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Cinco años después, los "libertadores" estadounidenses siguen en Irak

AFP
21/03/2008 - 12:15

Cuando una multitud de iraquíes recibió con vítores a las tropas estadounidenses que venían a poner fin al régimen de Saddam Hussein, el soldado Randolph Raúl Sánchez se dijo que la invasión de Irak sería un "éxito formidable" y que regresaría pronto a casa.

Cinco años más tarde y como muchos de los soldados estadounidenses que desfilaron triunfalmente en Bagdad en abril de 2003, sigue en Irak e incluso decidió firmar por un nuevo periodo de dos años en este país hundido en la violencia.

"En aquella época, pensábamos que regresaríamos rápidamente a casa, como ocurrió en la primera guerra del Golfo", en 1991, explicó a la AFP Sánchez, destinado en un puesto bautizado Shangai, en Rushdie Mulah, un pueblo cercano a Yussufiyah, 25 km al sur de Bagdad.

"No encontramos demasiada resistencia por parte del ejército iraquí cuando llegamos desde Kuwait, entonces pensamos que íbamos a regresar en seguida", recuerda este militar, que en la época sólo tenía 19 años.

Su entrada en Bagdad, con las tropas que tomaron la capital iraquí en abril, sigue grabada en su memoria.

"Fue impresionante", recuerda Sánchez, que desde entonces fue ascendido al grado de sargento. Con su tez bronceada y su gesto siempre sonriente, este militar de El Paso, en Texas, se acuerda de los helicópteros que despejaban el camino a los soldados, destrozando todo lo que representaba un peligro a su avance. "En aquel momento, los iraquíes saqueaban todo. Era una locura", recuerda.

En cuanto los habitantes de Bagdad entendieron que Saddam Hussein había sido vencido, los soldados fueron recibidos como héroes. "Era como un desfile de victoria. Las tropas estaban rodeadas por la multitud. Los jóvenes gritaban: 'Michael Jackson' e imitaban sus bailes", añade.

Otro sargento, Christopher Colbert, también estaba en uno de los primeros blindados que entraron en Irak, el 20 de marzo de 2003, y realizó una marcha de tres semanas hacia Bagdad.

En el camino hacia la capital, este militar de 30 años cruzó una unidad del precario ejército iraquí. "Matamos a tres soldados. Fue nuestro primer enfrentamiento", recuerda.

Las imágenes de aquellos días desfilan en su cabeza "como una película", sobre todo su llegada a Bagdad. "Había puentes destruidos por los bombardeos, edificios en llamas, saqueos en todas partes y gente que corría de un lado para otro", refiere.

El sargento Eric Padilla describe las escenas como "surrealistas".

"Me acuerdo de los saqueos, pero también de los edificios destruidos y abandonados. Los restos de los blindados iraquíes humeaban todavía y había incluso un helicóptero que había sido abatido", cuenta este habitante de California, de 25 años.

Veterano de esta guerra después de tres periodos pasados en Irak, este soldado, al igual que Colbert, recibió la garantía de regresar pronto a su hogar. "Después nos dijeron que seis meses más, luego un año", explica.

Pese a todo, Padilla considera que la decisión de invadir Irak "no fue mala". Colbert es todavía más radical: "Pienso que fue una buena idea. Permitió que los iraquíes cambiaran de gobierno y fueran libres de hacer lo que quieran. Si hubiera que volver a hacerlo, repetiría", asegura.

Estos tres sargentos, destacados en una zona agrícola al sur de Bagdad de la que los extremistas islámicos fueron expulsados, ayudan a los sunitas a garantizar la seguridad de la región, asisten a las comunidades locales y evalúan las necesidades educativas y sanitarias.

Sin embargo, la situación les resulta a veces un poco frustrante. "Prefiero echar abajo puertas y registrar casas", admite Colbert.

"Después intento pensar y ponerme en el lugar de los iraquíes. ¿Qué haría yo si mi país fuese invadido?. Y comprendo que debemos ayudarles a reconstruir Irak", concluye.

bpz/jch/bl/js

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