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El paraíso de las imitaciones en el corazón de la Gran Manzana

Jose Luis de Haro/ Nueva York | 24/06/2008 - 7:49
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El calor aprieta y aunque el cielo amenaza tormenta, Canal Street en su cruce con Broadways se convierte una semana más en un hormiguero humano, aderezado con el pegajoso e indescriptible olor que caracteriza al peculiar barrio de Chinatown.

Entre gangas y chismes de las más variadas funciones, miles de turistas se lanzan a diario a la caza del Rolex, el Christian Dior o el Louis Vuitton a precio de saldo. ¡Qué digo saldo, casi regalado!, aunque cabe advertir que las mejores imitaciones del lugar tampoco son tan baratas.

Abrirse paso entre la multitud sin ser pisado es casi una misión imposible, aunque antes de llegar al primer semáforo un mujer asiática susurra insistentemente a nuestro lado "jambag", "jambag" (alusión sonora a handbag, bolso en inglés). Con un mini catálogo fotográfico en la mano intenta engatusar a los viandantes para que la sigan. Segundos más tarde, tras cruzar la calle, otra joven se acerca a grito de "Guchi, Guchi". En medio de esta jauria humana muchos pican el anzuelo y se animan a seguirla.

Un 'azote' económico

"Yo quiero llevarme un par de bolsos para mí y unas amigas me han hecho varios encargos", reconoce María Gonzalez, una española que reside en la ciudad y que asegura es la primera vez que compra imitaciones. Pero a caso como el de María hay que sumar el de Paco y Lola, dos recién casados de Sevilla, o el de muchos otros turistas americanos que peregrinan a Chinatown en busca de la Meca del lujo de pega. Lo que no saben es que el robo de propiedad intelectual cuesta a la maltrecha economía norteamericana 200.000 millones de dólares al año y provoca la pérdida de más de 750.000 puestos de trabajo, según informa el Comité Judicial del Senado.

Sólo en la ciudad de Nueva York, las pérdidas son incalculables. El año pasado se comerciaron mas de 80.000 millones de dólares en imitaciones, lo que supuso una pérdida en impuestos de más de 1.000 millones de dólares.

Pero que más da, al fin y al cabo, impactar entre los colegas del trabajo a golpe de Channel o Christian Dior es un símbolo de triunfo, de estatus social, aunque para ello se haya tenido que actuar bajo la más completa ilegalidad y sólo pagar alrededor de 50 dólares.

Muchos desconocen el curioso ritual de ir a comprar imitaciones en la Gran Manzana. Aunque Canal Street esté plagado de puestos en los que se vendan miles de artilugios similares a multitud de productos de lujo, la similitud en la forma o en los colores se ve interrumpido por grandes diferencias en el nombre de la marca.

Así, Nike pasa a llamarse "Mike" o, incluso, la marca cambia completamente su nombre, aunque el objeto en cuestión sea lo más parecido a un bolso de Channel o a un reloj de Cartier. Ante esta situación, las autoridades tienen las manos atadas y su intervención queda limitada.

Sin embargo, la apasionante caza del lujo a precio de saldo comienza en las trastiendas, garajes, coches aparcados en calles semidesiertas o, incluso, pequeños zulos en los que hay que entrar previa autorización. Es ahí, donde las verdaderas imitaciones se acumulan colgadas en las paredes a modo de escaparate. Entre Guccis, Chaneles, o Fendis, también se pueden conseguir relojes perfectamente pasables por verdaderos Bulgary o Rolex, eso sí, hay que estar dispuesto a desembolsar entre 100 y 200 dólares. Por supuesto, no hay que pasar por alto los DVD, cinturones, perfumes y, como no, gafas de sol.

De todas formas, como buen negocio ilegal, el regateo está a la orden del día. Si alguien quiere comprar entre 5 o 6 bolsos, la unidad podría pasar a costar 35 dólares en vez de 55. Un consejo, la competencia está a la orden del día por lo que no se deje seducir por la primera oferta, busque y visite más sótanos o supuestas clínicas de masaje terapeútico, que seguro encontrará lo que busca.

El pasado mes de febrero, la policía de Nueva York, culminó una operación, fraguándose durante meses, a través de la cual consiguió dar un duro escarmiento al conocido como el "triángulo de las imitaciones", comprendido entre la calles Canal, Walker y Centre. Durante la intervención policial un total de 32 establecimientos fueron clausurados y se incautaron alrededor de un millón de dólares en artículos de pega a lo Prada, Gucci, Fendi y similares. La ciudad de Nueva York creó a finales de 2006 un cuerpo policial encargado especialmente de acabar con cualquier tipo de robo intelectual, así como piratería que se llevase a cabo en la clandestinidad de las calles de la ciudad.

En mayo, el Congreso aprobó una legislación que promete reforzar a la Oficina de Patentes y Marcas del Departamento de Justicia y endurecer la leyes de propiedad intelectual. Esta ley costará alrededor de 435.000 millones de dólares durante los próximos cinco años, según el presupuesto del gobierno.

Una advertencia a todos los que se dejen seducir por las gangas, oficialmente no sufrirán represalias económicas si las autoridades se enteran de sus compras, aunque lo que es seguro es que no volverá a casa con su deseado Gucci, los productos de pega son siempre confiscados.

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