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Casi tres horas de corrida en Las Ventas y el aburrimiento como único argumento

EFE
20/05/2009 - 22:58

Madrid, 20 may (EFE).- Festejo pésimo hoy en Las Ventas por las pocas fuerzas de los toros, que para mayor desgracia recibieron un duro castigo en varas, por las escasas posibilidades de los toreros, y porque sumado todo dieron casi tres horas de corrida soberanamente aburrida.

FICHA DEL FESTEJO.- Tres toros de Peñajara -segundo, cuarto y quinto-, bien presentados pero desesperadamente flojos y sin fondo. El primero fue un sobrero de Torres Gallego con empuje y movilidad, que "sirvió" mucho. El tercero, sobrero también de María Cascón, violento y deslucido. Y un sexto igualmente sobrero, de Pío Tabernero de Vílvis, hondo y con temple, muy toreable a pesar de lo que le zurraron en el caballo.

Miguel Abellán: pinchazo y bajonazo (silencio); y estocada casi entera (silencio).

Serafín Marín: pinchazo, bajonazo y cuatro descabellos (silencio tras un aviso); y estocada (silencio).

Octavio García "El Payo", que confirmaba la alternativa: dos pinchazos y estocada desprendida (silencio tras un aviso); y estocada (vuelta por su cuenta y muy protestada).

En cuadrillas, dos buenos pares de David Blázquez al primero y otro de Pepín Monge al tercero.

La plaza se llenó "hasta la bandera" en tarde de calor sofocante.

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GANADERÍA BARATA

Otro festejo imposible. Esta vez, la culpa de los toros. ¿O de los responsables de haber traído una corrida así a la que se supone importantísima feria de San Isidro? En la respuesta puede estar la clave de ésta y de muchas tardes del ciclo. Ganadería barata, garantía de fracaso.

Los titulares, absolutamente inválidos. Los sobreros fueron otro cantar, pues tanto el de Torres Gallego como el de Tabernero de Vílvis, dieron mucho de si. Aunque en unos y otros se empleó a fondo la acorazada de picar. Quiere decirse que fue también, y sobre todo -parece un contrasentido-, la tarde de los picadores. ¿A que venía tan exagerado castigo en el caballo?

A los tres que quedaron de los inicialmente previstos, los machacaron dejándolos para el arrastre, nunca menor dicho. Y mermaron ostensiblemente el empuje y la hondura de los sobreros que hicieron primero y sexto, respectivamente.

Se ha dicho muchas veces, y nadie se da por enterado, que el toro está en notable desventaja respecto al torero. Nadie sale en su defensa. Siempre hay una explicación si el torero no está bien. La culpa en todos los casos es inexcusablemente del toro. ¡Ay, si los toros hablaran!.

Nada justifica, sin embargo, la invalidez de "los peñajaras" de hoy. Una corrida podrida de fuerzas. Pero hay que insistir en la forma de actuar de los montados, especialmente los de la cuadrilla del confirmante "El Payo".

Al toro primero, con el que confirmó el mexicano, le arrearon dos "trancazos" de tomo y lomo. Llevó también el toro mil capotazos en una absurdo simulacro de "competencia" entre el neófito y el padrino, que llegaron a intervenir dos veces cada uno sin apenas resolver entre ambos un par de lances en condiciones. Y todavía embistió largo y mucho tiempo en la muleta. Y si no humilló lo suficiente el de Torres Gallego fue culpa de "El Payo", que no acertó a bajarle la mano.

En el sexto más de lo mismo. Hasta ¡cinco puyazos, contando lo que "le dio" el piquero con el tercio ya cambiado! Pues todavía embistió el de Tabernero de Vílvis con temple y por abajo. El muchacho hizo en los dos lo que pudo, que no fue mucho. Ahora a echarle la culpa al toro después de marcarse una vuelta al ruedo por su cuenta. Para eso si que tuvo desparpajo el manito.

Abellán, aparte sus quites en el primero -dicho queda que ahí tampoco dejó poso alguno-, no tuvo toros en el sentido literal. Dos animalitos que no podían con su sombra, y pasaron todo el tiempo de muleta en el suelo. Se lució el presidente.

Marín venía de Barcelona donde cuentan y no acaban de él por una magistral actuación que tuvo el domingo último. Se le esperaba con interés. Pero fue toro muy violento su primero, al que no le pudo lo suficiente. Y tuvo que renunciar al lucimiento con el quinto, obligándose sólo a mantenerlo en pie. Pena de todo.


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