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Guillermo Cabrera Infante, un escritor reidor

Mircoles, 4 Diciembre 2013

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No existe un solo libro de Guillermo Cabrera Infante con el que no haya “leído” a carcajadas. Donde escribí “leído” debió decir “reído”, claro, pero es que cuando leo al autor cubano también río a mandíbula batiente con cada una de sus ocurrencias anecdóticas, reflexivas o lingüísticas. De tal modo aprendí, leyéndolo y riéndome, que La Habana era una ciudad plena de euforia, luminosa, rítmica y sonriente, que la capital donde yo había nacido y crecido nada tenía que ver con el espectáculo angustioso cotidiano en el que nos sumieron los demiurgos del apocalipsis revolucionario, y sus protagonistas: el pueblo, sus dirigentes, y tao, tao, tao… No voy a entrar en la muela bizca de la que ya estarán hartos.

Acabo de releer ‘Mapa dibujado por un espía’ -publicada por Galaxia Gutenberg y editada por uno de los mejores editores, Antoni Munné- y me cuesta escribir, y hasta evocarla y pensar en ella, porque sigo enmarañada en la profunda tristeza que emana palabra a palabra de este texto laberíntico, y lo que es mejor, que no peor, tampoco deseo liberarme de la melancolía en la que me ha hundido. Ya saben que a mí me gusta llorar con el buen cine y me encanta reírme con la buena literatura. Sin embargo, con esta novela me ha ocurrido algo muy distinto: ni risa ni llanto; sino una especie de escozor que recorría mi espina dorsal mientras la leía apesadumbrada, con los dientes apretados. Ira y congoja. Sensaciones extrañas de las que no puedo y no ansío despojarme. Porque pese a la enorme depresión que se atisba y destila de la escritura de Guillermo Cabrera Infante advierto que hasta la melancolía de aquella época, con todos sus errores y horrores, lucía un sello de elegancia, de distinción sosegada, de carácter emblemático, y hasta eso, ese tipo de anonadamiento, se ha perdido en Cuba. Se perdió la risa, se acabó la melodía, se apagó la ciudad (desmoronándose a puñados), se largaron los mejores artistas, los mejores en todo, o sea los alegres. La patética amargura reemplazó a la poética aflicción. La memoria varada entonces en el terreno de lo antaño, no sirvió más que para mea culpas, arrepentimientos, subterfugios.

Esta novela nada tiene que ver con mea culpas, ni con ‘Mea Cuba’, dicho sea de paso; un libro que también fue ocultado, no por el autor, sino por los censores de turno fuera de Cuba al servicio del tirano de la isla.

Debo pautar en una pausa que, de las tantas veces que visité a Guillermo Cabrera Infante y a Miriam Gómez no recuerdo ninguna empañada por la agonía de la nostalgia, no los recuerdo jamás hundidos en la morriña. Por el contrario, viviendo en el corazón de Londres, rodeados de gran cantidad de libros, de las mejores librerías y museos, de tiendas y restaurantes para escoger, en esa casa que todavía hoy visito siempre se respiró y se respira la Cuba extraviada y hallada en aquel rincón, en pocos rincones del mundo, menos en la isla misma, y una maravillosa alegría. Nunca he conocido una pareja más cómica, más inteligente, más reidora que Miriam y Guillermo. Y ahora, en la ausencia de Guillermo, Miriam se ha propuesto continuar ese alborozo tan cubano, ese júbilo tan productivo, trabajando en los manuscritos que escribió su esposo en el exilio. Porque Guillermo Cabrera Infante escribió la mayor parte de su obra en el exilio, al igual que José Martí, Cirilo Villaverde y Gertrudis Gómez de Avellaneda, y numerosos escritores exiliados desde el año 1959 hasta la fecha.

Uno de los engaños que no perdonaré nunca al régimen castrista es que nos haya querido inculcar, mediante trampas y chantajes, que solamente la literatura y el arte (por llamarlo de alguna manera) que se produce en Cuba poseen un auténtico valor, pese a que la mediocridad, la pusilanimidad, el servilismo, y el cretinismo inundaron la creación y ofuscaron el pensamiento. Pese a que la gran obra cubana de todos los tiempos y de los grandes escritores, poetas, pintores, músicos, filósofos -desde el siglo XIX hasta hoy- se ha construido en el exilio. Haya sido compuesta en la época en la que lo haya sido. Pero no entraré en esos temas, que ya aburren –como indiqué al inicio-, sobre todo para los que nos pasamos la vida conversando acerca de ellos; temas de los que todavía muchos no quieren enterarse, como canta el bolero: “por pura cobardía”.

Otra de las fabulaciones del castrismo, de las mentiras y calumnias de sus esbirros, ha sido los de regar, o sea, divulgar que tanto Cabrera Infante y Reinaldo Arenas eran seres llenos de odio y acomplejados ( por cierto, lo mismo que dicen de mí), lo que, como supondrán, me sume en el orgullo, y me compromete e impulsa a continuar con inmenso amor y honor. ¡Odio y complejo! Todo lo opuesto a lo que podemos apreciar en esas obras: generosidad, ternura, dolor, tristeza, valentía, vida y libertad.

‘Mapa dibujado por un espía’ es, tal como anuncia su prólogo, una novela inacabada, escondida púdica y secretamente por el escritor. La única novela no leída por Miriam Gómez hasta su edición. Pero incluso siendo un texto inacabado su grandeza es incalculable, no sólo por su calidad literaria, qué duda cabe, sino porque por encima de todo se trata de un testimonio muy personal, íntimo. La última desgarradora aventura de un escritor acorralado en su país, y no de cualquier escritor. De alguien que se sintió culpable por haber creído y, pudo por fin, fugarse para no seguir sintiéndose responsable después de haber reído, y hasta después de haber leído, como tantos de los que nos tuvimos que quedar.

El primer exergo del libro pertenece a Ernest Hemingway y cito: “Tú no eres realmente uno de ellos sino un espía en su país”. Nada más transparente que esa breve introducción. Aunque Guillermo Cabrera Infante pudo quedarse y seguir siendo uno de ellos, cómodamente, debido a sus orígenes humildes, y por su procedencia de una familia comunista, eligió partir hacia la libertad antes que vivir encadenado a la mentira y quedar esclavo de la vigilancia en un país que ya no era el suyo, sino el de “ellos”, el de “ésos”: los odiadores reales. Impuestos el odio y la maldad, el fracaso estaba asegurado, como ha sido, rotundo. Esta novela es la máxima prueba del gran fracaso que constituyó esa revolución, una prueba de primera mano.

Aun después de haber leído y sufrido con esta reciente obra de Cabrera Infante, sigo y seguiré sosteniendo que su autor era un escritor reidor. ¿Por qué? Pues porque amaba la verdad. Y tal como nos afirman Bergson y Heinrich Böll, en su cuento El reidor, sólo los dueños de la verdad, que la conquistaron con esfuerzo, poesía, y padecimiento, son reidores sofisticados, exquisitos y legítimos. Ni una sola obra de los odiadores, ni una frase redactada por los maldicientes, ni una sílaba de los imitadores, posee la altura de ‘Mapa dibujado por un espía’, ya que, reitero, no se trata exclusivamente del testimonio individual del autor, se trata de un fragmento tenebroso de la historia de Cuba que ahora los culpables, muy fétidamente, se disponen a borrar de un tachón: la época del espanto.

La paradoja, o “parajoda”, como bromeaba Guillermo, radica en que medio siglo más tarde, el tiempo y la razón están por fin del lado de los que con toda evidencia la tenían, de los silenciados y humillados. Publicar esta novela no sólo ha sido un hermoso gesto de justicia, además restituye la verdad escamoteada una y otra vez. Pone al descubierto la sombría falacia, muestra la basura barrida bajo la alfombra. Y le da un tapaboca a los ingratos y traidores.

Afortunadamente Guillermo Cabrera Infante sigue perpetuándose en ese reidor que no pocos conocimos, aunque no exactamente como el reidor profesional del cuento de Böll, sino como todos esos reidores que tuvo Cuba en el pasado, que reían porque buscaban y hallaron la verdad, porque como canta el verso de Lezama: nacer allí todavía era “una fiesta innombrable”, y nunca renegaron de sus orígenes.

Foto: Néstor Almendros. Archivos del escritor.

Tres tazas

Mircoles, 6 Noviembre 2013
He leído en estos días varios artículos y entrevistas con esos personeros semi enmascarados de la tiranía castrista. Dos de ellos son escritores del régimen, aunque tapiñados, claro, y se la pasan viajando pero marcando la tarjeta en Cuba y retratándose en sus chozas de lujo que les concedió el Partido Comunista en los repartos habaneros. El otro pasa por un profesor universitario y ensayista del exilio de terciopelo. Y el tercero es un periodista y biógrafo norteamericano, vamos a decir, que medio zanaco, o se hace. Todos coinciden en nombrar a -según ellos- novelistas cubanos de importancia, a los que por supuesto nadie conoce ni en la sala de su casa a la hora de encender el televisor ruso en blanco y negro. Y obvian, claro está, los nombres de otros escritores premiados, traducidos, publicados, con una obra extensa, casi todos exiliados, y anticastristas hasta el tuétano, entre los que me encuentro.

