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¿A qué olía el Che Guevara? A Fo.

Lunes, 7 Noviembre 2011

A mí me encantan las ferreterías y las boutiques de tarecos. Cerca de mi casa hay una boutique de vajillas que se llama La Vaissellerie, donde venden platos, vasos, cucharitas, todo tipo de porcelana fina. Llevo casi 17 años visitando y comprando en La Vaissellerie. Hoy pasé por allí a comprar unas cucharitas para el café, porque todas se me van por el tragante o las boto en la basura sin darme cuenta, y me quedan pocas. Entré en la tienda y lo primero que veo es unas velas, en unos vasos, perfumadas, claro. Una de las velas estaba aromatizada con ron, otra con tabaco, y la tercera el perfume era el del Che Guevara, según se podía leer en la etiqueta, bien grande, con la foto del aChesino de La Cabaña. Más abajo se podía leer también entre signos de admiración: ¡Viva Cuba Libre!

Cansada de armar siempre el escandalito cada vez que me topo con una barbaridad como ésa, me iba a largar sin hacer el menor comentario, pero cuando vi lo de ¡Viva Cuba Libre! se me encendió la sangre y fue como si me metieran las tripas y el cerebro en una mezcladora. Me contuve, sin embargo. Muy finamente les pregunté a la señora dueña del negocio, y al joven de abundante cabellera, que tenía como dependiente, si ellos no sabían que el Che Guevara era un asesino argentino que no tenía nada que ver con la verdadera Cuba, y ahí solté todo lo que sé del Che, pero pausadamente, como si yo fuera danesa o finlandesa. Mientras yo hablaba, parsimoniosamente, el joven se iba poniendo cada vez más rojo, de tez, tal vez de alma ya lo era, y la señora se deshizo en excusas.

-Comprendo, comprendo, es como si yo pusiera una vela con la foto de Hitler y el cartelito debajo que dijera: ¡Viva Alemania Libre! -añadió.

-Exactamente -, agregué yo, satisfecha, porque por lo visto me había explicado mejor que nunca.

La señora hizo ademán de retirar la vela, lo que yo agradecí, pero antes le pregunté si podía olerla y conocer el precio. Aceptó. Me la llevé a la nariz, era una mezcla de canela con jazmines. El precio 17 euros. Por nada me da un yeyo con cuatro requetetrepos.

-Además, este olor que se anuncia aquí como el del Che Guevara es una falsedad total, una mentira. Porque incluso se cuenta de que el Che olía a rayo encendido, que era un cochino, que no se bañaba, y le apestaban las patas a cicote (iba a compararlo con un queso, pero recordé que sería una mala comparación porque a los franceses mientras más apesta el queso más exquisito lo encuentran)... Los pies, sabe usted, le apestaban a cojón de oso-. La mujer estalló en una carcajada. El joven melenudo cada vez más rojo…

-Para colmo, ¿usted sabe lo que es pagar 17 euros por el supuesto olor de un terrorista asesino? Vaya, ni en la novela El Perfume de Patrick Süskind.

La mujer asintió seriamente, y retiró la vela. Me despedí de ambos, y bueno, ya en la calle, empecé a reflexionar, tipo francesa, y poco a poco me fui diciendo que a lo mejor la estúpida había sido yo, que igual debería coger y abrir una boutique con todas las pestes que tengan que ver con la Cuba castrista, enfrascarlas en vasos de cristal de Lalique, y venderlas bien caras. Por ejemplo, “Grajo de sobaco del Che, de cuando estuvo en Bolivia” (200 euros), “Cicotera de Fidel Castro de cuando estuvo en la Sierra Maestra” (300 euros), (”Sebingo de la Papaya de Celia de cuando estuvo en la Sierra”) (150 euros), y así sucesivamente… Podría hacer una pasta con eso, ya que son productos que les encantarían a los franceses, igual a los italianos, a los americanos ni se diga… Y ahí se desató mi mentalidad especulativa, como buena Tauro que soy. Y ya me veía yo millonaria gracias a toda esta repugnancia de pestes. La marca se llamaría Fo, qué peste. Sonaría como a chino. Muy de tendencia. Y luego haría un prêt-à-porter con el diminutivo de Fo.

