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El cuento del rigor

Viernes, 8 Febrero 2013
Ah, ya salieron los castristas tapiñados con el cuento de siempre, el del rigor. Cada vez que les escribo algo que les duele salen con la misma cantaleta de que yo no tengo rigor. Llevan años, qué digo, décadas, insultándome, calumniándome, e intentando desacreditarme con lo del rigor, y con lo otro de que si soy pornógrafa. El caso es que mientras ellos redactan artículejos catedráticos (firmados por gentuza de tercera categoría) yo sigo escribiendo mis libros y publicándolos, traducidos inclusive. Y ellos babeándose en su veneno del rigor.

Verdaderamente a mí el rigor me importa una mierda. Yo tengo ideas buenísimas y las escribo, me salen como agua de un manantial, y claro, con eso no pueden. Mi poesía y mis novelas están ahí, editadas. Y mi rigor, en el que yo creo, es pasarme noches en vela, escribiendo, revisando, sin que me ayude nadie, sin correctores que más bien serían envidiosos censores. Soy un espíritu libre. Entérense de una buena vez. Hace algún tiempo alguien quiso coger en falta a Esther Tusquets debido a unos errores en una de sus novelas. Ella respondió lo siguiente: “Yo no cuento la historia, yo soy la historia cuando escribo. No me preocupo por los gazapos históricos, de eso se ocuparán los exégetas. No soy exégeta, soy escritora.” Lo suscribo. Súmenle a eso que suelo ser muy pornógrafa, todo lo más que puedo.

No les basta que mi trabajo salte a la vista, que mi esfuerzo diario y constante está ahí, en mis libros y en mi blog, en varios blogs; ellos siguen tratando de echar paletadas de basura. ¿Pero no se dan cuenta que ellos son la basura misma? Que lo único que muestran, que lo que tienen para enseñar es a un poetastro cheo, marica de alma, pendejón, y para colmo juguetón con el castrismo. Y todavía piden rigor. Debieran tener más rigor y vergüenza al escogerse entre ellos mismos.

Ya vuelven otra vez, repetitivos que son, con el viejo y tan gastado truco de que no tengo rigor. Por lo visto les dolió otro artículo que hice. No saben cuánto lo disfruto. No tienen ni puta idea de lo bien qué duermo cuando sé que les hice daño, que los herí, que los he ido desenmascarando. Duermo de maravilla. Y ahí dale que dale otra vez… Siempre la misma cantilena, no cambian, no se salen del guión, no tienen iniciativas, ni inventivas. Y ni siquiera admiten que la literatura puede con todo, contra todo. Porque ignoran lo que es la literatura, y menosprecian lo que significa el arte.

Como que nunca esperé, ni espero, ni esperaré jamás que me defienda nadie, lo voy a hacer yo misma, como siempre hice. Ya lo del rigor de ustedes, pedazos de chorlitos, aburre. Ya cansa. Y de nada vale que me tiren desde un periodicucho diz que importante manejado por tarrúas millonarias y donde garabatean sus papeluchos las hijas de los papás, las hijas de putos cabezas de cajones castristas, como me señala un amigo, porque aunque eso hagan, yo sigo y seguiré replicando desde mi blog, o desde mis blogs. Sépanlo, no me callaré nevermore, ay, Poe, gracias, tú ahí, para acompañarme eternamente.

Debieran agradecerme por cierto, y ya son una larga lista los que debieran hacerlo, todos aquellos que han conseguido trabajo gracias a mí en esos periodicuchos. Porque aquellos que se propongan para criticarme y reprobarme cada cinco minutos lo del rigor enseguida serán contratados, al punto, por el misionero o la misionera castrista de turno. Así que impriman una foto mía, colóquenla en el pedestal que me corresponde, y enciendan una vela, ah, y ya saben, no menos de tres rezos diarios. Que conmigo se les apareció la virgen.

