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Coaliciones, pactos y peleas: así queda la sopa de siglas del 26J

8:02 - 18/05/2016
  • Ya se leen en bloques mayoritarios: PP-Ciudadanos y PSOE-IU-Podemos
  • La nueva política puede fomentar el obligado diálogo con los nacionalistas
Gráfico creado con Lucidchart.

Decían los antiguos romanos que lo que hoy conocemos como España era una extensión de tierra tan verde que una ardilla podía cruzarla de un extremo a otro de rama en rama sin necesidad de tocar el suelo. Hoy no quedan tantos árboles -ni ardillas-, pero lo que sí hay son partidos políticos. Y entre coaliciones, alianzas puntuales, pactos, negociaciones en marcha y 'partidos hermanos' uno puede pasar de un extremo político a otro siguiendo las líneas trazadas sin quedarse aislado.

Así, no es raro que un partido pueda pactar con dos formaciones distintas y alejadas entre sí en escenarios diferentes, como el PRC, lo que lleva a conectar diversos extremos del arco ideológico, del más liberal al más social, o del más centralista al independentismo decidido.

Esa progresiva atomización ha sido tradicionalmente más intensa en la izquierda, que ha convivido desde el inicio de la democracia con dos formaciones importantes, una de Gobierno como el PSOE y otra de apoyo como IU, además de un número reducido de formaciones progresistas regionales. Con el tiempo, además, la fragmentación se multiplicó, llegando a aparecer partidos en apariencia repetidos pero con diferencias irreconciliables.

El centro-derecha ha sido mucho menos tendente a esa dispersión: siempre ha habido una sola gran formación, primero la UCD y luego el PP. Por su parte, los partidos conservadores de ámbito regional se han dirigido casi siempre a otro nicho electoral, ya que por su naturaleza los nacionales han sido centralistas y los regionales -PNV o CiU- todo lo contrario.

Sin embargo, los nuevos tiempos políticos han traído más partidos en todos los espectros -Podemos o Equo a la izquierda, Ciudadanos y UPyD en el centro-derecha-, lo que ha obligado a una reordenación del mapa.

Tal ha sido la división de la izquierda en estos años que el número de formaciones ha llegado a crecer hasta lo absurdo a base de escisiones, peleas y tensiones internas. De esta manera han ido conviviendo (y dañándose electoralmente) decenas de pequeños partidos sin apenas diferencias programáticas pero con tremendos choques entre sus líderes.

Han bastado sólo un par de años para que Equo o ahora IU acaben integrándose de una u otra forma en Podemos, que emerge como gran fuerza a la izquierda del PSOE, y para que UPyD desaparezca y su electorado -y unos cuantos políticos destacados- acabe en Ciudadanos.

De esta manera, y justo cuando más formaciones había, se ha llevado a cabo una 'italianización' de la política en España. Nuestro vecino mediterráneo tiene un sistema político aquejado de males sistémicos que empezamos a acusar, tales como la corrupción.

Otra cosa muy típica de la política italiana ha sido siempre su vocación por la inestabilidad, algo que en España ha provocado la legislatura más corta de nuestra corta democracia, la primera fallida. En el caso italiano la cosa es aún mucho más grave: en su caso la inestabilidad ha llevado a repetir dos veces presidentes, a cambiar de Gobierno varias veces al año o a que tuviera que presidir el Ejecutivo un independiente de consenso.

Como respuesta a la fragmentación del voto entre formaciones, en Italia actúan en bloques: hay dos grandes coaliciones que se disputaban el voto, como aquel histórico El Olivo de tendencia progresista y la berlusconiana Casa (o Pueblo) de la Libertad.

En España hemos empezado ya a hacer algo así. A pesar de que el único pacto visible en el Congreso haya sido el de PSOE y Ciudadanos, las encuestas ya se leen en bloques mayoritarios: a un lado PP y Ciudadanos y al otro PSOE, IU y Podemos.

En Italia, en medio de los dos grandes bloques apareció, además del citado independiente intentando luego ser elegido por las urnas, el populista Movimiento Cinco Estrellas del antipolítico y humorista Beppe Grillo. En España, entre los bloques, fluyen una amalgama de partidos nacionalistas que, en función del devenir de las cosas, podrían acabar decantando la balanza.

¿Quién forma cada bloque?

A la derecha el PP, que ha puesto en marcha acuerdos con fuerzas conservadoras regionales con las que ya ha concurrido en otras ocasiones. Así, Foro Asturias, Unión del Pueblo Navarro o el Partido Aragonés harán de bastiones regionales para los intereses populares.

Yendo hacia el centro está Ciudadanos, que en su día intentó negociar con UPyD pero fracasó en el intento (o no, visto cómo han ido las cosas). Es una formación capaz de pactar con el PP en la Comunidad de Madrid y con el PSOE en Andalucía, pero al mismo tiempo había permanecido sin casarse con nade. Hasta que firmó el pacto 'del abrazo' con el PSOE que habrá que ver si suma tras el 26J.

