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Guillermo Cabrera Infante, un escritor reidor

Mircoles, 4 Diciembre 2013

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No existe un solo libro de Guillermo Cabrera Infante con el que no haya “leído” a carcajadas. Donde escribí “leído” debió decir “reído”, claro, pero es que cuando leo al autor cubano también río a mandíbula batiente con cada una de sus ocurrencias anecdóticas, reflexivas o lingüísticas. De tal modo aprendí, leyéndolo y riéndome, que La Habana era una ciudad plena de euforia, luminosa, rítmica y sonriente, que la capital donde yo había nacido y crecido nada tenía que ver con el espectáculo angustioso cotidiano en el que nos sumieron los demiurgos del apocalipsis revolucionario, y sus protagonistas: el pueblo, sus dirigentes, y tao, tao, tao… No voy a entrar en la muela bizca de la que ya estarán hartos.

Acabo de releer ‘Mapa dibujado por un espía’ -publicada por Galaxia Gutenberg y editada por uno de los mejores editores, Antoni Munné- y me cuesta escribir, y hasta evocarla y pensar en ella, porque sigo enmarañada en la profunda tristeza que emana palabra a palabra de este texto laberíntico, y lo que es mejor, que no peor, tampoco deseo liberarme de la melancolía en la que me ha hundido. Ya saben que a mí me gusta llorar con el buen cine y me encanta reírme con la buena literatura. Sin embargo, con esta novela me ha ocurrido algo muy distinto: ni risa ni llanto; sino una especie de escozor que recorría mi espina dorsal mientras la leía apesadumbrada, con los dientes apretados. Ira y congoja. Sensaciones extrañas de las que no puedo y no ansío despojarme. Porque pese a la enorme depresión que se atisba y destila de la escritura de Guillermo Cabrera Infante advierto que hasta la melancolía de aquella época, con todos sus errores y horrores, lucía un sello de elegancia, de distinción sosegada, de carácter emblemático, y hasta eso, ese tipo de anonadamiento, se ha perdido en Cuba. Se perdió la risa, se acabó la melodía, se apagó la ciudad (desmoronándose a puñados), se largaron los mejores artistas, los mejores en todo, o sea los alegres. La patética amargura reemplazó a la poética aflicción. La memoria varada entonces en el terreno de lo antaño, no sirvió más que para mea culpas, arrepentimientos, subterfugios.

Esta novela nada tiene que ver con mea culpas, ni con ‘Mea Cuba’, dicho sea de paso; un libro que también fue ocultado, no por el autor, sino por los censores de turno fuera de Cuba al servicio del tirano de la isla.

Debo pautar en una pausa que, de las tantas veces que visité a Guillermo Cabrera Infante y a Miriam Gómez no recuerdo ninguna empañada por la agonía de la nostalgia, no los recuerdo jamás hundidos en la morriña. Por el contrario, viviendo en el corazón de Londres, rodeados de gran cantidad de libros, de las mejores librerías y museos, de tiendas y restaurantes para escoger, en esa casa que todavía hoy visito siempre se respiró y se respira la Cuba extraviada y hallada en aquel rincón, en pocos rincones del mundo, menos en la isla misma, y una maravillosa alegría. Nunca he conocido una pareja más cómica, más inteligente, más reidora que Miriam y Guillermo. Y ahora, en la ausencia de Guillermo, Miriam se ha propuesto continuar ese alborozo tan cubano, ese júbilo tan productivo, trabajando en los manuscritos que escribió su esposo en el exilio. Porque Guillermo Cabrera Infante escribió la mayor parte de su obra en el exilio, al igual que José Martí, Cirilo Villaverde y Gertrudis Gómez de Avellaneda, y numerosos escritores exiliados desde el año 1959 hasta la fecha.

Uno de los engaños que no perdonaré nunca al régimen castrista es que nos haya querido inculcar, mediante trampas y chantajes, que solamente la literatura y el arte (por llamarlo de alguna manera) que se produce en Cuba poseen un auténtico valor, pese a que la mediocridad, la pusilanimidad, el servilismo, y el cretinismo inundaron la creación y ofuscaron el pensamiento. Pese a que la gran obra cubana de todos los tiempos y de los grandes escritores, poetas, pintores, músicos, filósofos -desde el siglo XIX hasta hoy- se ha construido en el exilio. Haya sido compuesta en la época en la que lo haya sido. Pero no entraré en esos temas, que ya aburren –como indiqué al inicio-, sobre todo para los que nos pasamos la vida conversando acerca de ellos; temas de los que todavía muchos no quieren enterarse, como canta el bolero: “por pura cobardía”.

Otra de las fabulaciones del castrismo, de las mentiras y calumnias de sus esbirros, ha sido los de regar, o sea, divulgar que tanto Cabrera Infante y Reinaldo Arenas eran seres llenos de odio y acomplejados ( por cierto, lo mismo que dicen de mí), lo que, como supondrán, me sume en el orgullo, y me compromete e impulsa a continuar con inmenso amor y honor. ¡Odio y complejo! Todo lo opuesto a lo que podemos apreciar en esas obras: generosidad, ternura, dolor, tristeza, valentía, vida y libertad.

