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"Los bastardos", de Amat Escalante, una visión impactante de la emigración

AFP
20/05/2008 - 17:11

El director mexicano Amat Escalante presentó una impactante "Los bastardos" este martes en la sección oficial Una Cierta Mirada del Festival de Cannes, que visita por segundo año consecutivo después de hacerlo con "Sangre".

El segundo largometraje de Escalante transcurre en la ciudad de Los Angeles y tiene como protagonistas a dos mexicanos que se buscan la vida con trabajos puntuales, hasta que un buen día un hombre los contrata para que maten a su esposa.

"El punto de partida era más bien dos hombres trabajando por dinero y el sacrificio que ellos tienen que hacer, físico y moral, al irse a Estados Unidos y perder lo que es su país, su origen", explicó Escalante a la AFP.

Amat Escalante empezó a trabajar el guión hace años con su hermano Martín incorporándole anécdotas oídas en la familia. Su padre cruzó la frontera como clandestino y guarda secuelas en las manos.

"La película también habla en metáforas de una pérdida de humanidad muy extrema que sucede" en el relato, precisó. Porque "Los bastardos" confronta al espectador con la muerte a sangre fría y la que es fruto de la venganza.

El joven director mexicano conserva el estilo que caracterizaba a "Sangre", las secuencias muy largas y los grandes silencios, que contribuyen a crear un clima irreal imbricado en la banalidad de la vida diaria.

Esta vez, la edición ha corrido a cargo del turco Ayhan Ergürsel, montador de todas las películas de Nuri Bilge Ceylan, que este año concursa con "Tres monos".

Escalante vuelve a mezclar también actores profesionales y otros que no lo son y tienen físicos muy contrastados y una presencia notable, al estilo de lo que hace su compatriota Carlos Reygadas, del que fue ayudante en varias películas.

El protagonista mayor, Jesús Moisés Rodríguez, trabajaba en unas obras en Guanajuato, de donde es Escalante (aunque nació en Barcelona), y al más joven, Rubén Sosa, presente en Cannes, lo descubrieron por la calle un par de días antes de empezar el rodaje.

Formato anamórfico, unos colores rojo, verde y blanco rabiosos (los mismos de la bandera mexicana) al principio del relato y una guitarra eléctrica saturada a gran volumen, definen un marco sensorial de la película diferente a "Sangre".

"El formato vino determinado en parte por la primera toma, el canal de Los Angeles, que quería que ocupara mucho, y aquí también quería más cielo desde la primera toma. Aunque después nos enclaustramos en una casa, quería más aire", explicó.

Dos tiros a quemarropa ponen la piel de gallina por su realismo. "Las cosas que yo hago son un poco por instinto. La muerte no se puede explicar mucho, pero aquí sentí que la película se puede ver ahora como antiarmas", dijo el director.

"Mi inspiración grande fue también la guerra en Irak, lo que está pasando allí, y algo que no enseñan en la televisión, el daño físico y emocional que puede ser la violencia", explicó.

El director parecía entre asombrado y aturdido después de ver su propia película en la pantalla gigante de la sala Debussy del Palacio de Festivales, donde fue recibida con varias tandas de aplausos cerrados por las 900 personas que llenaban el cine.

jmr/mc/gc


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