Lo curioso es que los especímenes estos a los que rara vez menciono, coinciden en ignorar, lo que ya es el colmo, el nombre de Guillermo Cabrera Infante, y para más inri uno de los escritorzuelos, un “fama” plagiador inventado por la izquierda, cuando ya no le quedó más remedio de aceptar su existencia, se llenó la boca para mascullar que el autor de Tres tristes tigres y de su novela más reciente Mapa dibujado por un espía (Galaxia Gutenberg, 2013), que es pan caliente en las librerías españolas, hoy precisamente, no había publicado nada una vez que se fue de Cuba. No sólo es una mentira y una falta de respeto inaceptables, además, en esta nueva novela de Cabrera Infante, la que ya tengo en mi poder y de la que escribiré más adelante cuando la haya terminado de leer, se cuentan las verdaderas razones por las que su autor, uno de los más grandes escritores cubanos y universales, fue durante toda su vida un anticastrista cabal, pese a que por sus orígenes bien pudo haberse acomodado y haber vivido como le hubiera dado la gana en un mundo de víboras y farsantes, como han hecho los antes no mencionados de marras.

De modo que no sólo Guillermo Cabrera Infante publicó la mayor parte de su obra fuera de Cuba, donde la escribió también, sino que además, después de su desaparición física, su esposa, Miriam Gómez, se ha dado a la tarea titánica de editar toda la obra inédita, y ya van cuatro libros publicados, bajo el atento cuidado de Antoni Munné, su editor. Una sola frase de cualquiera de esos volúmenes vale muchísimo más que cualquier librejo de basura de estos nuevos voceros del castrismo.

Tres alegres tazas.

La risa de Guillermo Cabrera Infante

Lunes, 22 Abril 2013
Hace hoy por fin uno de los primeros días de espléndido sol en París, aunque con frío, es una primavera todavía gélida.

Voy camino de la Oficina de Correos y voy pensando en una estupidez, otra más, que vi ayer en internet: alguien comentaba en un video que Guillermo Cabrera Infante hacía reír  mucho al lector cuando escribía, pero que sin embargo jamás se había retratado riéndose. Lo primero es una verdad como un templo, lo segundo es otra mentira, o una inexactitud de esa persona que pretende conocer a GCI y ni siquiera conoce bien su obra.

Bergsoniana como soy, sé, después de haber escrito tanto sobre la risa -que casi puedo publicar un tratado-, que la risa, la broma, los juegos de palabras de Guillermo Cabrera Infante utilizadas como soluciones líricas y literarias aparecen en su obra con la intención, no de aligerar su contenido, sino más bien de preparar al lector para una reflexión más profunda.

Cuando Guillermo se enseriaba para las fotos, lo hacía probablemente recordando a José Martí, quien, eso sí, jamás se retrató riéndose, las pocas veces que lo hizo.

Yo que conocí  bien al autor de Tres Tristes Tigres, de La Habana para un Infante Difunto, de Cuerpos Divinos, por citar solamente tres de sus obras, puedo afirmar que Guillermo se reía siempre, incluso cuando estaba serio, porque se reía por dentro, interiormente, que es como mejor se ríe uno. El que solo se ríe de sus maldades se acuerda, dice el viejo refrán. Y Guillermo era un refranero de altura y de alcurnia literaria, con esa pátina de alcurnia con la que la calle pule al escritor.

Estuve algunas tardes, lo mismo en Londres, que en París, o en España, con Guillermo Cabrera Infante y con Miriam Gómez, su esposa, y jamás olvidaré esas carcajadas que Miriam le sacaba a Guillermo, y a todos nosotros, a Ricardo Vega, a nuestra hija, y a mí. Y lo sigue haciendo todavía.

Guillermo Cabrera Infante ha sido uno de los escritores cubanos con mayor sentido del humor. Y hoy, en el día de su nacimiento, oigo su carcajada fenomenal, frente a tanta gente que en la actualidad pretende conocerlo, cuando en otros tiempos le huían y lo denigraban a sus espaldas.

¡Qué risa y qué carcajada!

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Miriam Gómez (2da parte): “Tengo la vida dividida entre Cuba e Inglaterra”.

Jueves, 14 Junio 2012

2da parte de la entrevista que iniciamos hace más de una semana en este espacio. Para leer la primera parte de la entrevista cliquee aquí.

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Miriam Gómez en la Estación de Trenes de La Habana, 1959.

ZV: -La familia de Guillermo, tanto el padre como la madre, eran también de extracción humilde, pero muy politizados, ambos eran comunistas. ¿En tu familia se hablaba de política, eran comunistas?

MG: -La familia de Guillermo era una familia pobre porque su padre era un militante comunista y trabajaba para eso nada más; pero eran intelectuales, leían mucho, tenían libros, heredados de su tio abuelo que era el intelectual del pueblo y periodista tambien . Mi familia era una familia campesina, que sabían de Ana Karenina y Madame Bovary, y de otras novelas por el lector de la escogida de tabaco, ellas no entendian de buena escritura si no de la moral de estas dos mujeres que eran tan malas madres; tal vez por eso yo las detesto a las dos. Pertenecíamos a una familia de un modo de pensar muy diferente. Que la familia de Guillermo fuera tan comunista provocó en él un rechazo enorme a todo eso. Se sentía tan humillado de que su padre fuera tan dependiente de un partido, y eso hizo de él una persona completamente libre, nunca perteneció a ningún partido. Luchó contra Batista pero sin pertenecer a nada, porque a él nunca le gustó pertenecer a nada. Después tuvo esa experiencia con  la revolución y se juró nunca pertenecer a nada, ser completamente independiente de todo. Nunca se metió con nada, era un solitario.

ZV: -¿Cómo fue la vida de ustedes dos en Cuba, una vez juntos? Todo lo que hemos podido leer en la obra de Guillermo que ha salido publicada entera, que hemos podido apreciar en su totalidad, donde aparece absolutamente todo lo que escribió, y que volverá a salir, sin una coma cortada, refleja el primer entusiasmo por el cambio, y al poco tiempo la ruptura…

MG: -La vida de nosotros en Cuba, antes de la revolución, en el año 1958, era muy agradable. En el 1960 cuando ya Guillermo y yo vivíamos juntos empezó la gran lucha, que más que cultural, fue la lucha política entre un  grupo que quería la democracia en Cuba y otro grupo que estaba socavándola por debajo. El año 1961 fue el año en que se libró una lucha total por todo. Por encima se creía que todo iba bien, pero por debajo se sabía que habían desaparecido las figuras más importantes como Camilo Cienfuegos, habían encarcelado a Huber Matos. En el 61 liquidaron, fusilándolo, al americano Morgan, al que nunca se le llamó el “yanqui” Morgan, sino “el americano Morgan”, que era muy simpático. Ya en ese año Fidel Castro tomó el poder absoluto.

Guillermo fue como periodista a Bahía de Cochinos, junto a Walterio Carbonell, iban vestidos de manera normal, de civil, y fueron hasta la primera línea, entonces una vez allí, Walterio Carbonell, que había sido del Partido Comunista y lo habían expulsado, pero los conocía muy bien, y que era un amigo muy querido por nosotros, le dijo a Guillermo: “Mira lo que hay aquí, vámonos ahora mismo porque si saben que nosotros hemos visto esto nos van a matar”. Ahí descubrió Guillermo que quienes llevaban toda la batalla eran rusos. Salieron espantados de allí; a partir de ese momento Walterio cambió completamente, porque se dio cuenta del engaño total. Y Guillermo se dio cuenta del horror y del error tan grande que era estar allí, que aquello no tenía ya solución porque Fidel Castro y los rusos habían pactado, y Fidel Castro lo había hecho para quedarse con el poder. 

Cuando ya vivíamos juntos, desde muy al principio del año 61 Guillermo me abrazó y me dijo al oído: “Este hijo de puta nos ha engañado, todo aquí está lleno de rusos”. Antes de eso, una noche en que fuimos a Matanzas, y que no dejaban pasar a nadie, Guillermo se presentó como lo que era, periodista, y sólo así nos dejaron pasar, vimos que bajaban desde Matanzas una cantidad tremenda de camiones, no sabíamos qué era eso, por toda la carretera, para regresar hacia La Habana, nos cruzamos con docenas de camiones que iban muy lentamente. Y nos dimos cuenta que estábamos ocupados, que no había solución.

Además, antes, cuando murió Ricardo Vigón, Guillermo había hecho dos artículos, que publicó uno en Carteles y otro en el periódico diciendo el horror que era el Instituto del Cine con Alfredo Guevara. Y Alfredo Guevara le prometió a Guillermo que se la iba a cobrar y se la cobró. Aprovechó la salida de la película PM dirigida por Sabá Cabrera y Orlando Jiménez Leal y producida por Guillermo, que la estaban estrenando cuando Playa Girón, y utilizó a Edith García Buchaca, que ya había tomado el poder en el Partido Comunista, y acabó con toda la gente de Lunes, cumpliendo su promesa de acabar con Guillermo. Pero como todo en esta vida se paga, como dice el cha cha chá, después a la próxima que cogió Alfredo Guevara fue a Edith García Buchaca, y acabó con ella y con el marido, pero ahí sucedió peor. Porque cuando las Palabras a los intelectuales de Fidel Castro que fueron provocadas por PM, donde dijo: “Con la revolución todo, contra de la revolución nada”, cuya primera reunión fue en Casa de las Américas, ahí se paró José Hernández, Pepe El Loco, y pidió paredón para Guillermo y para su hermano Sabá. Era una cosa verdaderamente loca aquello, pero ya con lo de Edith García Buchaca, sí que llevaron a Marquitos (Marcos Rodríguez) al paredón… Y ahí ya comprendimos la situación de terror total.