‘Mapa dibujado por un espía’ es, tal como anuncia su prólogo, una novela inacabada, escondida púdica y secretamente por el escritor. La única novela no leída por Miriam Gómez hasta su edición. Pero incluso siendo un texto inacabado su grandeza es incalculable, no sólo por su calidad literaria, qué duda cabe, sino porque por encima de todo se trata de un testimonio muy personal, íntimo. La última desgarradora aventura de un escritor acorralado en su país, y no de cualquier escritor. De alguien que se sintió culpable por haber creído y, pudo por fin, fugarse para no seguir sintiéndose responsable después de haber reído, y hasta después de haber leído, como tantos de los que nos tuvimos que quedar.

El primer exergo del libro pertenece a Ernest Hemingway y cito: “Tú no eres realmente uno de ellos sino un espía en su país”. Nada más transparente que esa breve introducción. Aunque Guillermo Cabrera Infante pudo quedarse y seguir siendo uno de ellos, cómodamente, debido a sus orígenes humildes, y por su procedencia de una familia comunista, eligió partir hacia la libertad antes que vivir encadenado a la mentira y quedar esclavo de la vigilancia en un país que ya no era el suyo, sino el de “ellos”, el de “ésos”: los odiadores reales. Impuestos el odio y la maldad, el fracaso estaba asegurado, como ha sido, rotundo. Esta novela es la máxima prueba del gran fracaso que constituyó esa revolución, una prueba de primera mano.

Aun después de haber leído y sufrido con esta reciente obra de Cabrera Infante, sigo y seguiré sosteniendo que su autor era un escritor reidor. ¿Por qué? Pues porque amaba la verdad. Y tal como nos afirman Bergson y Heinrich Böll, en su cuento El reidor, sólo los dueños de la verdad, que la conquistaron con esfuerzo, poesía, y padecimiento, son reidores sofisticados, exquisitos y legítimos. Ni una sola obra de los odiadores, ni una frase redactada por los maldicientes, ni una sílaba de los imitadores, posee la altura de ‘Mapa dibujado por un espía’, ya que, reitero, no se trata exclusivamente del testimonio individual del autor, se trata de un fragmento tenebroso de la historia de Cuba que ahora los culpables, muy fétidamente, se disponen a borrar de un tachón: la época del espanto.

La paradoja, o “parajoda”, como bromeaba Guillermo, radica en que medio siglo más tarde, el tiempo y la razón están por fin del lado de los que con toda evidencia la tenían, de los silenciados y humillados. Publicar esta novela no sólo ha sido un hermoso gesto de justicia, además restituye la verdad escamoteada una y otra vez. Pone al descubierto la sombría falacia, muestra la basura barrida bajo la alfombra. Y le da un tapaboca a los ingratos y traidores.

Afortunadamente Guillermo Cabrera Infante sigue perpetuándose en ese reidor que no pocos conocimos, aunque no exactamente como el reidor profesional del cuento de Böll, sino como todos esos reidores que tuvo Cuba en el pasado, que reían porque buscaban y hallaron la verdad, porque como canta el verso de Lezama: nacer allí todavía era “una fiesta innombrable”, y nunca renegaron de sus orígenes.

Foto: Néstor Almendros. Archivos del escritor.

Tres tazas

Mircoles, 6 Noviembre 2013
He leído en estos días varios artículos y entrevistas con esos personeros semi enmascarados de la tiranía castrista. Dos de ellos son escritores del régimen, aunque tapiñados, claro, y se la pasan viajando pero marcando la tarjeta en Cuba y retratándose en sus chozas de lujo que les concedió el Partido Comunista en los repartos habaneros. El otro pasa por un profesor universitario y ensayista del exilio de terciopelo. Y el tercero es un periodista y biógrafo norteamericano, vamos a decir, que medio zanaco, o se hace. Todos coinciden en nombrar a -según ellos- novelistas cubanos de importancia, a los que por supuesto nadie conoce ni en la sala de su casa a la hora de encender el televisor ruso en blanco y negro. Y obvian, claro está, los nombres de otros escritores premiados, traducidos, publicados, con una obra extensa, casi todos exiliados, y anticastristas hasta el tuétano, entre los que me encuentro.

