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Norman Foster, con el riesgo y la imaginación por delante

Juan Carlos Rodríguez
20/05/2009 - 18:55
El Banco de Shanghai, uno de los edificios de Norman Foster.

Hay en Foster una ambición formal, que, no obstante, queda siempre en un segundo lugar ante el riesgo y la imaginación Hay, del mismo modo, un Foster antes del prestigio, los premios y los megaproyectos. Éste de ahora, el de la Torre Rusia, paralizada por la crisis financiera, ha hecho de la "marca" Foster una multinacional del diseño, la ingeniería y la arquitectura.

Una bandera del siglo XX, de la creatividad y el arte, de la arquitectura concebida como un sueño cercano, posible y magistral. Pero también es bandera de esa otra cara, no precisamente oculta, de la arquitectura, en la que lo espectacular y lo artificial, desbancó a la armonía y a la funcionalidad.

Foster es un arquitecto, aunque más propio sería decir de él que es un "diseñador" total, un humanista que trata con el mismo tino y la misma pasión un tipo gráfico que un monumental edificio. Tiene ego y, como tal, disfruta promocionándose, recaudando el prestigio que se ha ganado con proyectos como el Banco de Shanghai y Hong Kong. Sin duda, una de las mejores obras de la carrera de Norman Foster.

Lástima que con el paso de los años esa capacidad de riesgo, ese acceso a la imaginación que eran sus proyectos, se haya convertido en una luminaria del "star system", no sé exactamente si repitiéndose, pero sí entregándose a proyectos que se quedan simplemente en un mecano. Más visuales y pretensiosos que descaradamente atrevidos. Porque sí, hubo un Foster descaradamente atrevido.

En cualquier caso, habría que reconocer que, ya desde hace años, se la ha definido como un "arquitecto universal", precisamente porque su estudio, Foster & Partners, y su liderazgo han erigido edificios llamativos y desordenados en gran parte del mundo, en los cinco continentes y en las capitales del mundo, por supuesto.

El sueño neoyorquino

De la reforma del Reichstag (Berlín) a la Torre Caja Madrid (Madrid), de las impresionantes Torres Hearst (Nueva York) al imponente aeropuerto de Pekín. Le queda el sueño de rehacer el World Trade Center. Veremos si le dejan.

A mí me sigue subyugando el Banco de Shanghai y Hong Kong, construido entre 1979 y 1985. Tiene 180 metros de altura con 47 pisos y cuatro niveles de subterráneos. La característica principal del diseño de Foster, es que el edificio no tiene un eje interior para soportar su estructura, sino que depende de un esqueleto perimetral que sostiene su cuerpo de acero.

Otra característica importante es que la luz natural es la principal fuente de luz al interior del edificio. Hay un grupo de enormes espejos en la parte superior del atrio central, que reflejan luz natural al interior del mismo. Una avanzadilla de lo que después vendría definido como arquitectura sostenible, un giro ante el triunfo de las imitaciones industriales, cegadas de luces artificiales.

Norman Foster, nacido en Manchester en 1935, ya fue premio Pritzker de arquitectura en 1999, considerado el Nobel de la Arquitectura, así como Mies van der Rohe (1990). La torre Rusia, eco del enriquecimiento postcomunista, emergerá de la crisis como el rascacielos más alto de Europa.

Una marca, un hito, que a fin de cuentas es lo que adora Foster. Marca, por cierto, muy presente en España: el Metro de Bilbao, la Ciudad de la Justicia en Madrid, el nuevo Nou Camp en Barcelona. Lo cual, y con todo, habrá tenido en cuenta el jurado de Oviedo.

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