
Nicolas Sarkozy, seguramente con la mejor intención del mundo, ha propuesto que el autor de El Extranjero merite su plaza en el Panteón de los Grandes Hombres de Francia, los hijos del escritor, notablemente Jean Camus refutan la idea con discreción. No porque su padre no lo merezca, porque dudan de que a su padre, tal como concibió su obra, le hubiese gustado reposar en medio de ese círculo sagrado de hombres quasi impolutos.
Hay quienes se preguntan si la República debe premiar a un hombre, que ya fue premio Nobel de Literatura en su momento, y cuyo reconocimiento mayor ha sido el de la modernidad y el de sus lectores. Y la excusa principal es la de la modernidad. El Panteón -afirman- es para los hombres antiguos. Camus no lo es, Camus es El Primer hombre, y sin embargo el último, el de ayer, el de hoy.
Honestamente, yo no veo cuál es la intriga. Pero los herederos decidirán. Creo que Camus merece estar en el Panteón, y que todo lo demás es bastante flojo como argumento.
Tal vez estén creyendo que sea un deshonor que un presidente como Sarkozy -con perfil bajo entre la intelectualidad y los artistas de izquierda- reconozca al escritor.
Tampoco dudo de la duda de Jean Camus y de su hermana gemela, Catherine, la que se ha expresado más directamente ante la prensa.
Si para los jurados del Goncourt -como cita Le Monde- Claude Lévi-Strauss no constituía "una novela", como para premiarlo. Para algunos sesudos actuales Albert Camus no es demasiado la "Historia", o no debería ser reducido al nivel de la historia. En eso es en lo único que sí estoy de acuerdo: La historia siempre resulta demasiado diminuta para un novelista de la estatura de Camus.
Pero igual la entrada de un intelectual como Albert Camus en el Panteón de los Grandes Hombres permite que el concepto de Grandes Hombres no quede reducido al lodoso terreno de la historia.
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