Lo curioso es que los especímenes estos a los que rara vez menciono, coinciden en ignorar, lo que ya es el colmo, el nombre de Guillermo Cabrera Infante, y para más inri uno de los escritorzuelos, un “fama” plagiador inventado por la izquierda, cuando ya no le quedó más remedio de aceptar su existencia, se llenó la boca para mascullar que el autor de Tres tristes tigres y de su novela más reciente Mapa dibujado por un espía (Galaxia Gutenberg, 2013), que es pan caliente en las librerías españolas, hoy precisamente, no había publicado nada una vez que se fue de Cuba. No sólo es una mentira y una falta de respeto inaceptables, además, en esta nueva novela de Cabrera Infante, la que ya tengo en mi poder y de la que escribiré más adelante cuando la haya terminado de leer, se cuentan las verdaderas razones por las que su autor, uno de los más grandes escritores cubanos y universales, fue durante toda su vida un anticastrista cabal, pese a que por sus orígenes bien pudo haberse acomodado y haber vivido como le hubiera dado la gana en un mundo de víboras y farsantes, como han hecho los antes no mencionados de marras.

De modo que no sólo Guillermo Cabrera Infante publicó la mayor parte de su obra fuera de Cuba, donde la escribió también, sino que además, después de su desaparición física, su esposa, Miriam Gómez, se ha dado a la tarea titánica de editar toda la obra inédita, y ya van cuatro libros publicados, bajo el atento cuidado de Antoni Munné, su editor. Una sola frase de cualquiera de esos volúmenes vale muchísimo más que cualquier librejo de basura de estos nuevos voceros del castrismo.

Tres alegres tazas.

El entorno de una novela

Martes, 20 Agosto 2013
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Toda novela es silencio de alguna manera violado, sin embargo también es monólogo redentor, sobre todo cuando lo que se escribe se ha vivido peligrosa e intensamente, cuando se musita en puntillas, aunque de manera resoluta, la historia de toda una vida, la propia, y alejándose de ella sin embargo se ventilan las deudas, los cobros (en algunos de ellos se ha pagado con la existencia misma), se bosquejan las alegrías y desdibujan los pesares de toda una generación poseída por la fiebre de la irreverencia y apagada luego en el resquemor del olvido.

El entorno del silencio, novela de Antonio Ricardo Valle, transita esos vericuetos ya conocidos, los del “yo” y de “nosotros”, sin la grosería tan manoseada de utilizarlos de forma obvia y ñoña, nada de eso. Su narrativa fluye de manera natural y maciza, no es un diario, es una novela -como la vida, ya lo recalcó Marcel Proust-, porque constituye sin duda un bouquet perfecto de sentimientos, un ramo de sensaciones, estilos y maneras de narrar ya frecuentados por otros, por supuesto, y esos otros han sido sus maestros, nuestros dioses leídos y releídos, divinidades gozadas y profundizadas hasta el desmayo y el desvelo; aunque en su caso ha sido entregado, devuelto el agradecimiento, sin aspavientos ni exhibicionismo, todo lo contrario, con elegancia, reflexión, sutileza, soberbia madurez.

Trata de vida, pero también de lecturas, de cultura, de descubrimientos alrededor del mundo, y periplos austeros por su mundo interior. Es la novela de un explorador explorado. 

Es de agradecer sobre todo  la supuesta ‘urgencia’ bajo lupa con la que esta novela ha sido rumiada, y por eso tan paradójicamente dilatada en su ciclo ovoidal, del anhelo que se percibe y que pese al intrínseco deseo, lucha en su contra, para al fin contar lo que fue la trayectoria en espiral, de un niño con la respiración en permanencia entrecortada por una hélice de aspas afiladas, nacido en los años cincuenta, rescatado en nuestros días; de un hombre que ha sido el testigo de la construcción de no pocos pedestales desde donde el horror se ha empinado y ha obligado a obedecer, y desde donde se ha ninguneado y asesinado. Pero por otro lado, muy acertadamente, se honra la obra de aquellos que no bajaron la cabeza, de los resistentes, de los “renunciantes”; y finalmente se muestra la reafirmación, o el triste y esperado declive, la decadencia de los más importantes y estrafalarios símbolos: desde la revuelta o algarabía chanchullera castrista (jamás revolución), con todos sus falsos héroes y sus perrunos artistas y escritores adictos al poder, esa intelectualidad de pacotilla enganchada al éxtasis de una barba trucada que truncó tantos rumbos, hasta la caída del Muro de Berlín, el idealizado fin del comunismo trocado por capitalismo salvaje, y el horrendo atentado islamista que ha sido erróneamente denominado el derrumbe de las Torres Gemelas en Nueva York, cuando en verdad lo que ocurrió fue una cruzada hostil y guerrerista, una masacre inadmisible.

Matteo, el protagonista de este libro, es un testigo apacible, un amante creativo, un visitante que muda en viajero. “Un peregrino inmóvil” y lezamiano a veces, y andarín y ubícuo en otras. Matteo es un salvador. Su peregrinaje, imaginado primero, antes que mude en éxodo, en fuga, devendrá finalmente interminable e infatigable procesión en pos de la verdad y de la paz.

