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¿A qué olía el Che Guevara? A Fo.

Lunes, 7 Noviembre 2011

A mí me encantan las ferreterías y las boutiques de tarecos. Cerca de mi casa hay una boutique de vajillas que se llama La Vaissellerie, donde venden platos, vasos, cucharitas, todo tipo de porcelana fina. Llevo casi 17 años visitando y comprando en La Vaissellerie. Hoy pasé por allí a comprar unas cucharitas para el café, porque todas se me van por el tragante o las boto en la basura sin darme cuenta, y me quedan pocas. Entré en la tienda y lo primero que veo es unas velas, en unos vasos, perfumadas, claro. Una de las velas estaba aromatizada con ron, otra con tabaco, y la tercera el perfume era el del Che Guevara, según se podía leer en la etiqueta, bien grande, con la foto del aChesino de La Cabaña. Más abajo se podía leer también entre signos de admiración: ¡Viva Cuba Libre!

Cansada de armar siempre el escandalito cada vez que me topo con una barbaridad como ésa, me iba a largar sin hacer el menor comentario, pero cuando vi lo de ¡Viva Cuba Libre! se me encendió la sangre y fue como si me metieran las tripas y el cerebro en una mezcladora. Me contuve, sin embargo. Muy finamente les pregunté a la señora dueña del negocio, y al joven de abundante cabellera, que tenía como dependiente, si ellos no sabían que el Che Guevara era un asesino argentino que no tenía nada que ver con la verdadera Cuba, y ahí solté todo lo que sé del Che, pero pausadamente, como si yo fuera danesa o finlandesa. Mientras yo hablaba, parsimoniosamente, el joven se iba poniendo cada vez más rojo, de tez, tal vez de alma ya lo era, y la señora se deshizo en excusas.

-Comprendo, comprendo, es como si yo pusiera una vela con la foto de Hitler y el cartelito debajo que dijera: ¡Viva Alemania Libre! -añadió.

-Exactamente -, agregué yo, satisfecha, porque por lo visto me había explicado mejor que nunca.

La señora hizo ademán de retirar la vela, lo que yo agradecí, pero antes le pregunté si podía olerla y conocer el precio. Aceptó. Me la llevé a la nariz, era una mezcla de canela con jazmines. El precio 17 euros. Por nada me da un yeyo con cuatro requetetrepos.

-Además, este olor que se anuncia aquí como el del Che Guevara es una falsedad total, una mentira. Porque incluso se cuenta de que el Che olía a rayo encendido, que era un cochino, que no se bañaba, y le apestaban las patas a cicote (iba a compararlo con un queso, pero recordé que sería una mala comparación porque a los franceses mientras más apesta el queso más exquisito lo encuentran)... Los pies, sabe usted, le apestaban a cojón de oso-. La mujer estalló en una carcajada. El joven melenudo cada vez más rojo…

-Para colmo, ¿usted sabe lo que es pagar 17 euros por el supuesto olor de un terrorista asesino? Vaya, ni en la novela El Perfume de Patrick Süskind.

La mujer asintió seriamente, y retiró la vela. Me despedí de ambos, y bueno, ya en la calle, empecé a reflexionar, tipo francesa, y poco a poco me fui diciendo que a lo mejor la estúpida había sido yo, que igual debería coger y abrir una boutique con todas las pestes que tengan que ver con la Cuba castrista, enfrascarlas en vasos de cristal de Lalique, y venderlas bien caras. Por ejemplo, “Grajo de sobaco del Che, de cuando estuvo en Bolivia” (200 euros), “Cicotera de Fidel Castro de cuando estuvo en la Sierra Maestra” (300 euros), (”Sebingo de la Papaya de Celia de cuando estuvo en la Sierra”) (150 euros), y así sucesivamente… Podría hacer una pasta con eso, ya que son productos que les encantarían a los franceses, igual a los italianos, a los americanos ni se diga… Y ahí se desató mi mentalidad especulativa, como buena Tauro que soy. Y ya me veía yo millonaria gracias a toda esta repugnancia de pestes. La marca se llamaría Fo, qué peste. Sonaría como a chino. Muy de tendencia. Y luego haría un prêt-à-porter con el diminutivo de Fo.

