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Donde el hombre jamás ha llegado, excepto sus naves

Luis Miguel Ariza
7:48 - 3/07/2008

Realizar un mapa del "borde" que hay entre nuestro sistema solar y el espacio interplanetario parece una tarea imposible: la zona es tan tenue que resulta imposible de fotografiar, incluso para las únicas naves que podrían hacerlo, las Voyager I y II.

En esta región, el viento solar se difumina en el frío del espacio interplanetario. Sin embargo, varios trabajos recogen en el último número de la revista Nature información sobre esta zona tan desconocida, empezando por la información que el Voyager II (el segundo objeto construido por la mano humana más distante de la Tierra) sigue enviando a la Tierra.

En un lugar frío, oscuro y extraordinariamente lejano, sus baterías, impulsadas por energía nuclear, aún siguen transmitiendo datos treinta años después de ser lanzada. Los datos de los viajeros sugieren a los expertos que el Sistema Solar está lejos de tener una forma redondeada, sino más bien aplastada y asimétrica.

Allí donde último aliento del sol se desvanece, ocurren fenómenos fascinantes. El viento solar forma una enorme burbuja llamada heliosfera que tiene un tamaño entre 100 y 150 unidades astronómicas (UA), equivalente a cien veces la distancia que hay entre el sol y la Tierra (150 millones de kilómetros). Las partículas cargadas del Sol, que viajan a velocidades supersónicas, se van enfriando y ralentizando hasta velocidades subsónicas, y se forma una onda de presión, en la que termina el viento solar.

Es como si dos mareas se encontrasen, la del espacio interplanetario y la del sol. O, en una analogía casera, como si un grifo vertiera agua el lavabo de una cocina con un par de dedos de agua, dibujando una zona circular que aguanta la forma con respecto al agua que tiene alrededor.

En esta frontera, donde ahora se encuentra Voyager II, el campo magnético solar y el propio viento solar transfieren la energía al espacio y a otras partículas, y se crean campos eléctricos y de plasma, regiones dentadas por culpa del magnetismo solar, y el intercambio de energía a otras formas de partículas y átomos neutrales.

Un satélite más cerca del sol

En otro trabajo de Nature se informa sobre la "imagen" de esta frontera difusa del sistema solar gracias a la detección de la emisión de partículas cargadas procedentes del sol, donde ahora mismo se encuentran los dos viajeros. Lo curioso es que esta información fue captada por un satélite mucho más cercano. Se llama STEREO y se encuentra en una órbita alrededor del sol, pero su cámara tiene un sensor capaz de registrar las partículas cargadas, que los científicos llaman átomos neutrales energéticos.

Para Robert Lin, de la Universidad de California en Berkeley y uno de los autores del trabajo, lograr un mapa de esta zona tan distante representa un "nuevo tipo de astronomía". "No puedes obtener una imagen global de esta región, que es una de las más inexploradas de la heliosfera, de otra forma, ya que es demasiado tenue para ser captada con los telescopios ópticos".


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