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Comienza el Tour de Francia bajo la sombra alargada del dopaje genético

Juan M. Barberá
22:11 - 4/07/2008

El Tour de Francia comienza el 5 de julio, pero en él no estará Alberto Contador, vencedor de esta prueba ciclista el año pasado y reciente ganador del Giro de Italia, porque su equipo, el Astana, fue acusado de dopaje, aunque nadie ha podido demostrar que el ciclista español haya probado sustancia prohibida alguna. Y es que cada año, antes y después de una gran prueba ciclista, hay sospechas, cuando no confirmaciones, de casos de dopaje, pero los deportistas no son los únicos culpables.

Los contratos publicitarios, los patrocinadores y hasta los aficionados empujan a los corredores y a su entorno a intentar lo que sea para resistir las sucesión interminable de etapas.

El delito por delante

Y lo peor es que la ley siempre va por detrás del delito y no es la primera vez que el comité olímpico o la federación correspondiente acuerda suprimir una determinada sustancia por dopante cuando ya lleva meses o años en el mercado. Un ejemplo: la eritropoyetina (EPO) comenzó a estar disponible en 1987 y sólo pudo ser detectada 13 años después.

Si a esto unimos la continua investigación de algunos mal llamados médicos deportivos en pos de buscar un aumento del rendimiento del deportista -aunque comprometan seriamente su salud, no cabe duda que los autoridades deportivas que persiguen el doping no es que lo tengan difícil, es que lo tienen casi imposible.

Trucos diversos

Quienes han estudiado a fondo todas las triquiñüelas inventadas para esquivar los controles antidopaje, cuentan y no paran desde deportistas que a la hora de miccionar utilizan un pene falso unido a un depósito con orina limpia; hasta el que se bebe cuatro litros de agua en cinco minutos, pasando por los que utilizan proteasas en polvo para derramarlas dentro de los frascos y enmascarar el resultado de las muestras. Todo vale con tal de evitar ser descubiertos. Lo malo, y esto es lo peor del dopaje, es que no sólo falsea los resultados deportivos, sino que fabrica enfermos y, en muchos casos, acelera la muerte de los atletas de élite.

Aunque sea difícil asociarlo a la toma de sustancias, existen fundadas sospechas de que la muerte del ciclista J.M. Fuente, como consecuencia de problemas hepáticos, estuviera relacionada con la ingesta durante años de sustancias dopantes, lo mismo que el fallecimiento de López Carril por culpa de un fallo cardíaco a los 40 años. Tampoco Luis Ocaña salió bien parado y el mismo Eddy Merckx sigue en tratamiento por una grave afección renal. Es para tomar buena nota.

En el ciclismo hay más casos de dopaje porque se hacen más controles y también porque se trata de un deporte individual en el que el éxito depende de la fuerza y resistencia de cada uno. Pero el uso de sustancias prohibidas no es un problema exclusivo del ciclismo; también lo es del fútbol, del atletismo, del tenis y de todas las disciplinas deportivas de alto rendimiento que someten a los atletas a grandes presiones para ganar. Además, no debe olvidarse que ciclismo y atletismo son de las disciplinas deportivas donde más en serio se han tomado este asunto y donde existe más vigilancia.

En realidad, el primer informe sobre ingesta de sustancias prohibidas por atletas en competición ocurrió en Ámsterdam en 1865, cuando nadadores que hacían la travesía de los canales fueron acusados de tomar drogas. En 1869 los entrenadores de equipos de ciclistas administraban a sus corredores una mezcla de heroína y cocaína llamada speedball, para aumentar su resistencia. Aunque fueron los antiguos países del Este los que empezaron a utilizar anabolizantes para preparar a sus atletas, el mayor impacto lo produjo el caso del atleta canadiense Ben Johnson.


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