Ah, lo del rigor, yo quisiera saber qué han escrito, qué obras tienen, dónde han sido publicados y traducidos los que exigen rigor con sus caras de mojones tiesos. Pero sobre todo, ¿cuánto llevan trabajando, qué han hecho? Que se miren en un espejo, que se midan con una vara, y noten por una puta vez dónde están ellos y dónde estoy yo.

Fin de la historia, con rigor o sin rigor, pero a mucha honra.

18 años.

Sbado, 2 Abril 2011

Hoy mi hija cumple 18 años, de los cuales ha vivido 17 en exilio. No se acuerda de la ciudad que la vio nacer, pero ha estudiado sobre Cuba y le he tratado de inculcar los antiguos valores de su país, los que destruyó el castrismo. Le he contado todas las verdades, y ella ha sabido discernir. No fue fácil sacarla de Cuba, con apenas un año. Los Castro no permiten que los menores de edad salgan de la isla, ni siquiera con sus padres. Numerosos son los casos de niños que viven separados de sus padres.

No me arrepentiré jamás de haberla traído a Francia, donde ha estudiado en buenas escuelas. Es una mujer bilingüe, además se distingue en inglés y en italiano. Hizo teatro, y actuó con buenas compañías, como en el Espace Marais, y en El Bataclán, con el actor Gael Edmaleh. Estudia cine y ha realizado tres cortometrajes. Ha viajado casi el mundo entero. Y por encima de todo es una buena persona. Soy muy feliz de tenerla como hija. Algún día regresaremos a nuestro país libre. Ese derecho nos lo deben, porque nos pertenece.

Luna

Respuesta a Carlos Carnicero.

Martes, 22 Febrero 2011

Carlos Carnicero escribió en El Plural un artículo en contra mía, donde me calumnia y difama, y también lo hace en contra de mi país.

Aquí está mi respuesta que también he enviado a El Plural, con mi derecho a respuesta, y a la espera de que la publiquen:

RESPUESTA A CARLOS CARNICERO.

Carlos Carnicero no sólo difama sobre mi persona en un reciente artículo, además difama a mi país desde la primera frase de su texto: “Cuba y su revolución”. Cuba es Cuba y su historia, pese a 52 años de dictadura, que no revolución, Cuba tiene una historia, mal que le pese a algunos españoles como Carnicero. Mucho menos es un “asunto metafísico”, Cuba es una realidad, y la dictadura oprobiosa que la gobierna es otra. El que así se manifiesta es Carlos Carnicero, una persona que sí podríamos calificar de extremos, y que me recuerda a algunos militantes castristas que debí sufrir en Cuba.

El señor Carnicero difama y miente sobre mi persona alegando que yo fui diplomática cuando el castrismo poseía los recursos para mantener “legaciones diplomáticas con dignidad”. Le aclaro a Carnicero que yo no trabajé en la Embajada Cubana en París, que mi salida de Cuba fue de esposa acompañante de un escritor que fue nombrado a la carrera, y no de carrera, diplomático en la UNESCO, por la sencilla razón de que el señor Manuel Pereira, formaba parte del equipo de Alfredo Guevara, director del ICAIC, y al que Fidel Castro en persona envió a una especie de aislamiento a raíz de la realización de la película Cecilia de Humberto Solás, la que provocó una gran polémica dentro de Cuba, por su costo, y por sus planteamientos acerca del concepto de nación cubana. Yo debí, en ese entonces, detener mis estudios universitarios y acompañar a mi esposo en lo que muchos llamaron la traversée du désert de un líder (Guevara) muy comprometido con Fidel Castro. Antes de salir de Cuba nos leyeron la cartilla a todos, nos anunciaron que no podíamos sostener relaciones con los franceses sin que estas fueran informadas a la DSE de la embajada, yo no podría continuar los estudios en una universidad “capitalista” (La Sorbona), y por mi trabajo de criada, que no de secretaria, de criada del embajador castrista ante la UNESCO (lo reitero), me pagaban mensualmente 632 francos al mes, el equivalente de 62 dólares en la época. Tanto mi esposo como yo vivimos momentos de gran humillación, de persecuciones, y vigilancias constantes, como en su momento vivieron Guillermo Cabrera Infante y su esposa Miriam Gómez cuando muy al principio fueron diplomáticos en Bélgica, lo mismo le ocurrió al escultor Roberto Estopiñán cuando fue diplomático en la embajada de Cuba en China, de la que desertó (según los términos castristas), Alejo Carpentier y su esposa diplomáticos también en Francia, Juan Arcocha, diplomático en París, además traductor de Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir en Cuba, cuando el célebre viaje de la pareja de filósofos a la isla. Arcocha murió hace poco exiliado en París, los Carpentier regresaron a Cuba.