De hecho, ahora que me acuerdo, no es la primera vez que me tropiezo con una vela perfumada con el supuesto aroma del Che Guevara. Las célebres Velas Cire Trudon, tienen una que se llama Ernesto, que huele a cuero y a tabaco; en aquella primera ocasión fui a comprar una para mi apreciado Ernesto Díaz, pero por suerte tuve la precaución de preguntar antes quién era el célebre Ernesto, viendo que las velas anteriores estaban dedicadas a Marie-Antoinette, reina de Francia, a Napoleón, emperador de Francia. La chiquita de la tienda me dice: Voyons, madame, Ernesto ça ne peut pas être un autre que le Che Guevara!. “¡Que no se diga, señora, Ernesto no puede ser otro que el Che Guevara!” Y lo soltó tan fresca, suave y bajita de sal, mientras me mostraba el vaso en cristal verde olivo. Precio de la vela en internet: 52 o 55 euros, en boutique: 82 euros. ¿Como les cae? Menos mal que no se la mandé a Ernesto Díaz, que estuvo 22 años en una cárcel castrista, condenado a 40 años.

No es justo. Tanta gente muerta, asesinada por este hijo de la gran puta, para esto. Para que en plena crisis, la gente se tope con unas velitas con el olor del Che Guevara. Me la corto que esta guanajada se le ocurrió a una pajarita parisina, seguro que sí.

Arielle Dombasle: Hasta siempre no, ¿hasta cuándo?

Domingo, 19 Junio 2011

Regreso en el tren desde Aix-en-Province a París. Acabo de participar en unas Jornadas de debate en homenaje a Alexandre Soljénitzyne organizadas por Datcha Kalina y el Centre du Livre. Han sido dos jornadas donde se ha leído y analizado la obra del gran escritor ruso, premio Nobel de Literatura, que pasó siete años en un campo de concentración soviético, el autor de Archipel Goulag y de Une journée dans la vie de Iván Denisovich, entre otros libros que conforman una obra vasta, profundamente coherente.

A todos nos quedó claro que el comunismo no ha sido todavía juzgado en su verdadera dimensión histórica del horror. Que no ha habido un Nüremberg del comunismo. Michel Parfenov, quien fue el artífice que hizo posible que me invitaran a estas jornadas acogidas con un enorme interés por parte del público afirmó: “Digámoslo de una vez, el comunismo ha sido tan o más horrendo que el nazismo”. Había que decirlo de una vez. Dicho está.

Es Michel Parfenov quien me alcanza, ahora, en el tren donde viajo hacia París, el periódico donde usted, señora Arielle Dombasle, se atreve a afirmar lo siguiente acerca del Ché Guevara: il incarne toujours cette idée de sortir dans la rue pour changer le monde. Sí, cómo que no, cambiar el mundo con uno de los más crueles asesinos que la sociedad occidental ha querido comprarle al castrismo como su principal producto de marketing como el eterno guerrillero, heroico y erótico, para colmo convertirlo en mártir, olvidando de este modo y borrando de un plumazo la enorme cantidad de víctimas que cayeron a los pies de este criminal de un tiro en la nuca que él mismo les propinara burlón y fríamente.

Usted, madrina de la Gay Pride, se atreve a firmar lo siguiente: Si l’on met le nez dans l’histoire, on comprend que les choses sont plus complexes. Le Che peut être un personnage très criticable, mais je continue à le voir avec mes yeux d’adolescente, l’incarnation du Christ, d’«el pueblo». J’ai encore une corde qui vibre, qui aime et qui admire Che Guevara. Rien que d’articuler les mots «Hasta siempre comandante», j’ai envie de pleurer. Ça évoque une puissance de revendication et de nostalgie qui est en moi, parce que j’ai grandi dans un pays où, s’il n’y avait pas cet espoir de révolution, il n’y avait plus qu’à mourir. On m’a invitée à chanter Hasta Siempre en Tunisie, pour incarner la révolution. Je vais y aller, bien sûr.» «Pourtant, tout le monde n’a pas apprécié cette reprise, en particulier parmi les gays. Les gens du magazine Tribu Move m’ont dit : “Arielle, nous sommes très déçus que vous fassiez l’éloge de Guevara”. ça m’a valu des animosités aussi en Belgique. Parce que le régime cubain a été très répressif envers les homosexuels. Je suis désolée d’avoir fait de la peine à une communauté qui me soutient. Dans quelques jours, je serai d’ailleurs la marraine de la Gay Pride à Paris… » Yo no creo que usted ignore que el Ché Guevara fue uno de los principales perseguidores de homosexuales que hubo en Cuba, a muchos los mandó a la cárcel, a otros los mandó a fusilar, tan alegremente, con su boina de medio lado y su estrella, y todo el tralalá que lo acompaña, otros se suicidaron en Cuba o en el exilio, víctimas de los recuerdos de las persecuciones y la represión. ¿Ha leído usted a Reinaldo Arenas, a Guillermo Rosales, a Carlos Victoria? Espero que los lea y se entere.

