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Nuevos choques entre violentos del fútbol argentino causan hastío

AFP
1/04/2008 - 18:55

Los choques entre violentos 'barrabravas' de River Plate que estallaron el último fin de semana con grave saldo de heridos causaron en Argentina hastío entre los amantes al fútbol y reclamos sociales en favor de prohibir la entrada a las canchas a mafiosos y criminales.

Cinco heridos, uno de ellos de gravedad, dejó una impresionante pelea que estalló el domingo pasado antes del triunfo de River sobre Arsenal (1-0), al enfrentarse grupos antagónicos del equipo local.

Dos semanas atrás, una muerte trágica había golpeado otra vez al fútbol argentino cuando un joven hincha de Vélez Sarsfield fue muerto de un disparo de bala mientras se dirigía a ver a su equipo en un autobus en caravana hacia el estadio de San Lorenzo.

El ministro de Justicia, Aníbal Fernández, pretendió deslindar vinculación con el deporte más popular de Argentina al sostener que "es un hecho criminal que no tiene nada que ver con el fútbol".

Al día siguiente una pelea entre hinchas del popular Boca Juniors terminó con un herido grave de arma blanca.

Además de los clásicos enfrentamientos entre hinchas de clubes adversarios, el fútbol argentino se topa con el conflicto central y espinoso que significa la guerra entre 'barrabravas' (hinchas violentos) en el seno de cada entidad.

Núcleo duro de las hinchadas, los 'barrabravas', se hacen cargo de la seguridad en las tribunas y se involucran en la vida interna del club.

Aunque siempre fue negado por los dirigentes, es sabido que los clubes los remuneran de distintas formas, que van desde la entrega de boletos gratis. hasta porcentaje de pases de jugadores.

Estos grupos se caracterizan por aumentar sus ingresos con reventa de boletos, venta de drogas, recuperación de una parte de los beneficios de los vendedores ambulantes que trabajan durante los partidos adentro y fuera de los estadios, según denuncian los 'verdaderos hinchas'.

Los ingresos de los 'barrabravas' generan disputas por el botín entre bandas rivales, como ocurrió en 2007 en River cuando una guerra de facciones culminó con la muerte de uno de los líderes.

Los episodios del domingo pasado revelaron que el conflicto de River está lejos de haberse solucionado.

Por primera vez, mientras los 'barrabravas' de River se golpeaban y protagonizaban corridas en las tribunas, en las plateas los simpatizantes 'millonarios' reaccionaron airadamente al grito de "qué se vayan, qué se vayan" y "No son de River".

"La 'barrabrava' existe porque algunos la alimentan", advirtió a la AFP Mónica Nizzardo, co-fundadora de la organización no gubernamental 'Salvemos al fútbol'.

"Habría que prohibir pagarles (a los 'barrabravas'), que hagan lo que hacen por amor al club, aunque como no hay ninguna transparencia en las cuentas, es casi imposible ponerlo en práctica", admitió.

Pero, éstos no son episodios aislados en la historia del deporte más popular de Argentina, donde las autoridades no parecen encontrar la forma de contener la violencia.

Según datos oficiales, desde 1939, unas 180 personas murieron en el marco de incidentes vinculados al fútbol, aunque la cifra asciende a 229 personas de acuerdo a la ONG 'Salvemos al fútbol'.

En 2006, la Asociación de Fútbol Argentina (AFA) prohibió por unas fechas el ingreso a las canchas a los hinchas visitantes, pero esta medida sólo se aplica ahora en el fútbol de ascenso.

Tampoco se vislumbra suspender el campeonato local, ya que "significaría el triunfo de los violentos", dijo Julio Grondona, presidente de la AFA y vicepresidente de la FIFA.

Pero la prohibición de ingreso a los visitantes es muy resistida por los fieles de los diferentes equipos que durante años han "seguido a todas partes" a sus clubes, como lo refleja un clásico cántico en las canchas.

En la búsqueda de soluciones, el diputado opositor Martín Hourest presentó un plan bautizado "Fútbol en paz".

Allí propone la creación de un registro público de personas prohibidas en los estadios y una legislación a nivel nacional para la seguridad en las canchas, pero el proyecto no fue tratado aún en el Parlamento.

"No les importa nada. No hay ninguna voluntad política de resolver este problema", afirmó Nizzardo.

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