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El Tribunal Penal Internacional para Ruanda condena a un cura católico a cadena perpetua

EFE
12/03/2008 - 6:10

Johannesburgo, 12 mar (EFE).- La cámara de apelaciones del Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR) rechazó hoy el recurso presentado por el sacerdote católico Athanase Seromba, condenado en 2006 a quince años de prisión por su participación en el genocidio de 1994 en ese país, y elevó la pena a cadena perpetua.

El 13 de diciembre de 2006, la Sala Tercera del TPIR, situado en Arusha (Tanzania), condenó a Seromba a 15 años tras hallarlo culpable de los cargos de complicidad en el genocidio y crímenes contra la humanidad en la modalidad de exterminio, mientras le absolvió del cargo de conspiración para cometer genocidio.

La instancia judicial indica en su página de Internet que la cámara de apelaciones mantuvo la culpabilidad del sacerdote por el cargo de crímenes contra la humanidad pero cambió el de complicidad en el genocidio por el de "cometer genocidio", lo que acarrea una sentencia de prisión perpetua.

La apelación que Seromba había presentado contra su sentencia inicial fue rechazada por cuatro de los cinco jueces que componen la Cámara de apelaciones del TPIR, que desestimaron todos los demás recursos del imputado.

En 1994, el condenado estaba encargado de la parroquia de Nyange, en la localidad de Kivumu, en la provincia occidental de Kibuye.

Huyendo de las masacres, unas 1.500 personas, la mayoría de la comunidad tutsi, abarrotaron la iglesia, que a partir del 15 de abril fue sometida a ataques regulares por parte de tropas del ejército y la milicia hutu "Interahamwe".

Según la Fiscalía, el cura ordenó el derribo de la parroquia con máquinas excavadoras, tras lo cual los pocos supervivientes fueron rematados por los soldados y milicianos.

Alrededor de 800.000 tutsis y miembros moderados de la etnia hutu fueron masacrados, principalmente con machetes y otras armas blancas, por las milicias extremistas, militares y la propia población civil durante el genocidio ruandés y muchos de ellos murieron en iglesias en las que habían buscado refugio.

En tribunales nacionales, la participación de la Iglesia Católica en el genocidio (abril a julio de 1994) fue puesta de manifiesto por la justicia belga, que condenó en el 2001 a dos monjas ruandesas a quince años de cárcel por su papel en las matanzas.

Pero el caso de Seromba fue el primero en el que el catolicismo vio a uno de sus miembros sentarse en el banquillo del TPIR, que sólo ha juzgado hasta ahora a otro religioso, el pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día Elizaphan Ntakirutimana, condenado a diez años de prisión en febrero de 2003.

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