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Los soldados estadounidenses se adaptan a su nuevo papel en Irak

AFP
1/07/2009 - 16:05

La misión de los 133.000 soldados estadounidenses desplegados en Irak cambió radicalmente este miércoles tras su repliegue la víspera de las ciudades iraquíes y a algunos les cuesta abandonar su papel de guerreros por el de asistentes.

"Cuando parten de mañana, mis hombres son ahora como empleados que van al trabajo", sostiene el coronel Burt Thompson, jefe de las tropas norteamericanas en la provincia de Diyala, otrora una de las más peligrosas de Irak.

Este comandante de la 1ª brigada, 25ª división de infantería, reconoce que la misión de los soldados ha cambiado considerablemente. "Irán a la comisaría central, se reunirán con los policías, los ayudarán con su radio, a veces saldrán a patrullar (...), todo a pedido de la policía iraquí", explica.

Desde hace algunos meses, el número de misiones disminuyó significativamente y a menudo se limitan a proyectos de reconstrucción de infraestructuras, distribución de alimentos o entrenamiento de las fuerzas iraquíes.

En la base de Warhorse, cerca de Baquba, la vida de unos 4.000 soldados de la 1ª brigada, 25ª división de infantería, será muy diferente a la de las brigadas precedentes que estuvieron alojadas aquí.

Será el fin de las semanas de combates contra los insurgentes, la reconquista de Baquba calle por calle, a veces casa por casa, y del constante acoso de los guerrilleros, que colocaban bombas al borde de las carreteras para hacer estallar los vehículos norteamericanos.

"Cuando llegué, en septiembre pasado, salíamos al menos cuatro veces por semana. Actualmente eso casi ha terminado para nosotros", señala Xavier Canfield, un soldado de 22 años, mientras juega al baloncesto.

El resto del tiempo, "nos quedamos en la base en alerta, venimos a jugar aquí, vamos al gimnasio o vemos películas", afirma este joven procedente de Louisiana (sur de Estados Unidos).

Su colega Tavaros James, de 22 años, estaba encargado de aprovisionar los puestos de combate urbano que acaban de ser suprimidos por el ejército. En total, el ejército eliminó 11 bases de las 18 que poseía en la provincia de Diyala, cuya capital es Baquba.

"Me queda sólo un mes. No saldré más. Voy a quedarme aquí, probablemente jugando al baloncesto y preparando mi equipaje. Ha llegado la hora de partir", señala el soldado James.

Muchos soldados de infantería, entrenados en la lucha antiguerrillera, confiesan en privado que se aburren en sus nuevas tareas. Pero el coronel rechaza todas las críticas.

"Su trabajo consiste en cumplir órdenes. Un día pueden apretar el gatillo, el siguiente limpiar los cristales o hacer un trabajo humanitario", dice el coronel a sus tropas.

"Yo estoy agradecido de que no matemos más. Eso quiere decir que podemos regresar a nuestro hogar, que Irak está un poco más cerca de convertirse en una sociedad pacífica", añade.

Sin embargo, "el 30 de junio no significa que voy a permanecer en mi base, sin salir, sin hacer nada. Al contrario, fuera de las ciudades la situación no ha cambiado mucho y puedo desplazarme como quiera", insiste.

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