Carnicero no sabe las razones, y tampoco las averigua, por la que me castigaron tres meses a trabajar en los sótanos de la embajada, tampoco por qué huí de París para regresar a Cuba, siendo muy joven, con lo que hay que estar verdaderamente loco para no huir hacia la embajada americana y pedir asilo político. N’est-ce pas? Carnicero no se ha tomado el trabajo de preguntármelo, ni de entrevistarme. Carnicero lo único que hace es repetir como un papagayo lo que le contaron en Cuba los castristas, cuyo único objetivo es desprestigiarme y silenciarme.

Mi enfrentamiento con el régimen empezó cuando tenía 11 años y mi padre cayó preso, cinco años, sin juicio alguno, y después, cuando debió marcharse de Cuba de manera obligada, desterrado, con mis hermanos, hacia Estados Unidos, parametrado antes, alienado a raíz de los sucesos de Mariel, tuvo que esperar hasta el año 1983 y salir hacia Panamá y de ahí hacia New Jersey. Mi enfrentamiento con el régimen empezó cuando me incorporé al movimiento pictórico de los años 80, uno de los primeros movimientos contestatarios que existió en Cuba en el campo de la cultura y del arte. Mi enfrentamiento con el régimen continuó cuando mi segundo esposo murió en un extraño accidente de avión el 3 de septiembre de 1989, luego del sonado juicio de los Generales. Mi esposo conocía –mucho antes de que yo me casara con él- bastante a José Abrahantes, ex Ministro del Interior, tronado por Fidel Castro, y asesinado de manera vulgar en un trayecto de la cárcel al hospital, y se negaba a entender lo que sucedía y así lo había expresado públicamente. Así que debe quedar claro que el cinismo con que Carnicero me trata debe guardárselo, porque yo no fui catequizada a deshora. Y en realidad, mi enfrentamiento, el de mi madre, el de mi abuela, empezó cuando a los 7 años los castristas me sacaron de una iglesia (la iglesia del Padre Ángel Gaztelu, del grupo Orígenes) a pedradas porque iba a tomar la primera comunión, y una semana más tarde me hicieron un juicio público y el director de la escuela me preguntó, obligándome a dar una respuesta revolucionaria, que de quién quería ser hija, ¿de Dios o de Fidel?

Yo le recuerdo a Carnicero que en el artículo donde hice un juego de palabras con su nombre, cosa que se hace en literatura desde Góngora y Quevedo, fue en relación a un artículo todavía más asqueroso a este que le estoy respondiendo donde se manifestaba de manera despectiva sobre los presos de la Primavera Negra del 2003, los mismos que su gobierno, el de Zapatero, en contubernio con la Iglesia Castrista, ha obligado a desterrar a España, sin ningún tipo de elección, bajo licencias extrapenales, que no constituyen libertades seguras para ninguno de ellos.

En cuanto a los “libros que yo produzco”, editados por las mejores casas editoriales, y que tanto le molesta, pues tendrá que vivir con ellos, porque los sigo escribiendo, y con ellos me di a conocer entre cientos de miles de lectores del mundo entero, como podrá comprobar por las traducciones que se ha hecho de mi obra. Solamente trabajé 5 años en la UNESCO, y cuatro años como Editora en Jefe y Subdirectora luego de la Revista Cine Cubano. Otros escritores cubanos como Leonardo Padura y Pedro Juan Gutiérrez han tenido cargos similares, de mayor duración, y más altos en la UNEAC (modelo soviético) y en la revista Bohemia, publicación tomada por los militares.

