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De la furgoneta al avión: veinticinco años de campañas electorales

Efe
23/02/2008 - 10:34

Los candidatos y los partidos políticos españoles han ido abandonando poco a poco las tradicionales precampañas y campañas de coche y caravana de periodistas en autobús y ahora utilizan el avión con mayor frecuencia, y con pasión, y como siempre, la televisión.

El precursor de los conquistadores del aire fue el veterano dirigente comunista Santiago Carrillo, que en las elecciones generales del 82 hizo toda la campaña del PCE en avioneta.

El avioncito partía del aeropuerto de Madrid-Barajas casi todos los días y por la noche regresaba a la capital de España, pero presentaba el inconveniente de que las plazas eran limitadas. En concreto, EFE disponía de una plaza y había que decidir cada jornada si viajaba con Carrillo un redactor o un fotógrafo.

Carrillo hizo entonces una campaña tradicional de mítines y ruedas de prensa, hasta el día en que se le ocurrió ir a Valencia para visitar los pueblos afectados por las inundaciones provocadas por la rotura de la presa de Tous. El barrizal en aquellos pueblos era inmenso y algún periodista tuvo que tirar el traje y los zapatos tras la visita.

Carrillo y su PCE, en avioneta

Además de los periodistas, en la avioneta viajaba como jefe de prensa de Carrillo el economista Ángel Mullor, en el que debió prender el amor a los aviones porque con los años llegó a ser el consejero delegado de Iberia.

Frente a la campaña aérea del PCE, el PSOE hizo en el 82 una campaña a ras de tierra: Felipe González en un autobús de los que se utilizaron en el mundial de fútbol de aquel año, acompañado de un montón de periodistas.

González era entonces un líder asequible que igual se fumaba el paquete de Ducados de un periodista que le daba a otro un habano de los que le regalaba Fidel Castro, y con ellos hacía kilómetros, muchos kilómetros, de carretera.

Las campañas de Manuel Fraga

Pero el rey indiscutible de la carretera mientras fue líder de Alianza Popular, Coalición Popular y Partido Popular era Manuel Fraga. Sus campañas eran demoledoras para los periodistas, que seguían a su coche -el famoso Volvo verde- en autobús o furgonetas -de las de antes- y que algunas veces se quedaban en tierra porque debían pasar sus crónicas y la caravana no esperaba.

Como ejemplo, la primera jornada electoral de las elecciones del 86: Madrid-Cáceres-Badajoz-Madrid-Pamplona. Aunque donde don Manuel echaba el resto era en su tierra. Lo mismo daba una campaña electoral para unas generales que para unas gallegas. Cada día, cada jornada, tenía que estar presente en las cuatro provincias gallegas y cuando los periodistas despertaban por la mañana no sabían si estaban en Lugo o en Orense.

Puerta a puerta

Fraga también aprovechaba los días incansablemente para recorrer mercados, saludar a las amas de casas y entregar en mano la propaganda casi puerta a puerta por las calles.

Como en la Gran Vía de Bilbao, donde Fraga, ni corto ni perezoso, se paseaba con un enorme paraguas con los colores nacionales. Eso sí, acompañado de una docena de periodistas como mucho y treinta agentes del orden como poco.

Cuando Felipe González llegó al Gobierno abandonó la campaña del autobús con periodistas y a los mítines el iba por un lado y los periodistas por otro. Además, la caravana del PSOE en bastantes ocasiones seguía al entonces vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, especialista en darle caña a la derecha.

González, el primero en bajarse del autobús

Cundió el ejemplo de Felipe González entre los candidatos de otros partidos y a las caravanas de periodistas empezaron a faltarles los líderes de los partidos.

Gerardo Iglesias, ex secretario general del PCE, era muy celoso de su intimidad y la caravana de periodistas de Izquierda Unida solía coincidir con él sólo en mítines y ruedas de prensa. Su sucesor, Julio Anguita, era mucho más asequible y algunas veces se subía al autobús de periodistas, echaba una partida de dominó con algunos de ellos y siempre que pasaba por Córdoba se los llevaba a dar un paseo nocturno por el barrio de la judería.

Adolfo Suárez, que había fundando el Centro Democrático y Social en 1982, hizo campaña en las generales del 1986 a bordo de un autobús, unos comicios que convirtieron a este partido en la sorpresa al quedar como la tercera fuerza del Congreso, con 19 diputados, y 3 escaños en el Senado.

La llegada de Aznar

Fue una campaña en la que el ex presidente del Gobierno con UCD compitió por el espacio del centro con el Partido Reformista Democrático (PRD), fruto de la llamada "Operación Roca", que no conseguiría ningún escaño. Suárez centró sus discursos de campaña en denunciar la falta de apoyo de la banca a su proyecto y la influencia de los poderes fácticos.

Tras el vendaval del "patrón" Fraga llegó José María Aznar, que siguió mientras estuvo en la oposición la pauta marcada por aquél, lo que provocaba las quejas de los periodistas por el ritmo frenético de las campañas.

Las primeras elecciones generales de Aznar, en 1989, siguieron el esquema de Fraga en cuanto al autobús. El número de periodistas no era muy alto y todos cabían en el vehículo, el candidato era una persona accesible, capaz de contar "chistes verdes" o charlar de fútbol con los informadores en el fondo del autobús.

La "Brigada mediática"

Sin embargo, la popularidad del que sería primer presidente del Gobierno del PP creció al mismo tiempo que lo hacían los medios de comunicación y en 1993 la mayoría de desplazamientos se hizo en vuelo regular. Estas fueron las primeras elecciones generales en las que hubo un seguimiento de los candidatos por parte de las nuevas cadenas de televisión, los periodistas se multiplicaban en la caravana popular en pocos años.

Así, en las de 1996, la "brigada mediática" era irreconocible respecto a siete años antes y viajaba en dos aviones privados de alquiler. El autobús o la furgoneta para seguir a Fraga "a todo trapo" había pasado definitivamente a la Historia.

Intervenciones televisivas

En los treinta años transcurridos desde las primeras elecciones democráticas, en junio de 1977, también ha marcado la pauta la utilización de la televisión por parte de los partidos políticos. Las intervenciones en televisión del ex presidente del Gobierno Adolfo Suárez en las vísperas de las jornadas de reflexión de los comicios de 1977 y 1979 fueron determinantes para el respaldo que consiguió UCD en las elecciones.

La televisión condiciona los actos de los partidos y en muchas ocasiones ajustan su horario al de los informativos, en tanto que los mítines interesan a los líderes, sobre todo, porque dan buen colorido en televisión, pero no desdeñan ponerse delante de una cámara de televisión donde sea para dar su mensaje en píldoras y atacar al adversario en la campaña.

En estos 30 años de democracia también ha habido un cambio importante, para bien, en el recuento de votos y contrasta la rapidez con que se ofrecen hoy en día los resultados a través de internet con las dificultades que había para dar los datos desde el Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid en las primeras elecciones.

Afortunadamente hoy aparece desterrada la imagen que ofrecía el dibujante Peridis en el periódico El País del ex ministro de la UCD Rodolfo Martín Villa con el puchero de los votos.

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