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La muerte de 10 soldados de la OTAN complica el plan de diálogo en Afganistán

AFP
8/06/2010 - 14:42

La muerte de diez soldados el lunes durante una de las peores jornadas para las fuerzas internacionales en Afganistán pone de manifiesto el desafío al que se enfrenta el gobierno afgano, que intenta abrir un diálogo con los talibanes en un momento en que éstos parecen en posición de fuerza.

Siete estadounidenses, dos australianos y un francés murieron en combates y en la explosión de bombas artesanales en el sur y el este del país.

Estas muertes se producían al día siguiente de que las fuerzas internacionales perdieran cinco hombres. Este martes, otros dos soldados de la OTAN murieron por la explosión de una bomba artesanal en el sur del país y un soldado británico murió en un tiroteo en el sur de Afganistán

En los últimos meses, uno a dos soldados de las fuerzas de la OTAN mueren de media cada día en el país. Este aumento no es una sorpresa. La OTAN, empezando con el mando estadounidense, ya lo había previsto. Al enviar unos 30.000 soldados estadounidense de refuerzo para alcanzar la cifra de 150.000 soldados extranjeros desplegados en Afganistán en verano, los occidentales se esperaban a un aumento automático de las pérdidas.

Por otra parte, y mientras que las fuerzas de la OTAN se dotaban de vehículos cada vez más blindados, los insurgentes empezaron a multiplicar el uso de las bombas indetectables (hechas de madera o de plástico), a la vez que aumentaba la potencia de los aparatos explosivos.

Según un balance de la AFP hecho con las cifras del sitio web independiente icasualties.org, 247 soldados de las fuerzas internacionales han muerto en el país desde el 1 de enero de 2010 y casi los dos tercios de los cuales (154) son estadounidenses.

Las fuerzas de la OTAN llevan semanas de una ofensiva en Kandahar, cuna de los talibanes, que debe culminar este verano.

El ejército estadounidense, que por sí solo ha visto el número de bajas doblar en 2009, prevé una violenta resistencia de los talibanes en Kandahar, donde libra batalla junto a los canadienses y las fuerzas afganas.

En respuesta, los talibanes anunciaron a mediados de mayo el lanzamiento de una serie de operaciones de 'yihad' -ataques, atentados y asesinatos- contra las fuerzas de la OTAN y de forma más general contra los extranjeros presentes en el país. Estas operaciones debían dirigirse a "los invasores estadounidense", las fuerzas de la OTAN, "los espías que se hacen pasar por diplomáticos extranjeros", "los sirvientes de la administración Karzai", las empresas privadas de seguridad, las empresas extranjeras de construcción y "todos los apoyos de los invasores extranjeros", advirtieron los talibanes.

En paralelo, el presidente Hamid Karzai, comprometido con una política de la mano tendida a los talibanes, organizó la semana pasada en Kabul una 'jirga' de la paz que reúne a unos 1.600 representantes de las tribus y de la sociedad civil afgana. La asamblea elaboró una serie de propuestas destinadas a poner fin a la guerra. Pero la legitimidad del evento fue rechazada por los talibanes, que de todas formas no fueron invitados.

"Los talibanes no estaban contentos con las conversaciones de la 'jirga' porque no trataron el tema de la retirada de las tropas y de las enmiendas a la Constitución" para instaurar la 'sharia' (ley islámica), estima Waheed Mujda, un ex responsable afgano bajo el régimen de los talibanes, ahora analista político. "Intensifican sus operaciones porque quieren ser poderosos y llegar en mejor posición", incluso antes de eventuales negociaciones de paz, subraya Mujda.

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