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Elecciones en Afganistán: los jefes de guerra amenazan la democracia

AFP
4/07/2009 - 12:13

Los jefes de guerra afganos, muchos de los cuales son considerados criminales, vuelven al primer plano con las elecciones provinciales y presidenciales del próximo 20 de agosto, levantando dudas sobre el advenimiento de la democracia en ese país, según los analistas.

A su llegada a Afganistán a finales de 2001, cuando desalojó del poder a los talibanes, la comunidad internacional, encabezada por Estados Unidos, deseaba la llegada de un Afganistán democrático y liberado de sus violentos demonios tribales del pasado con Hamid Karzai a la cabeza.

Han pasado más de siete años y Karzai, vencedor en las primeras elecciones presidenciales en 2004 y favorito en las segundas previstas en agosto, es el candidato que ha logrado el mayor apoyo entre los jefes de guerra.

Estos comandantes de milicias, ricos, potentes e influyentes y muchos de los cuales están acusados de violaciones de los derechos humanos, "parecen querer desviar el proceso electoral para garantizar la preservación de sus intereses futuros", advirtió esta semana el organismo de defensa de los derechos humanos Afghanistan Rights Monitor (ARM).

La reelección de Hamid Karzai "legitimaría su influencia sobre las instituciones políticas y públicas del país", añadió.

Karzai ha incluido a dos de ellos en sus listas, Mohamed Wasim Fahim y Karim Jalili, y ha recibido el apoyo de otros dos, de espantosa reputación en materia de derechos humanos, Abdul Rashid Dostom y Mohamad Mohaqeq.

Su influencia sobre el país es tan fuerte que otros candidatos buscan el apoyo de jefes de guerra importantes, según ARM.

Otros comandantes de milicias con algo menos de peso ya trabajan en los gabinetes y en el Parlamento o son candidatos en las elecciones provinciales.

Los llamamientos de militantes de los derechos humanos a juzgar a estos hombres han sido en vano.

Los jefes de guerra afganos, héroes de la resistencia contra los soviéticos en los años 80, se enfrentaron entre ellos a principios de los años 90. Este sangriento caos abrió camino a los talibanes, únicos considerados capaces de restablecer el orden, y que tomaron el poder en 1996.

A su caída en 2001, dejaron un país por reconstruir.

"Para construir instituciones democráticas, hacía falta limpiar a toda la administración de los jefes de guerra, criminales y traficantes de droga", subraya el militantes afgano de derechos humanos Nader Nadery.

Sin embargo, hoy vuelven al primer plano y "esto tendrá graves consecuencias", según Nadery.

Cuando llegó la comunidad internacional a finales de 2001, los afganos tenían la esperanza de que apoyaría a "un gobierno competente y al servicio" del pueblo, subraya Sarah Chayes, especialista de Afganistán y consultante para la OTAN.

Pero no ocurrió así y muchos afganos apoyan ahora a los talibanes únicamente "porque están furiosos" contra este gobierno que les ignora, según Chayes.

El analista afgano Waheed Mujda subraya por su parte la ausencia de partidos políticos fundados sobre ideologías. "Son los mismos jefes de guerra que llenan el vacío y perpetúan las divisiones étnicas", nota.

Para ARM, la candidatura de jefes de guerra en las elecciones provinciales del 20 de agosto es una parodia de la democracia y favorece la abstención.

Sin embargo, el desencanto hacia los gobiernos considerados corruptos y compuestos por varios presuntos criminales y barones de la droga podría, en última instancia, favorecer el apoyo de la población a los talibanes, al igual que en 1996, observan varios analistas.

Los talibanes mantienen varios bastiones en el país y el ejército estadounidense lanzó el jueves en el sur del país, en cooperación con las fuerzas afganas, la mayor ofensiva desde la llegada al poder en Estados Unidos del presidente Barack Obama. El objetivo es imponer la seguridad en la inestable región con vistas a las elecciones.

Hamid Karzai rechazó recientemente las acusaciones contra los jefes de guerra al explicar a la prensa que "Afganistán tiene a sus héroes".

Ebadula Ebadi, ejecutivo en Kabul, resume así la situación: "Los jefes de guerra nos han herido y Karzai hurga ahora en nuestras heridas".

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