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La última esperanza de Europa: tres 'conservadores' se disputan el Elíseo

5/12/2016 - 8:11 | 19:09 - 5/12/16
  • Francia elige presidente y ya se conocen dos contendientes
  • La derecha antiinmigración siempre ha tenido un clima favorable en Francia
François Fillon, candidato de la centro-derecha francesa. Imagen: Reuters

Cuando Hillary Clinton y Bernie Sanders peleaban a cara de perro en las primarias demócratas, los analistas se inclinaban por ella con un argumento ideológico: más allá de que reconocieran el hecho de que la campaña de Sanders había conseguido meter en la agenda demócrata algunos temas hasta el momento ignorados, ella era mejor candidata que él porque era más 'centrista'.

La lógica decía que siendo Trump el candidato republicano, y dada su posición extrema, sería más fácil atraer el voto de conservadores descontentos con una candidatura menos 'radical' que la de Sanders. Pero la lógica falló, fundamentalmente porque la campaña de EEUU no pivotó sobre el eje clásico conservador-progresista, sino en el eje sistema-antisistema. El resultado final ya es conocido.

El mundo aún no ha salido de su asombro, y se prepara para otro terremoto electoral, esta vez una Europa que tampoco se ha recuperado aún del Brexit aprobado por Reino unido. Francia elige presidente, y ya se conocen dos contendientes y se presupone el tercero. Y, cada uno en su contexto, tienen algo en común: son las opciones más conservadoras con las que contaban sus partidos, pero justo la más temida es la antisistema.

La profecía autocumplida de Le Pen

Francia no es EEUU, ni hay muchas comparaciones posibles. Pero si hay algo que comparten -ambos países, y muchos otros en el contexto actual- es la amenaza del discurso populista, aunque con origen y circunstancias diferentes. Francia lleva dos décadas contemplando el progresivo auge del Frente Nacional de los Le Pen, primero con Jean-Marie y ahora con Marine.

La derecha nacionalista y antiinmigración siempre ha tenido un clima favorable en un país con una alta tasa de inmigración de varias generaciones y con una importante cuota de ciudadanos franceses 'de origen extranjero' que la extrema derecha ve con desagrado.

Francia cuenta en su defensa con un sistema de seguridad para evitar sorpresas: un sistema de dos rondas. En los '90, cuando Jean Marie Le Pen sorprendió a todos desplazando a los socialistas, el país convulsionó: la amenaza de su discurso xenófobo y ultra puso en marcha una reacción en cadena que hizo que conservadores y socialistas se aliaran para evitar que se alzara con la victoria en la vuelta de los comicios. Pero el daño ya estaba hecho: la semilla del logro se plantó, y esperó al contexto adecuado para regarse.

Ese contexto han sido la crisis y la crisis migratoria de los refugiados, salpicada por los atentados islamistas en el país. Y ahora, casi dos décadas después de aquel logro, la heredera Le Pen lidera las encuestas.

La situación internacional, además, es desalentadora. En Reino Unido el discurso nacionalista y euroescéptico ha conllevado el sorprendente triunfo del Brexit, un terremoto que podría acabar de condenar el porvenir de una Europa en crisis por su gestión económica, su insolidaridad recíproca y su flagrante incapacidad para hacer pedagogía con el ciudadano medio, cada vez más convencido de que la UE no les aporta ningún beneficio sino todo lo contrario. Junto a eso, la victoria de Trump en EEUU dibuja un escenario con un mensaje claro: ese discurso cala y gana, más allá de lo que digan las encuestas.

Fillon, el 'tapado' con el que casi nadie contaba

La derecha 'clásica' francesa, la de siempre, ha vivido un particular proceso de primarias que se ha dilatado durante meses. Había varias caras conocidas en el proceso, pero una destacaba entre el resto. Nicolas Sarkozy, que fuera desalojado del Elíseo por Hollande hace años, volvía a la política desde una formación creada a su alrededor, a su imagen y semejanza.

Su carisma natural y su peso político le dieron la presencia mediática necesaria para pensar que sería el candidato elegido. Las encuestas le daban como favorito, y él se veía vencedor. Junto a él, otros dos conocidos como Juppé -contra quien usó su artillería pesada- y Fillon, que sería una mera comparsa. Pero a base de que cada proceso electoral se haya convertido en una sorpresa, parece que lo inesperado ahora sea que las encuestas acierten: Fillon barrió a Sarkozy, que se vio fuera de la carrera a primeras de cambio y anunció (de nuevo) su retirada.

El inesperado ganador lo tuvo fácil en la segunda ronda, y pudo imponerse a un Juppé muy debilitado por los ataques sufridos a manos de Sarkozy, que le veía como rival a batir. Y Fillon, en la sombra y agazapado, se movió sin ser visto y ganó.

