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Javier Gª Sánchez apunta a la CIA como autora del magnicidio de Kennedy

EFE
19/03/2017 - 11:09

Barcelona, 19 mar (EFE).- El escritor barcelonés Javier García Sánchez deshace la maraña que ocultó el asesinato de John Fitzgerald Kennedy en un monumental ensayo, "Teoría de la conspiración", en el que señala a la CIA como autora material y exculpa presuntamente al que fue declarado autor, Lee Harvey Oswald.

La idea del libro surge en 2013 cuando García Sánchez cree que el 50 aniversario del magnicidio arrojará una luz nueva sobre el magnicidio, pero "se produce todo lo contrario y el estupor que me produce me lleva a pensar que estamos peor que en 1963, que hemos vuelto a la Comisión Warren y que a través de libros, artículos y películas se ha producido un segundo asesinato de Kennedy y de Oswald", ha explicado a Efe el autor en una entrevista.

Apuntar a la CIA no es nuevo, anota el autor, pues "en 1968 el fiscal Jim Garrison ya lo dijo en la televisión en hora punta. Entonces hubo un revuelo, pero no pasó nada porque en Estados Unidos nadie ha querido aceptarlo, ni tampoco la vinculación entre la CIA y la mafia y el mundo de las drogas. Es uno de los temas tabú".

García Sánchez apuesta decididamente por la inocencia de Oswald: "Soy el primero que dice que no disparó, participó en la conspiración, pero no tengo claro para qué estaba allí" y se muestra muy crítico con los escritores que abordaron el episodio como Norman Mailer, Don DeLillo o James Ellroy.

En "Un misterio americano", Mailer apunta, a decir del escritor barcelonés, "la teoría más demencial, la de los dos tiradores independientes, es decir que Oswald y otro desde la loma de hierba disparan al mismo tiempo a la comitiva".

Javier García bucea en todo tipo de fuentes, las de uno y otro lado, y respira por que "por suerte, en Europa dimos por supuesto muy pronto que se trató de una conspiración".

De las producciones cinematográficas más recientes, García Sánchez lamenta que en "Parkland" no salga alguien tan determinante como Jack Ruby, asesino de Oswald, pero elogia la escena en la que Jacky Kennedy quiere hablar con Oswald, poco antes de ser asesinado, y lanza contra Robert Kennedy.

"Hasta donde no alcanza el brazo de esa gente. Esto es tu culpa, tuya y de tus secretos", sin embargo cuando "el propio Bob dice que quizá se ha pasado un poco con lo de los cubanos, volvemos a la teoría del miedo. Y además, al principio habla de tres detonaciones, otra falsedad".

Apesadumbrado, García Sánchez no alberga "ninguna esperanza en la documentación que queda por desclasificar, serán miguitas para nuevos libros como éste cada diez años, pues lo que tenía que desaparecer está desaparecido desde el 24 de noviembre de 1963".

De hecho, el director del FBI, John Edgar Hoover mandó que destruyeran en su presencia el informe de Oswald.

En los últimos veinte años, aparte de la película "JFK" de Oliver Stone, García Sánchez apenas salva el libro "La conspiración" de David Talbot, que sugiere el posible autor intelectual del complot, Allen Dulles, el director de la CIA entre 1953 y 1961, forzado a dimitir por el fiasco de Bahía Cochinos y que también formó parte de la Comisión Warren.

García Sánchez subraya que "las circunstancias de Dallas hablan de una chapuza tras chapuza: No tenía que haber sido grabado, ni fotografiado y Oswald debería haber sido liquidado y sin embargo permaneció vivo dos días en una comisaría sin control, con mucha gente entrando y saliendo, periodistas, vagabundos, una anciana e incluso Ruby".

"Un Oswald vivo era peligroso y se equivocan al no cargárselo cuando debían, no deberían haberlo dejado hablar porque el gran villano del siglo XX, era en realidad el héroe. Era un patriota, que no iba a matar al presidente y de repente se vio envuelto en aquella conspiración", señala.

En "Teoría de la conspiración" (Navona), el autor proporciona muchos de los nombres propios que habrían participado en el complot, entre ellos "el agente de la CIA Howard Hunt, que posteriormente estaría implicado en el caso Watergate de Nixon y que aquel día de noviembre de 1963 estaba en Dallas; y a quien Oswald envió supuestamente una carta dos semanas antes del crimen".

Además de esta carta, el libro reproduce el recibo de la última llamada que Oswald pidió realizar desde la comisaría de Dallas, el 23 de noviembre, poco antes de morir, dirigida al oficial John Hurt, uno de sus jefes en la ONI (inteligencia naval), "un recibo que se salvó milagrosamente por la telefonista, Alveeta A. Trenton.

La muerte de Oswald fue la primera de una cadena de muertes en extrañas circunstancias de decenas de testigos como la actriz Karyn Kupcinet, que aseguró que había visto juntos a Oswald y Ruby en el Club Carrousel de Dallas, regentado por el segundo; o la periodista Dorothy Kilgallen, muerta aparentemente por una sobredosis y que había entrevistado a Ruby en la que le contaba todo.

A la luz de estos datos, García Sánchez habla de "un golpe de estado, no en el sentido militar, pero sí en cuanto a la desaparición de documentos y a la desinformación", del que no se salva, añade, ni el New York Times.

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