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La crisis en Tíbet planea sobre las celebraciones de Pascua en el Vaticano

AFP
21/03/2008 - 18:47

La sombra de la crisis en Tíbet planeó este viernes sobre las celebraciones de Pascua en el Vaticano, a las que el papa Benedicto XVI ha querido dar matices chinos para acercarse a Pekín y lograr una mayor libertad para la Iglesia católica en el gigante asiático.

Benedicto XVI, cuyo pontificado concede amplia importancia a Asia, decidió hace varios meses dedicar a la iglesia de China y a sus sufrimientos las meditaciones que se leerán en las 14 estaciones del tradicional y sugestivo Vía Crucis nocturno en el Coliseo de Roma.

Por ello encargó al cardenal de Hong Kong, el chino Joseph Zen Ze-Kiun, que redactara los textos de esas meditaciones.

Desde mediados de los años 60, los textos de las meditaciones han sido escritos por personalidades e intelectuales, entre ellos el poeta italiano Mario Luzi, la monja protestante Minke de Vries y el cardenal nicaragüense Miguel Obando y Bravo.

El cardenal Zen, conocido defensor de la libertad religiosa, punto de referencia para los católicos de China y a la vez enlace entre las autoridades comunistas de China y la jerarquía de la Santa Sede, no estará presente en el Coliseo y prefirió acompañar a su rebaño en Asia.

"El Papa entiende manifestar así su personal atención por el continente asiático e involucrar en ese rito de piedad cristiana a los fieles de China", escribió en la introducción el purpurado.

En algunos pasajes de las meditaciones, divulgadas con antelación por el Vaticano, el cardenal se refiere a los "mártires del siglo XXI" y en particular a las víctimas de las "tenebrosas" persecuciones religiosas.

Las consecuencias de tales denuncias sobre las delicadas relaciones entre el Vaticano y China, que atraviesa un momento delicado por las revueltas en Tíbet, no se conocen.

La Santa Sede rompió relaciones diplomáticas con China en 1951, dos años después de la victoria del comunismo y la instauración del ateismo, que implicó una fuerte represión contra los fieles de todas las religiones.

Después de la muerte del líder máximo Mao Zedong en 1976, el budismo, el islamismo y el cristianismo comenzaron a ser tolerados y algunos años después el Vaticano comenzó a buscar un acercamiento con Pekín con el fin de reunificar la Iglesia de ese país, dividida entre la "oficial", reconocida por el gobierno, y la clandestina, fiel al Papa.

Las manifestaciones en Tíbet tan duramente reprimidas por China ocurren pues en un momento delicado para las relaciones con la Santa Sede, que había organizado una serie de reuniones secretas en los últimos meses.

Pese a haber mantenido esta semana una actitud prudente sobre los acontecimientos en Tíbet para evitar fricciones con las autoridades de China, el Papa hizo el miércoles un llamamiento "al diálogo y a la tolerancia" entre las partes, el cual fue desatendido o mejor rechazado.

"La llamada tolerancia no puede existir para los criminales, que deben ser castigados según la ley", respondió desde China el portavoz de la cancillería, Qin Gang.

"Una respuesta seca y brutal que revela los límites del diálogo en curso entre los dirigentes del régimen comunista y la iglesia católica", escribió este viernes el diario italiano La Repubblica.

Entre los temas de negociación por las partes figuran las relaciones del Vaticano con Taiwán, rechazadas por China, y el reconocimiento de los obispos nombrados por el Papa.

Como señal de deshielo, el Vaticano comenzó a reconocer a los obispos designados por las autoridades comunistas, cuyo porcentaje alcanza hoy en día el 80% de los nombramientos.

No obstante esos gestos reconciliatorios, será difícil para la Iglesia católica obtener la aspirada libertad de culto tal como se entiende en un país occidental.

"Un sermón dominical contra el aborto o la pena de muerte podría ser interpretado como un acto subversivo", sostiene Federico Rampini, uno los mayores expertos italianos en China y corresponsal del diario La Repubblica.

Según cifras del Vaticano, existen entre 8 y 12 millones de católicos en China. Las estimaciones del gobierno chino calculan que son cinco millones de católicos y 70 obispos. Una minoría con respecto a más de 1.300 millones de habitantes.

kv/gc

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