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La cartas de Sorolla revelan su faceta literaria y nuevas claves de su obra

Agencias
7:29 - 3/07/2009

Un millar de cartas forman el epistolario completo de Joaquín Sorolla, un legado que ha sido reunido por primera vez en tres volúmenes que revelan la faceta literaria del pintor y que aportan nuevas claves para la comprensión y el estudio de su obra pictórica.

"Descubrimos su obra pictórica, porque va contando las circunstancias de cada cuadro, cómo va progresando su obra y qué camino debe seguir", ha explicado hoy a Efe Víctor Lorente Sorolla, nieto del artista y editor de dos de los tres tomos presentados hoy en el Museo del Prado, que acoge la exposición antológica "Joaquín Sorolla (1863-1923)".

Clotilde, mujer del pintor, y Pedro Gil Moreno de Mora, gran amigo y confidente de Sorolla, fueron los destinatarios de estas cartas, muchas escritas en los años que el artista dedicó a la elaboración de los paneles para decorar la biblioteca de la "Hispanic Society of America".

"El Sorolla escritor es sorprendente: no tiene estudios y, sin ser vulgar, tiene facilidad de expresión", asegura Lorente.

Este epistolario completo, que estaba depositado en el Museo Sorolla, pero con acceso reservado a la familia, está compuesto por "cartas personales" en las que el pintor "se desnuda, dice todo lo que piensa, cómo evoluciona su pintura, sus angustias, y fundamentales para entender el trabajo de Sorolla recorriendo España".

Su lado más afectiva

Además de ser una importante fuente documental, con una edición rica en apuntes y notas bibliográficas, estas cartas desvelan lado más afectivo del artista, acercándose "al Sorolla humano, pintor y marido", según Lorente, a la vez que confirman que trabajo y familia eran indisociables para el artista.

El primer tomo completa la correspondencia que Pedro Gil, pintor aficionado y clave en la estancia del valenciano en París, envió a Joaquín Sorolla.

La relación entre ambos se basó, en gran medida, en esas cartas llenas de reflexiones sobre la obra del valenciano y sobre el panorama artístico de la época en la que fueron escritas.

Los dos amigos tuvieron pocos encuentros personales -mientras Pedro Gil residía en París, su amigo alternaba su residencia en Madrid con largas estancias en Valencia- pero la fuerza de algunas misivas refleja el vínculo entre los dos artistas y la confianza que Sorolla depositaba en Gil Moreno de Mora.

"Si Dios tuviera dispuesto que no llegásemos a ver a nuestra hija Elena, desapareciendo todos, ella naturalmente sería la única heredera", escribió Sorolla antes de volver de Nueva York en 1909, en una carta a la que adjuntó tres cheques con un valor de más un millón de francos e instrucciones por si no volvía con vida de aquel viaje.

La familia fue una de las principales fuentes de inspiración para Joaquín Sorolla, y así lo demuestran el segundo y tercer tomo del epistolario: más de seiscientas cartas dirigidas a su mujer, Clotilde García, de la que el pintor "tuvo que separarse una y otra vez, por una razón o por otra", explica su nieto.

Y esta separación fue constante en los años que Sorolla se dedicó a los catorce paneles monumentales de su visión de España, descritos en el segundo tomo, con misivas fechadas entre 1912 y 1919 que sirvieron para datar gran parte de los paneles que transformarían la evolución de la obra del pintor.

"Pasó de ser un pintor académico a un artista en libertad, un camino que se cortó cuando empieza con la 'Hispanic Society'", en 1911.

En este tomo se incluyen postales, reproducciones de dibujos y fotografías de Sorolla y su familia, a las que se hace referencia en algunas cartas.

En definitiva, un legado que descubre "la transición de un pobre pintor que llegó a Madrid y que se abrió camino hasta ser el favorito de Alfonso XIII", concluye el nieto de Sorolla.


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