De hecho, ahora que me acuerdo, no es la primera vez que me tropiezo con una vela perfumada con el supuesto aroma del Che Guevara. Las célebres Velas Cire Trudon, tienen una que se llama Ernesto, que huele a cuero y a tabaco; en aquella primera ocasión fui a comprar una para mi apreciado Ernesto Díaz, pero por suerte tuve la precaución de preguntar antes quién era el célebre Ernesto, viendo que las velas anteriores estaban dedicadas a Marie-Antoinette, reina de Francia, a Napoleón, emperador de Francia. La chiquita de la tienda me dice: Voyons, madame, Ernesto ça ne peut pas être un autre que le Che Guevara!. “¡Que no se diga, señora, Ernesto no puede ser otro que el Che Guevara!” Y lo soltó tan fresca, suave y bajita de sal, mientras me mostraba el vaso en cristal verde olivo. Precio de la vela en internet: 52 o 55 euros, en boutique: 82 euros. ¿Como les cae? Menos mal que no se la mandé a Ernesto Díaz, que estuvo 22 años en una cárcel castrista, condenado a 40 años.

No es justo. Tanta gente muerta, asesinada por este hijo de la gran puta, para esto. Para que en plena crisis, la gente se tope con unas velitas con el olor del Che Guevara. Me la corto que esta guanajada se le ocurrió a una pajarita parisina, seguro que sí.

Galliano en el rol de Dios, digo, Dior.

Viernes, 4 Marzo 2011

John Galliano es un diseñador sumamente teatral, a mi juicio es el Shakespeare de la moda. Desde hacía más de una década se había convertido en un dios, mejor dicho, en el Dios, o en el Dior, de la alta costura. Yo misma escribí un artículo para Yo Dona, titulado: Gracias a Dior por el décimo aniversario de su estancia en esta firma, del que luego me plagiaron el título en un periódico afín, así es, todo se plagia, aunque ahora al plagio se le llama recuperación, y a los sordos mal entendants.

John Galliano parecía un tipo simpático hasta hace pocos días, cuando todos vimos el video donde dijo que amaba a Hitler, al parecer estaba borracho. Bueno, borracho se puede decir un montón de idioteces, pero cuando se trata de Mahoma o de Jehová no se puede estar ni borracho, no conviene emborracharse para soltar semejante estupidez. La cosa es que al parecer Galliano se comporta como un extremista de mucho cuidado, según se cuenta, pero claro, ahora todo el mundo tendrá una anécdota para acabar de pasarle la plancha a JohnDior, que no es JohnGuipur.

Como la mayoría de ustedes no aguanto a los antisemitas, eso está claro, tampoco soporto la grosería del fanatismo de las religiones, y no estoy de acuerdo que ninguna fe ciega en religiones se ponga a hacer justicia, pero afirmar que se ama a Hitler, bajo una espesa curda, y no sólo en una ocasión, sino en varias, es más que preocupante. John Galliano no es un estúpido, o tal vez la bebida le haya fundido alguna neurona. Lo cierto es que ayer era como un Dios, aupado por Dior, y hoy es eso mismo, sin la protección de Dior, pero en un vía crucis, y me temo que terminará definitivamente crucificado.

No se juega con las víctimas del Holocausto, no se juega con nada que pueda herir sensibilidades de personas que han perdido familiares en los campos del horror, estamos de acuerdo. Galliano se burló de eso, además se burló de unas personas que él encontró feas y que, según él, merecían que sus padres hubiesen sido gaseados porque de este modo él, Galliano, el gran Dios de Dior, no hubiera sido molestado con su mera presencia. Un loco total.

Nadie se extrañe, no hay que hacer la amalgama, pero la moda, y ese régimen nazi de la extrema flaquencia, están por mucho. Siempre lo he pensado, cada vez que veo a una mujer de esas que parece que se van a partir en dos en una pasarela me da náuseas, y recuerdo inevitablemente imágenes de victimas en campos nazis. Y la burla, la eterna burla… la mediocridad bestial del género humalo, que no humano.