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Hyon Song-wol

Domingo, 8 Septiembre 2013
Estoy segura que el nombre de Hyon Song-wol no les dice nada o les dice bien poco. Hyon Song-wol era una cantante nordcoreana, fue ejecutada hace poco por el régimen comunista de Corea del Norte, no la salvó ni haber sido, según se dijo, la supuesta ex novia del nuevo tirano de ese país. Fue ejecutada junto al grupo de músicos que la acompañaron siempre. La acusaron de haber hecho un video pornográfico según la dictadura. El video véanlo aquí.

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Lo curioso es que hace muy poco el mundo se movilizó en contra de la encarcelación de otro grupo musical femenino: las Pussy Riot, que cometieron el supuesto delito de entrar en una iglesia rusa y cantar en contra de Vladimir Putin. No entiendo por qué entrar en una iglesia y cantar en su interior sea considerado un delito. Pero al parecer ellas la liaron de tal manera que tuvieron que detenerlas. De ahí a juzgarlas y encarcelarlas va un trecho enorme de injusticias. Pero así son los comunistas nostálgicos de serlo, como lo es Putin. Por cierto, pese a que las he apoyado, también sé que las Pussy Riot son nostálgicas, ellas también al parecer, de un comunismo light. Pese a eso no merecen la cárcel, ni los abusos cometidos en su contra.

Sin embargo, tras el crímen cometido contra Hyon Song-wol, pensé que el mundo se movilizaría de igual manera, tal como lo hicieron a favor de las cantantes rusas. Nada de nada. Ni las FEMEN, ni Madonna, ni Lady Gaga, ni ninguna feminista, han dicho ni pío.¿Por qué? Faltaría más. A Hyon Song-wol a asesinaron los comunistas, la asesinó un régimen dinástico-dictatorial: Corea del Norte: la asesinó la moral de la izquierda entonces. La cabra siempre tira al monte, es sabido.

Es una vergüenza, un delito de lesa humanidad, que se ignore olímpicamente el asesinato de esta artista y de los demás artistas que la acompañaron en la aventura musical de toda una vida, y en la aventura sombría de la muerte.

En cuanto a los cobardes del mundo. Son los mismos que ignoraron la muerte de Zapata, de Pollán, de Payá, y de tantos otros. No se extrañen. Este es el mundo totalitario en el que vivimos.

 

El video en ABC también.

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¡Condolezza, te extrañamos!

Martes, 22 Enero 2013

No sé qué pasará con el Partido Republicano en Estados Unidos, pero, francamente, está más perdido que un pedo en un baile. Tienen que renovarse o retomar figuras que pudieran ser claves para un mandato que pudiese enfrentar genuinamente al Partido Demócrata.

El Partido Demócrata, por su lado, sufre de un handicap muy grande, no tiene un buen rival enfrente. Es lo que le sucede al Partido Socialista que hoy gobierna en Francia, con el enredo armado en el más importante partido de centro derecha, la UMP, también carecen de un contrincante fuerte. Y el Front National sigue subiendo en las encuestas.

Pero, en cuanto a Estados Unidos, por el Partido Republicano, yo extraño mucho a Condolezza Rice, una mujer de una gran fineza, una gran política, que con sus respuestas y acciones puso en jaque a los más energúmenos machistas en el poder letrinoamericano.

Condolezza Rice sería una excelente opción para la presidencia de los Estados Unidos: gran política, mujer, refinada, culta. Y para los que necesitan símbolos del mestizaje, negra.

Ojalá regrese Condolezza, el panorama sin ella se reduce a los muslos de Beyoncé cada vez más rubia y blanqueada, a un presidente también pasado por un baño de lejía, y a la payasería estrambótica de su mujer.

La prensa destaca hoy, del juramento de Barack Obama, por cierto, un discurso bastante demagogo, donde coloca por encima de los principales problemas (la economía y el empleo), la homosexualidad, y una igualdad que no dejó clara, ¿entre quienes? Un discurso melodramático y más digno de un showman, además del espectáculo, cursi y sensacionalista.

Dos hispanos, ahora se les llama así a los cubanos, formaron parte de la Cosa: Un cura (la iglesia, no podía faltar), y un poeta que se hizo poeta corriendo, al parecer, homosexual (eso está muy bien), pero que no habla de Fidel ni en mal ni en bien, un producto típico del obamunismo. Del poema, ni hablemos. ¡Ay, Reinaldo Arenas, y su Necesidad de Libertad manifestándose, también nos faltas!

Condolezza, vuelve, please

Miriam Gómez: Cubana, esposa de Guillermo Cabrera Infante, actriz. (1ra parte).

Domingo, 3 Junio 2012

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Miriam Gómez en un anuncio publicitario de la época en que fue actriz, en La Habana.

Muchos de los que han leído a Guillermo Cabrera Infante ignoran cuánto se apoyaba el escritor en los consejos y hasta en las bromas de su mujer, la que fue actriz de teatro y de cine, reconocida en Cuba antes de su exilio definitivo en 1965. Miriam Gómez, infatigable lectora de poesía, amante del cine y profunda conocedora, observadora minuciosa, no sólo fue la esposa que hizo todo y más de lo que podía para que el escritor pudiera crear, escribir, y curarse de una penosa enfermedad mental, fue además una musa bastante particular, porque no piensen ustedes en la musa tradicional, no, Miriam Gómez fue la musa que en muchas ocasiones ofrecía la idea, y no solamente estaba detrás de la idea, sino que la inventaba. Y también la que en largos períodos aportó la manutención de la casa y siempre el amor sin una queja. El amor, sobre todo el amor.

Para los que los conocimos como pareja eternamente unida nos cuesta creer que Guillermo Cabrera Infante no esté junto a ella. No esté físicamente, porque espiritualmente está, en toda esa armazón de libros que es el esqueleto de su hogar londinense. Es la razón por la que mientras disfruto de una vieja película en blanco y negro de los años dorados de Hollywood, o una del cine mexicano, en la sala de su casa, puedo sentir que Guillermo sigue oyéndola decir las ocurrencias que sólo Miriam puede decir entre un diálogo y otro aparecido en la pantalla, referidas a la historia de la película. O quedarnos atrapados ante un análisis político, o la traducción de un poema que ella ha hecho de mil maneras, semejante a un rompecabezas, sólo por el deleite de releer los versos en su mayor pureza y perfección posibles.