Guillermo se quedó sin trabajo, en la casa, no lo dejaron trabajar más; era terrible, terrible. Pero, nada, Guillermo aprovechó y se hizo un escritor. Guillermo y yo nos dimos cuenta de que cada vez que trataban de hacernos algo malo, pues algo sucedía que se viraba todo a favor de nosotros. Me sucede ahora también, que siempre que tratan de hacerme algo malo se vira la tortilla y me sale de lo mejor, y después le doy gracias a mi ángel porque quiso que eso fuera malo para que yo supiera reaccionar; y lo que queda es eso: Guillermo es un escritor conocido en todas partes. Alfredo Guevara es un tipo sin talento, una serpiente, que no tiene obra, ha hecho mucho mal culturalmente y es él quien ha sembrado la maldad en la cultura cubana, la ha dirigido con maldad, de manera malsana. Aunque ahí hay muchos oportunistas que han hecho cosas terribles, imperdonables, como decir que Martí es el autor intelectual de ese horror, cuando se sabe que Martí era un hombre completamente anti marxista, que afirmaba que “cada obrero cubano debía de tener en una mano la chaveta y en la otra a Herbert Spencer”. O que los cubanos debían ir con Bolívar de un brazo y con Spencer del otro. O sea sus libros, su filosofía. Que es todo lo contrario de lo que es el comunismo. Spencer era un individualista, que pensaba que había que dejar hacer, y que la felicidad iba antes que nada. Ese era Spencer, y José Martí juraba por Spencer. Martí era un humanista, creía en lo que decía Spencer, pero con más humanidad. O sea que han timado y han engañado a todas esas generaciones que vinieron después. Y han querido meter y han metido a un José Martí falso, y le han introducido en su boca cosas fuera de contexto, fórmulas que no tienen nada que ver con su pensamiento.

Para entender a José Martí hay que leer a Herbert Spencer, y leer todo lo que José Martí escribió de Herbert Spencer. Yo tengo toda la obra de Herbert Spencer, y los marxistas lo han tergiversado y aniquilado, porque como todo ese marxismo es un fracaso, y Herbert Spencer lo que quería era la felicidad de la gente, y ellos lo que han creado y sembrado es el horror y la desesperación en la gente, entonces han ido en contra de Spencer. Lo que nos hicieron con José Martí fue una canallada. Y leyendo a Spencer te das cuenta cómo Martí lo seguía, con una idea más caribeña, más amorosa.

Después de todo ese horror que pasamos en el año 61, porque el año 61 fue terrible, pasó de todo, porque ahí tomó el poder el terror. Guillermo luchó muchísimo por todo, pero aquello era la locura total. Guillermo tenía un programa sobre el jazz, en ese canal de Lunes de Revolución, y de pronto declararon al jazz como “imperialista”, y ya eso era una locura imposible. Gente muy oportunista tomó el poder en Cuba. Este fantoche tomo el poder total pero los oportunistas hicieron el coro.

ZV -¿Cómo reaccionaron ustedes con lo del tristemente famoso juicio de Marquitos? Es el primer homosexual fusilado en Cuba

MG –Ya nosotros estábamos fuera, pero nos enteramos de todos los pormenores por esas cosas que nos sucedía a nosotros, porque vino el cineasta Roberto Fandiño a Londres y pidió si podía venir a verlo. Lo encontramos muy nervioso, muy mal. Después vino dos o tres veces más a la casa. Nos quedamos asombrados de lo mal que estaba de los nervios. Le pidió perdón a Guillermo por todo lo que le habían hecho, entonces empezó a contar que él, el padre de Marquitos le había dado una carta para la Buchaca de parte de Marquitos, y él se la había entregado a Alfredo Guevara. Y esa carta Guevara la utilizó para acabar con Edith García Buchaca y con toda esa gente y para tomar él el poder. Fandiño nos contó todos los detalles del juicio y fusilamiento de Marquitos. El pobre Fandiño estaba horrorizado, porque Marquitos era amigo suyo desde que eran niños. Yo oía lo que contaba, pero claro, Guillermo, como periodista, le preguntó: “¿Y qué decía la carta?”. Y nos dijo lo que decía la carta. Terrible, terrible… Sé que Fandiño ha dejado todos esos papeles a buen resguardo, para que salgan algún día, pero es terrible a lo que han llegado. Pero, mira, pagaron. Guillermo es un escritor y toda esa gente quedarán como lo que son. No tienen la menor importancia.

ZV: -La mamá de Guillermo enfermó, él tuvo que viajar Cuba, sobrevino la muerte de su madre, ¿cómo deciden ustedes quedarse, y empezar una vida nueva en el exilio?

MG: -Cuando la madre de Guillermo se enfermó, que Guillermo regresó corriendo a Cuba, él era diplomático en Bélgica. Aquello también lo traumatizó, lo pasó muy mal. En ese viaje se encontró con Barbarroja. Ya él odiaba a Guillermo. Me refiero a Manuel Piñeiro. Ya odiaba a Guillermo porque antes de la revolución en Nueva York, Guillermo lo rectificó, porque ése era un ignorante total, y le corrigió una frase delante de una americanita bailarina. Guillermo lo hizo de broma, pero éste también se la juró a Guillermo, solamente a causa de esa broma. En fin, que cuando Guillermo llegó a Cuba este tipo, Piñeiro, se juró que sobre su cadáver iba a dejar volver a salir a Guillermo. No recuerdo cuánto tiempo tuvo que pasar Guillermo, porque he querido olvidar todo eso, pero pasó muchísimo tiempo detenido en Cuba. 

Entonces, claro, gente del Partido Comunista, que conocían a Guillermo desde niño, que lo llamaban Guillermito; por ejemplo, en una ocasión oí a Carlos Rafael Rodríguez decirle a Guillermo: “Ay, Guillermito, cómo me gustaría que fueras mi hijo”. Él se comportó con Guillermo como un hombre, como un padre, lo salvó. Le dijo a Guillermo: “Quiero salvarte”. Y lo salvó. Consiguió sobre este (ahora extrañamente muerto) Barbarroja sacar a Guillermo. Así que lo sacó, porque lo conocía desde niño y vio lo que pasaba, y era tal vez otro tipo de comunista, no estas bestias que han tomado el poder en Cuba

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Miriam Gómez en la Cécile de Bonjour Tristesse de Françoise Sagan, en La Habana.

ZV: -¿Cómo ocurrió el paso de Bruselas a Madrid? Sé que hiciste trabajos de modelo, que para Guillermo era mucho más difícil todo… Luego tienen que irse a Londres por culpa del franquismo… ¿Podrías abundar y contar lo que creas relevante de aquel período?

MG: -Viajamos sin un centavo, y Guillermo cometió un error enorme, porque salió con las dos hijas. La pasamos verdaderamente mal. Guillermo trató de que viniera otro familiar de esas niñas para que se hiciera cargo de ellas, porque yo era la única que conseguía trabajo, pero qué va, no vino nadie, todos eran muy revolucionarios. Tan revolucionarios eran que hasta acusaron a Guillermo de ser agente de la CIA. Guillermo les había dicho que vinieran, pero a ellos no se les podía decir claramente que vinieran porque aunque aquello era un horror no lo reconocían así. Y acusaron a Guillermo de ser agente de la CIA. Ahora han querido cambiar la historia, será por la cuenta que han sacado.

Yo no podía dejar solo a Guillermo con las niñas, tuve que sacrificar mi trabajo, además Guillermo estaba muy enfermo, muy enfermo. No pude aceptar ninguno de los trabajos que me ofrecieron en España. Cuando Guillermo se puso a pedir trabajo en España le dijeron que no, el régimen de Franco le recordó que él había estado metido en muchas cosas en contra de Franco, que había escrito en contra de Franco, lo que era verdad, porque Guillermo era un antifranquista enorme.

Después de todo, eso también nos salió bien porque un amigo que habíamos conocido en Cuba le ofreció a Guillermo que le escribiera un guión, sin firmarlo, un trabajo de “negro” para una película en Londres. Guillermo viajó primero y luego yo con las niñas. Me detuvieron en la frontera con las niñas. Pero Guillermo resolvió todo con el productor de la compañía de cine, que consiguió que nos dejaran entrar. Fue duro, pasamos mucho trabajo, porque si hubiéramos sido Guillermo y yo solos habríamos podido trasladarnos de manera diferente, pero éramos una familia. Y vivimos una pesadilla terrible. En fin, que esa pesadilla pasó, Guillermo pudo trabajar, y le encargaron más guiones. Trabajó muchísimo, demasiado, tanto trabajó y escribió tantos guiones que ahora se publicará todo, porque se va a publicar todo, todo, absolutamente todo lo de Guillermo. Tiene alrededor de nueve guiones. Le pagaron, y con eso vivíamos. Vivíamos mal porque éramos una familia, y además, cuando tienes niños no puedes moverte fácilmente. Fue así, y no hay forma de borrar lo que pasó.