He dejado lo de la casa para último. Cuando mi segundo esposo murió, yo tenía 30 años, estábamos casados, y sin embargo el estado castrista quiso quitarme lo que me pertenecía, lo que no pudieron conseguir porque hasta los hijos de mi marido se pusieron de mi parte, pero el propósito era dejarme en la calle. Desde que tengo uso de razón viví en un solar, que se derrumbó delante de mis ojos cuando tenía 10 años, luego me tocó el albergue castrista donde dormíamos en literas, durante años, en una promiscuidad absoluta, después me tocó dormir en el cine Actualidades, porque en el albergue estaba expuesta a coger de refilón un machetazo. Y así las pasamos negras mi madre, mi abuela y yo hasta que a la dictadura le salió de sus entrañas darnos la posibilidad de un pequeñísimo apartamento en la calle Empedrado, nº 505; no he sido la única, muchos cubanos se han encontrado y se encuentran en ese caso. Por lo tanto, es una vergüenza que este señor ostente de poseer una casa en La Habana frente a tantos cubanos que no tienen ni un techo, pero sobre todo, cuando el gobierno de Zapatero, su gobierno, le niega a los desterrados cubanos techos decentes donde reiniciar sus vidas en el exilio al que han sido sometidos. Lo considero una vergüenza de su parte.

Mis padres murieron en el exilio, a mí nadie me pagó la enfermedad de mi madre, ni su tumba, la pagué yo. Mi casa es producto de mi trabajo, es la única que tengo, donde ahora vivo. No tengo casa en La Habana porque me la quitaron (tal vez para dársela a Carnicero), aunque no creo, los espacios diminutos no le habrían convenido, tampoco tengo casa en Londres, como declaró el señor Carnicero en una entrevista en Periodista Digital, ni en ninguna otra parte, lo que no considero para nada un delito. Lo que sí considero un delito es ser español y tenerla en Cuba. Yo lo que tengo es mucha vergüenza, y vivo muy bien mirándome al espejo cada día, y no dependo económicamente de ningún negocio, vivo de mi trabajo, porque mi anticastrismo no me lo paga nadie, como a él le han pagado seguramente su zapaterismo y con el derecho a una casa en Cuba su castrismo.

Zoé Valdés.

La Habana, 1959. Escritora cubana exiliada en París desde los 35 años, con nacionalidad española y francesa.

Juegos

Lunes, 27 Diciembre 2010

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Salgo del metro, observo a los transeúntes, viajeros en potencia, abrigados, friolentos, algunos debieron anular su billete de vacaciones, y quedarse en París, renunciando a unas Navidades familiares. Pienso de inmediato en los once cubanos que todavía se hallan presos en Cuba, y en los que pasaron una Navidad en el exilio, por primera vez.

Yo pude irme a Roma, en automóvil, con mi familia, y encontrarme con unos amigos. La pasamos como siempre, hablando de Aquella Isla. Al día siguiente nos encontramos en el Vaticano, y allí de súbito, oí hablar con acento cubano, y de buenas a primeras eramos un puñado recordándonos de nuestro país al pie de La Pietá de Michelangelo.

Al rato me puse a jugar, en solitario, mientra avanzaba al frente del grupo de amigos, bajo un paraguas, protegida del aguacero romano, decía, me puse a jugar con mi mente, a rememorar los interiores de las iglesias habaneras que conozco. A todas las había quizás magnificado, y a todas las veía desde dentro, y a través del gran portón principal, llovía torrencialmente, sin remedio.

Llevo días sin bailar

Jueves, 2 Diciembre 2010

Normalmente me levanto, me dirijo al baño, me aseo, luego voy para la cocina, y en el trayecto echo un pasillazo, o sea meto un bailaíto. Lo hago a diario, porque a mí me enseñaron que hay comenzar el día con buen pie, y lo más seguro para hacerlo es iniciar la mañana bailando.