Guillermo Cabrera Infante era un hombre de un gran gusto, refinado, con un gran sentido del humor, un humor de ilustre caballero cubano y de lord inglés. Miriam Gómez es una mujer de una inteligencia natural, de muchísima intuición, y de un olfato también muy refinado. Ambos eran tal para cual, inteligentes y cómicos, seres luminosos. Dos personas que se amaron tanto que todavía su amor perdura en cada una de las palabras y de los gestos que Miriam Gómez hace a diario al evocar a Guillermo, en honor al escritor, por amor a su otra mitad. Cuando le pregunto qué es lo que ella es verdaderamente: ¿la esposa, la actriz? Responde sin vacilar: La cubana, la esposa. Lo de actriz quedó muy al principio, o en la obra del autor de Cuerpos Divinos, y de la mayoría de sus novelas donde ella es figura real y onírica.

ZV: - ¿En qué lugar de Cuba naciste y cuándo te mudaste a La Habana?

MG: -Nací en Taguasco, es un pueblo que está entre Jatibonico y Zaza del Medio, yendo por la carretera central, cerca también de Sancti Spíritu, es el último pueblo de Las Villas, pero como todo eso lo han cambiado ya no sé dónde queda mi pueblo, lo que tampoco me interesa, porque yo sigo con mi mapa de las seis provincias, tal como era cuando nací. Era un pueblo muy alto, se veían todos los demás pueblos aledaños. Era muy fresco, en invierno había escarcha, y los niños salíamos a jugar a pisar la escarcha, era muy rico pisar la escarcha helada. Era un pueblo muy distinto, y muy unido; nos ayudábamos unos a otros.

Yo vengo de una familia obrero-campesina. Mis hermanas trabajaban separando el tabaco, en la temporada de la ‘escogida’. Éramos ocho hermanos. Mi papá se murió cuando yo tenía dos años. Después de mí nació otro hermano. Mis hermanas trabajaban en la ‘escogida’ –como ya dije-, ellas podían ser como mi madre, las mayores tenían edad como para serlo. También trabajaban en tiempo de recogida de tomates, porque ese pueblo mío era muy agrícola. En temporadas de tabaco se apartaba todo el tabaco, se despalillaba. El tomate y el tabaco iban casi todo para Estados Unidos, porque Cuba les vendía esos productos agrícolas. Los tomates de esa zona eran buenísimos, entonces ellas apartaban tomates de primera y de segunda, ése era el trabajo de mis hermanas.

“Vinimos” para La Habana en el año 1952, yo tenía doce años. Nací en el año cuarenta con la Constitución. Para mí fue una ventaja enorme, porque por ejemplo, durante  la ‘escogida’ a mis hermanas mayores tenían que llevársela a mi mamá al campo para darle la teta, en mi caso no fue así, porque los derechos que nos dio la Constitución a las mujeres y a los obreros fue increíble. Por ejemplo, mi mamá pudo ir a la casa a darme el pecho, le dieron una canastilla magnífica y una nueva cuna. Todos mis hermanos nacieron en una misma cuna que hizo mi papá que era carpintero. Mi papá era muy buen carpintero; entonces él iba a diferentes lugares, y un día se fue a Lengua de Pájaro, un pueblo al extremo de Oriente, en lo que se llamaba Altos Hornos. Allá fue a hacer casas, y se cayó desde un primer piso, y se mató, cuando yo tenía apenas dos años. Imagínate, mi mamá se quedó con ocho hijos, casi todos menores. Y estas hermanas mayores fueron fantásticas, mis hermanas han sido mi orgullo, han trabajado toda su vida. Tengo una hermana que tiene casi ochenta años y sigue trabajando, en una tabacalera en Miami, a ella le gusta ese trabajo, y la pasa muy bien. Así que vengo de una familia obrero-campesina, tabacalera por que han trabajado en el tabaco de toda la vida. Aunque la gente crea que soy extraña, que parezco extranjera por mi forma de hablar, pero todas mis hermanas hablan así como yo, porque así hablábamos la gente de antes en Cuba, en todas partes, articulábamos mejor.

Mis hermanas mayores empezaron a mudarse para La Habana, primero se fueron ellas, y empezaron a trabajar en la fábrica H.Upmann, como ves, siempre en el tabaco. Aunque no en la fábrica H.Upmann de hacer tabacos, sino en el relleno de los cigarrillos que iban para Estados Unidos. A ese cigarrillo se le echaba miel, se le echaba de todo…

ZV: -Entonces sabes mucho de la cosecha del tabaco y de su fabricación…

MG: -Sí, como yo sabía y sé tanto del tabaco, para Guillermo fue fantástico, porque en Holly Smoke él puso la boca y el paladar, porque él fumaba el tabaco, pero casi todas las explicaciones las supo por mí y por mi familia, por mi tío tabaquero, que siguieron trabajando en lo mismo en Miami, y que le explicábamos cómo se hacían los tabacos, las diferentes mezclas. Me refiero a la parte técnica, porque a la parte literaria claro que él fue recolectando información y toda se debe a su talento de escritor, desde luego. Pero la parte técnica, de los nombres y los materiales, se los dimos mi familia y yo, puesto que de eso sabíamos y sabemos un mundo.

ZV: -¿Cómo fue tu llegada a La Habana?