No debíera de ser yo quien escriba sobre una historia que conozco muy de cerca, que he caldeado y saboreado en conversaciones con el autor en tantos ’santos lugares’ (para homenajear al maestro Ernesto Sábato) de este mundo: París, donde empezó a escribirla, muy cercano de un busto de Víctor Hugo, un guiño que el lector agradecerá al final del libro, sabiendo que Hugo escribió sobre las mujeres cubanas; en Roma, donde Antonio Ricardo Valle ya iba cocinándola a fuego lento y engulléndola suculento y al mismo tiempo devorándose apetitosamente a si mismo. Y más tarde, a través del teléfono, desde Nueva York, la ciudad donde reside y donde fue repujándola como un artesano, o mejor, recreándola a través de personajes remodelados, inspirados en protagonistas reales, moldeándola como un alfarero, sopesándola como un alquimista en cuya diminuta balanza se escabulle el azogue saltando hacia la viscosidad del oro lícuado. Finalmente descontextualizándola en Creta, en una noche de luna llena en Platania, en un almuerzo servido por los dioses de Hania. 

No debía de ser yo, reitero, conozco demasiado los secretos, los escondites, y no quisiera revelarlos antes de que ustedes paladeen su escritura, antes de que penetren en el universo de un escritor que lleva décadas meditando lo que finalmente ha novelado en apenas tres o cuatro años. Recuerden los versos de Constantino Cavafis: “Doce y media. Cómo pasan las horas. Doce y media. Cómo pasan los años”. Pero estoy segura que ustedes entenderán mi regocijo al presentárselas desde el privilegio de la amistad.

El silencio acumulado, ahorrado en el sosiego, valió la pena, porque una novela de semejante envergadura sólo puede ser escrita desde la satisfacción y el deleite de haber cumplido de manera honesta y puntual con la suerte y el esfuerzo, y sí, también es cierto, con los sinsabores de la pérdida, de las ausencias. De mucho sirvió haber quedado bien consigo mismo, de haber andando, a menudo con dificultad, pero la mayoría de las veces con destreza,  por los caminos trazados, rediseñados, que unos llaman aventura y otros destino.

El entorno del silencio en Ediciones Palibrio.

Teaser de ‘La mujer que llora’

Lunes, 17 Junio 2013

El más hermoso regalo, aparte de ella misma, que me hizo mi hija, estudiante de Cine en La Sorbonne, lo quiero compartir con ustedes:

La risa de Guillermo Cabrera Infante

Lunes, 22 Abril 2013
Hace hoy por fin uno de los primeros días de espléndido sol en París, aunque con frío, es una primavera todavía gélida.

Voy camino de la Oficina de Correos y voy pensando en una estupidez, otra más, que vi ayer en internet: alguien comentaba en un video que Guillermo Cabrera Infante hacía reír  mucho al lector cuando escribía, pero que sin embargo jamás se había retratado riéndose. Lo primero es una verdad como un templo, lo segundo es otra mentira, o una inexactitud de esa persona que pretende conocer a GCI y ni siquiera conoce bien su obra.

Bergsoniana como soy, sé, después de haber escrito tanto sobre la risa -que casi puedo publicar un tratado-, que la risa, la broma, los juegos de palabras de Guillermo Cabrera Infante utilizadas como soluciones líricas y literarias aparecen en su obra con la intención, no de aligerar su contenido, sino más bien de preparar al lector para una reflexión más profunda.

Cuando Guillermo se enseriaba para las fotos, lo hacía probablemente recordando a José Martí, quien, eso sí, jamás se retrató riéndose, las pocas veces que lo hizo.

Yo que conocí  bien al autor de Tres Tristes Tigres, de La Habana para un Infante Difunto, de Cuerpos Divinos, por citar solamente tres de sus obras, puedo afirmar que Guillermo se reía siempre, incluso cuando estaba serio, porque se reía por dentro, interiormente, que es como mejor se ríe uno. El que solo se ríe de sus maldades se acuerda, dice el viejo refrán. Y Guillermo era un refranero de altura y de alcurnia literaria, con esa pátina de alcurnia con la que la calle pule al escritor.

Estuve algunas tardes, lo mismo en Londres, que en París, o en España, con Guillermo Cabrera Infante y con Miriam Gómez, su esposa, y jamás olvidaré esas carcajadas que Miriam le sacaba a Guillermo, y a todos nosotros, a Ricardo Vega, a nuestra hija, y a mí. Y lo sigue haciendo todavía.

Guillermo Cabrera Infante ha sido uno de los escritores cubanos con mayor sentido del humor. Y hoy, en el día de su nacimiento, oigo su carcajada fenomenal, frente a tanta gente que en la actualidad pretende conocerlo, cuando en otros tiempos le huían y lo denigraban a sus espaldas.

¡Qué risa y qué carcajada!

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El cuento del rigor

Viernes, 8 Febrero 2013
Ah, ya salieron los castristas tapiñados con el cuento de siempre, el del rigor. Cada vez que les escribo algo que les duele salen con la misma cantaleta de que yo no tengo rigor. Llevan años, qué digo, décadas, insultándome, calumniándome, e intentando desacreditarme con lo del rigor, y con lo otro de que si soy pornógrafa. El caso es que mientras ellos redactan artículejos catedráticos (firmados por gentuza de tercera categoría) yo sigo escribiendo mis libros y publicándolos, traducidos inclusive. Y ellos babeándose en su veneno del rigor.

