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La cartas de Sorolla revelan su faceta literaria y nuevas claves de su obra

EFE
2/07/2009 - 20:24

Madrid, 2 jul (EFE).- Un millar de cartas forman el epistolario completo de Joaquín Sorolla, un legado que ha sido reunido por primera vez en tres volúmenes que revelan la faceta literaria del pintor y que aportan nuevas claves para la comprensión y el estudio de su obra pictórica.

"Descubrimos su obra pictórica, porque va contando las circunstancias de cada cuadro, cómo va progresando su obra y qué camino debe seguir", ha explicado hoy a Efe Víctor Lorente Sorolla, nieto del artista y editor de dos de los tres tomos presentados hoy en el Museo del Prado, que acoge la exposición antológica "Joaquín Sorolla (1863-1923)".

Clotilde, mujer del pintor, y Pedro Gil Moreno de Mora, gran amigo y confidente de Sorolla, fueron los destinatarios de estas cartas, muchas escritas en los años que el artista dedicó a la elaboración de los paneles para decorar la biblioteca de la "Hispanic Society of America".

"El Sorolla escritor es sorprendente: no tiene estudios y, sin ser vulgar, tiene facilidad de expresión", asegura Lorente.

Este epistolario completo, que estaba depositado en el Museo Sorolla, pero con acceso reservado a la familia, está compuesto por "cartas personales" en las que el pintor "se desnuda, dice todo lo que piensa, cómo evoluciona su pintura, sus angustias, y fundamentales para entender el trabajo de Sorolla recorriendo España".

Además de ser una importante fuente documental, con una edición rica en apuntes y notas bibliográficas, estas cartas desvelan lado más afectivo del artista, acercándose "al Sorolla humano, pintor y marido", según Lorente, a la vez que confirman que trabajo y familia eran indisociables para el artista.

El primer tomo completa la correspondencia que Pedro Gil, pintor aficionado y clave en la estancia del valenciano en París, envió a Joaquín Sorolla.

La relación entre ambos se basó, en gran medida, en esas cartas llenas de reflexiones sobre la obra del valenciano y sobre el panorama artístico de la época en la que fueron escritas.

Los dos amigos tuvieron pocos encuentros personales -mientras Pedro Gil residía en París, su amigo alternaba su residencia en Madrid con largas estancias en Valencia- pero la fuerza de algunas misivas refleja el vínculo entre los dos artistas y la confianza que Sorolla depositaba en Gil Moreno de Mora.

"Si Dios tuviera dispuesto que no llegásemos a ver a nuestra hija Elena, desapareciendo todos, ella naturalmente sería la única heredera", escribió Sorolla antes de volver de Nueva York en 1909, en una carta a la que adjuntó tres cheques con un valor de más un millón de francos e instrucciones por si no volvía con vida de aquel viaje.

La familia fue una de las principales fuentes de inspiración para Joaquín Sorolla, y así lo demuestran el segundo y tercer tomo del epistolario: más de seiscientas cartas dirigidas a su mujer, Clotilde García, de la que el pintor "tuvo que separarse una y otra vez, por una razón o por otra", explica su nieto.

Y esta separación fue constante en los años que Sorolla se dedicó a los catorce paneles monumentales de su visión de España, descritos en el segundo tomo, con misivas fechadas entre 1912 y 1919 que sirvieron para datar gran parte de los paneles que transformarían la evolución de la obra del pintor.

"Pasó de ser un pintor académico a un artista en libertad, un camino que se cortó cuando empieza con la 'Hispanic Society'", en 1911.

En este tomo se incluyen postales, reproducciones de dibujos y fotografías de Sorolla y su familia, a las que se hace referencia en algunas cartas.

En definitiva, un legado que descubre "la transición de un pobre pintor que llegó a Madrid y que se abrió camino hasta ser el favorito de Alfonso XIII", concluye el nieto de Sorolla.

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