Sin embargo, hace días que no sigo mi ritual. El motivo por el que no lo respete, después de tantos años es porque me estoy acostando muy tarde, trabajo a horas indecentes, ahora mismo faltan 5 minutos para las tres de la madrugada. Además, aunque me gusta la nieve y toda la parafernalia que acompaña el invierno, no puedo negar que abandonar la cama cobra un nivel de esfuerzo mayor  y cuando lo hago mis pies van arrastrándose pesados .

La verdad es que me siento sumamente triste. Otro año más, otro año más, lo que para los cubanos significa mucho, ustedes comprenderán.  Otro año más sin que suceda nada.

Entonces, mejor bailemos con Albita. Nos lo merecemos, ¿no?

Domingo de bouquinistes

Domingo, 17 Enero 2010

Hace un sol radiante -raro en París por esta época-, y aunque sigue el frío me levanté con el ánimo de dar una caminada alrededor de los bouquinistes, que son los libreros que bordean el Sena. En sus desconchados estantes, que quedan al resguardo de los paseantes, sellados con enormes candados, cuando sus propietarios han terminado de trabajar, he encontrado yo libros estupendos. Revisando y revisando, lo primero que conseguí fue una excelente biografía de Djuna Barnes, y su libro El Almanaque de las Mujeres, además encontré el libro de fotos Niñas, con todas las fotografías que Lewis Carroll hizo de jovencísimas modelos, entre las que estaba Alice, la niña en la que se inspiró para escribir Alicia en el país de las maravillas.

Detenida en cada estante, volados encima del muro, encontré postales viejas que se intercambiaban los antiguos viajeros que iban a Cuba, así como fotos increíbles, diarios escritos a mano, amarillentos posters de Mucha, y tesoros de papel, que mientras más nos hundimos en internet más van perteneciendo a aquellos tiempos donde Gutenberg aún tenía la última palabra. Pero a mí todavía me sigue gustando más el papel, y los subrayados y las dedicatorias de los autores en los libros.

No puedo ni siquiera imaginar que un día desaparezcan los bouquinistes, esos dioses de la sabiduría a la orilla del Sena: abrigados hasta las cejas, porque hace un frío que pela, pero ellos están allí, como acorazados de la lectura; e indican amables a los visitantes qué libro está en mejores condiciones, y si la persona no posee el dinero suficiente para adquirir el libro, entonces ellos hacen descuentos inimaginables, sobre todo en los libros de arte, agotados ya en su gran mayoría en la red de librerías.

Recuerdo que, el día que cumplí 23 años vine a celebrarlo junto a los bouquinistes, no tenía un céntimo y me moría por Pluies de Saint-John Perse en una edición preciosa. Lo había leído traducido, y anhelaba poder leerlo en su lengua. Di vueltas y más vueltas y siempre caía frente a la edición de mis sueños. El librero entendió lo que sucedía, entonces, sin una palabra, extrajo el libro de la pila y me lo tendió, insistiendo en que se trataba de un regalo. Ha sido el más misterioso regalo de cumpleaños que yo haya recibido jamás, porque entre el bouquiniste y yo, no mediaron más que las meras palabras de agradecimiento, él nunca se enteró de que aquel 2 de mayo yo cumplía un aniversario de nacimiento, lejana de mi tierra, de mi madre, de mis amigos.

Al cabo del tiempo, ya de regreso a Cuba, recordaba con gran ternura aquel pasaje de mi vida, acariciaba entonces la cubierta del poemario, mientras a través de la ventana contemplaba un torrencial aguacero que desbordaba al Malecón.

El aviso

Sbado, 9 Enero 2010

No puedo negar que me desagradan los avisos, sobre todo, si son inusitados, cuando ocurren en sueños, porque es algo que no puedo controlar, que escapa a mis posibilidades de acción inmediata. Hace pocos días soñé con mi madre, la veía sumamente hermosa, joven, vestida con su uniforme y delantal de trabajo, frente a una máquina de colar café en la antigua Cafetera Nacional. Busqué unas fotos de ella, en aquella época, y comprobé que de ese modo la había visto en el sueño, sonriente, amable, con una ternura en la mirada que no consigo borrar del recuerdo.