Verdaderamente a mí el rigor me importa una mierda. Yo tengo ideas buenísimas y las escribo, me salen como agua de un manantial, y claro, con eso no pueden. Mi poesía y mis novelas están ahí, editadas. Y mi rigor, en el que yo creo, es pasarme noches en vela, escribiendo, revisando, sin que me ayude nadie, sin correctores que más bien serían envidiosos censores. Soy un espíritu libre. Entérense de una buena vez. Hace algún tiempo alguien quiso coger en falta a Esther Tusquets debido a unos errores en una de sus novelas. Ella respondió lo siguiente: “Yo no cuento la historia, yo soy la historia cuando escribo. No me preocupo por los gazapos históricos, de eso se ocuparán los exégetas. No soy exégeta, soy escritora.” Lo suscribo. Súmenle a eso que suelo ser muy pornógrafa, todo lo más que puedo.

No les basta que mi trabajo salte a la vista, que mi esfuerzo diario y constante está ahí, en mis libros y en mi blog, en varios blogs; ellos siguen tratando de echar paletadas de basura. ¿Pero no se dan cuenta que ellos son la basura misma? Que lo único que muestran, que lo que tienen para enseñar es a un poetastro cheo, marica de alma, pendejón, y para colmo juguetón con el castrismo. Y todavía piden rigor. Debieran tener más rigor y vergüenza al escogerse entre ellos mismos.

Ya vuelven otra vez, repetitivos que son, con el viejo y tan gastado truco de que no tengo rigor. Por lo visto les dolió otro artículo que hice. No saben cuánto lo disfruto. No tienen ni puta idea de lo bien qué duermo cuando sé que les hice daño, que los herí, que los he ido desenmascarando. Duermo de maravilla. Y ahí dale que dale otra vez… Siempre la misma cantilena, no cambian, no se salen del guión, no tienen iniciativas, ni inventivas. Y ni siquiera admiten que la literatura puede con todo, contra todo. Porque ignoran lo que es la literatura, y menosprecian lo que significa el arte.

Como que nunca esperé, ni espero, ni esperaré jamás que me defienda nadie, lo voy a hacer yo misma, como siempre hice. Ya lo del rigor de ustedes, pedazos de chorlitos, aburre. Ya cansa. Y de nada vale que me tiren desde un periodicucho diz que importante manejado por tarrúas millonarias y donde garabatean sus papeluchos las hijas de los papás, las hijas de putos cabezas de cajones castristas, como me señala un amigo, porque aunque eso hagan, yo sigo y seguiré replicando desde mi blog, o desde mis blogs. Sépanlo, no me callaré nevermore, ay, Poe, gracias, tú ahí, para acompañarme eternamente.

Debieran agradecerme por cierto, y ya son una larga lista los que debieran hacerlo, todos aquellos que han conseguido trabajo gracias a mí en esos periodicuchos. Porque aquellos que se propongan para criticarme y reprobarme cada cinco minutos lo del rigor enseguida serán contratados, al punto, por el misionero o la misionera castrista de turno. Así que impriman una foto mía, colóquenla en el pedestal que me corresponde, y enciendan una vela, ah, y ya saben, no menos de tres rezos diarios. Que conmigo se les apareció la virgen.

Ah, lo del rigor, yo quisiera saber qué han escrito, qué obras tienen, dónde han sido publicados y traducidos los que exigen rigor con sus caras de mojones tiesos. Pero sobre todo, ¿cuánto llevan trabajando, qué han hecho? Que se miren en un espejo, que se midan con una vara, y noten por una puta vez dónde están ellos y dónde estoy yo.

Fin de la historia, con rigor o sin rigor, pero a mucha honra.

Mis diez mejores libros del 2012

Mircoles, 26 Diciembre 2012

Una lista de mis diez mejores libros del año 2012, así como breves comentarios acerca de ellos, podrán leerla aquí.

Feliz año 2013 con buenas lecturas, salud, amor, paz prosperidad y poesía.

Humberto Fontova, sin guantes y sin hipocresía.

Jueves, 25 Octubre 2012

Humberto Fontova es un polémico ensayista y escritor, conocido en Estados Unidos por sus libros sumamente edificantes en contra de los mitos revolucionarios castristas, específicamente los del Che y el propio Fidel Castro. A mi juicio es una de las voces más importantes entre una generación de cubanoamericanos que no se dejan meter el pie por ninguna ideología políticamente correcta. No ha entrado en este negocio para contentar a nadie, ni para ser publicado en los medios de la izquierda recalcitrante, tampoco para que le hagan el cuento de nunca acabar de los buenos son éstos y los malos aquellos. No, él está aquí para contar su historia, la de sus padres, la de los cubanos, la de las víctimas del comunismo. No anda buscándose alabanzas, sino más bien discordias por expresar lo que piensa, y de manera muy valiente se quita los guantes, como todo un caballero, y con uno de ellos va abofeteando a los dormidos, a los engañados y a los descarados de este mundo. Para mí es un gran placer y un honor entrevistarlo.

