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Bután, una potencia mundial en felicidad nacional bruta

Juan Pablo Cardenal
2/04/2008 - 7:35
Niños de Bután

¿Adivinaría usted qué país tiene por capital Thimphu, habla en lengua dzongkha y paga con billetes de ngultrum? No, no es una pregunta de Trivial, pero bien podría serlo. Ese país desconocido, enigmático y remoto, anclado en el corazón del Himalaya, tiene por nombre Bután.

Desde tiempos inmemoriales, ha permanecido totalmente aislado del mundo, consecuencia no sólo del blindaje que brinda su inaccesibilidad geográfica, sino -sobretodo- por la propia voluntad de huir de la modernidad si ello supone el envenenamiento de la profundamente budista sociedad butanesa. Así que, mientras el resto del planeta prosperaba, Bután ha seguido exhibiendo una característica cicatriz medieval.

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De hecho, a principios de los años sesenta en Bután no había carreteras, ni electricidad, mucho menos un servicio postal y ni siquiera teléfono. Años más tarde, incluso en medio de tanta pobreza, el entonces rey Jigme Singye Wangchuk acuñó el principio que ha guiado hasta hoy el rumbo de este peculiar país: "La Felicidad Nacional Bruta es más importante que el Producto Nacional Bruto", resolvió. Fue una declaración sin desperdicio, puesto que suponía el compromiso del monarca para desarrollar una economía que sirviera a los valores espirituales del budismo y de la cultura butanesa. Nacía el reino de la felicidad.

Sin teléfono ni Internet

Tres décadas después, el actual primer ministro, Kinzang Dorji, sigue defendiendo ese principio de la felicidad como "el método que equilibra el crecimiento sostenible frente a los resultados tantas veces dañinos de la riqueza desenfrenada", dijo. Esa obsesión por impermeabilizar al país de los vicios de la globalización y de la influencia exterior condenó a Bután a vivir sin televisión ni Internet hasta 1999, o a situaciones tan curiosas como que en la capital, Thimphu, únicamente exista un semáforo y sólo cinco ascensores.

En realidad, el modelo auspiciado por la realeza butanesa es prácticamente antagónico del chino: no admite el crecimiento a cualquier precio. Ello no impide al pequeño paraíso del Himalaya acometer su necesaria modernización, aunque en el desafío del desarrollo controlado habitualmente toma lo que en Bután se llama "el camino intermedio". Que, en línea con su profunda espiritualidad, no es otra cosa que huir del materialismo salvaje que es denominador común en otros lares. Precisamente, la pasada semana Bután dio un paso histórico en su propósito de ganar el futuro.

Las primeras elecciones democráticas

Después de más de un siglo de absolutismo, Bután celebró las primeras elecciones democráticas de su historia. La democracia más joven del planeta se fraguó, cómo no, de forma inverosímil: fue el actual monarca Jigme Keshar Namgyal Wangchuck, de 28 años, quien tuvo que convencer a su pueblo, y no al revés, de que la democracia es la mejor receta para la prosperidad. "La felicidad es más importante que el rey", dijo.

Ahora bien, sin salida al mar y encajonado entre las cumbres más altas del mundo, ¿cómo alcanzar el objetivo de la modernización teniendo en cuenta que PIB butanés apenas supera los 1.000 millones de dólares (632 millones de uros)? Después de 30 años, reiteran desde Thimphu, está probado que la Felicidad Nacional Bruta es más importante que el PIB.

Ejemplo imbatible de esta forma de entender la economía es cómo administra Bután su principal exportación: la energía hidráulica. Pese a que podrían aprovechar las urgencias energéticas de sus vecinos India y China para vender su electricidad a precio de oro, el pequeño reino budista prefiere preservar sus tesoros naturales y únicamente exporta una porción de lo que sería su máxima capacidad. "Estudiamos las inversiones en base a la filosofía budista y no en base al materialismo del libre mercado. Nuestra filosofía no es vender nuestros recursos al mejor postor a cambio de miles de millones de dólares", explica a Bloomberg Kinga Tshering, jefe ejecutivo del Banco de Bután.

Sin malos humos

Por razones similares, en 2004 el Estado renunció a los ingresos potenciales del tabaco con la prohibición de fumar, convirtiéndose en el primer país libre de humos. También controla la entrada de turistas, unos 50.000 al año, que gracias a que pagan alrededor de 200 euros al día han hecho del turismo exclusivo una de las principales industrias del país. Los frutos de semejante modelo están empezando a florecer: crece al 8,5 por ciento anual y la renta per cápita nacional supera ya los 1.400 dólares (el doble que en la India) y la esperanza de vida de su población eminentemente agrícola ha pasado de 40 años a 66 en tres décadas. Y lo más importante: Bután es una potencia mundial en felicidad.


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Comentarios 3

#1
02-04-2008 / 11:36
kitanovsky
Puntuación 8

doy un 10 a este país, que de momento veo que es el único que sabe 'trabajar para vivir'.

actualmente me estoy leyendo un libro interesantísimo: 'No Logo'. y es que ya andamos hartos de los criterios y formas de pensar que nos ponen las grandes corporaciones a través de sus enseñas.

a vivir la vida !!

#2
02-04-2008 / 11:38
un ciudadano
Puntuación 7

Esto demuestra que la inteligencia se puede aplicar al turismo, no como en nuestro pais, que nos fastidian el medio ambiente, se enriquecen los constructores y los empresarios hoteleros, y los naturales de los preciosos (antiguamente) pueblecitos costeros acaban con el pueblo destrozado y con trabajos en malas condiciones para el turismo masivo. Voto por el turismo restrictivo, de alto nivel.

#3
30-03-2009 / 17:28
joaquin
Puntuación 1

es la Pala de un mundo feliz solo que real, siempre crei que era posible algo asi aunque sea un poco parecido