Un día antes moría en Cuba Gloria Amaya González, la madre de dos presos políticos, Ariel Sigler Amaya (muy enfermo, por cierto), y Guido Sigler Amaya. Gloria se llamaba también mi madre. ¿No es coincidencia, mi sueño y el fallecimiento de esta señora a la que yo tanto admiraba?

Yo no conocía personalmente a Gloria Amaya González, sólo la había visto y escuchado en videos, reclamando la libertad de sus hijos, pidiendo ayuda al mundo; el mundo no la escuchó. No sólo perteneció a un movimiento disidente: Opción Alternativa, además fue una de las más corajudas Damas de Blanco, que desde la Primavera Negra del 2003, denunció sin descanso, los desmanes del castrismo y el encarcelamiento injusto de periodistas, poetas, y bibliotecarios independientes, así como disidentes, en ese mismo año, en el que Castro se aprovechó de que el mundo se hallaba ocupado con la guerra en Irak para descargar una vez más su odio contra los demócratas cubanos.

Hoy siento un enorme pesar, y una vez más deploro no haber podido entender el aviso, que no es la primera vez que acontece, acerca de una desgracia, una muerte, un futuro inevitable.

Comparto hoy con todos los amantes de la libertad, con los hijos de Gloria, y con sus amigos, así como con las Damas de Blanco, una aguda tristeza. Los remito a leer el homenaje de Tania Quintero en Cuba Puntos de Vista.

Desayuno en El Sully

Lunes, 4 Enero 2010

Hace años que tomo el desayuno en el Café Sully, aunque a veces también almuerzo, en verdad lo que me gusta es desayunar. Empecé a hacerlo desde que llevaba a mi hija pequeña a la Maternal, y entonces tomaba mi cafecito sentada allí, mientras contemplaba a los paseantes, abrigados, que corrían hacia sus trabajos. Yo también debía correr al mío, entonces, regresaba de prisa, mientras escribía en mi mente escenas cotidianas de las mesas en El Sully: Amigos que se despedían, parejas que sonreían, mujeres solitarias, igual que yo, hombres acariciando sus móviles.

Esta mañana despedí a unos amigos en El Sully, eran ellos los que regresaban a Nueva York, donde viven desde hace veinte años o más. Exiliados, claro. Juntos reflexionamos brevemente en todos estos años transcurridos fuera de nuestra tierra, y sacamos en conclusión que de alguna manera, el saldo ha sido muy positivo. Hemos vivido y prosperado en libertad.

Mientras bebía mi jugo de naranja natural, un café crema, y paladeaba unas tartines con mantequilla y confitura de miel, pensé que ahora nos volvía a tocar otra separación. Ellos se iban -tomaron el avión horas más tarde-, aunque es probable que regresen en el verano. E incluso que se queden dos meses. Yo esperaré. Y después de verlos unos días, me tocará irme de vacaciones, todavía no sé a dónde. La vida está hecha de esto: Lecturas comentadas, viajes contados, y separaciones para volver a encontrarnos, con el fin de hablar inevitablemente de lo mismo, y de aportar siempre mayor cariño, mayor ternura, mayor melancolía.

No sé si podré otra vez abrir mi cuaderno en una de las mesas de El Sully, y escribir algún poema o fragmento de novela; no sé, ni siquiera si consiga abrir la computadora y revisar mi correo, conectada al Wifi del restaurant. Estaré demasiado inmersa en el recuerdo de los ausentes. De estos amigos que se levantaron, me dijeron adiós dulcemente, y a quienes volveré a abrazar en el verano, a pocos meses… Cuando falten entonces pocos meses para el invierno.

Eso es la vida, lamentar el tiempo transcurrido, celebrarlo en la lejanía, y beber el café tibio de la añoranza.

