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El candelabro y la provocación

Jueves, 18 Febrero 2010

Arco se inaugura con una polémica: La obra en cuestión pertenece a Eugenio Merino, se titula Starway to Heaven y según se ha presentado el artista la considera una reflexión acerca de la religión, no se aclara cuál. La describo rápidamente: Un musulmán, por tierra, reza, encima de sus espaldas se hallan encaramados, de pie, un sacerdote y más arriba, un rabino. La imagen de la provocación, sin embargo, es la de una pistola de la que salen los siete brazos de la Menorá, el candelabro sagrado para los judíos. La obra fue vendida por 5.000 euros,y ha dado lugar a la protesta de la Embajada de Israel.

Yo no he visto la obra, obviamente, salvo en fotos, y he leído descripciones de la misma. No me parece -por lo que aprecio- una gran obra artística, es una de esas obras con contenido más político que artístico, y yo no pagaría ni dos céntimos por esa porquería. Pero, el artista la considera una obra, y ARCO también, así como el comprador. No creo que sea bueno darle más caña al tema, porque la obra no lo vale. Y voy a explicar por qué, a mí la provocación dentro de lo políticamente correcto me interesa poco. Provocar en contra de Israel está muy a la moda, al nivel de esas otras en contra Estados Unidos, aunque ya menos, desde que en la Casa Blanca manda Barack Obama.

También leí en alguna parte, que se mostraba otra obra, esta vez teatral, en la que Jesucristo aparecía como un maricón de carroza, y María era una puta. Simpático, pero ya demasiado dentro de lo bordado por lo políticamente correcto. O sea, eso, para mí no es provocación, y mucho menos teatro engagé.

No, hoy por hoy, yo llamaría a una obra provocadora, si ésta me presentara a Mahoma pedófilo, a Mahoma mutilando a una mujer, desfigurándola con ácido, lapidándola, o decapitando a un gay. O, a Mahoma con una bomba en la mano, de mentira, claro. O, por ejemplo, al Ché y a Mahoma, enculándose en pleno primer acto, eso, sí, por la causa de Al Qaeda.

A ver quién es el artista lo suficientemente provocador, con cojones, para presentarla en ARCO, o en un teatro cualquiera. Luego, a ver si se las aceptan los mandantes del dinero, que ya eso es harina de otro costal.