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La partida de ajedrez de Obama aguarda su jaque mate: Guantánamo

7:21 - 11/08/2015
Barack Obama, presidente de EEUU. Imagen: Reuters

Una cosa es ser indiferente, y otra mucho peor es ser indiferente cuando había unas expectativas altísimas. Lo primero, en fin, genera indiferencia, pero lo segundo conlleva una enorme decepción. Eso es lo que parecía que iba a pasarle a Barack Obama pero, en una complicada partida de ajedrez contrarreloj, las tornas podrían cambiar.

Su histórica llegada al poder vino marcada por una espectacular campaña de marketing, tan buena que no parecía marketing. No sólo fue el primer negro en llegar a la Casa Blanca, sino también una especie de símbolo mundial con discursos esperanzadores y promesas de cambio verdadero justo en un momento en el que el mundo necesitaba eso.

Sin embargo la voluntad de cambiar las cosas y prescindir de Washington no bastan ni para cambiar las cosas ni para prescindir de Washington. El sueño de Obama y sus votantes se dio de bruces con no pocas dificultades y bloqueos, incluidos dos momentos en los que la mayoría republicana se las ingenió para paralizar los pagos del país a instituciones y trabajadores públicos. Obama no lo ha tenido nada fácil, pero tampoco había sido capaz de cubrir las expectativas.

La lógica electoral estadounidense tiene rituales que condicionan sobremanera la gestión de sus presidentes. Por una parte, el hecho de que los votantes suelan dar en las 'mid-terms', las elecciones de mitad de legislatura, la llave de las Cámaras a la oposición para compensar el poder presidencial. Por otra, el hecho de que no se pueda tener dos mandatos.

Lo primero fue lo que hizo que el Gobierno viera limitada su capacidad de acción sobremanera, y que algunas de las iniciativas más controvertidas de Obama estuvieran a punto de no ver la luz. Es el caso de la reforma sanitaria, cuya tramitación lleva años en marcha, o el plan de ofrecer la ciudadanía estadounidense a los 'dreamers'. Lo segundo, en teoría, es una suerte de desquite: como el presidente reelegido ya no volverá a ser el candidato puede echar toda la carne al asador o, dependiendo de su lealtad al partido que representa, guardar los muebles para no perjudicar a su posible sucesor.

¿Y cuál es la situación de Obama? Inesperadamente buena. Volviendo a lo primero, el presidente de EEUU se enfrentó al choque de no poder responder a las expectativas generadas. La corriente de ilusión que le llevó al Gobierno y que le valió incluso una gira por Europa con discurso multitudinario incluido, pronto se convirtió en decepción al ver que no se cumplían sus promesas.

Acelerar

Sin embargo, superada la mitad de este segundo mandato, Obama ha apretado el acelerador. Con las citadas reformas de los 'dreamers y la reforma sanitaria cerradas, con las cifras del paro descendiendo y Osama Bin Laden abatido, ha llegado el momento de rubricar su mandato con gestos para la historia de esos que cualquier mandatario querría poder protagonizar.

El primero fue una maratoniana negociación con Irán para acordar una especie de tratado de no proliferación nuclear. Los contactos se iniciaron mucho antes, cuando el reformista Hasan Rohani conquistó la presidencia del país persa en agosto de 2013 derrotando al ortodoxo Mahmud Ahmadinejad, pero no empezaron a dar frutos hasta que ambos países, tradicionales enemigos, tuvieron que hacer frente común: la amenaza del Estado Islámico en el marco de una guerra civil islámica. Eso, claro, tuvo un precio: los republicanos, Israel y Arabia Saudí salieron en tromba contra el gabinete de Obama. Pero el resultado es ciertamente histórico.

El segundo gran gesto es Cuba, y ahí es donde Barack 'Capablanca' Obama empieza el asalto por el jaque mate. Primero hubo un deshielo de las relaciones apretón de manos incluido, luego se sacó a Cuba de su lista de terroristas, más tarde se reabrieron las embajadas de cada uno en sus respectivos vecinos... y ahora llega el momento del paso definitivo. Cuba ya lo ha dicho claro: quiere el fin del bloqueo y recuperar la soberanía de Guantánamo. Y esa es una de las últimas grandes promesas que le quedan a Obama por cumplir, el cierre de la base militar donde se ha torturado a sospechosos de Al Qaeda.

Aunque al final sea imposible responder a todas las expectativas de aquel Obama que encandiló al mundo en 2008, el presidente que podría dejar la Casa Blanca en 2016 podría acabar teniendo al final un lugar en la historia. Y no únicamente por el color de su piel o su efectivo marketing político. A lo tonto sólo ha roto un 22% de sus promesas, y visto lo visto eso no es nada.

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Comentarios 1

#1
11-08-2015 / 09:18
Carlos
Puntuación 1

El juntaletras ha oido campanas. Lo que el negro Husein quiere cerrar es la prision que tienen montada en la base de Guantanamo, no la base entera.