Arquitectura y cómics (I): la arquitectura de los superpoderes

Los Juegos Olímpicos y su enorme presupuesto de 9.300 millones de libras esperan transformar el este de Londres, pero habrá que esperar para saber si triunfa la apuesta, cuando algunos críticos predicen ya el nacimiento de una isla de prosperidad en medio de barrios humildes.
"Los Juegos han acelerado innegablemente la regeneración del lugar", constituido de antiguos terrenos industriales, asegura Kathryn Firth, de la London Legacy Development Corporation, el organismo encargado de la herencia de los Juegos. "Era un sitio sucio sobre el río Lea y se ha convertido en un refugio de biodiversidad", estimó.
Manuel Appert, geógrafo francés especializado en urbanismo londinense, habla sin embargo de un "programa de aburguesamiento acelerado".
"Se ha transplantado un nuevo trozo de ciudad en lugar de buscar prioritariamente la mejoría de las condiciones de vida de la población", a pesar del riesgo de crear un enclave, dice. Como en Canary Wharf, en los muelles renovados de Londres, donde "se pasa de los muy muy ricos a los muy muy pobres del otro lado de la carretera".
El lugar, aunque estaba muy degradado, no estaba desierto: un millar de personas tuvieron que ser realojadas y 209 empresas que emplean a 5.000 personas expropiadas para construir el parque olímpico. Entre ellos un ahumador de salmón, que logró que le pagaran la mudanza de su fábrica.
En su lugar, la corporación encargada del legado promete miles de viviendas nuevas, una inmensa zona verde, 3 kilómetros de paseos a lo largo del río Lea, escuelas, guarderías y otras actividades.
Un centro de negocios debe crear el empleo que necesita la zona de Newham, donde sólo un 56% de la gente tiene trabajo.
Farhat Monin, que vive en el lugar, cree en el proyecto. Esta joven diplomada obtuvo un empleo en el parque olímpico y recuerda que "los vecinos de Newham tienen prioridad en la contratación". Alaba también la transformación de la ciudad de Stratford, "más conocida gracias a los Juegos".
Para el visitante, el paisaje es futurista: trenes y metros desembocan en una estación gigantesca, con acceso directo al centro comercial de Westfield, el mayor de Europa.
Una pasarela permite cruzar el nudo ferroviario para acceder al "viejo" Stratford, donde un centro comercial mucho más modesto trata de resistir a la competencia de Westfield.
En la calle principal, la tienda de muebles ha cerrado. El gerente de la tienda de colchones vecina, Stewart Mehmet, reconoce que "Westfield nos quita clientes" pero se declara optimista: "la gente va a volver, nuestros precios son más razonables".
Atif Khan, gerente de una tienda de telefonía móvil, constata un bajada de entre "20% y 25% de las ventas". El también se instalaría en las nuevas viviendas construidas en Stratford, si no fueran tan caras.
El barrio de Newham carece de vivienda asequible, y tiene 36.000 familias en lista de espera.
Así, la transformación de la villa olímpica en 2.818 viviendas, entre ellas 1.379 "asequibles" parece un chollo. Salvo que al final, sólo 25% serán sociales, señala Manuel Appert.
La mitad fue vendida al fondo soberano de Qatar, que tiene interés en alquilar a precio de mercado. La otra mitad fue cedida a asociaciones que, para obtener préstamos bancarios, tuvo que reducir la parte de vivienda social.
Tras los Juegos, saldrá una ciudad nueva del suelo, con un complejo escolar, comercios, plazas.
"Habrá unas 11.000 viviendas, es decir 40.000 personas que se instalarán aquí en los próximos 20 años", estimó Richard Burdett, profesor de Urbanismo de la London School of Economics (LSE).
Para él, "el reto es ver si uno se siente a plazo medio en un barrio 'normal', como ambiciona el proyecto".
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