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La periodista Natalia Orozco pone la lupa en el proceso de paz colombiano

EFE
19/05/2017 - 15:14

Barcelona, 19 may (EFE).- La periodista y cineasta colombiana Natalia Orozco pone la lupa en el proceso de paz de Colombia en su película "El silencio de los fusiles", un documental presentado en el festival DocsBarcelona, que incluye numeroso material inédito.

La idea del documental, ha explicado a Efe Orozco, nació estando en Corea en la premier de una película suya, adonde llegaron las primeras filtraciones de que las FARC y el gobierno colombiano se habían encontrado de forma clandestina, con el auspicio de Hugo Chávez. "Muchos me preguntaron cuál era mi sueño y mi sueño era hacer una película sobre cómo transitaba la paz en mi país".

Diecisiete años después de vivir fuera de Colombia, Orozco, que había estudiado en París y que había seguido durante dos años el juicio contra el guerrillero Simón Trinidad en EEUU, se plantó, tras las primeras conversaciones abiertas en Oslo, en La Habana, donde a través de la guerrillera Camila Cienfuegos les presentó el proyecto, y "al cuarto día accedieron, aunque pensaban que quería hacer una entrevista".

El documental que Orozco quería hacer, al estilo de los trabajos del cineasta chileno Patricio Guzmán, fue imposible, porque "no pude estar grabando 24 horas con ellos", señala la directora, consciente de que "los guerrilleros de las FARC han llegado a sobrevivir por la desconfianza que les transmitió su líder y fundador Manuel Marulanda".

Para la documentalista, "el auténtico iniciador del proceso de paz es Pablo Catatumbo", estratega militar de las FARC, quien de hecho cumplió con la determinación del líder guerrillero Alfonso Cano de iniciar el diálogo de paz, añade.

"La historia oficial dice que el negociador Henry Acosta escribió un día una carta al presidente Juan Manuel Santos en la que le dice que las FARC no ganarán la guerra, pero el ejército tampoco; sin embargo, sin negar su papel histórico como facilitador del proceso de paz, en aquella carta estaban los pensamientos de Catatumbo", señala Orozco.

La entrevista que Orozco hizo a Catatumbo, "muy dura", en la que él pudo expresar lo que quiso y ella pudo preguntar libremente, le costó a la periodista su trabajo en Caracol TV, porque querían censurarla, pero cuando los militares la utilizaron para hacer una campaña de desmovilización y Orozco les amenazó con denunciarles, eso le abrió una puerta ante los guerrilleros.

En estos años, Orozco ha reunido unas 300 horas grabadas con entrevista a los diferentes agentes que intervinieron en el proceso, incluidas las víctimas, de las que salió una primera versión de la película de cuatro horas y de ésta el documental final, que dura dos horas".

Los dos primeros años de rodaje, recuerda, no se utilizaron pues eran "lugares comunes, dogmáticos", pero con el tiempo "se generaron momentos de empatía y de humanidad".

La cineasta reparte "la responsabilidad de la guerra entre todos, incluso a los que no tomaron las armas, que encarnan lo que llamo indiferencia".

Aunque siempre estuvo vinculada a Colombia a través del ejercicio periodístico, en determinado momento Orozco se preguntó qué derecho tenía para narrar esta película, pero los productores franceses le hicieron ver el valor de su película: "es un colombiano que se hace una gran cantidad de preguntas sobre la guerra".

Orozco se sintió motivada por dedicar el documental a las víctimas, que han sido "los grandes héroes de este país, porque han perdonado", si bien no quiso poner a las víctimas como hilo conductor, porque "cada historia de las víctimas sería una película".

Confiesa Orozco que no ha dicho todo lo que quería y cómo quería, tuvo que dejar fuera cuestiones que conmovieron, como "la utilización de los niños por parte de las FARC y del ejército, el protagonismo de las mujeres, temas que deben ser abordados con tiempo y distancia", pero en algún momento tuvo que decidir "si quería hacer una gran película o una película que sirviera al país".

"Lo mejor del material está en los rollos grabados, pero ahora no puede salir para no poner en peligro la paz", una paz que, subraya, no será completa hasta que no se consolide y para ello deberán pasar seguramente otros cincuenta años".

Los peligros para la paz, asegura Orozco, continuarán si se "Colombia sigue siendo después de Haití, el país donde hay más diferencias económicas entre clases, si hay una élite mezquina y miope incapaz de mantener los compromisos para hacer la paz y si continúan los vínculos de las instituciones con los grupos de extrema derecha y los terratenientes".

Orozco lanza un pequeño mensaje de esperanza cuando dice que "se han salvado más de 3.000 vidas, y hay zonas donde los niños vuelven a la escuela". Su intención es que, cuando finalice la vida comercial de la película, se pueda ver "en las zonas rurales más alejadas, en los colegios y también en las áreas más privilegiadas".

El documental no huye cuestiones espinosas como la muerte de Alfonso Cano en 2011 cuando estaba cercado y podía haber sido detenido, una muerte que, según Orozco, "permitió a Santos contar con el apoyo de las fuerzas armadas"; o el secuestro en extrañas circunstancias y posterior liberación del general Rubén Alzate.

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