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La familia Fontova un mes antes de salir de Cuba (Humberto Fontova al lado de su padre)

ZV: -¿Cómo fue tu salida de Cuba? Sé que esto ocurrió en 1961, junto a tus padres, creo que viajaron directo a New Orleans en Estados Unidos.

HF: -Nuestra salida fue por Rancho Boyeros. Como la de muchos en esos días, pasamos por  “La Pecera.” A mi madre y a mi hermana le arrebataron los aretes y otras joyas que llevaban, mientras a mi padre se lo llevaron los del el G-2 (Policía Secreta). Imagínate a mi pobre madre. ¡Al fin tenían todos los papeles  de salida listos! Blah, blah, lo que ya conoces.  Me acuerdo bien de ese día:

“-¡¿Adónde lo llevan?!”

“-¡CÁLLATE!” -le gritó una miliciana a mami.

“-Bueno, entonces ¡nosotros NO nos vamos!  -mi madre llorando le gritó a mi padre que ya estaba un poco lejos en las manos de la policía  ñángara (comunista)- “¡Sin tí no nos vamos!”

“-¡SÍ se van!  ¡Lo ordeno! Lo que me pase a mí no lo sé, pero no quiero que mi familia siga viviendo  aquí, en un pais comunista!” -dijo papi mientras se lo llevaban.

Mami  agarró a mi hermana Patricia, a mi hermano Enrique y a mí, y marchamos hacia el avión. Me acuerdo bien de un avión lleno de mujeres y niños, la mayoría iban llorando. Llegamos a Miami, donde ya teníamos unos familiares. Esa tarde mami, completamente desesperada,, llamó  a  mi abuela (todavía en Cuba),  preguntó por papi, oyó la respuesta y se desmayó. (La primera y última vez que me acuerdo de algo así.)

Mientras unas primas atendían a mami, otra recogió el teléfono y también gritó: “¡Humberto está en el G-2!”

Estuvimos en Miami nada más que unas semanas, y seguimos para Nueva Orleans donde teníamos familia más cercana. Pasaron un par de meses  y mami recibió una llamada, atendió al teléfono y ¡otra vez gritó! Pero este era un grito de alegría.

Papi estaba en el aeropuerto ¡esperándonos!  De alguna manera encontramos a un amigo de un amigo de un pariente, que tenía un cacharro, y nos zumbamos todos al aeropuerto.

Jamás he olvidado esa reunión, ni el abrazo entre mami y papi.

Nunca averigüamos exactamente por qué lo cogieron preso, ni por qué lo soltaron. Así pasan los cosas con los ñángaras (comunistas). Papi (arquitecto) había conocido a Osmani Cienfuegos en la Universidad de La Habana, y más tarde Osmani lo quería  nombrar Oficial de Obra Públicas. Papi se negó, explicando  que  solamente quería sacar a su familia de Cuba.  Esto ocurrió  unos meses después de Bahía de Cochinos, y muchos cubanos comprendían que lo cosa sin la ayuda de los Estados Unidos ya casi no tenía remedio.

“-¡Ay, que horror!” -dicen  los presentadores de programas de  radio y televisión aquí en los Estados Unidos cuando les narro la salida de Cuba.

“-¿Horror?” -Yo aclaro. -“¡No, de eso nada! Miren, ¡nosotros fuimos de los dichosos! Hoy en día mi padre caza y pesca con sus hijos y nietos y sobrinos casi todas los fines de semana. Miles de miles, de miles de familias cubanas  sufrieron, y siguen sufriendo muchisimo peor. Lo de nosotros fue nada en comparación… Pero es que los norteamericanos, en general, incluyendo los muy educados, ¡no tienen la menor idea de lo que pasó y pasa en Cuba!

“-Miren,” -yo les explico-, “la mayoría de la familia Fontova estamos vivos y felices. ¿Quieren ver un  horror  verdarero?”  -Yo les aconsejo-. “Bien, pues vayan a ver El  Memorial Cubano en Miami. Ahí sí que tienen “un Horror.”

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En su casa de La Víbora.

ZV: -Me imagino que recuerdas poco de tu infancia en Cuba, ¿podrías hacer un ejercicio de memoria y contar algún pasaje de tu corta vida en La Habana?