ZV: -¿Por qué dejaste tu carrera como actriz? Eres una mujer cultivada, que ama la poesía, y Guillermo decía que tenerte era una enorme suerte. Tú eras su sostén sentimental, moral…

MG: -Dejé mi carrera de actriz por todo lo que te acabo de contar, por eso. Tuve varias ofertas en España, pero Guillermo estaba muy mal, muy mal. Había salido muy mal en esa segunda vez, porque en Cuba él se acabó de dar cuenta del horror que era aquello. El primero que le explicó todo lo que estaba pasando fue Titón. Tomás Gutiérrez Alea lo apartó a un lado y le contó cada detalle, y Guillermo se espantó, porque no tenía idea de lo que estaba pasando, además de lo otro que ya habíamos vivido, pero ahora estábamos en Bélgica. Era el momento en que estaban haciendo juicios en las universidades y todo el país se estaba cayendo, porque había un verdadero terror, todo era pánico, y el país devino totalitario completamente. Guillermo se espantó al ver en lo que se había convertido La Habana. La gente haciendo colas para todo, en los cines, y sobre todo para comer. Carlos Rafael Rodríguez sabía que debía dejar salir a Guillermo, además Guillermo se lo hizo saber, le dijo que si no lo dejaban salir que él se iría por el mar, pero que ahí no se quedaba.

En fin, veremos qué pasará en Cuba al final, porque ahí veremos cortar cabezas, patas, de todo, será horrible. Es una suerte vivir fuera de ahí. Porque con Batista fueron siete años, pero con éstos ya van más de cincuenta años, y se han cargado el país. Además, todos esos muertos de la época de Batista que no han sido tantos como con estos dos, en su gran mayoría fueron víctimas de ellos, de los terroristas. La gente más violenta fueron esos batistianos que se hicieron castristas inmediatamente, los cambia casacas. Mejor ni tocar ese tema.

El verdadero anticomunista era Huber Matos.

Todo horrible, no tienes idea, la gente se volvió loca, cualquiera se ponía una pistola al cinturón, hay que haberlo vivido para saber lo que fue aquello. Al mismo nieto de Juan Gualberto Gómez, que era batistiano, y lo iban a fusilar, Guillermo tuvo que salir corriendo a salvarlo… Todo eso fue espantoso; pues todo, ya verás, eso se quedará chiquito a lo que vendrá ahora.

Cuando vi a Fidel Castro en persona la primera vez, a la altura de las calles 23 y 26, me tuve que sentar en la acera, del escalofrío que me entró.

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En un anuncio publicitario en La Habana.

ZV: -¿Cómo pudieron, con todo lo que se empeñaron en destruirlos, seguir adelante? Porque es sabido que los castristas intentaron cerrarle las puertas a Guillermo en todas partes, quisieron destruirlo. Y como no pudieron, al parecer, ahora intentan recuperarlo.¿Cómo definirías tu lucha para salvar su obra, cuál es el verdadero sentido tú le confieres a ese empeño?

MG: -Trataron de destruir a Guillermo por todos los medios. No lo dejaban ni moverse. Los peores eran los extranjeros castristas. En Cuba inventaban cada vez más cosas en su contra. Pero nada, Guillermo escribía, escribía y escribía, y ahí está toda su obra que saldrá toda, entera. La escrita en Cuba, antes, durante la revolución, y la del exilio. Es una obra enorme. No hay otro escritor que haya escrito más que él.

Tú te refieres a una lucha, Zoé, yo he tenido más que una lucha, he tenido dentro de mi propia vida al enemigo. He tenido que luchar mucho para sacar la obra de Guillermo adelante. A veces creo que es una pesadilla. O que estoy en una película de horror. Me han pasado tantas cosas, porque me han traicionado, me han mentido, porque me han querido borrar, y eliminar. Pero no importa, yo sigo y pienso que todo lo que me ha sucedido me ha dado más fuerza. Y en esta vez también mi ángel me ha ayudado. Lo que me parecía que me iba a destruir, que me iba a morir, que estaba sufriendo y que sufrí enormemente, tenía que ocurrir. Y le doy gracias a mi ángel por todo lo que me ha pasado, porque fue mi ángel el que me limpió el camino. Es una cruz que tengo en mi vida, siempre tratan de dañarme y al final siempre el daño se convierte en un bien, en mi bien. Todo lo que sufrí fue para mí un bien, porque comprobé que todo eso me dio una fuerza que yo no sabía que tenía. Tú sabes todo los horrores que me han pasado, yo no podía imaginármelos; pero ahora todo está bien.

ZV: -¿En caso de que hubiera un cambio radical en la isla, volverías?

MG: -Zoé, yo no sé si yo volvería a Cuba, yo he vivido más tiempo fuera de Cuba que en Cuba. Me siento tan orgullosa cuando digo que soy cubana, ayer mismo el muchacho de la farmacia me preguntó de dónde yo era, y le respondí que de La Habana, Cuba. Y exclamó: “¡Ay, primera persona de Cuba que conozco!”. Me siento muy orgullosa de ser cubana, no concibo mi vida sin ser cubana. Soy cubana primero que nada. Pero doy gracias todos los días por vivir aquí.

Cuando pasó lo de la Biblioteca, el pobre Virgilio Piñera se paró… No se me olvida Virgilio, él se paró así como un gorrión, yo adoro a los gorriones y adoraba a Virgilio. Él se paró y dijo que tenía mucho miedo. Nunca lo olvidaré. Sin embargo, hubo otra persona que se paró, y que la gente ha borrado, y que tiene más importancia para mí. Porque la cosa estaba hirviendo y aquel hombre, aquel monstruo llamado Fidel Castro estaba en aquella mesa, diciendo todo lo que dijo. Y de pronto se para Bola de Nieve, tan elegante y bien educado, creyendo que su gracia iba a funcionar ahí, en ese ambiente tan caldeado, y dijo: “Ay, yo acabo de venir de Inglaterra, y allí no hay un solo letrero que diga: ‘No pisar el césped’. La vida tiene que ser no tener que advertir que no hay que pisar el césped.” Entonces uno que estaba al lado mío dijo: “Ese es otro maricón, también hay que fusilarlo”. Imagínate, imagínate el gesto. Y entonces, eso que dijo Bola de Nieve se me quedó grabado, y lo vi como mi futuro, se me apareció como una premonición de mi futuro.

Ahí estaban juzgando a Guillermo, por venganza, lo estaban juzgando a él y a su grupo. Y eso que dijo Bola de Nieve lo vi como mi destino. Y mi destino ha sido Londres. Y yo a Londres, a Inglaterra, la amo tanto, es un país que me ha dado tanto. Porque cuando uno viene a un país así, como vinimos Guillermo y yo, si no te gusta, pues te vas. Aquí no nos necesitan a nosotros. Yo se lo digo a todos los cubanos. Nos hemos quedado y hemos llegado a todas partes donde nos han aceptado, si no nos gusta, nos vamos. Si no nos podemos ir, pues mejor callarse. Pero he tenido la gran suerte de venir a este país. Para entender a los ingleses hay que conocerlos, ser inglés es una forma maravillosa de autismo. Deberían ser una especie protegida, porque son únicos. Ellos son isleños, viven en una isla que sin Escocia y Gales sería del tamaño de Cuba. Este país tiene una literatura como ninguna, como nadie. Y tiene una historia como nadie. Esta isla me la sé entera, me sé desde Geoffrey Chaucer hasta Peter Ackroyd, desde Boadicée a Margaret Thatcher. Me sé todo, la disfruto toda. Me metí en el siglo XVIII y me sé todo el siglo XVIII. Amo esta isla. Tengo la vida dividida entre Cuba e Inglaterra. ¡Y mira que amo a Cuba! Amo a Cuba más que a mi vida, y soy cubana, pero yo agradezco tanto a este país, lo admiro tanto. Es un país contra el que no han podido. Es un gran país, y me gustaría que no cambiaran nunca, porque son muy individuales, e individualistas. Cada inglés es una isla, pero cuando se necesitan juntos, se unen y son una fuerza tremenda. Se unieron y acabaron con Napoleón, y unidos acabaron con Hitler. Mira cómo se unieron recientemente para celebrar a la reina.

ZV: -¿Con qué persona de la disidencia y la oposición internas te ves más identificada y qué le dirías?

MG: -Admiro muchísimo por orden alfabética a Antúnez, al Dr. Biscet. Antúnez me encanta. Me encanta su manera de hablar, su cabeza, su valentía. A Martha Beatriz Roque la admiro mucho, es una mujer que sabe de lo que habla, porque solamente la gente que perteneció y vivió el horror como ella lo vivió, lo ha visto, y ha estado dentro del sistema, y sabe. A esa mujer la admiro mucho, ha tenido el coraje de decir no siendo ahora del sistema. Ahora, lo único que no me gusta son las huelgas de hambre. Yo sigo el ejemplo de Popeye, para luchar contra ese monstruo hay que comer espinaca, como hace Popeye, y no ponerse en huelga de hambre. Eso no me gusta, no es inteligente, porque para luchar hay que estar bien fuerte, y no auto-destruirse con ninguna huelga. Ahora, eso lo digo yo desde aquí, que tengo el “césped inglés”, como decía Bola de Nieve. Yo puedo pisar el césped.

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Miriam Gómez y Guillermo Cabrera Infante en Londres.

Miriam Gómez: Cubana, esposa de Guillermo Cabrera Infante, actriz. (1ra parte).

Domingo, 3 Junio 2012

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Miriam Gómez en un anuncio publicitario de la época en que fue actriz, en La Habana.