Y Fillon es, dejando de lado a Le Pen, lo más conservador que los conservadores podían ofrecer: sus posturas en lo económico, la visión de país y sus posturas morales y en materia de inmigración se considerarían extremas en circunstancias normales. Pero con el Frente Nacional de favorito en las encuestas las circunstancias no son normales.

Valls da un paso al frente

Y por último el candidato socialista, aunque las encuestas -de nuevo las encuestas- les dan por descontados. La gestión de Hollande, a quien ha faltado carisma y decisión para cabalgar estos tiempos convulsos, le han convertido en el presidente con peores índices de aceptación de la historia moderna. Y, con eso, se ha lastrado de paso la imagen del partido.

El presidente galo ya ha anunciado, al contrario de lo que dijo hace meses, que no optará a la reelección. Quiere quitarse de en medio para no obstaculizar una sucesión necesaria, ¿a cargo de quién? Hasta hace unas horas había dos nombres claros sobre la mesa, ambos con enormes diferencias incluso personales: el carismático exministro de Finanzas Emmanuel Macron, y el muy conocido primer ministro y exministro del Interior Manuel Valls, que ya ha confirmado su candidatura. A Valls, el teórico 'heredero' de un Hollande se le oponen dos representantes del socialismo más crítico con el rumbo actual: Arnaud Montebourg, teórico rival de Valls en la segunda vuelta, y Benoît Hamon.

Valls tiene su imagen y su carisma a favor, pero cuenta con dos 'contras' importantes: el quizá estar quemado por su peso dentro del gabinete de Hollande y -quizá más importante- que él es en cierto modo el candidato socialista del sistema. Además, no está claro que los representantes a la izquierda del socialismo se unan en torno a Valls, considerado un conservador dentro del socialismo. Las medidas de apoyo a la empresa, con ciertos giros liberales en lo social, le hacen del agrado del centrismo, pero no de Jean-Luc Melenchon y compañía.

Pero si algo bueno ha demostrado la izquierda francesa, muy al contrario de la española, es su capacidad para integrar a los caídos y rivales internos: el propio Valls apoyó a Ségolène Royal contra Hollande -a la postre, su expareja- hace tiempo, y ambos pasaron después por su Ejecutivo. Quién sabe si ante la evidente posición de desventaja respecto a la derecha, que se divide entre Fillon y Le Pen, el socialismo termina por unirse en torno a su candidato.


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Comentarios 4

#1
05-12-2016 / 11:07
Juana de Arco 2016
Puntuación 5

¡¡¡¡¡Vamos Le Pen!!!!, a por la presidencia. Machaca a esa casta de traidores que quieren destruir Francia y Europa...

#2
05-12-2016 / 13:25
Manuel VOX
Puntuación 3

Políticos que en lugar de representar a sus ciudadanos, intentan convencer de lo bueno que es, hacer lo que a ellos les interesa, haciendo caso omiso a las peticiones, necesidades y problemas de sus compatriotas. Mienten y traicionan a los ciudadanos de su país. Eso debería ser delito de estafa (conseguir bienes o prebendas mediante engaño)

#3
05-12-2016 / 13:31
Manuel VOX
Puntuación 4

En Francia pasa como en España, que los políticos dedican más dinero a acomodar a los extranjeros que a las necesidades de sus compatriotas. Solo les interesa sus puestos y para eso saquean a sus contribuyentes.

Solo VOX tiene en su programa la opción de eliminar el bienestar político, para poderlo mantener a los ciudadanos.

España tiene con la mitad de población de Alemania, el doble de políticos. ¡RECORTALES!

Lo que verdaderamente ahorra a los españoles:

-Eliminación de subvenciones a partidos, sindicatos y patronales.

-Eliminación de los 17 cortijos políticos, con sus ramificaciones y empresas públicas de colocación política corruptas.

-Eliminación del Tribunal Constitucional y del Senado.

-Un solo Gobierno, un Parlamento de representación directa de todos los españoles, un Tribunal Supremo con una sala del constitucional.

#FueraAutonomías #AhoraVOX

Por un Estado unitario y administrativamente descentralizado.

Si se suben más todavía los impuestos, se termina con las clases medias y será imposible que nadie cree puestos de trabajo. La clase política será la privilegiada y rica, todos los demás en la pobreza absoluta.

#4
05-12-2016 / 14:50
Rubén
Puntuación 1

Mucha suerte para Le Pen. Muy sinceramente merece estar en el Elíseo y devolver la libertad a su pueblo. Nosotros deberíamos hacer lo mismo. ¿Cuándo un partido eurorealista y patriota en España?