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La conexión inconsciente de siete asesinatos de ETA con su primera víctima

EFE
6/06/2018 - 10:27
Foto: EFE

Siete personas relacionadas de forma directa o indirecta con el primer asesinato reconocido por ETA, el del guardia civil José Antonio Pardines, murieron a manos de la banda en años posteriores, sin que aparentemente los terroristas fueran conscientes en su momento de la macabra conexión.

Ha recopilado sus casos el responsable del área de investigación de la Fundación Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, Gaizka Fernández, en el cincuenta aniversario de aquel crimen cometido el 7 de junio de 1968.

Según explica, con la información reunida hasta el momento no hay constancia de que ETA asesinara a nadie por su vinculación con el caso Pardines.

Las cuatro primeras víctimas de esta trágica lista estuvieron relacionadas de algún modo con la fábrica Astra, Unceta y Compañía de Gernika, de donde salieron las pistolas que usaron los etarras Txabi Etxebarrieta e Iñaki Sarasketa para acabar con la vida de Pardines en una carretera guipuzcoana, donde estaba regulando el tráfico.

El 6 de mayo de 1975 el agente Andrés Segovia Peralta fue tiroteado por la espalda cuando caminaba dirección al cuartel de la Guardia Civil de Gernika después de haber terminado su turno de vigilancia en esa empresa.

El 8 de octubre de 1977 fue ametrallado por un comando de ETA militar el propietario de la fábrica, Augusto Unceta Barrenechea, presidente de la diputación de Vizcaya. Acababa de aparcar su coche cerca del frontón Jai Alai de su Gernika natal para jugar un partido de pala con sus amigos.

Con él murieron sus dos escoltas, los guardias Antonio Rivera y Ángel Hernández.

Cinco meses después, el 10 de marzo de 1978, fue asesinado en la localidad guipuzcoana de Aduna el guardia civil retirado José Acedo Panizo, que por aquel entonces trabajaba como guarda jurado en una fábrica.

En su momento el diario El País; reseñó que en determinados círculos se barajaba la posibilidad de que tuviera que ver con la primera muerte de un miembro de ETA, Etxebarrieta -que perdió la vida en un tiroteo con la Guardia Civil horas después de matar a Pardines-, y el rumor ha sido recogido después por más medios y grupos abertzales.

Fernández recuerda no obstante que en el comunicado en el que los etarras asumían la autoría del asesinato no se mencionaba a Etxebarrieta y sostenían que habían "ejecutado al sargento Panizo por su condición de miembro destacado del sistema represivo militar del Estado español en Euskadi hasta hace dos meses".

En su investigación ha comprobado que Panizo no era uno de los guardias que se enfrentaron a Etxebarrieta y a Sarasketa y que, si participó en el amplio dispositivo que se desplegó para capturar a Sarasketa, que en un primer momento logró huir, no tuvo un papel destacado.

Sí tuvo sin embargo una relación colateral con el caso, ya que un mes después del asesinato, siendo cabo, se encargó de dirigir el registro de la casa de la pareja que ayudó a los dos terroristas después de matar a Pardines.

El asesinato con una relación más directa con Pardines fue el de Félix de Diego, su compañero aquel 7 de junio de 1968.

Fue tiroteado por dos pistoleros de ETA militar más de una década después, el 31 de enero de 1979, en el bar Herria de Irún.

Estaba en la reserva tras haber sufrido un accidente, padecía un cáncer terminal de riñón y ETA lo acusó de ser un confidente policial, algo "absurdo", según Fernández, teniendo en cuenta que, aunque ya no en activo, seguía perteneciendo a la Guardia Civil.

A su juicio, esa argumentación demuestra que los etarras desconocían que había sido el compañero de Pardines.

La lista de muertes la cierra José Lasanta Martínez, coronel jubilado que recibió un disparo en la nuca cuando paseaba cerca de la playa de la Concha en San Sebastián el 13 de junio de 1999.

En junio de 1968, cuando era comandante de infantería, había ejercido de juez instructor durante el proceso judicial contra Sarasketa, pero los terroristas, al parecer, también desconocían ese detalle.

Etxebarrieta fue convertido en mártir por la propaganda abertzale, que construyó también una leyenda en torno a la pistola Astra calibre 9 milímetros parabelum que usó aquel día.

Como relata el profesor de la Universidad del País Vasco Jesús Casquete en el libro "Pardines. Cuando ETA empezó a matar", coordinado por Gaizka Fernández y por el director de la Fundación Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, Florencio Domínguez, en la "narrativa épica" creada en torno a ese arma se apunta a que perteneció a un "gudari" en 1936, durante la Guerra Civil española.

Según ese relato, la pistola fue empleada después en la guerra de independencia de Argelia y ETA la compró más tarde en París.

Pero el arma había sido fabricada años después de la Guerra Civil por Unceta y Compañía en Gernika y por encargo de la República Federal de Alemania, que siguió fiel al modelo Astra que en 1943 había pedido y ayudado a diseñar el ejército nazi.


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