Muchos de los que han leído a Guillermo Cabrera Infante ignoran cuánto se apoyaba el escritor en los consejos y hasta en las bromas de su mujer, la que fue actriz de teatro y de cine, reconocida en Cuba antes de su exilio definitivo en 1965. Miriam Gómez, infatigable lectora de poesía, amante del cine y profunda conocedora, observadora minuciosa, no sólo fue la esposa que hizo todo y más de lo que podía para que el escritor pudiera crear, escribir, y curarse de una penosa enfermedad mental, fue además una musa bastante particular, porque no piensen ustedes en la musa tradicional, no, Miriam Gómez fue la musa que en muchas ocasiones ofrecía la idea, y no solamente estaba detrás de la idea, sino que la inventaba. Y también la que en largos períodos aportó la manutención de la casa y siempre el amor sin una queja. El amor, sobre todo el amor.

Para los que los conocimos como pareja eternamente unida nos cuesta creer que Guillermo Cabrera Infante no esté junto a ella. No esté físicamente, porque espiritualmente está, en toda esa armazón de libros que es el esqueleto de su hogar londinense. Es la razón por la que mientras disfruto de una vieja película en blanco y negro de los años dorados de Hollywood, o una del cine mexicano, en la sala de su casa, puedo sentir que Guillermo sigue oyéndola decir las ocurrencias que sólo Miriam puede decir entre un diálogo y otro aparecido en la pantalla, referidas a la historia de la película. O quedarnos atrapados ante un análisis político, o la traducción de un poema que ella ha hecho de mil maneras, semejante a un rompecabezas, sólo por el deleite de releer los versos en su mayor pureza y perfección posibles.

Guillermo Cabrera Infante era un hombre de un gran gusto, refinado, con un gran sentido del humor, un humor de ilustre caballero cubano y de lord inglés. Miriam Gómez es una mujer de una inteligencia natural, de muchísima intuición, y de un olfato también muy refinado. Ambos eran tal para cual, inteligentes y cómicos, seres luminosos. Dos personas que se amaron tanto que todavía su amor perdura en cada una de las palabras y de los gestos que Miriam Gómez hace a diario al evocar a Guillermo, en honor al escritor, por amor a su otra mitad. Cuando le pregunto qué es lo que ella es verdaderamente: ¿la esposa, la actriz? Responde sin vacilar: La cubana, la esposa. Lo de actriz quedó muy al principio, o en la obra del autor de Cuerpos Divinos, y de la mayoría de sus novelas donde ella es figura real y onírica.

ZV: - ¿En qué lugar de Cuba naciste y cuándo te mudaste a La Habana?

MG: -Nací en Taguasco, es un pueblo que está entre Jatibonico y Zaza del Medio, yendo por la carretera central, cerca también de Sancti Spíritu, es el último pueblo de Las Villas, pero como todo eso lo han cambiado ya no sé dónde queda mi pueblo, lo que tampoco me interesa, porque yo sigo con mi mapa de las seis provincias, tal como era cuando nací. Era un pueblo muy alto, se veían todos los demás pueblos aledaños. Era muy fresco, en invierno había escarcha, y los niños salíamos a jugar a pisar la escarcha, era muy rico pisar la escarcha helada. Era un pueblo muy distinto, y muy unido; nos ayudábamos unos a otros.

Yo vengo de una familia obrero-campesina. Mis hermanas trabajaban separando el tabaco, en la temporada de la ‘escogida’. Éramos ocho hermanos. Mi papá se murió cuando yo tenía dos años. Después de mí nació otro hermano. Mis hermanas trabajaban en la ‘escogida’ –como ya dije-, ellas podían ser como mi madre, las mayores tenían edad como para serlo. También trabajaban en tiempo de recogida de tomates, porque ese pueblo mío era muy agrícola. En temporadas de tabaco se apartaba todo el tabaco, se despalillaba. El tomate y el tabaco iban casi todo para Estados Unidos, porque Cuba les vendía esos productos agrícolas. Los tomates de esa zona eran buenísimos, entonces ellas apartaban tomates de primera y de segunda, ése era el trabajo de mis hermanas.

“Vinimos” para La Habana en el año 1952, yo tenía doce años. Nací en el año cuarenta con la Constitución. Para mí fue una ventaja enorme, porque por ejemplo, durante  la ‘escogida’ a mis hermanas mayores tenían que llevársela a mi mamá al campo para darle la teta, en mi caso no fue así, porque los derechos que nos dio la Constitución a las mujeres y a los obreros fue increíble. Por ejemplo, mi mamá pudo ir a la casa a darme el pecho, le dieron una canastilla magnífica y una nueva cuna. Todos mis hermanos nacieron en una misma cuna que hizo mi papá que era carpintero. Mi papá era muy buen carpintero; entonces él iba a diferentes lugares, y un día se fue a Lengua de Pájaro, un pueblo al extremo de Oriente, en lo que se llamaba Altos Hornos. Allá fue a hacer casas, y se cayó desde un primer piso, y se mató, cuando yo tenía apenas dos años. Imagínate, mi mamá se quedó con ocho hijos, casi todos menores. Y estas hermanas mayores fueron fantásticas, mis hermanas han sido mi orgullo, han trabajado toda su vida. Tengo una hermana que tiene casi ochenta años y sigue trabajando, en una tabacalera en Miami, a ella le gusta ese trabajo, y la pasa muy bien. Así que vengo de una familia obrero-campesina, tabacalera por que han trabajado en el tabaco de toda la vida. Aunque la gente crea que soy extraña, que parezco extranjera por mi forma de hablar, pero todas mis hermanas hablan así como yo, porque así hablábamos la gente de antes en Cuba, en todas partes, articulábamos mejor.

Mis hermanas mayores empezaron a mudarse para La Habana, primero se fueron ellas, y empezaron a trabajar en la fábrica H.Upmann, como ves, siempre en el tabaco. Aunque no en la fábrica H.Upmann de hacer tabacos, sino en el relleno de los cigarrillos que iban para Estados Unidos. A ese cigarrillo se le echaba miel, se le echaba de todo…

ZV: -Entonces sabes mucho de la cosecha del tabaco y de su fabricación…

MG: -Sí, como yo sabía y sé tanto del tabaco, para Guillermo fue fantástico, porque en Holly Smoke él puso la boca y el paladar, porque él fumaba el tabaco, pero casi todas las explicaciones las supo por mí y por mi familia, por mi tío tabaquero, que siguieron trabajando en lo mismo en Miami, y que le explicábamos cómo se hacían los tabacos, las diferentes mezclas. Me refiero a la parte técnica, porque a la parte literaria claro que él fue recolectando información y toda se debe a su talento de escritor, desde luego. Pero la parte técnica, de los nombres y los materiales, se los dimos mi familia y yo, puesto que de eso sabíamos y sabemos un mundo.

ZV: -¿Cómo fue tu llegada a La Habana?

MG: -Cuando me tocó el turno a mí de llegar a La Habana, como siempre, tuve muy buena suerte. Todas mis hermanas tuvieron que viajar, las pobres, en autobuses, y en esas guaguas que se llamaban del Galgo, pero a mí me llevó el médico del pueblo, que iba para La Habana, y me ‘trajo’ en un carro del año, último modelo, viajé de lo más cómoda. Siempre fui una niña muy nerviosa, estaba muy asustada, aunque él era mi médico, un médico que adoro, tanto, que tengo su foto al lado de mi cama. A él lo mataron en tiempos de Batista, aunque era batistiano. Estaba encargándose de hacer las primeras clínicas. Pero por un problema de un muchacho, estudiante, que había hecho algo en La Habana, y que fueron a buscarlo, porque lo pidieron, y que regresó al pueblo, figúrate, él empezó a matar, y a tirarle a los soldados del pueblo, que imagínate, esos soldados no mataban ni a una mosca, esos soldados tenían ahí a su familia y todo.

Entonces como él era un médico excelente y un hombre magnífico, él se llevó al muchacho herido. Y lo mataron, así fue que lo mataron en el camino. Es por eso que aunque él fue una víctima de la dictadura de Batista después no pudieron convertirlo en héroe, y eso que era un verdadero héroe, porque se trataba de un médico que, por salvar a un paciente, inclusive estando en contra de lo que estaba haciendo el muchacho, lo llevó de Taguasco a Sancti Spíritu, y allí lo mataron. Alguien avisó, en medio de la pasión ésa, alguien avisó en el pueblo, diciendo que iba este muchacho, y los soldados los esperaron y dispararon y los mataron. Ya nosotros vivíamos en ese entonces en La Habana, no sé muy bien cómo fue la cosa, pero sí sé que fue terrible, porque además él era de lo más batistiano; le habían encargado hacer clínicas para los campesinos, y él estaba en eso; era muy humano, muy buena persona. Por eso no ha sido nunca un héroe de la revolución, porque aunque, el pobre, lo mataron los de Batista, él cayó así en el campo sin haber hecho nada más que ayudar a un joven. Era un hombre excelente.

