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Murillo, el enigma

EFE
13/06/2018 - 13:04

Sevilla, 13 jun (EFE).- Fue el pintor en activo más conocido de la historia y sus cuadros los más cotizados de un pintor en vida hasta el siglo XX, pero sobre todo fue "un enigma", según Antonio Cavanillas de Blas, autor de la "Murillo. El mago sevillano del pincel" (La esfera de los libros).

Murillo fue un hombre profundamente religioso, un padre de familia que amaba a la Iglesia, que era su principal cliente, fue amigo de las tertulias, en las que cultivaba la amistad y, según Cavanillas, uno de los hombres que sacó a Sevilla de la postración en que se hallaba tras la epidemia de peste de 1649.

En la presentación en Sevilla de su obra, Antonio Cavanillas (Madrid, 1938), coronel médico y autor especializado en novelas históricas como "Yo, Carlos" o "La dama del armiño", ha señalado que "la incógnita" y "el enigma" de Murillo comienza desde su mismo año de nacimiento, que el propio artista señalaba 1617 o 1618, según le conviniera parecer un año más viejo o más joven.

El autor ha señalado que se sabe muy poco de su vida, pero que eso no tiene por qué ser un obstáculo para el novelista, cuya misión, además de recrear fielmente una época, es engarzar el rigor de los datos históricos con el espíritu de un determinado momento y el carácter de unos personajes que fueron de carne y hueso.

Cavanillas, en efecto, ha aprovechado la ocasión para retratar a muchos de los amigos de Murillo, entre ellos varios canónigos --el más significativo de ellos Justino de Neve, ancestro del que dos siglos más tarde sería el cura liberal José María Blanco White--, Zurbarán o Miguel de Mañara, trasunto histórico de Don Juan.

El novelista ha señalado que en vida de Murillo algunos de sus cuadros se vendieron en Amberes, La Haya o Utrech por el equivalente a cinco millones de euros actuales, por lo que la historiadora María Fidalgo, que ha acompañado a Cavanillas en la presentación de su novela, ha afirmado que el pintor sevillano "no fue ningún tiburón de las finanzas" sino, sencillamente, alguien consciente del valor de sus creaciones.

De la religiosidad de Murillo, aparte de que la Iglesia fuese su principal cliente, ha señalado Cavanillas que está fuera de toda duda, que es propia de un hombre de su época, y que consta su adscripción a la Cofradía del Rosario, con la que "llevaba a gala" salir en procesión cada Jueves Santo.

Entre los datos ofrecidos por Cavanillas que respaldan el valor de las obras de Murillo desde el momento de su creación, ha recordado el momento en el que el mariscal francés Soult mostró su colección particular --que integraba el fruto de sus saqueos en España-- a un embajador británico y, en el momento de enseñar la Inmaculada del sevillano Hospital de Los Venerables, explicó que era un cuadro tan valioso que había salvado la vida de dos personas.

Al interesarse el diplomático de si se había tratado de un milagro, el mariscal napoleónico repuso que, en absoluto, que él mismo hubiera mandado fusilar al párroco y al sacristán de Los Venerables si no le entregaban el cuadro.

La novela está escrita en primera persona, como si fueran unas memorias que el propio pintor se puso a escribir en los últimos días de su vida, en un relato lineal que parte desde su infancia y en el que Cavanillas se permite una licencia no demostrada históricamente, su viaje a Madrid y un encuentro en la Corte con el otro genio sevillano que fue Velázquez.

La historiadora María Fidalgo, que se ha declarado discípula del profesor Enrique Valdivieso, catedrático de la Universidad de Sevilla y al que ha considerado como la máxima autoridad académica en Murillo, ha asegurado que leyendo esta novela el pintor que la protagoniza es "reconocible", y que se trata de una narración que "huele a verdad" y que "está cargada de sinceridad".


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