Buscar

Seis meses después de Teresa Romero

8:30 - 21/04/2015
Más noticias sobre:
Un grupo de hombres en Sierra Leona. Imagen: Xavier Aldekoa

En el centro de la vieja Freetown, hay un árbol que ha sido testigo de la historia de la ciudad. Según la leyenda, en el año 1792 los primeros esclavos liberados que partieron de Estados Unidos para regresar a África, se reunieron alrededor del Cotton Tree para rezar. Tras esa oración conjunta, fundaron la ciudad. "Este es el centro del país, donde empezó Sierra Leona", dice Mutsapha Almert, 'Wizzy', vecino de la capital.

Si durante la guerra civil, esa ceiba gigante fue testigo de las batallas callejeras, con niños soldado puestos hasta las cejas de cocaína mezclada con pólvora, hoy a su sombra se sitúan vendedores ambulantes y mendigos, muchos de ellos con miembros amputados durante el conflicto, que suplican por una moneda. Su tronco, rodeado por una valla con fotos del presidente del país y anuncios de una compañía telefónica, preside una intersección en ebullición, con cientos de personas, coches, motos y ruido de bocinas. Un cartel enganchado a una rama apunta a nuevas realidades: "El ébola es real".

El Cotton Tree también ha sido testigo de la peor epidemia de ébola de la historia. "Durante la época de más muertes, nos reuníamos aquí, alrededor del árbol, para rezar; era casi lo único que podíamos hacer", explica Wizzy. Cuando recuerda aquellos días de octubre y noviembre de 2014, Wizzy no puede evitar arrugar la frente.

La semana en la que el ébola aterrizó en todas las televisiones, radios, webs y periódicos de España, acabó casi abruptamente el 21 de octubre de 2014. Fue con una noticia positiva. Ese día un equipo médico del Hospital Carlos III de Madrid anunció en una rueda de prensa que la auxiliar de enfermería infectada de ébola, Teresa Romero, se había convertido en la primera española en sobrevivir al virus.

Pocas horas después, el Organismo Mundial de la salud publicó su informe semanal sobre la enfermedad: desde el inicio de la epidemia hasta aquel día de octubre, el virus había matado a 4.868 personas y contagiado a 9.911, prácticamente todos en Sierra Leona, Liberia y Guinea.

Con la curación de Teresa Romero, y una vez solventada la amenaza en el primer mundo, el ébola volvió a desaparecer de los salones españoles.

Pero el virus siguió matando. En octubre y noviembre, se producían más de mil nuevos contagiados diarios y la epidemia estaba desatada. Hoy seis meses después del día en que Teresa Romero se convirtió en la primera superviviente de ébola española, el virus ha matado ya a más de 10.500 e infectado a cerca de 26.000 personas. El envío de ayuda y personal cualificado para cubrir la emergencia y rastrear la cadena de contagio ha significado un drástico descenso de nuevos casos, de menos de cien casos a la semana.

La esperanza la tradujo en palabras el responsable de la Misión de Respuesta de Emergencia de Ébola de las Naciones Unidas, Ismail Ould Cheik, que hace unos días dijo que esperaba que la epidemia terminara definitivamente a finales de verano. Ould Cheik dijo más. Admitió fallos mortales en la gestión de la epidemia, pese a las advertencias de organizaciones como Médicos Sin Fronteras. "Probablemente hubo falta de conocimiento y un cierto grado de arrogancia, pero creo que estamos aprendiendo lecciones", señaló a la BBC.

En las calles de Freetown, Wizzy quiere ver algo de optimismo en el hecho de que la gente salga a la calle para comerciar durante unas horas o los jóvenes empiecen a hacer reuniones clandestinas para ver partidos de fútbol.

Al avanzar hacia el casco viejo de Freetown, un chico le grita desde el otro lado de la acera. "Wizzy! What?s up!?". "¡Samuel, my friend!", responde Wizzy.

Nos acercamos y Samuel nos recibe con un fajo enorme de billetes en una mano y un gesto de saludo con los hombros. "Prohibido tocarse, ébola", se cachondea. Explica por qué tanto dinero. "Soy una especie de banco en la calle, cambio dinero y la gente confía", dice con una sonrisa. Lleva unas gafas de sol en la cabeza, una cadena de plata al cuello y un anillo en la mano derecha como para marcar territorio: aquí el jefe es él. Samuel cuenta billetes de 10.000 y 5.000 leones a una velocidad pasmosa. Se coloca los fajos de billete en las dos palmas abiertas y desliza los billetes con los pulgares sin parar.

Pronto se apelotonan varios colegas de Samuel en una escalera y posan para la cámara bien juntos y sin importar rozarse unos con los otros.

"¿Ya no tenéis miedo de tocaros?", pregunto. "¡El ébola se ha ido, el ébola ha acabado!", dice Samuel por respuesta.

Estamos a principios de marzo y su alegría parece prematura. Él lo niega:

"Te lo digo, el ébola se ha acabado en Sierra Leona, lo que necesitamos ahora son inversores", dice.

Su grupo de amigos le jalea y asiente. Alguno grita "¡Queremos trabajo!" y recibe la aprobación general. La recuperación de la economía nacional será una de los tareas más urgentes en los países afectados por el virus. No será la única: la educación, después de un año con las escuelas cerradas, será otro reto. Y habrá que vencer miedos. Muchos colegios eran el único edificio público de pueblos y aldeas, por lo que se convirtieron en centros de tratamiento de ébola improvisados. Los expertos avisan de que muchos vecinos no querrán enviar a sus hijos al lugar donde rondó el virus y vieron morir a familiares y amigos.

El sistema sanitario también necesitará reconstrucción. Para evitar que un futuro brote de ébola sea tan devastador, no será suficiente con volver a la casilla de salida. Hará falta más. De media, España gasta unos 3000 dólares por persona en el sistema sanitario; en Sierra Leona la cifra no llegaba ni a 300 dólares por cada sierraleonés.

Contenido patrocinado

Otras noticias

Comentarios 0