MG: -Cuando me tocó el turno a mí de llegar a La Habana, como siempre, tuve muy buena suerte. Todas mis hermanas tuvieron que viajar, las pobres, en autobuses, y en esas guaguas que se llamaban del Galgo, pero a mí me llevó el médico del pueblo, que iba para La Habana, y me ‘trajo’ en un carro del año, último modelo, viajé de lo más cómoda. Siempre fui una niña muy nerviosa, estaba muy asustada, aunque él era mi médico, un médico que adoro, tanto, que tengo su foto al lado de mi cama. A él lo mataron en tiempos de Batista, aunque era batistiano. Estaba encargándose de hacer las primeras clínicas. Pero por un problema de un muchacho, estudiante, que había hecho algo en La Habana, y que fueron a buscarlo, porque lo pidieron, y que regresó al pueblo, figúrate, él empezó a matar, y a tirarle a los soldados del pueblo, que imagínate, esos soldados no mataban ni a una mosca, esos soldados tenían ahí a su familia y todo.

Entonces como él era un médico excelente y un hombre magnífico, él se llevó al muchacho herido. Y lo mataron, así fue que lo mataron en el camino. Es por eso que aunque él fue una víctima de la dictadura de Batista después no pudieron convertirlo en héroe, y eso que era un verdadero héroe, porque se trataba de un médico que, por salvar a un paciente, inclusive estando en contra de lo que estaba haciendo el muchacho, lo llevó de Taguasco a Sancti Spíritu, y allí lo mataron. Alguien avisó, en medio de la pasión ésa, alguien avisó en el pueblo, diciendo que iba este muchacho, y los soldados los esperaron y dispararon y los mataron. Ya nosotros vivíamos en ese entonces en La Habana, no sé muy bien cómo fue la cosa, pero sí sé que fue terrible, porque además él era de lo más batistiano; le habían encargado hacer clínicas para los campesinos, y él estaba en eso; era muy humano, muy buena persona. Por eso no ha sido nunca un héroe de la revolución, porque aunque, el pobre, lo mataron los de Batista, él cayó así en el campo sin haber hecho nada más que ayudar a un joven. Era un hombre excelente.

Como te decía, fui con él para La Habana, yo nunca había visto el mar, nunca en mi vida. A la altura de Matanzas, hicimos una parada en la Bahía de Matanzas. Bajamos, y vi una cosa que era para mí como un lago enorme ahí, y le pregunté a él que qué cosa era éso, que me dio mucho miedo. Porque era una cosa que tú mirabas y no veías el fin de aquello, le pregunté, y me explicó que aquello era el mar. Yo pensaba que era un lago, él me dijo: “No, es el mar. ¿Tú nunca has visto el mar?”. Le dije no, no, no. Nos acercamos entonces, pero yo tenía un miedo enorme, porque, ya te digo, yo era una niña muy nerviosa. Y ese miedo al mar siempre se me ha quedado. Al mar yo lo veo de lejos, pero no me gusta dormir cerca de él, ni nada por el estilo.

Cuando llegué a La Habana, al contrario de Guillermo, para mí fue un desencanto, porque yo creía que La Habana era lo que yo veía en las películas: esas casitas de California, casitas muy bonitas con sus jardincitos… Y me encontré con esa ciudad que acabo de volver a ver en esa película de Meche Barba, yo veo muchas películas mexicanas porque tengo un amigo en Miami el pintor y escritor Chago Rodríguez,  él me manda películas mexicanas y yo le mando las de aquí, difíciles de conseguir en Estados Unidos. Él me mandó Ambiciosa, de 1952, con Meche Barba, el solar que aparece en esa película es el solar que se hallaba detrás de la Compañía de Teléfonos.

Yo llegué para vivir por primera vez a la calle 10 de Octubre. Llegué a La Habana en julio del 1952, casi toda la película pasa en La Habana, y me impresionó mucho, como me impresionó esa ciudad tal como aparece en la película. Era muy distinta de lo que yo esperaba. La Habana que se ve en esa película es única, y esa fue La Habana que tanto me impresionó. Nunca he visto una ciudad más bella que ésa, llena de automóviles. Yo le tengo miedo a los automóviles, me daba miedo cruzar las calles, pero toda la ciudad era de una gran belleza. Nunca pensé que La Habana fuera tan alegre, tan llena de vehículos, y de luces. Nos encontrábamos muy solas mis hermanas y yo, porque siendo del campo siempre estuvimos acostumbradas a esa ayuda de los vecinos que se da en el campo.

En La Habana no conocíamos a nadie. Para pasear nos íbamos por El Paseo del Prado. El Prado para mí fue increíble, había orquestas de mujeres por todas partes, las últimas orquestas de mujeres que quedaban, era algo inimaginable. Nos íbamos a pasear, y mis hermanas eran muy bellas, con unos cuerpos tremendos, muy altas; todo el mundo tenía que ver con ellas, porque éramos una familia muy distinta. Mis hermanos medían 6,4, mis hermanas 5,9, 5,8, con unas estaturas increíbles, yo iba con ellas, con doce años, y fue para mí inolvidable pasear por La Habana con mis hermanas. Después, como ellas empezaron a tener enamorados, novios no, porque ellas fueron de esas mujeres que solo tuvieron un solo novio y se casaron con el único novio, pero las invitaban los enamorados a bailar, y salían a bailar, y entonces yo iba con ellas de chaperona. A los doce años ya me metían en los clubs, había un club donde yo no veía nada. Allí me llevó una prima que vino del campo, y tuve que acompañarla, porque en esa época cogían a las niñas de doce y trece años para cuidar a las hermanas mayores, y entonces yo iba con ellas, me sentaba y las veía bailar. Como veníamos del campo debían bailar delante de mí para que viéramos que no pasaba nada, que se portaban bien, si no se portaban bien no las dejaban salir más.

ZV: -¿Cuándo decides ser actriz? ¿Siempre te gustó la actuación?