HF: -Al contrario.  Recuerdo bastante, como puedes notar en mi respuesta anterior.  También  me acuerdo de Varadero, cuando la familia entera  ibamos los fines de semana. También  salíamos  a pescar en un botecito de remos. Me acuerdo del día en que el pobre dueño del bote nos dijo que ya no nos podía sacar más a pescar. Y nos enseñó su botecito. Estaba de boca arriba en la arena, acribillado de casquillos de balas.  Los milicianos se lo destruyeron porque muchos pescadores salían “a pescar” y acababan en Cayo Hueso, ¡quedándose allí, claro!

También me acuerdo bien de los tiroteos en la calle y de los bombardeos de la invasión de Bahía de Cochinos. Los aviones pasaron arriba mismo de nuestra casa en La Víbora.

Me acuerdo cómo me reía de los curas “gallegos” en Los Maristas y de cómo hablaban con la bemba p’afuera con su acento  “gallego.”   Pero la verdad es que eran curas decentes y maestros muy  buenos.

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Pescando en El Malecón habanero.

Y también me acuerdo cuando la policía agarró a mi primo Pedro de 21 años, que enseñaba clases de catecismo. Me acuerdo de los llantos de mi tía cuando la llamaron para que fuera a recoger  el cuerpo de Pedro, su hijo, que habían golpeado hasta la muerte.

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La familia Fontova en Nueva Orleans, en el patio de un restaurante en el Barrio Francés. Aniversario 59 años de casados de mami y papi, en diciembre del 2011.

ZV: -¿Cómo fue tu crecimiento en New Orleans, tu adolescencia y juventud?

HF: -Muy feliz, la verdad. Yo soy un típico “Baby Boomer,” ¡la generación americana más MALCRIADA en la historia!  Nada más que hay que pensar en la generacion de mis  padres, viviendo con la Revolucion, y de mis suegros viviendo durante la Depression y la Segunda Guerra Mundial. Al morir, mi suegro en 1987 era el ex-soldado  séptimo  más condecorado en el estado de Luisiana. Peleó en el Norte de África, en Salerno, en Anzio, en Normandie, ayudó a liberar París, después peleó en The Battle of the Bulge y acabó liberando  a Dachau. Fue herido tres veces, y murió en 1987,  de complicaciones de sus heridas de la Segunda Guerra  Mundial. Como él hay muchos de sea generación.

Mientras que para mi generación, era un sufrimiento ¡enorme! no tener  dinero para salir a una discoteca, ¡para bailar como un loco!  ¡O tener un asiento muy distante para ver claramente a los Rolling Stones en un concierto!

Lo reitero, la generación más MALCRIADA de la historia moderna, por lo menos en el caso mío. Y se lo debo a mis padres, que me sacaron de la Cuba estalinista a tiempo, donde mi crecimiento hubiera sido, vamos a decir, bastante diferente.

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En un baile con Shirley (se casaron un año más tarde de tomar esta foto) durante la era de la Disco. (”¡Nunca pensando que me parecía casi exactamente a Che Guevara!”)

ZV: -¿Por qué te presentas como un ferviente anticomunista y anticastrista? No son cartas de presentación que agrade a muchos todavía…

HF: -Tienes  mucha razón. Y no te olvides, también soy un “Recalcitrante” y un “Intransigente.” Debe de ser que no  tengo el talento para ser un hipócrita efectivo.

ZV: -Has publicado varios libros acerca de la historia más reciente de Cuba, sobre personajes emblemáticos. Esos libros también han sido traducidos. ¿Podrías hablarnos de ellos, de las recientes traducciones en Brasil, y del nuevo libro que saldrá muy pronto?

HF: -El libro de Fidel: El tirano Favorito de Hollywood fue traducido al español y al portugués. El del Che fue traducido al ruso y al portugués, todavía no al español.  Así que, vamos a ver.  Y el mes que viene sale otro The Longest Romance; The Mainstream Media and Fidel Castro (El romance más Largo; La Prensa Mundial y Fidel Castro).

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ZV: -Hace muy poco leí un artículo sobre un libro en el que se presenta a Chanel como una colaboradora y espía de los nazis, es un libro de Hal Vaughan, titulado: En la cama del enemigo, Coco Chanel bajo la Ocupación. Era algo sabido sotto voce, sin embargo Chanel sigue siendo una marca muy cotizada. ¿Nos sucederá lo mismo con el Che Guevara, aunque en menor nivel, y salvando las distancias, desde luego, en cuanto a la calidad de los productos comerciales derivados?

HF: -Increíblemente la fama del Che me parece que se está complicando. Cuando salió  la pelicula Motorcycle Diaries en 2004, nadie se atrevía a criticarlo. El mito parecía estar intacto. Pero fíjense lo que pasó con la pelicula Che de Soderbergh y Del Toro.  No fue tan fácil para ellos. Hubo entrevistas donde los presentadores sí les hicieron un poco de oposición. Y fíjate lo que le pasó al Presidente de Mercedes Benz hace poco, acabo pidiendo perdón por usar al Che en un comercial. Y mira lo que pasa en Irlanda  ahora que quiren construir  un monumento al Che en Galway. Hay mucha oposición. Así que me parece que ¡AL FIN! está cambianda la cosa.

