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Las lágrimas de Michel Boujenah

Martes, 18 Enero 2011

Ayer estuve viendo Le Grand Journal de Canal Plus, uno de los informativos más importantes franceses, no tengo tiempo para verlo todos los días, siempre me quedo en el de la Uno, pero en esta ocasión me interesó al comprobar que un actor cómico que aprecio y admiro estaba invitado. Ese actor se llama Michel Boujenah y pese a que ha hecho muchas películas, sobre todo en la década de los ochenta y de los noventa, fue conocido mundialmente por su rol de Michel en Trois hommes et un couffin (Tres hombres y un bebé), realizado por Coline Serreau, en 1985.

Yo no sabía que Michel Boujenah había nacido en Túnez, lo supe ayer. La invitación al Grand Journal era precisamente para que opinara sobre los últimos sucesos ocurridos en ese país. Allí se encontraban, también como invitados: Tania Hammami, hija del opositor a la dictadura de Ben Alí, Hamman Hammami, el ex Primer Ministro de Francia en época de Jacques Chirac, Dominique de Villepin, y Monces Marzouki, uno de los posibles candidatos a la presidencia de Túnez. Todas las entrevistas fueron buenas, porque cada una dio la visión de cómo piensan las personas que sufren bajo una dictadura, incluso en calidad de exiliados, y cómo el poder interpreta su dolor.

La joven Tania Hammami se manifestó de manera calmada, sumamente centrada, y mesurando cada uno de los acontecimientos, recordando por qué ella estaba allí, en representación de su padre, todavía en prisión. Ante la duda de uno de los periodistas, de si ellos no tenían el temor de que tras la huida de Ben Alí se instaurara un régimen de corte islámico extremista. El candidato a la presidencia tunecina Moncer Mazouski tomó la palabra y subrayó que esa era una de las razones por las que Occidente debía ser solidario con los tunecinos, y cuidar ahora más que nunca de ese estallido social, de vigilar las futuras elecciones presidenciales, y apoyar a los que como él desean instaurar la democracia. Occidente debería verlos como lo que somos: Oriente, insistió. “Por supuesto que ese riesgo está latente, una parte de la población de cualquier país oriental es musulmana, y una parte es moderada y la otra es extremista. Hay que tener cuidado, pero lo que no podemos es aspirar a eliminar el islamismo de un tajo del panorama político. El islam es una realidad, hay que lidiar con ella”. Sí, de acuerdo, pero lo que no puede aceptar Occidente es que una religión sea aceptada y vista con buenos ojos como si se tratara de un partido político en democracia, y ahí es donde Occidente pudiera poner su mano, amistosa, y orientadora.

Dominique de Villepin se pasó con ficha cuando le preguntaron sobre las relaciones de los distintos gobiernos franceses con Ben Alí, e hizo, como es habitual, su florido y bello discurso pacífico; lo que le queda muy bien, pero lo aleja cada vez más de una posible candidatura a la presidencia francesa. Con todo lo que lo aprecio, creo que es un error que siga varado en esos propósitos, cuando ya sabemos que el islamismo quiere la guerra, y no otra cosa.

Lo que más me conmovió fueron las lágrimas de Michel Boujenah, cuando después de llamar la atención sobre las imágenes de los tunecinos en las calles, de la violencia, las inmolaciones a lo bonzo, y de pedir que no los abandonaran a su suerte, empezó a llorar. Y entonces pidió perdón, y añadió que esa era la razón por la que él no quería haber participado en esa emisión, porque sabía que iría a llorar. Pidió perdón por su llanto. Silencio sepulcral en el plató, silencio respetuoso. “Es mi tierra natal, saben, es mi tierra natal. Y cuántas veces, nosotros, los tunecinos de Francia, hemos advertido que esto iría a ocurrir, pero nadie quería ver, nadie quería ver a Ben Alí como un dictador”.

Yo también rompí a llorar.