Como te decía, fui con él para La Habana, yo nunca había visto el mar, nunca en mi vida. A la altura de Matanzas, hicimos una parada en la Bahía de Matanzas. Bajamos, y vi una cosa que era para mí como un lago enorme ahí, y le pregunté a él que qué cosa era éso, que me dio mucho miedo. Porque era una cosa que tú mirabas y no veías el fin de aquello, le pregunté, y me explicó que aquello era el mar. Yo pensaba que era un lago, él me dijo: “No, es el mar. ¿Tú nunca has visto el mar?”. Le dije no, no, no. Nos acercamos entonces, pero yo tenía un miedo enorme, porque, ya te digo, yo era una niña muy nerviosa. Y ese miedo al mar siempre se me ha quedado. Al mar yo lo veo de lejos, pero no me gusta dormir cerca de él, ni nada por el estilo.

Cuando llegué a La Habana, al contrario de Guillermo, para mí fue un desencanto, porque yo creía que La Habana era lo que yo veía en las películas: esas casitas de California, casitas muy bonitas con sus jardincitos… Y me encontré con esa ciudad que acabo de volver a ver en esa película de Meche Barba, yo veo muchas películas mexicanas porque tengo un amigo en Miami el pintor y escritor Chago Rodríguez,  él me manda películas mexicanas y yo le mando las de aquí, difíciles de conseguir en Estados Unidos. Él me mandó Ambiciosa, de 1952, con Meche Barba, el solar que aparece en esa película es el solar que se hallaba detrás de la Compañía de Teléfonos.

Yo llegué para vivir por primera vez a la calle 10 de Octubre. Llegué a La Habana en julio del 1952, casi toda la película pasa en La Habana, y me impresionó mucho, como me impresionó esa ciudad tal como aparece en la película. Era muy distinta de lo que yo esperaba. La Habana que se ve en esa película es única, y esa fue La Habana que tanto me impresionó. Nunca he visto una ciudad más bella que ésa, llena de automóviles. Yo le tengo miedo a los automóviles, me daba miedo cruzar las calles, pero toda la ciudad era de una gran belleza. Nunca pensé que La Habana fuera tan alegre, tan llena de vehículos, y de luces. Nos encontrábamos muy solas mis hermanas y yo, porque siendo del campo siempre estuvimos acostumbradas a esa ayuda de los vecinos que se da en el campo.

En La Habana no conocíamos a nadie. Para pasear nos íbamos por El Paseo del Prado. El Prado para mí fue increíble, había orquestas de mujeres por todas partes, las últimas orquestas de mujeres que quedaban, era algo inimaginable. Nos íbamos a pasear, y mis hermanas eran muy bellas, con unos cuerpos tremendos, muy altas; todo el mundo tenía que ver con ellas, porque éramos una familia muy distinta. Mis hermanos medían 6,4, mis hermanas 5,9, 5,8, con unas estaturas increíbles, yo iba con ellas, con doce años, y fue para mí inolvidable pasear por La Habana con mis hermanas. Después, como ellas empezaron a tener enamorados, novios no, porque ellas fueron de esas mujeres que solo tuvieron un solo novio y se casaron con el único novio, pero las invitaban los enamorados a bailar, y salían a bailar, y entonces yo iba con ellas de chaperona. A los doce años ya me metían en los clubs, había un club donde yo no veía nada. Allí me llevó una prima que vino del campo, y tuve que acompañarla, porque en esa época cogían a las niñas de doce y trece años para cuidar a las hermanas mayores, y entonces yo iba con ellas, me sentaba y las veía bailar. Como veníamos del campo debían bailar delante de mí para que viéramos que no pasaba nada, que se portaban bien, si no se portaban bien no las dejaban salir más.

ZV: -¿Cuándo decides ser actriz? ¿Siempre te gustó la actuación?

MG: -Yo en el campo recitaba. En el campo las escuelas eran increíbles. En mi pueblo había la escuela de allí, del pueblo. Pero en los alrededores existían esas escuelas llamadas rurales, que eran escuelas hasta una edad, escuelas primarias. Después iban a las escuelas del pueblo. La escuela del pueblo tenía unas maestras magníficas, y entonces en Cuba era obligatoria la educación, tenías que ir a la escuela. No había que llevar lápices, ni libros, ni libretas. En mi pueblo, pequeño, campesino, nos daban los libros. Los libros se guardaban en un escaparate. No había que pagar los libros, ni pagar las libretas. Nos regalaban las libretas y los lápices. Los libros se dejaban en la escuela, los lápices y las libretas podías llevarlos a la casa. Nos daban también el desayuno. Había cuatro aulas. El desayuno que nos daban nos hacía sudar, le metían gofio, leche condensada, leche evaporada, vitaminas. 

Ya desde la escuela quería ser actriz. Veía las revistas y quería ser actriz. Al lado de mi casa había un hotel en donde se hospedaban montones de actores y actrices, y artistas. Cuando iban en días de fiestas tenían que entrar por mi casa porque el hotel estaba cerrado y entonces entraban a mi casa los artistas, y yo los veía como grandes personajes. Después cuando llegué a La Habana, y que me hice actriz, me di cuenta de que eran unos pobres muertos de hambre, pero que en el pueblo, como venían con ese halo de ser actores, como Candita Quintana, pues significaban mucho. Todos ellos hablaban con mi madre, y le decían: “Ay, qué casa más grande usted tiene”. Teníamos una casa grande, pero era una casa muy modesta, de esas de cuartería, pero comparada con las de La Habana era una casa grande. Cuando llegamos a La Habana fue terrible, porque tuvimos que instalarnos en un apartamento con una sola habitación donde dormíamos todos; fíjate que un día llegó un ratero y no pudo entrar, y se robó unos plátanos que había en un balcón, porque no había forma de entrar, dormíamos todos en una sola habitación, la única de todo el apartamento, y mis hermanos medían seis pies, todos éramos muy grandes. Nos llevábamos el apartamento completo armando catres. Al mudarnos a La Habana se acabó la casa grande, y la gente que te conocía, y aquello de que si no tienes algo el vecino te lo presta. Ahí ya no, vivíamos todos en ese apartamento, que era muy agradable, pero éramos muchos. Al tiempo mis hermanas empezaron a casarse y fuimos siendo menos, hasta que nos quedamos mi mamá y yo solas, con mi hermano pequeño.

En La Habana me anoté en la escuela Gonzalo de Quesada, yo lo conocí porque cuando llegué a La Habana él todavía vivía. La escuela estaba en la calle 28 o 26, al lado de la plaza del Vedado. Era una escuela muy agradable, me tocó una maestra muy buena, los maestros en Cuba eran fantásticos. Esa maestra nunca se me olvida, era una loca de la poesía, nos daba poemas para aprendernos de memoria, poemas muy bien escogidos, de Bécquer, Quevedo… A ella le gustaba mucho cómo yo los decía. Vivía al lado, y se daba cuenta de la familia que yo tenía, que era una familia modesta. Entonces un día me dijo: “Miriam, tú debes ser actriz”. Ella ya había tenido otras alumnas que se hicieron actrices y se sentía muy orgullosa de ellas. Me indicó dónde tenía que ir, y fui a la Escuela Municipal de Arte Dramático de la calle 23, tenía 15 años. Sólo aceptaban muchachas con 16 años cumplidos, pero hice una gran amistad con esa maestra, con su niño, el niño de ellos me quería mucho, y como ella siempre insistía en que tenía que ser actriz, pues me apoyó. Yo estaba loca por ser actriz, pero no tenía idea de adónde ir, ella me dio las coordenadas y el impulso. Una de mis hermanas también insistía, porque ella siempre quiso ser locutora, y no pudo. Es mi hermana Nena.

Guiada por esa maestra fui, yo era muy tímida. También era muy alta y delgada, altísima para la media en Cuba. Allí me hicieron un examen, lo pasé, cuando dije la edad me dijeron que tenía que tener 16 años, pero que me iban a aceptar, y así empecé. Allí iba a diario, pero por el día debía asistir a la Escuela Normalista, a una beca, porque mis hermanas querían que fuera maestra. Yo no quería ser Normalista, yo quería ser actriz; entonces mis hermanas de todos modos querían que yo hiciera algo aparte, que trabajara o tomara clases de secretariado, porque ellas pensaban que ser actriz solamente era una locura, que eso no me daría dinero, que como yo no conocía a nadie no iba a poder vivir de la actuación.

Empecé en Secretariado, trabajaba además por el día en la misma fábrica de mis hermanas. Salía corriendo del trabajo para la escuela pública de Secretariado, que era gratis. Hice Secretariado durante un año, por las noches. Exigían tres años, pero solamente hice uno porque yo odiaba verdaderamente la máquina de escribir. Para mí la máquina de escribir era como la máquina de coser. Mis hermanas cosían. Para mí las máquinas de escribir y de coser eran la tortura. Al mismo tiempo empecé la Escuela de Arte Dramático, que quedaba enfrente, terminaba ahí y me iba corriendo sin comer. Allí conocí a mucha gente, a muchos compañeros que después se hicieron actores, e hicieron una carrera posteriormente fuera de Cuba, como Carlos Casio, que ha sido el magister de Ballet de la Ópera de Viena. En fin, montones de gente que han hecho carrera de actores en muchos lugares del mundo, aunque también otros muchos se quedaron en Cuba.

