz, una gloria del exilio a la que no dejaron volver a Cuba para asistir a los funerales de su madre y que estuvo prohibida en Cuba hasta su muerte. Todavía no pasa en la radio.

Han creado una página que se llama Havana Cultura donde promocionan a los artistas castristas exclusivamente. Le he enviado un mensaje a los artistas exiliados que tienen relación con la familia Bacardí para que se encarguen aunque sea de modo imaginativo de responder a esto mostrando a los valores del exilio, que son muchos más y cuentan más; dos de ellos me han respondido. Los demás no se han enterado. El día que Aquella Porquería se caiga, acaben de entenderlo, el pueblo solamente querrá ver, oir, leer a los escritores, músicos, artistas que les han arrancado, que les han prohibido, a los demás los tirarán a mierda, como lo que realmente son.

Ahora, el punto final es destruir con falsos disidentes a la verdadera disidencia interna. Para eso los han mandado a viajar. Y hasta los han puesto a enamorar para desbaratar. Uno de esos infiltrados exige que les den dinero, ya no a ellos, no, a los represores, que les manden cariñitos, besitos, y hasta sacos de malanga. Y el exilio cubano, colaboracionista probablemente sin quererlo obedecerá, algunos sembrados como espías desde el principio actúan como mediadores. Todos se muestran muy dadores (con los grants como garantía) y cómplices.

En cuanto al exilio, siempre fue sembrado desde el inicio de espías castristas. En los últimos años en cada esquina de Miami das una patada y te sale uno disfrazado de rumbero, de galerista, de brujero, de promotor cultural, de periodista, hasta de disidente, de lo que sea… Con tal de vivir del cuento.

Cuando todo se sepa, que se sabrá algún día, nada será más asqueroso que lo que ha sucedido en la Cuba de los Castro y de sus esbirros. Y ni hablar de la Cuba del exilio y de sus colaboracionistas.

¡Puaf!

El rap del fuego

Lunes, 13 Mayo 2013

Tomo el metro, desciendo en Oberkampf. En uno de los corredores un joven rasga una guitarra mientras a su lado una chica de unos veinte años afina el violín y coloca su sombrerito de colores a modo de canastilla para que le echen la limosna. Su pelo es rojizo y cae en mechas ardientes encima de sus hombros y su espalda. Les doy unos euros, en la mano.

Yo también tuve veinte años y fui pobre en París. Hemingway decía que para haber vivido en esta ciudad y que ella viviera a fondo en nosotros , debían de cumplirse tres condiciones: haber llegado con veinte años, haber sido pobre, haberse enamorado aquí. Yo lleno las tres. Y más.

A la salida del metro un chico de unos dieciseis años se empina una botella y sus carrillos se hinchan con los grandes sorbos de alcohol con los que juguetea en su boca. Escupe, y con una mecha prendida enciende en el aire las bocanadas que lanzó al cielo formando un arcoiris ficticio. Lo llaman El Tragafuego, aunque en verdad él no se traga el fuego, todo lo contrario, lo escupe. Sus labios están llagados de las quemaduras y en su cabeza rapada lleva varios tatuajes. En uno de ellos una rosa roja llora lágrimas dibujadas como una constelación y en otro un corazón arde entre llamaradas.

-Miren, miren, no hay nada más bello que el fuego -comenta una anciana a mi lado mientras extrae una pieza de su monedero y se agacha para colocarla en un pequeño cofre a los pies del Avalefeu (Tragafuego).

También yo coloco una moneda.

Más abajo, donde la calle se estrecha, otro rapero traquetea con sus manos en una lata de queroseno. Me recuerda a los bongoseros de solares y esquinas en La Habana. Interrumpe la percusión y con su voz rajada corta el viento:

-La vie, le feu, j’ai envie de brûler avec toi… 

Decididamente todo es puro fuego hoy. Por suerte, tras el largo invierno, por fin salió el sol.