MG: -Yo en el campo recitaba. En el campo las escuelas eran increíbles. En mi pueblo había la escuela de allí, del pueblo. Pero en los alrededores existían esas escuelas llamadas rurales, que eran escuelas hasta una edad, escuelas primarias. Después iban a las escuelas del pueblo. La escuela del pueblo tenía unas maestras magníficas, y entonces en Cuba era obligatoria la educación, tenías que ir a la escuela. No había que llevar lápices, ni libros, ni libretas. En mi pueblo, pequeño, campesino, nos daban los libros. Los libros se guardaban en un escaparate. No había que pagar los libros, ni pagar las libretas. Nos regalaban las libretas y los lápices. Los libros se dejaban en la escuela, los lápices y las libretas podías llevarlos a la casa. Nos daban también el desayuno. Había cuatro aulas. El desayuno que nos daban nos hacía sudar, le metían gofio, leche condensada, leche evaporada, vitaminas. 

Ya desde la escuela quería ser actriz. Veía las revistas y quería ser actriz. Al lado de mi casa había un hotel en donde se hospedaban montones de actores y actrices, y artistas. Cuando iban en días de fiestas tenían que entrar por mi casa porque el hotel estaba cerrado y entonces entraban a mi casa los artistas, y yo los veía como grandes personajes. Después cuando llegué a La Habana, y que me hice actriz, me di cuenta de que eran unos pobres muertos de hambre, pero que en el pueblo, como venían con ese halo de ser actores, como Candita Quintana, pues significaban mucho. Todos ellos hablaban con mi madre, y le decían: “Ay, qué casa más grande usted tiene”. Teníamos una casa grande, pero era una casa muy modesta, de esas de cuartería, pero comparada con las de La Habana era una casa grande. Cuando llegamos a La Habana fue terrible, porque tuvimos que instalarnos en un apartamento con una sola habitación donde dormíamos todos; fíjate que un día llegó un ratero y no pudo entrar, y se robó unos plátanos que había en un balcón, porque no había forma de entrar, dormíamos todos en una sola habitación, la única de todo el apartamento, y mis hermanos medían seis pies, todos éramos muy grandes. Nos llevábamos el apartamento completo armando catres. Al mudarnos a La Habana se acabó la casa grande, y la gente que te conocía, y aquello de que si no tienes algo el vecino te lo presta. Ahí ya no, vivíamos todos en ese apartamento, que era muy agradable, pero éramos muchos. Al tiempo mis hermanas empezaron a casarse y fuimos siendo menos, hasta que nos quedamos mi mamá y yo solas, con mi hermano pequeño.

En La Habana me anoté en la escuela Gonzalo de Quesada, yo lo conocí porque cuando llegué a La Habana él todavía vivía. La escuela estaba en la calle 28 o 26, al lado de la plaza del Vedado. Era una escuela muy agradable, me tocó una maestra muy buena, los maestros en Cuba eran fantásticos. Esa maestra nunca se me olvida, era una loca de la poesía, nos daba poemas para aprendernos de memoria, poemas muy bien escogidos, de Bécquer, Quevedo… A ella le gustaba mucho cómo yo los decía. Vivía al lado, y se daba cuenta de la familia que yo tenía, que era una familia modesta. Entonces un día me dijo: “Miriam, tú debes ser actriz”. Ella ya había tenido otras alumnas que se hicieron actrices y se sentía muy orgullosa de ellas. Me indicó dónde tenía que ir, y fui a la Escuela Municipal de Arte Dramático de la calle 23, tenía 15 años. Sólo aceptaban muchachas con 16 años cumplidos, pero hice una gran amistad con esa maestra, con su niño, el niño de ellos me quería mucho, y como ella siempre insistía en que tenía que ser actriz, pues me apoyó. Yo estaba loca por ser actriz, pero no tenía idea de adónde ir, ella me dio las coordenadas y el impulso. Una de mis hermanas también insistía, porque ella siempre quiso ser locutora, y no pudo. Es mi hermana Nena.

Guiada por esa maestra fui, yo era muy tímida. También era muy alta y delgada, altísima para la media en Cuba. Allí me hicieron un examen, lo pasé, cuando dije la edad me dijeron que tenía que tener 16 años, pero que me iban a aceptar, y así empecé. Allí iba a diario, pero por el día debía asistir a la Escuela Normalista, a una beca, porque mis hermanas querían que fuera maestra. Yo no quería ser Normalista, yo quería ser actriz; entonces mis hermanas de todos modos querían que yo hiciera algo aparte, que trabajara o tomara clases de secretariado, porque ellas pensaban que ser actriz solamente era una locura, que eso no me daría dinero, que como yo no conocía a nadie no iba a poder vivir de la actuación.

Empecé en Secretariado, trabajaba además por el día en la misma fábrica de mis hermanas. Salía corriendo del trabajo para la escuela pública de Secretariado, que era gratis. Hice Secretariado durante un año, por las noches. Exigían tres años, pero solamente hice uno porque yo odiaba verdaderamente la máquina de escribir. Para mí la máquina de escribir era como la máquina de coser. Mis hermanas cosían. Para mí las máquinas de escribir y de coser eran la tortura. Al mismo tiempo empecé la Escuela de Arte Dramático, que quedaba enfrente, terminaba ahí y me iba corriendo sin comer. Allí conocí a mucha gente, a muchos compañeros que después se hicieron actores, e hicieron una carrera posteriormente fuera de Cuba, como Carlos Casio, que ha sido el magister de Ballet de la Ópera de Viena. En fin, montones de gente que han hecho carrera de actores en muchos lugares del mundo, aunque también otros muchos se quedaron en Cuba.

Enseguida empezaron a buscar actores para obritas y en el segundo año me necesitaron en el teatro, aunque antes ya había hecho montones de cosas en cantidad de lugares, haciendo pequeñas obras. A veces necesitaban probar los lugares para hacer películas y pedían actores, o futuros actores, para hacer las pruebas de locación. Así fue como conocí a Orlandito Jiménez Leal, cuando él apenas contaba 14 años; yo tenía, como ya dije, 15 años. Orlando era camarógrafo desde los doce años o algo de eso. Orlandito era el camarógrafo de prueba de las locaciones. Allí fui para hacer grupo, o sea de extra, pero el hombre me llamó: “No, no ven tú, tú harás el papel principal”. Yo me acerqué muy cortada, porque estaban mis compañeros, pero de ahí tuvimos que ir al sur de la capital, después a un solar en la calle Reina a filmar, hice unos pequeños pasos de Lope de Rueda, en el Palacio de Bellas Artes, y de pronto me ofrecieron un papel en el Grupo Las Máscaras, me aprobaron, hice Orfeo desciende de Tenesse Williams, que en el cine se llamó Algo Salvaje en el lugar, película protagonizada por Marlon Brando con Anna Magnani; y tuve mucho éxito.

