Adán Aliaga y Manolo Martínez debutan en Valladolid junto al marroquí Lakhmari

26/10/2009 - 15:58
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Valladolid, 26 oct (EFE).- El realizador Adán Aliaga y el atleta Manolo Martínez han debutado hoy, como director de ficción y actor respectivamente, con la película "Estigmas", proyectada hoy a concurso dentro de la 54 Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci) junto a "Casanegra", del marroquí Nour-Eddine Lakhmari.

El lanzador de peso y capitán de la selección española de atletismo, Manolo Martínez, se ha revelado como un actor de gran vigor expresivo en "Estigmas", rodada en blanco y negro para respetar el espíritu de la novela gráfica de la cual procede, del guionista Claudio Piersanti y el dibujante Lorenzo Mattoti.

"Me considero un auténtico novato, un intruso en esto del cine, pero me he encontrado muy a gusto y me he descubierto un punto artístico que estoy dispuesto a continuar si alguien piensa en mí para algún proyecto", ha manifestado a los periodistas al término de la proyección.

A sus 35 años y al borde de la retirada de su laureada trayectoria -es el atleta español con más entorchados internacionales de la historia-, este "devorador de cultura", como se ha definido, da vida a Bruno, el personaje central de una película que es la adaptación de la novela gráfica firmada por el guionista Claudio Piersanti y el dibujante Lorenzo Mattoti.

Manolo Martínez, campeón del mundo en pista cubierta (Birmingham, 2003) y de Europa (Viena, 2002), sostiene todo el peso dramático del largometraje a través de un personaje tosco y en ocasiones vulgar, pero dotado de una profunda humanidad.

"Me he sentido muy cómodo en este mundo y el rodaje ha resultado una experiencia a veces más intensa que la vivida en la alta competición", ha reflexionado este atleta que entre 1993 y 2008 ha participado en seis campeonatos del mundo y cuatro Juegos Olímpicos además de haber sido campeón absoluto de España en 31 ocasiones.

En "Estigmas", donde comparte protagonismo con la actriz Marieta Orozco, narra la lucha de una persona marginal, ex presidiaria y adicta al alcohol por alcanzar una vida normal, hasta que su vida queda condicionada por la aparición de unas marcas en las manos por donde suda sangre.

También participa en la Sección Oficial "Casanegra", de Nour-Eddine-Lakhmari, que muestra un Marruecos cuyas gentes padecen los mismos problemas que un ciudadano de Madrid u Oslo, con un lenguaje distinto del árabe clásico que intentan imponer los islamistas y con calles en las que están presentes el alcohol, las drogas y las prostitutas que los radicales quieren ocultar.

La película narra la historia de dos buscavidas, Karim -Anas El Baz- y Adil -Omar Lofti-, que intentan salir adelante a base de negocios sucios, como la venta de tabaco ilegal o la realización de encargos para mafiosos locales.

Todo ello dentro de la ciudad marroquí de Casablanca, a la que apodan Casanegra por la falta de oportunidades que les brinda y los problemas familiares y personales a los que se tienen que enfrentar dentro de ella.

Lakhmari ha aseverado en rueda de prensa que ha podido escribir esta película debido a que vive fuera de Marruecos -reside en Noruega hace más de 20 años-, y ello le ha hecho ver los problemas de este país desde otra perspectiva a si residiera allí.

Esta inusual cinta de cine negro, de acción y urbano marroquí, traslada una imagen "alejada de los clichés" que tradicionalmente se han asociado a este país magrebí, como son los camellos o los vendedores de serpientes y alfombras, ha aseverado el director.

Ha concursado también la película danesa "Lille soldat", donde la directora Anette K. Olesen desnuda las contradicciones y la ausencia de soluciones por parte del mundo desarrollado ante problemas sociales como la prostitución que, en forma de redes, prácticamente esclavizan a las mujeres, africanas en el caso del filme.

Olesen, en el nuevo giro que ha imprimido a su carrera desde 2001, después de varios documentales y trabajos para televisión, contrapone la doble visión de un negocio que proporciona pingües beneficios a costa de la explotación sexual de unas mujeres que, por otra parte, aceptan como mal menor ante la situación de sus países de origen, como queda patente en el largometraje.

Para ello se vale de dos mujeres, una mujer soldado de elite que no encuentra su sitio en la sociedad civil y una prostituta de origen nigeriano que se niega a abandonar la prostitución de lujo.

Ambas, a través de la relación que establecen durante la trama, ponen al descubiertos esas verdades enfrentadas, pero ocultan aunque se intuyen las cicatrices que laceran sus respectivas vidas privadas.

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