Un día como hoy

Viernes, 25 Diciembre 2009

Un día como hoy, algunos miembros de mi familia abrimos las cajas de la abuela, nos repatirmos sus pertenencias, bien pocas, por cierto. Los demás se llevaron casi todo lo más útil, a mi madre le tocó un puñadito de cosas sentimentales. Y a mí me tocó una pequeña pluma dorada, ya que siempre mi abuela me veía escribiendo, y pidió que después de su fallecimiento me entregaran ese objeto, que yo veneraba en silencio. Me fascinaba ver las manos de mi abuela abrir un cuaderno, tomar la pluma, e iniciar la escritura de una carta, o de un fragmento de libreto que debía estudiarse para el teatro.

En el momento en que mi madre me tendió la pluma -mi abuela ya fallecida-, aquel 25 de diciembre, una mano ajena me la arrebató, arguyó que yo era demasiado pequeña para poseer semejante tesoro. Yo tenía once años, y sabía escribir con pluma. La mano siniestra no sólo se apoderó de mi herencia, jamás me la devolvió.

Ayer, recibí varios regalos por Navidad, sin embargo, no puedo evitar recordar cada año aquella pluma, el último regalo navideño de mi abuela materna, quien deseó que fuera yo quien continuara escribiendo con aquel fetiche que ella había recibido a la vez de su padre.

Hace años oi decirle a Guillermo Cabrera Infante que una pluma lo había comprado a él. ¿Cómo pudo ser? Pregunté azorada, aunque a sabiendas de que se trataba de una de sus bromas. “Cuando uno compra una pluma cara, en realidad, la pluma seguirá existiendo, otro la herederá después de que nos hayamos muerto, o sea, ¿quién compra a quién?”. Me pareció un razonamiento fabuloso y exacto al mismo tiempo.

En verdad, si aplico ese argumento a la pérdida de la pluma de mi abuela, y lo desvirtúo un poco, entonces, yo no heredé aquel objeto dorado maravilloso cuya punta se deslizaba sobre el papel de manera sorprendentemente mágica, en verdad, ella me transfirió el deseo de escribir, de soñar para siempre con la escritura. La pluma fue sólo un pretexto, un símbolo.

Cambio de cabeza

Sbado, 29 Agosto 2009

En los hospitales cubanos se teme muchísimo a los “cambios de cabeza”, que es una suerte de brujería en la que a un enfermo grave le pueden cambiar la cabeza por la de uno menos grave (en el sentido brujero del término), a través de una palera, o de un palero. Los “cambios de cabeza” hacen que el enfermo grave cambie su destino por el que tiene cura, así, el que muere será este último, y el de extrema gravedad se salvará.

Si yo hubiera podido, habría hecho un “cambio de cabeza” entre Michael Jackson y Fidel Castro, para que el primero continuara cantando, y para que el segundo acabara ya de dejar tranquilo al mundo, que es de lo que se trata, y dejara de mascullar de una vez y por todas.

Acabo de leer que en youtube ha aparecido un video donde una forma humana, que apenas se distingue, lo que se ha querido identificar como una imagen del rey del pop; entonces se ha desatado la locura de que pudiera estar con vida como Elvis Presley, que es probable que lo estuviera bastante hasta hace poco, porque Elvis… ¿qué edad tendría ya Elvis?

El caso es que Castro está vivito y jeringando, el video lo acaban de sacar en todas partes, y también, ¡cómo que no!, en youtube. Debo ser de las pocas que no vio el video, no sólo no tengo ganas, es que ya no puedo sonármelo ni en pintura, y es que cuando lo veo me dan ganas de convertirme en Dexter, el médico legal de la serie televisiva, que además de ser médico legal, es un asesino que sólo asesina a gente mala, a los cabrones que se merecen estar más del lado de la tumba que de la rumba.

Yo si fuera palera haría unos cuantos cambios de cabeza, y si fuera Dexter, ¡ay si fuese yo Dexter!.. En mi neceser escondido junto al aparato del aire acondicionado, guardaría unos cuantos cristalitos embarrados de gotitas de sangre fresca.