En el centro-izquierda está el PSOE, que además de con Ciudadanos cuenta con un acuerdo con Nueva Canarias -y el apoyo de Coalición Canaria, como ya demostró en la investidura fallida de Pedro Sánchez- y con la no siempre plácida convivencia con el PSC catalán, que sorprendentemente ha salido airoso de las últimas elecciones en clave soberanista.

A la izquierda empieza el festival. Porque Podemos ahora va de la mano de IU en lo que ya se ha bautizado como 'Unidos Podemos'. Eso sí, salvo en la Comunidad Valenciana donde la cosa se ha complicado, igual que en Asturias. En Cataluña la marca local de IU, Iniciativa, ya estaba con Podemos, y en otras regiones las confluencias se montaron ya con ellos.

Es justo en esas 'confluencias' donde entra también el factor nacionalista. En Galicia En Marea cuenta con Anova y Equo -que ahora también se une a nivel nacional tras hacerlo en varias autonomías-, siendo el primer grupo una escisión del nacionalista BNG, con quien también negociaron aunque sin éxito. En Cataluña cuentan con Guanyem Barcelona y el carisma de Ada Colau, además de la ya citada Iniciativa.

En la Comunidad Valenciana, de nuevo, la cosa es complicada: cuentan con Compromís, pero ya saben que luego se integrarán en otro grupo parlamentario, que ha sido su objetivo desde que provocaron la caída del PP levantino. Pero, para complicar aún más la cosa, Compromís es a su vez una coalición -en la que, por cierto, antes también estaba IU- formada por Iniciativa pel poble Valencià y el Bloc Nacionalista.

Sobre el tablero se ha puesto la negociación con otras fuerzas, como Batzarre -antes alineada con IU y ahora ya en esa 'gran coalición' de izquierdas-, el PACMA -que no se decide-, Més, aliado en el gobierno balear y la incógnita de la Chunta Aragonesista -izquierda regionalista aragonesa-, que antes iba de la mano de IU.

El papel de los nacionalistas 'no alineados'

En medio de estos cuatro bloques de siglas -que luego podrían verse reducidos a tres o dos-, las fuerzas nacionalistas. Algunas han mostrado sus preferencias, pero otras -especialmente las más soberanistas- no.

En Cataluña parece que Democràcia i Llibertat -la lista creada para emular la alianza de Convergència y Esquerra en Cataluña- no repetirá. Así, Convergència y (no es un error) Unió irán por separado, igual que una Esquerra que se ha ido acercando a las CUP y que ya se embolsaron el acuerdo con Reagrupament.

En Navarra el lío es tremendo. Geroa Bai ha tomado el testigo de la extinta Nafarroa Bai, salvo por el hecho de que ahora Aralar no va con ellos. Aun sin ellos, la unión de Zabaltzen, Atarrabia y el PNV navarro gobierna la comunidad con apoyo de otra coalición: EH Bildu.

Al otro lado de la 'muga' en esa coalición conviven ahora cuatro formaciones: la ya citada Aralar, que en su día fue una escisión de HB, Alternatiba, que es una escisión de IU,Eusko Alkartasuna, que es una escisión del PNV, y Sortu.

Aquí no acaba el embrollo: al pacto entre Geroa Bai y EH Bildu hay que sumar otras simpatías entre formaciones regionales, como es la de PNV y la antigua CiU, o la de la propia izquierda abertzale con las CUP.

Y no hay simpatías sin escisiones: podría decirse que Vox fue una escisión de algunos miembros del PP, igual que lo fue Foro Asturias. De nuevo, una novedad de este momento político: la derecha se enfrenta a que haya más opciones que un solo partido, mientras la izquierda parece unificarse.

Al final esta nueva política no sólo ha traído más formaciones políticas y nuevas posibilidades de coaliciones: también puede fomentar que acabe siendo obligatorio hablar con los partidos nacionalistas, y eso justo en el momento en el que menos atención se les presta y más daño les hacen las confluencias. Igual son los nacionalistas quienes puedan romper el empate entre bloques a la italiana.


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Comentarios 2

#1
18-05-2016 / 09:34
Skynet
Puntuación 9

Los romanos nunca dijeron lo de la ardilla. Esa afirmación se le ha atribuido erróneamente a Estrabón, geógrafo de la época, pero en su obra no se cita nada al respecto. Es una invención de nuestros días, que queda muy molón decir tonterías de ese estilo

#2
18-05-2016 / 10:53
Aristòtil el jove
Puntuación -4

Vaya bazofia de partidos.

Perdonen, pero yo me apeo en EEUU; dos partidos: demócratas y republicanos. Y basta.

Lo de aquí, es marear la perdiz.

Cuántas cosas tenemos que aprender, y nosotros, tropezando en la misma piedra.

Como los burros, dando vueltas a la noria.