ZV: -¿Cómo conociste a Guillermo Cabrera Infante?

MG: -Ya yo había conocido a Guillermo, que no tuvo nada que ver con que me dieran ese trabajo en esa obra porque Guillermo ni siquiera conocía a esa gente. Pero el día 3 de marzo del año 1958 fui al cumpleaños de una de mis hermanas, en Luyanó, y regresaba en el autobús, para las clases de Arte Dramático. Debía bajarme de la guagua en 23 y 19. El autobús pasó frente a la revista Carteles donde trabajaba Guillermo, y ahí se subió él. Entonces, figúrate, ese hombre no me dejaba de mirar, y yo pensé que era un loco porque a mí me caían todos esos locos detrás.

Adonde quiera que iba, como que era tan alta y tan blanca me hacían ofertas. Los otros días una amiga, Mariposa, me recordó que en Bélgica estábamos en una peluquería de una española donde se me acercó un hombre y me ofreció ser modelo, y le dije que no. En La Habana yo iba por la calle y la gente me ofrecía trabajos y cosas de esas de modelos; hasta creían que era extranjera, porque era muy alta y muy delgada, me vestía distinto, me comportaba diferente. Porque quería ser actriz, y era distinta, no lo sé; tal vez porque me reunía con otro tipo de gente.

ZV: -Pero tengo entendido que en La Habana fuiste modelo

MG: -Sí, sí, unos días antes de conocer a Guillermo los mejores modistos de La Habana me habían ofrecido trabajar con ellos. Yo no tenía ropa ni nada. Te digo que pertenecía a una familia muy pobre. Para ir a la Academia tenía que vérmelas negras. Como Guillermo cuenta en Cuerpos Divinos yo no tenía ropa ni nada, y entonces un amigo mío que me quiso impresionar, y empezó a hacerse músculos, era muy delgado. Creyó que yo no lo quería, que no quería saber nada de él por su delgadez, y empezó a hacer musculatura; entonces los pantalones blues jeans y sus camisas dejaron de servirle y me los regaló, él vivía frente a mi casa. Con esa ropa me pasaba la vida, con la suya, vestida así, porque yo no tenía nada. Esa manera de vestirme me hacía diferente. Pero me causaba algunos problemas, porque al vestirme de esa forma no solamente tenía a los hombres detrás, sino que tenía también detrás a montones de muchachas lesbianas. En La Habana, en la época ya las lesbianas eran muchas. Las mujeres en Cuba en esa época eran bastante libres, pero muy medidas, no desmedidas. Eran muy independientes.

Por estar vestida tal como te digo, y que era en defensa a mi pobreza, pues se creaba una confusión, creían que yo era un boy, un garçon manqué. Recuerdo que la hija de Alejandro Lugo -muy amigo mío, esa niña que era ya una jovencita se confundió, porque su padre pasó en su automóvil con ella, y me saludó de lejos, y ella exclamó; “¡Ay, papi, pero qué muchacho tan bonito, nunca he visto a un muchacho más lindo que ése, ¿por qué no me lo presentas?!”. Y él la detuvo: “Pero ¿qué muchacho? ¡Si ésa es una muchacha!”. Y así era, porque como me vestía de esa forma pues creaba confusión.

ZV: -Miriam, ahora que hablamos de la sexualidad de aquella época, algunas personas creen que en Cuba hubo persecuciones contra los homosexuales antes del año 1959. Como hemos hablado tú y yo de eso, algo me has contado…

MG: -No, no, no, qué va. En Cuba no había para nada ese tipo de persecución gubernamental que hubo después. Había una tremenda libertad, yo quiero decirte que viví una juventud divina. Pero había eso sí, decencia. Con los hombres en Cuba no se podía salir así como así, porque cuando aceptabas algo de un hombre, venías a ver y estabas en la puerta de una posada en el pugilateo con él, o antes bajándote del automóvil, fajándote dentro del automóvil, para que no se aprovecharan. Yo nunca aceptaba invitaciones, pero tenía muchos amigos homosexuales que eran muy libres, y que nunca tuvieron problemas de ningún tipo. Frente al Hotel y Cabaret Capri había un lugar para gente bien, homosexual, al que podía entrar cualquier tipo de personas. Se llama Saint-Michel. Ese era mi lugar, el Saint-Michel, allí me pasaba la vida con todos mis amigos homosexuales, oyendo música, porque existían esas maquinitas con música, era un lugar muy libre. Jamás oí que se llevaran preso a alguien.

Inclusive a última hora ya de Fulgencio Batista los terroristas (los revolucionarios) ponían tantas bombas que nadie salía a la calle, entonces ocurrió un problema en la calle, creado por unos homosexuales, y se los llevaron presos. El jefe de la policía de La Habana, cuando se enteró, dijo: “Pero, ¿cómo? ¡No me toquen a las locas que son la alegría de La Habana!”. La frase es muy conocida, se hizo célebre. Claro, la única gente que creaba alegría en las calles, en un país en el que la gente tenía miedo salir, porque salías y podías arriesgar que las bombas te cortaran las piernas, podías perder los brazos… Ponían una bomba y te mutilaban para siempre, o te mataban. La gente no salía para no complicar la cosa, por miedo. No iban al cine porque en los cines ponían bombas y te acababan, incluso entre ellos mismos hubo muertos de esa manera. Eran locos, unos terroristas. Mucho de esos terroristas ahora viven en el exilio. En aquella época algunos tenían un sistema de terrorismo que era llevar la bomba encima, amarrada con un cordel, y llegaban al lugar previsto, se detenían, soltaban el cordel y ahí dejaban la bomba, y al pobre que venía detrás lo hacían pedazos

ZV: -¿Tú querías un cambio como el que ocurrió en Cuba, o pensabas en otra cosa? Pensabas en el cambio que la mayoría reclamaba, o sea, igual que el resto de los cubanos, una democracia, volver a la democracia y al respeto de la Constitución, ¿o también se hablaba de Revolución Cubana como proyecto?

