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Dembélé se despide de su primera temporada en el Barça como un problema infinito

21/05/2018 - 9:55
  • Ante la Real Sociedad terminó lesionado, aunque podrá ir al Mundial
  • Hasta la entrada de Navas el suyo fue otro partido acelerado y sin fe
  • Se marcha este curso con dudas sobre su futuro: podría acabar cedido
Dembélé dolorido, casi llorando, tras la entrada de Navas que acabó lesionándolo. Imagen: Reuters

El Camp Nou se despidió ayer de Andrés Iniesta. 'Infinity Iniesta' decía el lema escogido para el adiós al mito infinito. Como los problemas, también infinitos, de Dembélé. La suya ayer fue una despedida mucho más amarga e incluso peligrosa. Se fue lesionado por una grave entrada de Raúl Navas (sólo vio amarilla, pero debió ser roja) que lo dejó cojo y pensando si podrá estar en el Mundial de Rusia.

Para él habría sido el colmo de las desgracias. Afortunadamente el riesgo se tiñó de condicional. Valverde confirmó en sala de prensa que, por la exploración inicial, todo apunta a que será apenas un esguince. Dentro de su espiral de tragedia, el diagnóstico sonaba incluso a buena noticia. Así de horrible ha sido el curso para el chaval.

En todo caso, la maldición continúa porque, a menos de un mes para el torneo, Dembélé estará sin poder ejercitarse al mismo ritmo de sus compañeros 'bleus' durante dos-tres semanas. Deschamps no le iba a dar galones de titular, pero sí confiaba en que la convivencia con Francia le permitiera mejorar su confianza y mostrarse tal y como lo conocieron en Dortmund: eléctrico, desequilibrante y, de nuevo, con seguridad de sí mismo.

Eso en el Barça apenas lo ha mostrado. Ha tenido fogonazos brillantes que se han sumido en la oscuridad tan pronto se gestaban esperanzas de que, efectivamente, el delantero se recuperaba de sus fantasmas. Anoche, ante la Real, en el partido del adiós a Iniesta, trató de ser el de hacía 15 días, cuando ante el Villarreal por fin la parroquia blaugrana disfrutó del Dembélé más Dembélé. Pero esta vez no hubo tal suerte.

Sus pecados fueron los de siempre. Exceso de velocidad. Precipitación constante y decisiones desacertadas que lo llevaban al error y también a la desesperación. Como la de sus compañeros, que ya no ocultan su enfado cada vez que falla un pase o yerra un remate.

Luis Suárez le dedicó ayer alguna de sus miradas fulminantes. Dembélé las encajó como el adolescente atribulado que no entiende muy bien por qué sus padres le echan la bronca. Un estado de frustración que terminó en el pisotón al tobillo de Navas.

Una entrada salvaje (véase la foto que acompaña al texto) que pudo terminar en tragedia (el año que viene esa jugada será de las que el VAR acabe expulsando futbolistas en la repetición) y que, en todo caso, puso broche ácido al primer año blaugrana del segundo fichaje más caro en la historia del Barça.

Lo que está por venir es, por ahora, una nieblina de incógnitas azuzadas por la llegada de Griezmann, uno de los compañeros que deberían ayudarlo en la selección y el hombre que, salvo sorpresa, lo desplazará del once del Barça. Quien sabe si también del Camp Nou camino a una cesión que recupere al Dembélé de siempre. Al del vértigo. Al del descaro. Pero sobre todo, al de la confianza.

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