Enseguida empezaron a buscar actores para obritas y en el segundo año me necesitaron en el teatro, aunque antes ya había hecho montones de cosas en cantidad de lugares, haciendo pequeñas obras. A veces necesitaban probar los lugares para hacer películas y pedían actores, o futuros actores, para hacer las pruebas de locación. Así fue como conocí a Orlandito Jiménez Leal, cuando él apenas contaba 14 años; yo tenía, como ya dije, 15 años. Orlando era camarógrafo desde los doce años o algo de eso. Orlandito era el camarógrafo de prueba de las locaciones. Allí fui para hacer grupo, o sea de extra, pero el hombre me llamó: “No, no ven tú, tú harás el papel principal”. Yo me acerqué muy cortada, porque estaban mis compañeros, pero de ahí tuvimos que ir al sur de la capital, después a un solar en la calle Reina a filmar, hice unos pequeños pasos de Lope de Rueda, en el Palacio de Bellas Artes, y de pronto me ofrecieron un papel en el Grupo Las Máscaras, me aprobaron, hice Orfeo desciende de Tenesse Williams, que en el cine se llamó Algo Salvaje en el lugar, película protagonizada por Marlon Brando con Anna Magnani; y tuve mucho éxito.

ZV: -¿Cómo conociste a Guillermo Cabrera Infante?

MG: -Ya yo había conocido a Guillermo, que no tuvo nada que ver con que me dieran ese trabajo en esa obra porque Guillermo ni siquiera conocía a esa gente. Pero el día 3 de marzo del año 1958 fui al cumpleaños de una de mis hermanas, en Luyanó, y regresaba en el autobús, para las clases de Arte Dramático. Debía bajarme de la guagua en 23 y 19. El autobús pasó frente a la revista Carteles donde trabajaba Guillermo, y ahí se subió él. Entonces, figúrate, ese hombre no me dejaba de mirar, y yo pensé que era un loco porque a mí me caían todos esos locos detrás.

Adonde quiera que iba, como que era tan alta y tan blanca me hacían ofertas. Los otros días una amiga, Mariposa, me recordó que en Bélgica estábamos en una peluquería de una española donde se me acercó un hombre y me ofreció ser modelo, y le dije que no. En La Habana yo iba por la calle y la gente me ofrecía trabajos y cosas de esas de modelos; hasta creían que era extranjera, porque era muy alta y muy delgada, me vestía distinto, me comportaba diferente. Porque quería ser actriz, y era distinta, no lo sé; tal vez porque me reunía con otro tipo de gente.

ZV: -Pero tengo entendido que en La Habana fuiste modelo

MG: -Sí, sí, unos días antes de conocer a Guillermo los mejores modistos de La Habana me habían ofrecido trabajar con ellos. Yo no tenía ropa ni nada. Te digo que pertenecía a una familia muy pobre. Para ir a la Academia tenía que vérmelas negras. Como Guillermo cuenta en Cuerpos Divinos yo no tenía ropa ni nada, y entonces un amigo mío que me quiso impresionar, y empezó a hacerse músculos, era muy delgado. Creyó que yo no lo quería, que no quería saber nada de él por su delgadez, y empezó a hacer musculatura; entonces los pantalones blues jeans y sus camisas dejaron de servirle y me los regaló, él vivía frente a mi casa. Con esa ropa me pasaba la vida, con la suya, vestida así, porque yo no tenía nada. Esa manera de vestirme me hacía diferente. Pero me causaba algunos problemas, porque al vestirme de esa forma no solamente tenía a los hombres detrás, sino que tenía también detrás a montones de muchachas lesbianas. En La Habana, en la época ya las lesbianas eran muchas. Las mujeres en Cuba en esa época eran bastante libres, pero muy medidas, no desmedidas. Eran muy independientes.

Por estar vestida tal como te digo, y que era en defensa a mi pobreza, pues se creaba una confusión, creían que yo era un boy, un garçon manqué. Recuerdo que la hija de Alejandro Lugo -muy amigo mío, esa niña que era ya una jovencita se confundió, porque su padre pasó en su automóvil con ella, y me saludó de lejos, y ella exclamó; “¡Ay, papi, pero qué muchacho tan bonito, nunca he visto a un muchacho más lindo que ése, ¿por qué no me lo presentas?!”. Y él la detuvo: “Pero ¿qué muchacho? ¡Si ésa es una muchacha!”. Y así era, porque como me vestía de esa forma pues creaba confusión.

ZV: -Miriam, ahora que hablamos de la sexualidad de aquella época, algunas personas creen que en Cuba hubo persecuciones contra los homosexuales antes del año 1959. Como hemos hablado tú y yo de eso, algo me has contado…

MG: -No, no, no, qué va. En Cuba no había para nada ese tipo de persecución gubernamental que hubo después. Había una tremenda libertad, yo quiero decirte que viví una juventud divina. Pero había eso sí, decencia. Con los hombres en Cuba no se podía salir así como así, porque cuando aceptabas algo de un hombre, venías a ver y estabas en la puerta de una posada en el pugilateo con él, o antes bajándote del automóvil, fajándote dentro del automóvil, para que no se aprovecharan. Yo nunca aceptaba invitaciones, pero tenía muchos amigos homosexuales que eran muy libres, y que nunca tuvieron problemas de ningún tipo. Frente al Hotel y Cabaret Capri había un lugar para gente bien, homosexual, al que podía entrar cualquier tipo de personas. Se llama Saint-Michel. Ese era mi lugar, el Saint-Michel, allí me pasaba la vida con todos mis amigos homosexuales, oyendo música, porque existían esas maquinitas con música, era un lugar muy libre. Jamás oí que se llevaran preso a alguien.

Inclusive a última hora ya de Fulgencio Batista los terroristas (los revolucionarios) ponían tantas bombas que nadie salía a la calle, entonces ocurrió un problema en la calle, creado por unos homosexuales, y se los llevaron presos. El jefe de la policía de La Habana, cuando se enteró, dijo: “Pero, ¿cómo? ¡No me toquen a las locas que son la alegría de La Habana!”. La frase es muy conocida, se hizo célebre. Claro, la única gente que creaba alegría en las calles, en un país en el que la gente tenía miedo salir, porque salías y podías arriesgar que las bombas te cortaran las piernas, podías perder los brazos… Ponían una bomba y te mutilaban para siempre, o te mataban. La gente no salía para no complicar la cosa, por miedo. No iban al cine porque en los cines ponían bombas y te acababan, incluso entre ellos mismos hubo muertos de esa manera. Eran locos, unos terroristas. Mucho de esos terroristas ahora viven en el exilio. En aquella época algunos tenían un sistema de terrorismo que era llevar la bomba encima, amarrada con un cordel, y llegaban al lugar previsto, se detenían, soltaban el cordel y ahí dejaban la bomba, y al pobre que venía detrás lo hacían pedazos

ZV: -¿Tú querías un cambio como el que ocurrió en Cuba, o pensabas en otra cosa? Pensabas en el cambio que la mayoría reclamaba, o sea, igual que el resto de los cubanos, una democracia, volver a la democracia y al respeto de la Constitución, ¿o también se hablaba de Revolución Cubana como proyecto?

MG: -No, no, no, esto fue todo un engaño. Esto fue una mentira. La mitad de la gente se quedó en el camino. Porque este hombre, Fidel Castro, y su hermano Raúl Castro  fueron liquidando gente. Nunca nadie pensó que eso iría a ser así. Este hombre es diabólico, fue destruyendo gente. La gente quería democracia en Cuba. Es cierto que mucha gente era muy racista, y Batista era negro. Batista hizo una cosa muy mala, que fue romper la Constitución, que eso nunca debió de haberlo hecho; porque al hacerlo le dio entrada a este señor. Porque este señor era un gánster, y todo el mundo lo conocía como gánster.

Eso es otra cosa, yo llegué a finales de julio del ‘52 a La Habana, Batista acababa de dar el golpe de estado, en marzo. A veces se oían tiroteos y eran los gánsteres peleando unos con otros. La gente que usaba armas eran estos delincuentes… Los terroristas que antes fueron gánsteres y luego fueron llamados revolucionarios.

(Continuará en una 2da parte).

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Miriam Gómez por Hermán Puig.

Un libro de verdad

Jueves, 1 Marzo 2012

Acaricio el libro que acabo de recibir, en la portada la foto de su autor, un joven Guillermo Cabrera Infante que sujeta un pitillo atabacado entre sus dedos y los labios, en la época en la que hacía crítica de cine, para las grandes revistas habaneras. Una crítica que era más que crítica, de todo un escritor enamorado de la crítica, una crítica que era toda deseo, amor puro e impuro por la palabra, soberbio erotismo fraseado y disfrazado, por el mero gusto por las palabras enmascaradas bajo las sombras de otras palabras.

Se trata del primer tomo de la Obra Completa editada por Galaxia Gutenberg, con un extraordinario prólogo de Antoni Munné, su editor. Con más de mil quinientas páginas este volumen nos entrega la trayectoria literaria relacionada con la visión sensual de un loco por el cine, y la pasión sensata, o sea sensorial y sata, por el cine de un escritor que, como él mismo dijo en Cine o sardina, desde niño cenaba cine, porque su madre lo ponía a elegir entre la cena o el cine, y él invariablemente elegía lo segundo. Un escritor inspirado principalmente por el cine, por las actrices, los actores, y los directores del Hollywood dorado.