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Con sus hijos, en diciembre de 1986.

ZV: -Entonces ¿crees que ciertos mitos son indestructibles o no? ¿Cuál sería el papel del escritor, del ensayista que eres, para acabar con ellos?

HF: -No completamente indestructibles, como expliqué antes. Pero sí es dificil. A algunos de nosotros nos molestan tanto las mentiras que nos ponemos a escribir,  o  a hacer presentaciones, impartimos conferencias, o a realizar documentales, o lo que sea, tanto para tratar de rectificar la verdad (y burlarnos de los mentirosos y de los que se tragan tantas mentiras),  lo que también como una es como una forma de terapia, para  nosotros mismos, ¡para  evitar volvernos locos ante tanta comemierdería en el mundo en relación a la revolución  castrista!

ZV: -Has visto últimamente que Castro I se muere muy a menudo, y también resucita… ¿No es esto ya un poco cansón? ¿Qué crees que pasaría tras su muerte?

HF: Exactamente. En Babalú blog escribí un post con este mismo tema, usando dos canciones de rock:

La primera:  Won’t  Get Fooled Again (The Who)  (No nos engañan otra vez).

La otra de Phil Collins, I Don’t Care Anymore  ( Ya no me importa).

ZV: -¿Y si desapareciera primero Castro II?

HF: -Sería mucho mejor para el futuro de Cuba.

ZV: -¿Cómo ves a Cuba en la distancia y en el futuro?

HF: -No soy optimista, lo que le sorprende a muchos presentadores de TV y Radio aquí en los Estados Unidos, que es un país bien conocido históricamente por su optimismo. Pero como no soy hipócrita efectivo siempre les digo lo que pienso, y es que (¡ojalá que no!), pero no le veo remedio al problema cubano si no se elimina  del poder totalmente a la nomenclatura  castrista-militarista. Y eso me parece muy dudoso en la manera que va el rumbo y la conga… Mira, ¿por qué el puñado de militares que son dueños de Cuba irían, voluntariamente, a cambiar el sistema Castrista-Militarista? Les sirve muy bien.  No veo  muchos  cambios  verdaderos. El mundo entero ayudó a los Sudafricanos negros, el Presidente de Estados Unidos y el Papa ayudaron a los Polacos… Pero no veo a nadie ayudando a los cubanos. Solamente a sus opresores. Aunque ya todos sabemos eso desde hace rato.

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Con la congresista cubanoamericana Ileana Ros-Lehtinen.

ZV: -¿Y cómo ves ahora, en plenas elecciones, a Estados Unidos? ¿Crees que volverá a ganar Obama, o que nos llevemos la sorpresa con Romney? ¿Qué cambiaría en relación a Cuba que uno u otro gane?

HF: -Mis grandes amigos Henry Gómez y Alberto De la Cruz de Babalu Blog, a los que yo considero verdareros expertos en este asunto, creen que Romney va a ganar. Si ellos lo creen, yo también. Así que en esto sí soy un optimista.

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Debate televisivo con Glenn Beck.

ZV: -¿Te gustaría mandarle un mensaje a los cubanos de la isla?

HF: -Seguro, ¿qué les parece que el mundo los ha abandonado? Casi toda la prensa mundial, la gran mayoría de los gobiernos, la gran mayoría de las organizaciones internacionales, todas y todos ignoran al pueblo cubano y colaboran con sus opresores ñángaras. Esto asegura que su victoria, la victoria del pueblo cubano, cuando sea, ¡será  la más gloriosa!  ¡Porque no le deberá NADA a NADIE!

Unos pocos de nosotros en el exilio tratamos de informar sobre la verdad, y de vez en cuando logramos algo, pero no mucho… Aunque seguimos con la tarea.

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Con Hunter.

Después de esta entrevista con mi apreciado Humberto Fontova, saldré a la calle a tomar el sol. Sí, hoy hace sol en París. Los parques vuelven a llenarse, y los metros se vacían, la gente vuelve a pasear al sol, en lo que sería o es ya un verano indio.

Ars Atelier City Nº 6

Mircoles, 24 Octubre 2012

Cuesta hacer una revista hermosa, de arte,  y con calidad, en los tiempos que corren. Aún así insistimos en el esfuerzo. Numerosos son los amigos que han colaborado en ella y lo agradecemos. La revista se edita entre Nueva York y París. El propósito es citarnos en esa ciudad que se llama Arte, cuyo único pasaporte es el de la poesía, la verdad, la armonía, la libertad y la paz.

Aquí tienen Ars Atelier City Nº 6, con portada del pintor cubano Mario Torroella.

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El dibujante de dunas

Mircoles, 10 Octubre 2012

Se fue para siempre mi gran amigo el pintor cubano Ramón Unzueta. Mi homenaje aquí, y a modo de recuerdo, el estreno mundial de este cortometraje hecho de manera familiar. Para mi Rami (to) de amor.