MG: -No, no, no, esto fue todo un engaño. Esto fue una mentira. La mitad de la gente se quedó en el camino. Porque este hombre, Fidel Castro, y su hermano Raúl Castro  fueron liquidando gente. Nunca nadie pensó que eso iría a ser así. Este hombre es diabólico, fue destruyendo gente. La gente quería democracia en Cuba. Es cierto que mucha gente era muy racista, y Batista era negro. Batista hizo una cosa muy mala, que fue romper la Constitución, que eso nunca debió de haberlo hecho; porque al hacerlo le dio entrada a este señor. Porque este señor era un gánster, y todo el mundo lo conocía como gánster.

Eso es otra cosa, yo llegué a finales de julio del ‘52 a La Habana, Batista acababa de dar el golpe de estado, en marzo. A veces se oían tiroteos y eran los gánsteres peleando unos con otros. La gente que usaba armas eran estos delincuentes… Los terroristas que antes fueron gánsteres y luego fueron llamados revolucionarios.

(Continuará en una 2da parte).

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Miriam Gómez por Hermán Puig.

¿Qué pasa con Hugo Chávez?

Jueves, 23 Junio 2011

Al parecer algo serio pasa con Hugo Chávez, pero como se trata de un jefe de estado latinoamericano es preferible esconder la información a propagarla.

Sin embargo, no fue lo que sucedió en España cuando recientemente el Rey fue operado de una rodilla, todo el mundo exigió transparencia, y hasta el Rey Juan Carlos tuvo que explicarse frente a los periodistas.

Pero con los dictadores no ocurre tal cosa, a los caudillos latinoamericanos se les tiene demasiada consideración, y ni siquiera un solo periodista, ni un solo corresponsal, de los que viven cómodamente en La Habana ha tenido el coraje de asumir lo que les corresponde, por lo que les pagan, y atreverse a hacer un reportaje sobre la enfermedad, operación y presencia desde antes del 10 de junio, día en que fue operado Chávez en Cuba. Nadie, nada. Terror total, lo que no significa que también exista admiración por el Mico Mandante venezolano, que es como lo llama su pueblo.

Da asco el papel de la prensa en relación a esos personajillos, verdaderamente, no merecen estar donde están, ni siquiera deberían llamarse corresponsales.

Deberíamos exigir que nos informen de lo que pasa con Hugo Chávez, pero sobre todo que se lo informen al pueblo venezolano, están en deuda con ellos.

Día de la Música en Francia

Martes, 21 Junio 2011

El día más largo, la noche más breve.

La comedia de dedicar libros.

Viernes, 27 Mayo 2011

Me encuentro en uno de los Salones del Libro más importantes de Francia. Hoy tomé el TGV a las 7 y 20 de la mañana, y en pocas horas ya había llegado a Montpelier para participar de La Comedia del Libro. Así se llama el evento, dado que se produce en la Plaza de la Comedia. He sido invitada en varias ocasiones, y nunca jamás me he arrepentido del viaje.

Ahora, eso sí, el nombre del Salón lleva implícito un doble sentido, no sólo porque los escritores debemos estar preparados para afrontar al lector, sino porque en ocasiones ese cara a cara resulta toda una comedia.

Hace algún tiempo el escritor y dramaturgo francocubano Edouardo Manet escribió una obra de teatro, en la que él actuaba, cuyo título era algo así como: “El día en que dejé de ser escritor, para convertirme en guía de turismo”. Tuvo un éxito de público sensacional.

A mí, muy particularmente, me ha tocado ser guía de turismo y psicóloga, cuando no psiquiatra. Resulta sumamente sorpresivo cuando un lector o lectora se te acerca con el libro, y mientras se lo estás dedicando, te suplica que le cuentes cómo es Cuba. Hasta ahí pasa. Lo angustioso es cuando además de la firma te exigen que le expliques el clima de la isla, que le des un mínimo técnico en farmacia para saber los medicamentos que deberían llevar en caso de viaje inminente, la ropa adecuada, los hoteles que no sean demasiado caros, ni tampoco muy baratos, la flora y la fauna, no hay nadie que sepa más que yo en aves, árboles, y me he ido especializando en cocodrilos (lo último fue un heredero de Napoleón que se iba a Cuba a cazar cocodrilos, de esto hace más de un año, me dijo que me enviaría carta postal, lo que recibí fue un dedo meñique luciendo tremenda tuerca de anillo con una N grabada, dentro de un elegante sobre de piel de emperador).

Hay quienes se interesan en la cultura culinaria del país, y por supuesto, ahí sí que les da el titingó, y entonces yo además de firmar el libro con una mano, con cualquiera, con la derecha o con la izquierda, soy ambidiestra -ya he aprendido a firmarlos con el dedo chiquito del pie y hasta con la lengua, y estoy ejerciéndome con los codos- tengo que sacar el abanico y echarles fresco del suponcio que les provoca el menú de la libreta de racionamiento.

Lo más gracioso es cuando te preguntan qué idioma se habla en Cuba, después de haberme hecho todo un elogio de lo bien que escribo en francés, o peor de lo buenas que son mis traducciones del chino. Ahí es donde me caigo y me levanto como Matojo.

