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De gurús y otros circos

Martes, 27 Agosto 2013
Cada vez que me entero de que un mediocre cubano se vende como gurú me despetronco de la risa. En Cuba hay santeros, brujeros, curanderos, yerberos, y hasta creo que existe un chamán perdido por allá por una loma de la Sierra Maestra, pero ¿gurú? En el hinduismo gurú significa “maestro espiritual”, ¿cómo puede entonces promoverse una persona a sí misma como “gurú” cuando ni siquiera ha vivido en un retiro espiritual en la India, y tampoco la ha visitado ni en sueños?

Pero ya saben ustedes que los charlatanes o bambolleros cubanos abundan diseminados en los sitios más increíbles del planeta, sobre todo por allá por donde los millonarios poseen sus bajareques dorados, en los campos celestiales donde las vacas al ser ordeñadas mean por las tetas sangre o cocaína en lugar de leche. Que no ignorarán tampoco ustedes cómo les priva a estos gurús cubanos aislarse en secta pueblerina y armarla apartados alrededor de los prajos y la droga.

Lo curioso es que estos personajillos siempre tendrán a unos cuantos seguidores, los tontolabos de toda la vida, los hablacacas e iluminados del montón, y por supuesto, los ‘artistas’ circenses provincianos, los que se pasarán el resto de su existencia en el trámite de que los descubra un mecenas. Y allá va el gurú a enseñarles lo que aprendió en los medios intelectuales habaneros, tan espiritistas ellos, en lugar de espirituales, a cuatro tercermundistas traumatizados, tres fumayerbajos, y dos fleteras de canastillero floreado como vestimenta. De hecho, el gurú sólo pudo viajar fuera de Cuba con la ayuda de los espiritistas habaneros y de su tráfico de documentos e invitaciones falsificadas.

No faltará la noche tenebrosa, las fieras de ojos amarillos, el misterio prefabricado por el gurú y su pandilla, con tal de encandilar al nouveau francesito caza aventurillas y reportajillos, cámara al hombro y cómodas botas adquiridas en el Boulevard de Sébastopol. Y allá va el sanaco a comerse el millo de la gran expedición promovida por el centro turístico del gurú cubano en parajes ígneos y cenicientos, bien sûr!

Si es usted cubano y quiere devenir gurú, sólo abra una página en Facebook con una montañita detrás como foto de muro, e inaugure un centro espiritualoide, pacífico y sexo-machista burundangoso ¡cómo no iba a serlo! Además cobre en euros por la ingenuidad y la gasolina. El que caiga en el jamo tiene ganada la eternidad de los comentarios de esos cuatro o cinco miembros de la secta en Facebook.

Ayer, cuando cogí el Métro, por fin respiré aliviada, ¡qué larga y pesada carga me había quitado de las espaldas! Ahora, que les caiga encima al gurú y a su asistenta circense de trapitos guarapeteados.

Bon vent! Ah, y yo sí es verdad que no me arrepiento de nada, sobre todo de haber dado todo siempre sin un penique a cambio, y sin supercherías ni bajezas.