Pero lo principal, ¿ha leído usted “El hombre y el socialismo en Cuba”, escrito por el mismo Che Guevara, donde en sus propias palabras describe a un hombre nuevo, que es, nada más y nada menos que el modelo del hombre nuevo hitleriano?

Usted dice que el Ché fue toda su adolescencia, como se nota que no tuvo usted que padecerlo, porque a usted habría sido una de las primeras a las que hubiera eliminado el Guerrillero Heroico para nada Erótico. Quiero decirle, señora, que yo fui uno de esos niños que tuvieron que entrar por la línea soviética del hombre nuevo guevariano, que tuve que obedecer a base de castigos psicológicos y físicos, callarme, fingir, aceptar la esclavitud, la humillación y el hambre a la que el castrismo y el guevarismo sometieron a toda mi generación, mientras tanto mi padre fue enviado a prisión, sin juicio, durante cinco años, denunciado por su madre. Y yo debí callar. ¿Sabe hasta cuándo debí callar? Hasta hace sólo pocos años que mi abuela murió en Cuba, y mi padre en el exilio. Cuando me preguntaban por mi padre yo debía esconder que se encontraba en la cárcel, a la espera de un juicio que nunca se produjo porque las cárceles se encontraban repletas de prisioneros políticos y no se podía añadir uno más, entonces, mejor situar a los que iban llegando, en un limbo agónico. Yo debí callar para que mi madre no perdiera su trabajo de camarera, y a mí no me expulsaran de la escuela o, como mínimo, no me hicieran mítines de repudio. Pero le aseguro que no fui la única.

O sea que, lo que para usted significa una imagen o un recuerdo romántico, para mí no tiene más que una sola lectura, en una sola palabra: Terror.

El Ché Guevara era un terrorista, es el padre del terrorismo, eso, a estas alturas, señora, usted no debería ignorarlo. El Che Guevara hizo la guerra de guerrillas, una guerra que ha traído muchos, demasiados muertos en América Latina. Bolivia no quería ni necesitaba de él, pregúntele usted a Régis Debray, a Benigno, uno de los compañeros del Ché en Bolivia, exiliado en Francia, pregúntele sobre la verdad de esa guerrilla. Acérquese a los libros de Jacobo Machover sobre el tema, y a tantos libros publicados en Estados Unidos escritos por testimonios de primera mano.

México, el país donde usted creció, no vive hoy uno de los mejores momentos, pero francamente: ¿usted quisiera para México lo que viven los cubanos hoy, una dictadura castrocomunista que dura ya 52 años? El Che Guevara era un comunista. En uno de sus viajes, hacia Argelia, hizo una escala en París, ¿sabe usted lo que hizo cuando vio un libro de Virgilio Piñera, escritor homosexual cubano, en un estante de uno de sus anfitriones? Pues el Che Guevara, señora Dombasle, le preguntó a la persona que lo recibía:

-¿Pero tú lees a este maricón? –Y acto seguido, con la pistola al cinto, lanzó el libro al latón de la basura.

Basta ya que en Francia artistas como usted se dediquen a dar opiniones à tort et à travers sobre temas que dañan la sensibilidad de personas que han tenido que padecer el horror perpetrado por el Ché Guevara. Los hijos de los fusilados por el Ché Guevara, sus familiares, los familiares que tuvieron que soportar los desmanes de este personaje le exigimos que retire sus palabras. De una vez y por todas, y deje de hacer la imbécil, que la Comunidad Gay también ha leído a Reinaldo Arenas, a Carlos Victoria, a Guillermo Rosales y a Virgilio Viñera, y saben de lo que hablo.

