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Confiamos más en los extraños que se parecen a las personas que ya conocemos y que son de fiar

30/01/2018 - 8:47
  • Se confía menos en aquellos similares a otros que no son de fiar
  • Se toman decisiones sobre la reputación sin ninguna información
Mirada de desconfianza. Imagen: Dreamstime

La confianza en extraños depende de su parecido con otras personas que se han conocido anteriormente, según ha descubierto un nuevo estudio realizado por un equipo de investigadores de Psicología de la Universidad de Nueva York (NYU, por sus siglas en inglés), en EEUU.

Sus resultados -detallados en un artículo que se publica en Proceedings of the National Academy of Sciences- muestran que se confía más en extraños que se asemejan a individuos del pasado que se sabe que son fiables; mientras que, por el contrario, se confía menos en aquellos similares a otros que se sabe que no son de fiar.

"Nuestro estudio revela que se desconfía de los extraños, incluso cuando se parecen mínimamente a alguien previamente asociado con un comportamiento inmoral", explica el autor principal del trabajo, Oriel FeldmanHall, quien dirigió la investigación como científico postdoctoral en NYU y ahora es profesor asistente en el Departamento de Ciencias Cognitivas, Lingüísticas y Psicológicas de la Universidad de Brown, también en EEUU.

"Al igual que el perro de Pavlov, quien, a pesar de estar condicionado a una sola campana, sigue salivando cuando oye campanas que tienen tonos similares, usamos información sobre el carácter moral de una persona, en este caso si se puede confiar en ella, como mecanismo de aprendizaje pavloviano básico, para hacer juicios sobre extraños", detalla.

Según afirma la autora del artículo, Elizabeth Phelps, profesora del Departamento de Psicología de NYU, las personas toman decisiones sobre la reputación de un extraño sin ninguna información directa o explícita sobre ellos en función de su similitud con otras que ha conocido, incluso cuando una persona no se da cuenta de ese parecido. "Esto muestra que nuestros cerebros despliegan un mecanismo de aprendizaje en el que la información moral codificada a partir de experiencias pasadas guía las elecciones futuras", señala.

Los científicos entienden mejor cómo se desarrolla la toma de decisiones sociales en repetidas interacciones de uno a uno; pero no se comprende igual de bien cómo funciona nuestro cerebro al tomar estas mismas decisiones cuando se interactúa con extraños. Para explorarlo, los científicos realizaron una serie de experimentos centrados en un juego de confianza en el que los participantes toman una serie de decisiones sobre la fiabilidad de sus socios, en este caso, decidir si confiar su dinero a tres jugadores diferentes que fueron representados por imágenes faciales.

Aquí, los sujetos sabían que el dinero que invertían se multiplicaría cuatro veces y que el otro jugador podría compartir el dinero con el sujeto (corresponder) o quedarse con el dinero (defecto). Cada jugador era altamente fiable (correspondido el 93 por ciento del tiempo), algo fiable (correspondido el 60 por ciento del tiempo), o no del todo fiable (correspondido el 7 por ciento del tiempo).

Naturaleza altamente adaptativa

En una segunda tarea, se pidió a los mismos individuos que seleccionaran nuevos socios para otro juego. Sin embargo, sin el conocimiento de los sujetos, la cara de cada nuevo socio potencial se transformó, en diversos grados, con uno de los tres jugadores originales, por lo que los nuevos socios se parecían físicamente a los anteriores.

Aunque los sujetos no eran conscientes de que los desconocidos (es decir, los nuevos socios) se parecían a los que vieron anteriormente, siempre preferían jugar con extraños que se parecían al jugador original que habían conocido y evitaban jugar con desconocidos que se parecían a los anteriores jugadores indignos de confianza.

Además, estas decisiones de desconfianza o desconfianza de extraños descubrieron un gradiente interesante y sofisticado: la confianza aumentaba constantemente cuanto más se parecía el extraño a la pareja de confianza del experimento anterior y disminuía constantemente a medida que el desconocido se parecía más al indigno de confianza.

En un experimento posterior, los científicos examinaron la actividad cerebral de los sujetos mientras tomaban estas decisiones. Aquí encontraron que al decidir si se podía confiar en los extraños, los cerebros de los sujetos exploraron las mismas regiones neurológicas que estaban involucradas cuando aprendieron acerca del compañero en la primera tarea, incluida la amígdala, una región que desempeña un papel importante en aprendizaje emocional.

Cuanto mayor es la similitud en la actividad neuronal entre el aprendizaje inicial acerca de un jugador no fiable y la decisión de confiar en un extraño, más sujetos se negaron a confiar en el extraño. Este hallazgo apunta a la naturaleza altamente adaptativa del cerebro, ya que muestra que hacemos evaluaciones morales de extraños extraídas de experiencias de aprendizaje previas.

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