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Joan Miró, el artista que quiso "asesinar la pintura"

10:00 - 22/02/2016
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'Pintura' (1949). Imagen: Successió Miró

CaixaForum Madrid alberga una muestra que repasa de forma cronológica la trayectoria de un creador que utilizó diferentes objetos encontrados para buscar un lenguaje nuevo.

Joan Punyet, nieto del artista catalán Joan Miró (1893-1983) recuerda que, durante sus estancias en casa de su abuelo, compartía con él "miradas -infantiles, las mías; adultas, las suyas- sobre objetos encontrados por el campo o por la playa de Mallorca". Elementos cotidianos como una cuchara, restos de cerámica, elementos marinos como trozos de ancla o estrellas de mar, huesos de animales o juguetes sirvieron a Miró para crear diferentes obras de arte. La combinación de los mismos daba lugar, como señala la directora de la Fundació Joan Miró de Barcelona, Rosa Maria Malet, "a un nuevo ser; a un ente mironiano". A partir de estos objetos se configura una exposición que, desde la pasada semana, se puede visitar en CaixaForum Madrid. "Ver en esta muestra muchos de los objetos que mi propio abuelo cogió y llevó a su casa y a su estudio", explica Punyet, "es todo un hito. La gente va a entender su importancia metafórica y poética".

Más de un centenar de obras

La conexión de Miró con laCaixa se remonta a décadas atrás, la famosa estrella azul que sirve de logotipo de la entidad bancaria fue diseñada por el propio artista en el año 1979. Desde entonces, laCaixa y la Fundació Joan Miró de Barcelona -que fue creada por el propio artista- han establecido una relación histórica que pasa por la entrega del Premio Joan Miró y que llega a su punto álgido con la organización conjunta de la muestra Miró y el objeto.

La directora general adjunta de la Fundación Bancaria laCaixa, Elisa Durán, explica que fue en la primavera del 2012 cuando "se germinó la idea de presentar en Madrid un proyecto sobre Miró desde un punto de vista diferente". El resultado es una exposición que, a través de 109 obras -entre pinturas, cerámicas y esculturas-, investiga cómo el artista evoluciona desde la representación pictórica del objeto hasta la incorporación física del mismo en las pinturas y esculturas. El 70% de estas piezas provienen del fondo de la propia Fundació Miró de Barcelona; el resto de obras son, en cambio, una cesión de importantes colecciones internacionales públicas y privadas de Europa y América. Como señala Durán, algunas de las creaciones expuestas nunca antes se habían visto en España.

Buscando la 'antipintura'

La muestra Miró y el objeto, que permanecerá en CaixaForum Madrid, hasta el 22 de mayo, ha contado con la labor del comisario estadounidense William Jeffet. El experto mironiano, que ha querido ofrecer un "vistazo más amplio de Miró y no segmentar su obra", explica que el interés del artista por el objeto coincide con el surrealismo. "Sin embargo", matiza, "su dimensión erótica es menos oscura que la de algunos de sus compañeros surrealistas". Con ellos, como con los dadaistas, Miró comparte la predisposición por la sorpresa. De ahí que aquellos elementos descubiertos casi de forma accidental acabasen por convertirse en mucho más que una fuente de inspiración. Ya en 1927 el artista declaró que quería "asesinar la pintura", lo que le llevó a investigar en un lenguaje no convencional donde los objetos alcanzaban un gran protagonismo.

"Me siento atraído por una fuerza magnética hacia un objeto, sin premeditación alguna, luego me siento atraído por otro objeto que al verse ligado al primero produce un choque poético, pasando antes por ese flechazo plástico, físico, que hace que la poesía te conmueva realmente y sin el cual no sería eficaz", escribía el propio Miró en una carta del año 1936 dirigida a Matisse.

Fue precisamente en los años 30 cuando el artista catalán, apunta Jeffet, "exploró por primera vez la idea de la antipintura en una serie de telas en las que calculó con gran precisión la composición para luego eliminarla tachando la imagen". Miró y el objeto hace un repaso cronológico por estos años y termina en la década de los 70. Entonces, el artista acuchillaba y quemaba sus lienzos, con el objetivo de revelar el soporte material e invitar al espectador a mirar más allá de la superficie de la pintura. "Mi abuelo no tenía miedo ni a la muerte ni al fracaso, pero sí a la repetición", señala orgulloso Punyet.


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