Sobre todo, lea usted a Alexandre Soljénitzyne. Nada más parecido el Gulag Tropical creado por el Ché Guevara que tanto a usted la hace vibrar y le da una voz de soprano, que al Gulag soviético descrito por el escritor ruso. Y para finalizar, por qué no se mudó usted a Cuba, esa isla hermosa de tantos boleros de los años ‘50 catalogados de decadentes por el mismo Ché Guevara, sí, los mismos boleros que usted interpretó en uno de sus discos, cuyos autores tuvieron que huir al exilio, acosados por la represión, para entonces haber actuado como miliciana en películas del realismo socialista a lo castrista, y haber cantado hasta desgañitarse loas al comandante, en el último escenario del comunismo, el de una isla convertida en Gulag?

¿No fue usted fotografiada por Néstor Almendros en una de las películas francesas en las que usted actuó? Por favor, vea usted los documentales de Néstor Almendros, homosexual, que tuvo que exiliarse dos veces, de España y de Cuba. Vea usted los filmes Nadie escuchaba y Mala conducta.
Espero que después de ver esos documentos testimoniales
su mente mejore, porque sinceramente a quién le puede interesar su voz después de haber leído tanta cantidad de sandeces juntas.


Entrevista con la actriz y cantante Arielle Dombasle en Libération.

Ars Magazine homenajea a Guillermo Cabrera Infante

Domingo, 12 Junio 2011

Sólo bastaba tomar el tren en dirección a Londres para encontrarse con Miriam Gómez y Guillermo Cabrera Infante. Entrar en su casa era volver a entrar en Cuba, en la Cuba de verdad, no en lo que la han convertido los dictadores.

Miriam Gómez nos iba a buscar al metro, y alegremente arrastrábamos las valijas hacia el hotel más cercano a ellos. Lo que nos interesaba era verlos, volver a la Cuba de ellos, y ver Londres a través de su prisma.

Nos reíamos mucho, caminábamos uno junto al otro. Miriam Gómez con Ricardo, yo junto a Guillermo, Luna iba de la mano de uno de nosotros, alternativamente. Almorzábamos chino, cenábamos indio, al día siguiente japonés, más tarde iraní. Y seguíamos riéndonos con las boutades de Guillermo.

Ars Magazine ha querido recordar la obra de Guillermo Cabrera Infante, su inmensa generosidad, aquellos paseos, y homenajea al gran escritor cubano, a través de Miriam Gómez, de sus recuerdos, y de autores que fueron sus amigos, que lo quisieron porque amaron primero su literatura.

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Jorge Semprún en la memoria

Mircoles, 8 Junio 2011

La primera vez que oi hablar de él fue a través de un castrista, en Cuba, que decía que Semprún los había traicionado, que había traicionado a la revolución de Castro. Me reí. Por dentro, claro está. Que fuera Ministro de Cultura de Felipe González cayó muy mal en La Habana, dado que a través de los ministerios de Cultura a Cuba le entra ayuda (alimento para los castristas, por supuesto) por un tubo y siete llaves.

Lo leí en cuanto llegué a Francia, busqué sus libros en la Librería Española de la rue de Seine. Es una escritura salvada desde el olvido por el olvido. Cuando se ha vivido el horror lo primero es querer olvidar el horror, luego, de ese mismo olvido emerge la memoria. El mismo Semprún lo explicaba muy bien.

Coincidimos en varias actividades literarias y políticas en París. Era un hombre bastante callado, exquisito al hablar, y tajante en cuanto al castrismo. Participó en cuanto pudo por la libertad de los presos políticos en Cuba, desde aquella época del Hotel Lutétia junto a Yves Montand y otras personalidades de la cultura francesa e internacional, que habían demandado y exigido durante años la liberación de estos presos, hasta los presos de la Primavera Negra del 2003. Con él y con otras personalidades reclamamos su libertad en el Teatro Rond Point de París, y viajamos juntos a Estraburgo para hacerlo también.

