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El Supremo de EEUU respalda al pastelero que no quiso hacer una tarta para una pareja gay

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EFE
4/06/2018 - 18:46
  • La abogada defendió que se trata de arte y apeló a la libertad de expresión
Jack Phillips. Imagen: Reuters

El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha dado la razón a un pastelero de Colorado que en 2012 se negó a hacer una tarta de bodas para una pareja homosexual alegando razones religiosas. En una decisión de una mayoría de siete contra dos, la máxima corte del país dictaminó que una comisión de Colorado, que había decidido que Jack Philips debía atender a todos sus clientes independientemente de su orientación sexual, demostró una "animadversión evidente e inaceptable" hacia la religión.

Los hechos se remontan al 19 de julio de 2012, cuando Charlie Craig y David Mullins entraron a la pastelería Masterpiece Cakeshop de Lakewood, en Colorado, y quisieron encargar una tarta nupcial para celebrar su boda. El dueño se negó arguyendo que eso violentaba sus creencias. La justicia del Estado lo condenó por discriminación, pero Philips consiguió llevar el caso hasta el Supremo, que en un juicio que comenzó el pasado diciembre abordó dónde acaba la libertad religiosa y empieza la homofobia, si un pastel equivale a arte y si el mensaje de esta cambia en función de la orientación sexual del cliente que la sirve en su boda.

La abogada de Philips, Kristen Waggoner, defendió que el pastel es una pieza artística y, por tanto, apelando a la libertad de expresión consagrada por la Constitución, ninguna ley ni autoridad puede forzar al artesano a realizar una obra contraria a sus creencias religiosas. Los jueces progresistas le lanzaron entonces varias preguntas. Elena Kagan le planteó si, partiendo de su punto de vista, también los peluqueros o los maquilladores podrían rechazar a parejas gais, pero Waggoner sostuvo que ellos no hacen arte y su cliente, el pastelero, sí. Stephen Breyer le planteó si esa protección a la libertad de expresión es aplicable cuando el pastel que le pedía no contenía ningún mensaje de apoyo a la homosexualidad. También le plantearon si los mismo es aplicable a la raza y ella lo negó.

El pastelero considera que obligarle a elaborar una tarta para homosexuales es forzarle a usar su arte para celebrar algo que violenta su fe, de la misma manera que tampoco haría dulces con lemas ateístas. El problema es que su rechazo al pedido de Graig y Mullins no tiene que ver con el producto en sí, que es el mismo Jack Philips oferta en su establecimiento a todo el mundo, sino con la identidad sexual del que la compra. El razonamiento abre la puerta a que el chef de un restaurante, por ejemplo, rechace servir a una pareja gay que está celebrando su aniversario en un restaurante alegando que lo suyo también es arte.


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