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En París empezó todo: Joaquín Sorolla, artista internacional

6:00 - 21/11/2016
  • Esta semana se inaugura en la Casa-Museo del pintor en Madrid una exposición
  • La muestra celebra y homenajea su trayectoria y refleja la evolución del artista
'Cosiendo la vela', de Sorolla. Imagen: archivo

Lo que hacía no era pintar sino "robar a la naturaleza la luz y los colores", escribió Blasco Ibáñez. Es uno de los artistas más queridos y popular de España, y uno de los más internacionales. Y es esta última faceta la que ahora se pone de manifiesto en la exposición Sorolla en París, que se inaugurará esta semana en la Casa-Museo del pintor, en Madrid, y que estará abierta al público hasta el 17 de marzo del próximo año. Desde sus inicios, el pintor valenciano soñó con trascender las fronteras de España para convertirse en un artista de renombre internacional. De hecho, muy joven, con 23 años, viajó a Italia para formarse, y a París, en donde quedó prendado y entregado al naturalismo pictórico. A estos periplos iniciáticos le siguió una frenética actividad expositiva por las principales capitales europeas: Berlín, Munich, Viena, Venecia y, finalmente, el Salón de las Artes de París, el principal espacio expositivo del mundo.

La muestra celebra y homenajea esta trayectoria y refleja, con la claridad lumínica propia del estilo de Sorolla, la evolución pictórica del artista, desde sus primeros trabajos de carácter social hasta sus osadías de luz que tan famoso le harían y que le valdrían su incorporación al panteón de la historia.

Del Salón a la intimidad

Fue en la capital francesa, en su Salón de las Artes, en donde el genial valenciano logró el prestigio y empuje internacional que siempre había ansiado. Sus obras de grandes dimensiones, en las que se imbrican estilos académicos con aportaciones más modernas, de impronta degasiana, le valieron el aplauso general de la crítica. En el suplemento de artes del prestigioso Le Figaro se escribió: "Una vez más es un extranjero, Joaquín Sorolla, de Valencia, quien da la nota más resonante y quien produce la mayor impresión". Este momento vital en la trayectoria del artista es el punto de partida de la exposición, que despliega una narrativa rebosante de luz y pincel suelto, ambas notas características de la pintura de Sorolla que, al igual que tuvo siempre la luz en el pincel, tuvo el Mediterráneo en la mirada.

Una fascinación que le acompañó toda la vida y de la que también da cuenta la muestra. Pero, quizá, el apartado de mayor interés de la exposición es el titulado Intimidad, por ser el menos conocido del artista. Sorolla fue un hombre familiar, que disfrutaba sobremanera retratando a su mujer e hijos, en obras casi siempre desprovistas de toda exuberancia, presentando sencillamente la escena. Así, además de renovar el género, Sorolla logra que, en una mixtura emocionante, se mezclaran su pasión artística y su desbordante sentimiento familiar.

También fue el maestro valenciano fiel seguidor de Velázquez, cuya sobria paleta de colores utilizaría en sus inicios, hasta que sus idas y venidas a París le renovaran los aires cromáticos. Sorolla miraba a Velázquez bajo una mirada nueva; como si contemplándole sobreviviera la gran pintura a la que él quería entregarse. Sin embargo, el influjo parisino le alejó de los retratos de interior, tan propios del genial sevillano, y le llevó a grandes escenas en jardines y parques, plasmando exquisitos paisajes, plenos de verde, si parques, o de ondulado azul, si mares.

Se cierra la exposición con un apartado en el que, gracias a las probaturas y bocetos, se da buena muestra de la osadía del genial pintor, que hizo de la luz y sus matices unos altares en los que consagró todo su genio.

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