
Es uno de los colistas con peores números de Europa y, sin embargo, la situación deportiva que atraviesa el Levante es lo de menos. Porque si la crisis de resultados le lleva camino a Segunda División, su paupérrima economía amenaza con enviarle a Tercera -como les sucedió al Compostela y al Oviedo- o incluso con la desaparición del propio club.
Las derrotas han dejado de ser motivo de preocupación para una plantilla que vive más pendiente de su cuenta corriente que del balón. No cobran y se plantean medidas de protesta como un encierro en el estadio Ciutat de Valencia para reclamar el dinero que les adeuda el club. Algunos de ellos, como Rubiales, Riga y Camacho, denunciaron ante la Asociación de Futbolistas Españoles (Afe) a la entidad azulgrana por impago. Otros, como Savio, Riganò o Álvaro, han rescindido sus contratos.
La situación es tan grave que los bancos le niegan las solicitudes de crédito a la entidad valenciana. Bancaja y La Caixa ya le han dicho que no al club de Pedro Villarroel, a pesar de contar con el Ayuntamiento de Valencia como principal avalista. Algunas fuentes aseguran que los jugadores sólo han percibido entre el 15 y el 20 por ciento de sus respectivas fichas y que hay quien no cobra desde el año pasado, acumulando pagarés que nunca se hacen efectivos.
En total, el saldo negativo podría rondar los 55 millones de euros. Sin embargo, desde el club la única respuesta es el hermetismo. "No le puedo decir nada, es un tema que se está tratando de solucionar", es la contestación que dan desde las oficinas, a la espera de que la salvación llegue de manos del sector público. Y es que una intervención del ayuntamiento parece la única salida a corto plazo para evitar el descenso administrativo por la ruina del Levante , que necesita obtener 20 millones de euros de liquidez antes de que acabe la temporada para cubrir los 36 que el Consejo de Administración presupuestó para la campaña 2007/08.
¿Qué dice el consistorio de Rita Barberá al respecto? "Ni siquiera sabemos cuál es la deuda de la que estamos hablando, si son dos, 20 ó 200 millones. Cuando tengamos los papeles sobre la mesa buscaremos una solución", es la respuesta que ofreció Alfonso Grau, primer teniente de alcalde de Valencia, el pasado 12 de febrero en un acto informativo ante los medios de comunicación.
La intención del Levante es que esa solución venga en forma de recalificación. La de los usos del suelo sobre el que se eleva el Ciutat de Valencia. Ya en abril del año pasado el club presentó un proyecto por el cual pretendía edificar 46.000 metros cuadrados de viviendas y construir un nuevo recinto deportivo junto al puerto, una operación que le aportaría un beneficio neto de entre 90 y 100 millones de euros, amparándose en la que, en su día, presentó el Valencia Club de Fútbol para construir pisos en Mestalla y que contó con el visto bueno del consistorio. Pero la edificabilidad de la parcela no llega, las deudas siguen acumulándose y el Ayuntamiento ya ha advertido de que el proceso de recalificación podría tardar hasta tres años. En compensación, se han comprometido a estudiar un plan que podría desembocar en la adquisición de acciones por parte de la Administración a través de una ampliación de capital.
Otra de las vías de escape es una intervención judicial como la del Atlético de Madrid en el año 2000. Aquella temporada los indios del Manzanares descendieron a Segunda División. Hoy, pocos dudan de que el Levante consumará su regreso a la categoría de plata en vista de la crisis deportiva que atraviesa. De lo que se trata ahora es de evitar que la situación económica suponga un descenso administrativo a Segunda B o Tercera División, o que incluso conlleve la desaparición de un histórico que el próximo año debería celebrar el centenario de su fundación.
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