Después hay otros lectores que llegan a contarte sus penas. Sus penas post coito en Cuba, los tarros que les pegaron, las “gorras” que les pegaron y sobre todo las que ellos pegaron, y los trompones que cogieron cuando quisieron coger mangos bajitos sin dar nada a cambio. Y ya sabrán ustedes que los franceses son tacaños, por eso hemos sido uno de los primeros países en ir saliendo de la crisis, por lo ahorrativos que son. Pues sí, ustedes no pueden ni imaginarse las tánganas de terapia que he tenido que dar, los tratamientos psiquiátricos que he recomendado. Y lo más bonito es que funcionan. Hoy sin ir más lejos, me encontré a una señora a la que el amante cubano la tarreó por una francesita más joven, su sobrina -la de ella, claro-, eso sucedió hace como cinco años; pues bien, dice que le asentó muchísimo la receta del pirulí de meprobamato que le mandé, con la melcocha de trifluoperacina, chupar la relaja bastante, y luego cae como muerta donde quiera la coja la noche, chupando…

La pregunta que más me gusta es la de cuándo volveré a Cuba, porque cuando doy la respuesta que ya ustedes conocen de antemano, las caras se les ponen como paletitas congeladas y enmerengadas con superglú. Después viene lo siguiente: ¿Y cuándo se caerá el régimen? Ah, ahí, quiéralo o no, ahí me escotchan a mí contra mi misma.

Y después de preguntarme tanta bobería, lo que sólo permito a los que me compran el libro, desde luego, toca la que le pone la tapa al pomo: ¿Y usted cree que esos Castro se morirán alguna vez? Yo siempre niego con la cabeza y se me pone la carita como la del Gato de Shrek, ahí me dan palmaditas en el hombro, me achuchan, aparruchándome a besos, y es entonces cuando aprovecho y les pongo otro libro por delante. Ese gancho nunca falla.

Por supuesto, no todos los lectores son así, pero aun siendo así, uno de los actos más tiernos de mi vida es reunirme con los lectores, conversar, reirme, llorar, abrazarnos, y hasta escribir pacientemente las dedicatorias que me dictan:

“A ver, ponga ahí, escriba, con buena ortografía: Para Raymonde, en el día de las madres, de su hija que la quiere, pero que a veces tiene que tragar en seco, porque mamá, chica, haces cada cosas… El otro día, sin ir más lejos, dejaste la cocina encendida, y los espárragos se achicharraron…”

Y así, y así, de suite Gracias lector, mon semblable, mon frère. Gracias, Jaime Gil de Biedma.

La sombra del pendejo

Jueves, 19 Mayo 2011

He conocido a más de un cubano pendejo, pero ninguno como aquel que se favorece de los favores que uno le ha hecho para impedir que la gente -sobre todo yo- tenga derecho a expresarse y a dar su opinión. Me refiero a La Sombra Ponteficada, otro escritor cubano que se toma por la divina chancleta envuelta en huevo o la última Coca-Cola del desierto.

Hace 17 años, me hallaba yo sumida en la presentación de La Nada Cotidiana en Francia, que tuvo una gran acogida de público, y Christian Salmon, el presidente del Parlamento Mundial de Escritores me ofreció una beca. La beca consistía en pasar un año en una Villa Refugio, tenía derecho a un apartamento y a 10 mil francos mensuales. Nadie hubiera renunciado a ese chance, sobre todo en mi condición de recién exiliada. Yo lo hice. ¿Por qué? Pues porque dos escritores se hallaban en una situación compleja en Cuba, habían escrito una carta a Fidel Castro, y se decía que estaban siendo perseguidos.

 Al instante, sin reflexionar un segundo, ofrecí mi oportunidad a esos escritores. Mi beca se transformó en dos, y desde entonces me di a la tarea de que esos escritores obtuvieran el espacio que yo me había ganado con mi obra. Me estaba comiendo un cable, pero pensé que ya yo estaba fuera, y ellos no. Uno de esos escritores, poeta a la sazón, era La Sombra Ponteficada, el otro no lo mencionaré porque nada tiene que ver con el tema que abordaré.

A ese otro le dieron Barcelona, y a La Sombra Ponteficada, Portugal, a donde fue; allí tuvo la mala suerte de que cayera Fidel Castro por aquellos lares. Cuando la prensa se acercó al escritor cubano que se encontraba en la Villa Refugio, sólo pudo toparse a un balbuceante y apocado Ponteficado Pendejo, a un gagueante cero a la izquierda que se deshacía en justificaciones en relación a Fidel Castro. Tanto, que hasta el director del Parlamente Mundial de Escritores me llamó por teléfono para comprobar si realmente este señor era un perseguido de Castro, o no.

A mí, a decir verdad, la actitud de La Sombra Ponteficada me sorprendió poco, en lugar de escribirme a su llegada a Portugal, le escribió a mi traductora de la época. Ni una letra para mí, que había sido la persona a través y gracias a la cual había recibido esa oportunidad, rara hasta ese instante para los cubanos.

Del mismo modo, la traductora de marras, que armaba una antología de narradores cubanos, con un título también bastante sombrío, me pidió un cuento, y me dijo textualmente que el editor de Autrément le había advertido que sólo publicaría la antología si mi nombre aparecía. Me lo exigió casi y amablemente se lo entregué, pese a que a mí me han seleccionado casi nunca en las antologías del exilio, cosa que me ha hecho más bien que mal. Pero se lo di. Mi nombre de hecho aparece destacado por encima de los demás en la portada de dicha publicación. Entre esos nombres estaba el primer texto de La Sombra Ponteficada aparecido en Francia. Jamás tuvo la amabilidad de hablarme del tema.

Yo conocía al Pendejo Ponteficado de Cuba, había leído un poema con él en una lectura que se organizó en el Gran Teatro García Lorca de La Habana. Me habían prevenido de que la lectura se hacía en honor a La Avellaneda, y grande fue mi sorpresa cuando me di cuenta que aquella lectura se había transformado en honor de la esposa del momento de Pablo Milanés, la joven Sandra Pérez, a la que los poetas agasajaban, entre ellos Reina María Rodríguez y La Sombra Ponteficada, ya que se comentaba de que Pablo estaba creando una Casa de la Poesía, y quería que su mujer fuese tomada en cuenta como escritora. Lo que me consta, porque el mismo Pablo me llamó a la casa para pedirme que leyera sus lamentables poemas. Lo que no hice, por supuesto. Reina María y La Sombra Ponteficada no se cansaron de jalarle la leva a PM para obtener los primeros puestos en la Casa de los Sarcófagos del Malecón, o de las Cariátides, que se convertiría en la Casa de la Poesía.

