Lola Dueñas: cómo soñar a través del lenguaje poético del cine

Zoé Valdés | 7:26 - 17/02/2010
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Sus ojos no poseen ningún color en especial, tampoco es la forma lo que los hace penetrantes y hondos, en esa hondura única del idioma de la mirada, son ojos sencillos, pero que toman otra dimensión, espectacular, cuando miran desde el celuloide, en un primer plano aterciopelado.

Todo el encanto de Lola Dueñas proviene de su grandeza como actriz. Incluso, cuando se habla con ella de asuntos banales, se le nota poseída por ese guión que acaba de leer, y del que no quiere dar información alguna, pero que sin duda la ha dejado extenuada.

-Debo meterme ahora en una película muy difícil, la más compleja de mi vida hasta ahora- comentó aquel mediodía, en el Café Baci, de la rue de Turenne, en París.

Nos habíamos reunido Emma Lepers, AlexetNiko (dos cineastas franceses que siempre ruedan a dúo), ella, y yo, la guionista del filme Boarding Home (basado en la novela de Guillermo Rosales) y que íbamos a discutir con ella, con el objetivo de conseguir de que fuera la actriz protagónica. Después de media hora, ya se hallaba más que convencida, ya ella era la entusiasta número uno del personaje de Francis. Otra película dura, le dijimos.

-Sí, ya me voy acostumbrando -y sonrió espléndida.

Lola D. no es sólo una inmensa comediante -en el sentido francés del término, que lo abarca todo, en todos los géneros-, además se me ocurre que pudiera ser un personaje de novela. Se me apareció como una ensoñación, cuando pensé en ella para el personaje, pero también anoche, cuando la vi recoger su premio, su Goya, por la mejor interpretación en Yo también. Sus palabras llenaron el corazón de los telespectadores que hemos apreciado su obra desde el primer filme.

Con ella me sucede lo que con Blanca Portillo, son tan buenas, pero tan extraordinarias, que sólo las puedo colocar en el pedestal que poseo para las heroínas de las buenas novelas.

Lola D. entonces, ha entrado, para mí, en esa colección, en la de mi panteón personal-pero desde hace un montón-, como si Margarite Durás, o Françoise Sagan, la hubieran parido para la literatura.

Enhorabuena, querida Lola D, hace tiempo que estás en esto; lo que empieza ahora es apenas el reconocimiento que te debemos por hacernos soñar a través del lenguaje poético de la gran pantalla.

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