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Miedo y compasión en el pueblo donde pudo haber sido atendida Betancourt

AFP
6/04/2008 - 17:51

Mientras en Francia una marcha clamaba este domingo por la liberación de Ingrid Betancourt, en El Capricho, una aldea lejana de la Amazonía colombiana, sus pobladores expresaban miedo y compasión un mes y medio después de que supuestamente la rehén de las FARC recibiera allí atención médica.

Los campesinos temen represalias, especialmente de la guerrilla, ante los rumores de que la política colombo-francesa fue llevada al puesto de salud del caserío, en el departamento de Guaviare (sureste), durante la segunda quincena de febrero para ser tratada de hepatitis B y leishmaniasis.

La tensión motivó la renuncia del médico, mientras que la enfermera pidió traslado y su esposo, el conductor de la ambulancia, solicitó una licencia. Los tres fueron interrogados por organismos de seguridad, ante los cuales negaron haber asistido a la dirigente secuestrada hace seis años por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

"Los rumores afectaron la vida de la comunidad. Mi compañero renunció porque la situación se tornó estresante y nadie quiere tomar el puesto", afirma el doctor Daniel Perea, quien asumió el cargo mientras se nombra un nuevo titular. Durante los tres días que lleva en El Capricho, Perea, de 25 años, ha evacuado decenas de consultas de pacientes, en una zona donde el paludismo, la hepatitis y otras enfermedades tropicales son pan de cada día.

"Todos pensamos en lo que va a hacer la guerrilla, si va a tomar represalias", dice la enfermera auxiliar Esther Piñeros, ausente en los días en que podría haber sido socorrida Betancourt, de 46 años, quien según otros testimonios fue vista el 23 de marzo en el poblado vecino de El Retorno. Según Piñeros, el Ejército amenazó a su compañera con "someterla al detector de mentiras". "Ella tiene un problema cardíaco y debido a eso se le complicó", sostuvo.

"En Guaviare hay varios grupos armados y uno de ellos puede pensar que le estamos colaborando al otro. El que manda es el que tiene las armas", agregó. Moradores de El Capricho, un sitio humilde al que se accede por trocha, sostienen que además de los rebeldes marxistas en la localidad ha habido presencia de paramilitares de ultraderecha. "Si se tiene contentos a los unos, hay problema con los otros", afirma Janine Brito, cuya hija recién nacida es atendida en el puesto de salud por una afección respiratoria.

Pero pese a los inconvenientes que trajo el presunto paso de Betancourt, los pobladores son compasivos frente a las noticias alarmantes sobre el estado de salud de la rehén, quien está en "peligro de muerte inminente", según el presidente francés, Nicolas Sarkozy. "Da mucha lástima saber que está tan enferma en la selva sin que nadie pueda ayudarla, aun cuando no sea familiar de uno", aseguró Gregorio Ibáñez, dirigente cívico de El Capricho, de unos 700 pobladores.

"Dios sabe que necesita ayuda, pero es difícil que las FARC dejen entrar a la misión porque temen que el Ejército los rastree", agregó otro lugareño, refiriéndose al equipo médico enviado por Sarkozy a Bogotá para que atienda a Betancourt.

La enfermera sostiene que "si el centro de salud puede ayudar (a la misión), lo hará con todo gusto", mientras que el médico advierte de que el diagnóstico no oficial de la salud de Betancourt, quien podría haber hecho una huelga de hambre, indica que "requiere atención urgente".

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