La Sombra Ponteficada, que hoy dirige una publicación del exilio, y que según me entero está detrás de un blog que se dedica a calumniar a los cubanos, llamado La sombra del cubano, y que al parecer antes escribía como Fermín Gabor, en La Habana Elegante, se dedica sistemáticamente a censurar a escritores que no le simpatizan, la primera, yo. ¿Por qué será? Pues porque le hice varios favores, seguramente, y qué favores…

En el blog La sombra del cubano el personaje que allí escribe, escondido siempre detrás del anonimato, como buen pendejo que es, llama “tontos útiles del castrismo” a todos aquellos que tienen opiniones diversas en contra de una cierta disidencia que se las ha amañado para vivir a costa del dolor de Cuba. La primera atacada soy yo, como por azar.

En uno de mis viajes a España, más exactamente el que hice a Madrid para recibir al primer grupo de presos políticos que llegó a esa ciudad procedente desde Cuba, La Ladilla Ponteficada se tomó el atrevimiento de agredirme verbalmente porque yo me encontraba en un evento público donde se presentaba el libro de Guillermo Fariñas, al que yo critíco abiertamente. Es mi derecho, como escritora, como periodista, como ciudadana española y francesa, como demócrata,  de opinar y de criticar a quien yo decida, y nadie, ni La Sombra Ponteficada ni Masantín el torero pueden arrogarse el derecho de censurar quoi que c ‘est soi.

Pero francamente, nada me extraña de este personaje. Ávido de fama, voraz de ser el único que pueda dar una opinión y que se cree el mejor escritor cubano, el más elevado, el más brillante, no puede vivir sin  armar un brete con una recua de locas que se dedican a robar y a aprovecharse de los ancianos. Su fama la consiguió hablando de ruinas, de las ruinas de La Habana, todavía sigue hablando de ellas.

Escribe menos y chismea demasiado. Obra ha hecho bien poca, es otro inflado de ese mundillo trascendental y grandilocuente de la cubanidá, lo que no le ha impedido devenir el director de una publicación desgajada de la Revista Encuentro. Eso sí, Jesús Díaz ha tenido a un buen sucesor, que en paz descanse.

¿Me inquieta algo? En nada. Pero pongo las puntos sobre las íes. Ningún pendejo ni su sombra podrán cortar ni un pelo lo que tengo el derecho de decir. 

Ah, y mientras más sola mejor, que el buey solo bien se lame.

Festival EÑE en Lima

Mircoles, 13 Abril 2011

He viajado hasta Lima, desde Miami, para participar en el Festival EÑE. Ayer me fui hacia el Centro de la ciudad, que se encuentra bastante alejado del barrio en donde me han alojado, el de Miraflores. El Miraflores de Mario Vargas Llosa.

Encuentro al periodista y escritor Enrique Planas, que me cuenta que muy pronto se inaugurará lo que se llamará La Ruta de Mario Vargas Llosa, que será como un  paseo por los sitios de sus novelas, sobre todo en el barrio de Miraflores.

Recorro las librerías, a un paso de la Catedral, ya en el Centro, descubro la célebre Librería El Virrey, en la calle de Los Escribanos. Observo a los limeños, algo callados, después de la primera vuelta de elecciones, en la que quedaron a la cabeza Ollanta Humala (seguidor de Hugo Chávez y del castrismo) y Keiko Fujimori, la hija del ex presidente para algunos, dictador para la gran mayoría.

Elegir entre esos dos, ahí está el trauma de estas elecciones, pero los peruanos sabrán salir del atolladero. Perú crece, me dice el taxista que me regresa al hotel.

Esperemos que Perú siga creciendo, y que sepa- a la hora de votar de nuevo- que de una dictadura de derechas se sale, pero de una de izquierdas… que observen lo que ha sucedido en Cuba, y en Venezuela, que calculen fríamente. Eso les deseo, sabiduría.

Devoro un ceviche en la Avenida Pardo, compro otro libro, alzo los ojos a la neblina que inunda la ciudad y que transforma el cielo en un esponjoso velo medio soleadito, como dicen ellos achicándolo todo.

El Festival EÑE ha iniciado sus jornadas, con grandes escritores, y hermosos proyectos de futuro literario. ¡Enhorabuena!

Atardeceres

Domingo, 10 Abril 2011

Miami es una ciudad de grandes contrastes, puede que un nubarrón empañe el cielo, y de súbito, en menos de dos segundos, el cielo se despeja, y aparece un sol radiante, del sol radiante podemos pasar también al sol achicharrante, con igual rapidez.

Yo no las tenía todas con Miami, había empezado a detestar la ciudad, porque además de que no podía caminarla, aquí todo se hace en automóvil, el metro es un desastre, y los buses son peores. Pero empecé a reconciliarme con Miami cuando, sentada en una terraza, mientras pensaba en lo que ha ocurrido en Japón en las últimas semanas, y lo que está aconteciendo en el mundo, pude disfrutar de uno de los atardeceres más hermosos de mi vida. Lo retuve en la retina, apretando los párpados, creyendo que no volvería a ver uno igual. Fallo mío. Al día siguiente tuve otro atardecer todavía más bello que el anterior, y así ha sido, atardecer tras atardecer, la hermosura no deja de sorprenderme.

De vez en cuando, en medio de los contrastes de esta ciudad, y de los horrores del mundo, hay que detener la maquinaria, y ponernos a contemplar atardeceres. Toda la respuesta de la vida está en ellos, en su misterio, en el dibujo perdurable que dejan en nuestros recuerdos.

Los excarcelados Héctor Maseda y Ángel Moya se quedan en Cuba.

Martes, 15 Febrero 2011