En Estrasburgo tuve la suerte de pasear de noche junto a él por la hermosa Plaza y por los alrededores de la Catedral, hablamos de dictaduras, de política, pero sobre todo de literatura, y de los artículos que tanto apreciaba yo de su hermano Carlos Semprún Maura.

Cenamos en varias ocasiones en la casa del matrimonio Dominique y Marie-Laure de Villepin. Nunca evitó el tema de Cuba, y siempre de parte de nosotros, de los demócratas cubanos, de los perseguidos políticos.

Que descanse en paz un hombre justo.

James Lord, ¿amante de Picasso?

Lunes, 6 Junio 2011

Recién apenas me enteré de que James Lord había fallecido. Tuve el inmenso placer de conocerlo, de visitarlo en su casa, cuando lo fui a entrevistar en ocasión de mis investigaciones sobre Dora Maar y Picasso. Jamés Lord fue un joven soldado norteamericano que se alistó con el pretexto de participar en la 2da Guerra Mundial, pero su único objetivo era viajar a Francia y conocer a Pablo Picasso. Su veneración por Picasso procedía primero de la obra del pintor, y después, en la medida que lo conoció se fue enamorando del hombre, como él mismo confesó en varias entrevistas.

James Lord era homosexual, y pretendía que Picasso hiciera varios retratos de él, así fue. Sin embargo, su mejor retrato fue dibujado por Alberto Giacometti. Jaime Sabartés, el secretario del genio, le abrió la puerta a regañadientes, como siempre hacía, pero al ver que se trataba de un soldado norteamericano herido, lo dejó pasar admirado. La herida de Lord era falsa, fingió como que cojeaba precisamente para inspirar lástima y ser mejor recibido.

Picasso se ponía a pintar y él se recostaba en unos cojines, junto al perro, a verlo crear, allí quedaba dormido, con el torso desnudo, y a veces se hacía también el dormido para que el genio lo contemplara. Dora Maar entró en la primera ocasión en la que se vieron y no le disgustó aquel joven desmadejado, bello y atento a la obra como si se tratara de la obra de Dios. Y eso era Picasso para ellos: Dios.

Los encuentros se produjeron en 7 quai de Grands-Augustins, donde Picasso pintó Guernica y Dora Maar hizo el primer reportaje fotográfico de una obra de arte que existió en el mundo.

James Lord me confesó que había amado a Picasso, pero también a Dora Maar. Esa historia está escrita en su libro Dora y Picasso, que les recomiendo. Pablo Picasso, sin embargo, sintió atracción por el joven, al punto que en varias ocasiones aprovechó algunos descuidos y lo besó en los labios.

Que en paz descanse James Lord, aunque ya haya pasado tiempo.

Me voy riendo sola

Martes, 24 Mayo 2011

Me voy riendo sola, que no a solas, en el metro, rodeada de gente. Una señora, visiblemente molesta, me increpa: “Stop!”. Señora, le digo, ¿es usted un automóvil, me ve cara de automóvil a mí? La mujer más bien posee una de esas quijadas de camión, desarrolladas de tanto apretar las muelas por culpa de la mala leche, agria y cortada, que se les acumula en el cerebro. Ahora me río a carcajadas, y parece que los demás me han leído el pensamiento, que también ríen. “Es saludable reírse”, comenta una monja, que parece salida de una película de Almodóvar.

El orígen de mi primera risa es la frase que se atrevió a escribir Fidel Castro en sus “reflexiones” sobre los “indignados” en la Puerta del Sol, se preguntaba si entonces la OTAN bombardearía España, en evidente comparación con la Plaza Tahrir, pero sobre todo con Libia. No, La OTAN, como habrá visto Chacumbele I no bombardeó ni bombardeará España, porque en este país existe la democracia, más que demostrada con las votaciones de sus ciudadanos que acabaron con el PSOE y su pésima gestión, y le dieron su apoyo al PP.

Pero sobre todo me reía, porque estaba recordando cuando Roberto Martín Pérez, en el libro ¡25,448, No! de Rafael Cerrato, cuenta que Castro I le lamió las botas a Salas Cañizares, uno de los jefes grandes de la policía de Batista, no sólo le lamió las botas, lloró encima de ellas, y le rogaba, no, Salitas, por favor, no me pegues, ay Salitas… Así mismo, como el pendejón que siempre ha sido. Harto es conocido que Castro I no tiró un tiro jamás y no participó en ninguna guerra, escondido detrás de Celia Sánchez Manduley, enviaba a la tropa delante.

