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Entradas con etiqueta ‘Dora Maar’

Teaser de ‘La mujer que llora’

Lunes, 17 Junio 2013

El más hermoso regalo, aparte de ella misma, que me hizo mi hija, estudiante de Cine en La Sorbonne, lo quiero compartir con ustedes:

29 rue d’Astorg

Martes, 6 Septiembre 2011

Mi querida amiga Laure de Graumont me invitó a almorzar a su casa, ella vive en el 6 rue d’Astorg, y Dora Maar, la célebre artista surrealista, que fue amante de Picasso, vivió en el 29, rue d’Astorg. No sólo vivió allí, además hizo de ese lugar una de sus mejores y más misteriosas fotos surrealistas.

Laure y yo hablamos de Dora Maar, de Remedios Varo, otra pintora surrealista, y de Lydia Cabrera, la escritora y antropóloga cubana que también vivió un tiempo en París. A Laure la conocí en La Habana en 1993, ella había ido a hacer un reportaje para Vogue, y vino a mi casa, enviada por otro periodista frncés amigo, a entrevistarme. Yo estaba embarazada, y recién había terminado de escribir mi segunda novela. Desde entonces nos hicimos amigas. Jamás olvidaré su apoyo.

Pues hoy almorzamos juntas, y, como siempre pasé un momento muy hermoso; también se encontraba una tía suya que acaba de enviudar. Hablamos de la muerte, del cáncer, de la enfermedad, y también de la economía, del mundo de hoy en relación al arte, y terminamos, como de costumbre, contándonos nuestros nuevos proyectos.

Al final, salí y caminé hacia el 29, rue d’Astorg, donde ahora hay unas oficinas, y nada más que recuerde a Dora Maar. El París de hoy se llena de oficinas. La gente se va a vivir a los suburbios o al campo. Es la razón por la que por las noches, las mayoría de las arterias más importantes de la ciudad permanecen a oscuras, y se nota poca o ninguna vida en las ventanas de los inmuebles.

Mientras conversaba con Laure, antes de pasearme a lo largo de su calle para buscar el número veintinueve, le dije que tal vez Dora y sus amigas, en aquella época, tuvieron parecidas inquietudes que nosotros, en relación al futuro del arte, y ya vimos que nada se perdió. Esperemos que tampoco nada de lo que acontece en la actualidad nos conduzca al fin de la creación. “Así será”, respondió ella.

James Lord, ¿amante de Picasso?

Lunes, 6 Junio 2011

Recién apenas me enteré de que James Lord había fallecido. Tuve el inmenso placer de conocerlo, de visitarlo en su casa, cuando lo fui a entrevistar en ocasión de mis investigaciones sobre Dora Maar y Picasso. Jamés Lord fue un joven soldado norteamericano que se alistó con el pretexto de participar en la 2da Guerra Mundial, pero su único objetivo era viajar a Francia y conocer a Pablo Picasso. Su veneración por Picasso procedía primero de la obra del pintor, y después, en la medida que lo conoció se fue enamorando del hombre, como él mismo confesó en varias entrevistas.

James Lord era homosexual, y pretendía que Picasso hiciera varios retratos de él, así fue. Sin embargo, su mejor retrato fue dibujado por Alberto Giacometti. Jaime Sabartés, el secretario del genio, le abrió la puerta a regañadientes, como siempre hacía, pero al ver que se trataba de un soldado norteamericano herido, lo dejó pasar admirado. La herida de Lord era falsa, fingió como que cojeaba precisamente para inspirar lástima y ser mejor recibido.

Picasso se ponía a pintar y él se recostaba en unos cojines, junto al perro, a verlo crear, allí quedaba dormido, con el torso desnudo, y a veces se hacía también el dormido para que el genio lo contemplara. Dora Maar entró en la primera ocasión en la que se vieron y no le disgustó aquel joven desmadejado, bello y atento a la obra como si se tratara de la obra de Dios. Y eso era Picasso para ellos: Dios.

Los encuentros se produjeron en 7 quai de Grands-Augustins, donde Picasso pintó Guernica y Dora Maar hizo el primer reportaje fotográfico de una obra de arte que existió en el mundo.

James Lord me confesó que había amado a Picasso, pero también a Dora Maar. Esa historia está escrita en su libro Dora y Picasso, que les recomiendo. Pablo Picasso, sin embargo, sintió atracción por el joven, al punto que en varias ocasiones aprovechó algunos descuidos y lo besó en los labios.

Que en paz descanse James Lord, aunque ya haya pasado tiempo.