Este es un libro de los de verdad, de los de antes de la existencia de internet, tecleado en máquina de escribir, pensado y reinterpretado cual un pianista de jazz con las yemas de los dedos, musicado, cual un bongosero que tamborilea en un cuaderno. Así empezamos muchos escritores, tecleando duramente en una vieja Remington, o en una Underwood, acompañados del ruidoso ritmo del cerebro de la máquina, en forma de rodillo. Este es también un libro escrito a mano -de cuando se escribía a pulso-, magistralmente entretejido y engarzado con viejas notas, frases fragmentadas o cuentos enteros en las ramas de las arboledas de los parques habaneros, tirados en un cartucho. Y de ese Cartucho surgieron crónicas inéditas, fragmentos literarios que pudieran ser considerados capítulos de una historia de ficción. Porque todo lo que escribía G. Caín era la película que él escribía encima de la película ya existente, o el libro que surgía de la trama vuelta a hilar, hilarante.

Este es un libro de verdad, nacido del misterio individual de un creador único, es la confesión estilística de un hombre culto a través de su conocimiento, de sus sabias sensaciones, de su vida, vivida con amor. Y ese amor trascendió a su misma existencia, como ha trascendido su obra, porque sus libros quedaron tibios, calentando la eternidad, esa eternidad cuidada y regada por su esposa que no se resignó a dejarlos enfriar, y los horneó como se hornea el pan, y les dio vida, como si pariera los hijos, esos hijos de papel, que él ya no verá nunca, pero que pudo soñar en los ojos de Miriam Gómez.

Este es un libro de cabecera. El libro de cabecera por mucho tiempo. Cierro los ojos y lo último que veo antes de dormirme es a Guillermo, jovencísimo, entonces recuerdo sus chistes, la jocosidad de su gestualidad elegante, y su voz tan parecida a la de Edward G. Robinson; por la mañana al despertar retomo ese inquietante y bello objeto, y se abre ante mis ojos, sus páginas se me entregan, ardientes, y su escritura es el primer alimento que ingiero. Antes de salir de debajo de las sábanas releo una veintena de páginas, para poder iniciar el día de una manera poderosa y espiritualmente distinta.

En una foto que tomé de tal como quedó el escritorio de Guillermo Cabrera Infante tras su muerte -siete años más tarde sigue igual-, se puede leer esa nota tan hermosa dirigida a Miriam Gómez: “Rica, léelo, corrige, corta. Pero por favor di al teléfono que fui al médico, que llamen a las 11: 00…”  Si se dan cuenta el 11 significa dos, ellos dos. O quizá: Uno y uno, u otro, el autor y su lector. Él y cada uno de nosotros. y el infinito individualizado, en esos dos 00, que significarían la soledad de la lectura. Cada día llamo alrededor de esa hora.

Los olvidos de Salma Hayek y de Antonio Banderas en Champs-Elysées

Lunes, 28 Noviembre 2011

La actriz mexicana, naturalizada norteamericana, Salma Hayek y el actor español Antonio Banderas presentaron anoche la película de animados El Gato con Botas, en el célebre programa televisivo Champs-Elysées, dirigido y animado por el mítico presentador Michel Drucker.

Durante la presentación tanto Antonio Banderas como Salma Hayek dijeron que hasta que ellos no llegaron a Hollywood los actores latinos había sido relegados a hacer papelitos menores de delincuentes, mafiosos, y malos de las películas, y que ellos habían contribuído a cambiar el panorama de Hollywood. Me quedé pasmada ante semejante ignorancia u olvido, puesto que podríamos citar una larguísima lista de actrices y actores latinos que hicieron grandes roles en Hollywood y que llegaron a ser grandes estrellas a los que ellos dos juntos no le llegan ni a la chancleta. Además de que no hay rol malo, un rol de mafioso, de delincuente, o de lo que sea, magistralmente actuado, sin lugar a dudas, será siempre un gran rol. ¿No hicieronEdward G. RobinsonHumphrey Bogart y Marlon Brando una gran cantidad de roles de malos, delincuentes, y demás? ¿Se cuestionaron alguna vez la razón por la que le dieron esos roles en relación a sus orígenes? El primero era de orígen judío y los otros dos americanos. ¿Se cuestionó alguna vez Marlene Dietrich, alemana de orígen, que le hubieran dado papeles de prostituta, de ladrona, de traidora, precisamente por ser alemana? ¿Se cuestionó lo mismo Greta Garbo, por ser sueca? Y la rusa Alla Nazimova?

Tampoco se lo han cuestionado de la manera tan politizada en que Banderas y Hayek lo hacen, actores que llegaron y han hecho brillantes carreras en Hollywood, mucho antes que ellos:María Conchita Alonso (cubano-venezolana, nacida en Cuba), Steven Bauer (cubano-americano), Andy García (cubano-americano, nacido en Cuba), Dersi Arnaz Jr (norteamericano de padre cubano). Elizabeth Peña (cubano-americana), y el gran Tomás Milián (cubano-italo-americano, nacido en Cuba, claro) quien además hizo una gran carrera europea, en Italia, junto a Visconti, entre otros realizadores importantes. No podría olvidar al magnífico actor puertorriqueño Raúl Juliá.

PERO MUCHO ANTES:

Pero muchos antes que ellos, podría citar a los siguientes actores. Esta lista fue hecha con la colaboración de Miriam Gómez:

El madrileño Antonio Moreno, los mexicanos Ramon NovarroGilbert RolandLupe VélezDolores del RíoRicardo Montalbán, el puertorriqueño José Ferrer, el cubanoDesi Arnaz que fue un fenónemo en Estados Unidos y uno de los creadores de la televisión enAmérica, el argentino Fernando Lamas, el gran Anthony Quinn que nació en Chiguagua y tuvo dos Oscar en Viva Zapata y en Lust for Life y casi obtiene el Oscar enZorba the Greek, además de que trabajó con Fellini en La Strada. José Ferrer obtuvo un Oscar por Cyrano de Bergerac (1950) y casi se lleva el otro con su magnífico Toulouse-Lautrec en Moulin Rouge (1952). Rita Hayworth de padre español y madre irlandesa. Nada más he nombrado super estrellas, y no grandes secundarios como por ejemplo César Romero; si nombrara gente a la altura de ellos dos (Hayek y Banderas), y que han pasado porHollywood, llenaria páginas, solamente la ignorancia o la altanería pueden negar la labor que han realizado los actores del idioma español, llamados hoy “latinos”, en Hollywood desde el nacimiento de la industria.

Salma Hayek está casada, como recordó Michel Drucker ayer, con el multimillonario francés François-Henri PinaultAntonio Banderas está casado con la actriz norteamericana Melanie Griffith. La entrevista empezó en francés y en español, mediante intérprete, hasta que Hayek empezó a hablar en inglés, alternando con el español, y Banderasentonces la siguió en inglés. Drucker intentó que la mexicana hablara en francés, pero al parecer no lo habla correctamente o de manera mediocre, dado que sólo pudo balbucear unas simples respuestas breves.


Gracias por la colaboración a Miriam Gómez.

Ars Magazine homenajea a Guillermo Cabrera Infante

Domingo, 12 Junio 2011

Sólo bastaba tomar el tren en dirección a Londres para encontrarse con Miriam Gómez y Guillermo Cabrera Infante. Entrar en su casa era volver a entrar en Cuba, en la Cuba de verdad, no en lo que la han convertido los dictadores.

Miriam Gómez nos iba a buscar al metro, y alegremente arrastrábamos las valijas hacia el hotel más cercano a ellos. Lo que nos interesaba era verlos, volver a la Cuba de ellos, y ver Londres a través de su prisma.

Nos reíamos mucho, caminábamos uno junto al otro. Miriam Gómez con Ricardo, yo junto a Guillermo, Luna iba de la mano de uno de nosotros, alternativamente. Almorzábamos chino, cenábamos indio, al día siguiente japonés, más tarde iraní. Y seguíamos riéndonos con las boutades de Guillermo.

Ars Magazine ha querido recordar la obra de Guillermo Cabrera Infante, su inmensa generosidad, aquellos paseos, y homenajea al gran escritor cubano, a través de Miriam Gómez, de sus recuerdos, y de autores que fueron sus amigos, que lo quisieron porque amaron primero su literatura.

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Por unos días vuelvo a tocar el paisaje

Domingo, 31 Octubre 2010

Tomo el Eurostar, el tren que me lleva a Londres, abarrotado. Desde hace meses huyo de las multitudes, albergo un terror pánico a encontrarme rodeada de desconocidos. No soporto la música -igual en todas partes- que se escucha en las tiendas, en los aeropuertos, en las peluquerías, en las galerías… La fuga es mi refugio.

Tomo un taxi en San Pancracio y al llegar al hotel ya me doy cuenta que me han estafado, los precios altísimos y la calidad prometida a través de internet no es ni remotamente lo que me embutieron en la venta. El pandillerismo manda en internet.

Estoy en Londres, trabajo cada noche, me levanto temprano, trabajo en proyectos que tienen que ver con la vida, concreta, real. Visito a Miriam Gómez, atravesamos nuevamente la calle de Los Gatos de T. S. Eliot, Victoria Road, sin Guillermo Cabrera Infante, pero con él, contándonos nuevamente sus chistes, sus anécdotas.

Llegamos a Kensington Park, custodiadas por fantasmas. Prefiero a los fantamas, lo sé, no es normal. Nos detenemos ante la estatua art-nouveau de Peter Pan, rodeado de hadas, ratas, conejos… El verde se cuela en mi mirada, se nutre de mis pupilas. Me lanzo de cabeza al cielo rojizo.

Por unos días vuelo semejante al cuervo, y toco el paisaje con el pico, picoteo en las nubes.