Pero la imagen más cómica es cuando Martín Pérez (padre) le aplaudía la cara a galletazo limpio, y Fidelita Castrada lloraba a moco tendido, mientras rogaba que lo dejara en paz, hasta que huyó como el ganso tonto que siempre ha sido.

De eso me reía yo, agarrada del tubo del metro, cuando a la Madame de quijá de locomotora le molestó mi risa. Cuando me bajé del metro dejé a todos los pasajeros riéndose a mandíbula batiente, ella sólo esbozó un gesto con la comisura de los labios, pero estoy casi segura que cinco segundos más tarde estaría doblada en dos, y no precisamente del dolor.

50 años de Bahía de Cochinos

Viernes, 15 Abril 2011

Como cualquier persona siempre he sentido mucha curiosidad por el pasado, no sólo por el pasado de Cuba, por cualquier pasado de cualquier parte del mundo; es decir, por la historia. Pero también he afirmado anteriormente que no me interesa para nada la historia con el afán de apropiarme de fechas, datos precisos, y demás; me fascina –en tanto que novelista- el lado sentimental, emocional, de la historia, o sea, el costado psicológico, caracterial, de la historia, el tejido sincero del pasado.

En el último concierto organizado por la dictadura en el Malecón habanero, Silvio Rodríguez leyó un atribulado discurso donde habló de la “nada baldía”, que quería -según él- conducirnos al pasado, lo que es científicamente imposible. Qué pena que no expresó lo que sí es una realidad comprobada científicamente, que lo único que nos ha hundido en el abismo de la ignorancia es la “nada baldía” en la que nos hundió la dictadura castrista apartándonos de nuestra verdad histórica, borrando un esplendoroso pasado cubano, escamoteándonos pasajes extraordinarios de nuestra memoria, y tergiversándonos la columna vertebral y ancestral de nuestra nación; será porque él ha contribuido directamente a mentir sobre ese pasado.

Yo no siento nostalgia por la Cuba que dejé, esa Cuba no me interesa en lo absoluto, lo que resulta muy duro, muy doloroso; porque es especialmente complejo no poder contarle a los hijos de uno, de que no conservamos recuerdos sociales colectivos de nuestra infancia, dignos de ser extrañados, y menos de la juventud, y, por otra parte, el exilio no constituye una experiencia – al menos cuando se trata de un exilio forzado- que debamos asumir como precisamente agradable.

Sin embargo, yo profeso una enorme curiosidad por el pasado de Cuba, y ese pasado me proyecta hacia una nostalgia de lo que no viví. Las novelas de Guillermo Cabrera Infante, la literatura de Lydia Cabrera, y de otros escritores de altura, que vivieron esa época republicana, me conducen a una vida convulsa, extremadamente rica en experiencias, de una belleza incalculable, sobre todo porque había sueños, existían los objetivos, y se anhelaba conquistar aún más de lo alcanzado. Es obvio que nada de eso lo pudimos conocer los que nacimos después de 1959, o los que eran aún pequeños cuando el castrofascismo se apoderó de la isla.

Los acontecimientos de Bahía de Cochinos yo no los viví de manera directa, aún cuando ya yo existía, pero apenas contaba 1 año y meses. La historia que nos hicieron, a “los hijos de la revolución”, es que el imperialismo y sus mercenarios habían querido apoderarse de la isla, y que Fidel Castro nos había defendido de semejante monstruosidad, o sea, el discurso totalizante: “nada baldía” a pulso.

