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Una chaqueta verde que vale millones

Ismael Labrador
8:40 - 15/04/2008
Tiger Woods en el Augusta National Golf Club.

La Semana Santa supone para la ciudad de Sevilla un impacto económico de 160 millones de euros. Es el mismo presupuesto que la Unión Europea ha destinado este año para contribuir a paliar el hambre en el Tercer Mundo. Y es también la misma cantidad que ganaron el año pasado los cinco golfistas más ricos del mundo, que acaban de finalizar su participación en el Masters de Augusta, el primero de los cuatro grandes torneos que componen el Grand Slam del circuito PGA.

Tiger Woods, Phil Mickelson, Vijay Singh, Ernie Els y el español Sergio García sumaron en 2007 un total de 252 millones de dólares, 160 millones de euros al cambio. En Sevilla han hecho falta más de 60.000 nazarenos, decenas de miles de turistas, 134 pasos y una ocupación hotelera por encima del 70 por ciento para alcanzar la misma cifra durante la pasada Semana Santa.

El torneo más elitista

El Masters de Augusta no es el torneo que más dinero reparte en premios -7,25 millones de dólares-; sin embargo, la chaqueta verde que el club organizador otorga al ganador es uno de los iconos más ansiados en el circuito mundial. Tanto como conseguir una entrada para asistir a un evento justamente catalogado de elitista, para el que no quedan abonos libres hasta 2015.

El Augusta National Golf Club es uno de los más prestigiosos del mundo. Pero a pesar de la popularidad que le da el hecho de celebrar desde hace más de 60 años uno de los cuatro grandes Masters del circuito profesional, sólo cuenta con poco más de 300 miembros (el club se reserva el número exacto y la identidad de sus socios), que pagan una cuota anual de entre 250.000 y 500.000 dólares.

Además, la única manera de hacerse socio es mediante invitación. Y no es fácil conseguirla. Por ello, pocos son los profesionales que desaprovechan la ocasión de pisar su césped con el objetivo de ganar la preciada chaqueta.

Casi ninguno tendrá problemas nunca para llegar a fin de mes. Sirva como ejemplo la cuenta corriente de Stephen Ames, un jugador más del montón; el año pasado acabó en el puesto 50 de la lista de ganancias del circuito PGA y, sin embargo, sus ganancias superaron los cuatro millones de dólares.

Ganar es lo de menos

Al igual que sucede en muchos otros deportes, las estrellas se llevan más dinero por lo que perciben fuera del green que por sus triunfos. Tanto como para que a Tiger Woods sus victorias sólo le hayan supuesto en el último año el 18 por ciento de sus ingresos. Y eso que ganó ocho torneos PGA, entre ellos el Campeonato del Mundo, que le reportó 1.350.000 dólares.

En total, sus ingresos tratando de meter la pelota en el hoyo se quedaron en algo menos de 23 millones de dólares. Es una cifra considerable, aunque se queda muy por debajo de los casi 100 que ganó en publicidad. Nunca antes un jugador de golf había conseguido acumular tanta riqueza en un solo año.

Por ejemplo, con el fabricante de pelotas Titleist firmó un contrato por cinco años a razón de cuatro millones por temporada, American Express le paga otros 13 millones y con Nike Golf tiene un lucrativo convenio que le garantiza un porcentaje de su facturación anual.

Phil Mickelson, el segundo golfista mejor pagado y uno de los deportistas que más facturan en todo el mundo, gana casi cuatro veces más a través de sus contratos con KPMG, ExxonMobil, Rolex, Sportscope o Grayhawk que jugando. Incluso la rivalidad que mantiene con Woods se ha trasladado al mundo de los negocios. Como el Tigre cuenta con Titleist como patrocinador, Phil tiene a su lado a Callaway, otro de los gigantes del material deportivo para la práctica de golf. Y como la tarjeta de crédito de Woods es American Express, Mickelson acaba de firmar un contrato con Barclays.

Pero el caso más extremo de rentabilidad fuera del césped lo ostenta el veterano Greg Norman. El año pasado sólo ganó 6.028 dólares practicando su deporte favorito. Sin embargo, esta partida representa simplemente el 0,025 por ciento de las ganancias que acumuló en 2007. Gracias a su vinculación con la empresa de ropa Shark, se asegura unos dividendos de 24 millones cada año.


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