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A China le estalla en Tíbet la primera gran crisis preolímpica

AFP
22/03/2008 - 13:51

El estallido de violencia vivido esta semana en el Tíbet ha hecho que todas las miradas se concentren en la reacción de Pekín cuando faltan cinco meses para los Juegos Olímpicos y la posibilidad de un boicot al evento tiene tiempo para crecer.

El "mundo está mirando" a China, advirtió el viernes Nancy Pelosi, la líder demócrata del Congreso estadounidense, durante una visita a Dharamsala, en el norte de la India, la capital del exilio tibetano.

Pekín está atrapado entre la difícil misión de no hacer impresentable la participación en los Juegos -sobre todo para los Gobiernos occidentales, cada vez más interpelados al respecto-, sin abrir su mano de hierro sobre el Tíbet.

Hasta el jueves, los disturbios de Lhasa habían causado 13 muertos, según Pekín, y cientos, según el exilio tibetano.

China anunció este sábado -hora local en Pekín- que el balance ascendía a 19 muertos, entre estos 18 civiles y un policía, según la agencia estatal de noticias China Nueva.

Esta crisis "es lo peor que le podía ocurrir" al régimen comunista, explicó Jean-Philippe Béjà, especialista en China del Centro de Estudios e Investigaciones Internacionales (CERI) de París.

"No permitirán que las reivindicaciones se expresen abiertamente durante mucho tiempo porque los chinos podrían también sumarse", advirtió.

"Si se llega a un extremo sangriento de gran alcance, el impacto sobre los Juegos Olímpicos será importante y acrecentará las presiones de la comunidad internacional", estimó el disidente chino Liu Xiaobo, que, al mismo tiempo, se muestra escéptico sobre la voluntad de Occidente de castigar los excesos de Pekín.

"Por supuesto que la cuestión de la imagen es importante, pero el régimen cuenta con el olvido rápido de los medios de comunicación, de la opinión pública y de los jefes de Estado", sentenció.

De la misma opinión es la francesa Claude Levenson, autora de numerosas obras sobre el Tíbet, que ejerce de intérprete de lengua francesa del Dalai Lama, el líder espiritual tibetano.

"Creo, desgraciadamente, que China se puede permitir una nueva represión" porque los dirigentes mundiales "están atrapados entre dos aguas, la de sus intereses económicos y la de su simpatía moral por el Dalai Lama y la defensa de los derechos fundamentales de los tibetanos", algo que "no tiene mucho peso en la balanza".

Lo que nadie parece pensar es que China vaya a saldar los acontecimientos del Tíbet atendiendo las reivindicaciones independentistas para tener la fiesta olímpica de agosto en paz.

Pekín no puede prescindir de la región del himalaya no sólo por motivos políticos -sería una señal para otras regiones separatistas y para Taiwán-, sino también por razones económicas y militares.

"Los incidentes y las manifestaciones son un problema para Pekín, pero eso no va a hacer temblar su control del Tíbet", sostuvo Joseph Cheng, un analista de Hong Kong.

"El Tíbet es un territorio estratégico. Su control da a China el acceso a sus vastos recursos en minerales y agua", según Brahma Chellaney, del Centro de Estudios Políticos de Nueva Delhi, pronosticando que el cambio climático hará que el agua se convierta en "un arma política" en manos de Pekín.

La región himalaya, que "siempre sirvió de tapón -en otros tiempos entre los británicos, Rusia y China-, les sirve ahora de plataforma desde la que dominan toda Asia", explicó Anne-Marie Blondeau, investigadora del Centro de Documentación del Área Tibetana (CDAT) de París.

El actual discurso chino sobre el Tíbet, que afirma que la región es una parte de China "desde los tiempos antiguos", nació en el siglo XIX bajo la dinastía Qing (1644-1911) y fue asumida tanto por el Partido Comunista como por su adversario, el Kuomintang.

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