Por suerte, yo tuve madre y abuela, y ambas se encargaron de contarme lo que en realidad se decía, lo que ellas habían oído, lo que había acontecido verdaderamente. Cubanos exiliados se habían preparado para liberar a Cuba del “fidelismo” –era como ellas le llamaron cuando yo tuve uso de razón para entenderlo. Recuerdo nítidamente el miedo que se apoderó de mí cuando mi madre me aseguró que en la escuela mentían, que así no era la verdadera historia, que ella y mi abuela me la contarían, pero que yo no debía repetirla en ninguna otra parte; que sólo podíamos conversar de esos temas con ella y con mi abuela, con nadie más. ¿Y con tía? Pregunté yo. A abuela se le daba mal hablar mal de su otra hija, aunque en realidad no hablaba mal de ella, sino de su esposo: “No –interrumpió mi abuela-, con tu tía nada de nada… No por ella, por su marido, que anda con gente que no me gusta nada, con esos fidelistas”.

Muchísimos años más tarde, en Miami, y en Los Ángeles, conversando con algunos de aquellos hombres valientes, ya mayores, que participaron y sobrevivieron a la invasión traicionada y abortada, absolutamente todos confluyeron -después de contarme sus amargas experiencias, de ver morir a amigos, de saberlos fusilados, de haber estado en la rastra de la muerte y haber tenido que soportar el vil asesinato de sus compañeros-, todos, sin excepción me reafirmaron que no se arrepentían de haber hecho lo que hicieron, y mucho menos de haber ansiado liberar a su país del castrofascismo.

Muy de vez en cuando recuerdo la voz de aquel valiente cubano, Carlos Onetti, expedicionario de Bahía de Cochinos, al que interrogaban en los juicios castristas, y que declaró firmemente, que ellos no fueron engañados por nadie, que ellos estaban allí para recobrar la libertad, para defender a Cuba, y para que Cuba volviera a ser lo que era, un país con todas las ventajas de la democracia. Cito de memoria. Y termina: “porque la razón estaba de nuestra parte”.

Yo hoy, a pocas horas del 17 de abril del 2011, a menos de un mes de cumplir 52 años, le digo a aquel valiente expedicionario, que todavía vive en Miami: Que la razón sigue estando de su parte, y de la parte de los valientes, de aquellos que quisieron salvarnos de la “nada baldía” que nos impusieron. Yo era una niña pequeña, y sólo puedo agradecer lo que ellos, la Brigada 2506, hicieron por la libertad de nuestro país y por nosotros, los niños infelices del castrofacismo. Gracias.

Eterna Cuba

Martes, 28 Diciembre 2010

Un documental del músico cubano Enrique Chía.

Ciudad abierta

Jueves, 23 Diciembre 2010

El automóvil nos conduce hacia Roma, a la salida de París nos perdemos. Luego bajamos hacia el sur, la nieve desborda techumbres y cipreses. Montañas, túneles. Un frío glacial. Y de súbito Firenze, y enseguida Roma, la ciudad abierta.

Hace 16 grados centígrados en Roma, merodeamos el Coliseo, soleado y rodeado por romanos vestidos como en la antigüedad, que proponen que nos hagamos fotos con Julio César, en posición de sumisión al antiguo emperador. Nos quieren vender pedacitos del Foro Romano para pegarlos en la puerta del refrigerador, falsos, claro.

Frente al Museo Capitalino, y La Cordonnata de Michelangelo, advierto la foto de Shalit, el soldado israelí, rehén de los palestinos. A pocos pasos la foto de Sakineh, joven, bella e inocente, envuelta en el shador negro. Una joven de luto permanente.

Todo indica que la gente celebrará la Navidad de manera modesta. Los nacimientos son fabulosos, pero sin el aparataje mercantil de otras ciudades, poca publicidad. Roma no la necesita, y mucho menos en esta época. Anocheciendo empieza a llover y me refugio en una de las dos iglesias de la Piazza del Popolo, en la de Santa María de la Miracolosa (Milagrosa), la misa llega a su fin.

Me arrodillo, pido por todos nosotros, por Cuba, por el mundo.

¡Felices Navidades a todos! Muy especiales a ex carcelados cubanos que pasarán su primera navidad en libertad, por suerte junto a sus familiares.

¡Viva Cristo Rey y a comer mucho jamón, como Dios manda!

A 15 años de El Maleconazo

Jueves, 5 Agosto 2010

Hace hoy 15 años que el pueblo cubano se lanzó a las calles. Desde fuera pocos nos apoyaron. Por eso cuando oigo que los cubanos no han hecho nada para luchar por su libertad, me irrito. Esta es una de las pruebas más claras: