El tic-tac, tic-tac ha hecho las maletas. Dice adiós a Valencia, ciudad en la que Pablo Iglesias, cabeza de cartel de Podemos, vistió de estreno su amenazante eslogan, y ha desembarcado, de la mano de Ahora Madrid, en la capital.

La frase va dirigida al colectivo empresarial y a los integrantes de los sucesivos gobiernos municipales "donde la arbitrariedad y el caudillismo han conformado un sistema de política clientelar", subraya el programa político con el que Manuela Carmena quiere timonear el Ayuntamiento de Madrid.

El partido de Carmena se dirige a los ciudadanos, asegurando que son ellos, "quienes han preservado la imagen más hermosa: la Puerta de Sol llena de esperanza". De esperanza... y de inquietud, al menos en los despachos de Vodafone España.

Los directivos de la compañía temen que si en su día, a mediados de 2013, fueron pioneros en apellidar una estación en Metro Madrid, la estación de Sol, sean también los primeros en padecer la puesta en marcha del ideario de Carmena, libro de instrucción en el que se reclama devolver a la estación de metro de la Puerta del Sol su nombre de siempre: Sol. "Nosotros", rememoran los portavoces de la operadora, "tenemos un contrato firmado con Metro Madrid y no tenemos intención de entrar en cuestiones políticas".

Cerca de la Puerta del Sol se ubica el proyecto Canalejas. La operación, impulsada y liderada por OHL, grupo presidido por Juan Miguel Villar Mir, puede descarrilar si Ahora Madrid se decanta por aplicar a rajatabla su catecismo electoral. Aunque los que se saldrían fuera del carril del bienestar serían miles de madrileños -el proyecto prevé la contratación de 5.000 personas-, los inversores -está prevista una inversión superior a los 500 millones de euros- y la dote con la que el proyecto quiere enriquecer el ajuar turístico, residencial y comercial de Madrid: se contempla la construcción de un hotel, de cinco estrellas gran lujo, casi una treintena de residencias en propiedad, un centro comercial de tres plantas, un aparcamiento?

A centenares de metros de la Puerta de Sol se ubica la plaza de España, lugar en el que se concentra la inquietud de Wang Jianlin, empresario que lidera Wanda Group, grupo dispuesto a invertir 114 millones de euros para remodelar el edificio de Plaza España y hacer de la emblemática construcción un lujoso complejo hotelero, comercial y residencial. Lo anterior, siempre que obtenga el permiso de Ahora Madrid, cuyos mandamases fruncen el ceño al hablar de una obra que, al igual que acontece en la operación Canalejas, quieren auditar y estudiar si la iniciativa "satisface el interés general" de los ciudadanos.

Alumbrado en la última década del siglo pasado y bautizado con múltiples nombres, en el presente se denomina Distrito Castellana Norte, el proyecto en el que BBVA -financiación- y la constructora Grupo Sanjosé -edificación y promoción- comparten el liderazgo entre los socios, demanda de inversiones superiores a los 6.000 millones de euros.

La operación está pendiente de que los nuevos inquilinos del Consistorio de Madrid aprueben las diligencias pendientes y den el sí quiero a la tramitación final. Una máquina, la de arrastrar el tren del empleo y de la inversión, que no sólo tiene el peligro de no transitar por las vías de la alta velocidad, sino que puede dejar sin el billete del saneamiento financiero a Adif.

La empresa, dependiente al igual que Renfe del ministerio de Fomento, depende de la venta del suelo del entramado ferroviario de la estación de Chamartín para aligerar su equipaje de números rojos: está previsto cerrar el ejercicio con una deuda próxima a los 18.000 millones de euros, cifra que la convierten, detrás del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (Frob), en la empresa pública más endeudada del Estado.

La operación, que se extiende 3,7 kilómetros, abarcando tres millones de metros cuadrados de terreno y entre cuyos objetivos están la edificación de miles de viviendas, oficinas, superficies comerciales y zonas verdes, está pendiente de que los nuevos inquilinos del Consistorio de Madrid aprueben las diligencias pendientes y den luz verde a la tramitación final.

Operación Mahou-Calderón

De Chamartin, al Manzanares, con la conocida como operación Mahou-Calderón. Pero, de acceder a la vara de alcaldesa, Carmena quiere auditar el que puede ser el mayor desarrollo urbanístico previsto en el interior del anillo de la M-30. El proyecto, que entre otros quehaceres arquitectónicos incluye demoler el estadio Vicente Calderón, construir alrededor de dos millares de viviendas y erigir dos rascacielos, tiene como principales protagonistas, que no únicos, a la constructora FCC y a la cervecera Mahou.

No muy lejos del Vicente Calderón, se ubica otra de las obras que el equipo de la colegiada Carmena ha prometido auditar si Ahora Madrid se hace con el control del Ayuntamiento de la capital: Plaza Río 2.

El plato fuerte del proyecto es la construcción, por parte de la Sociedad General Inmobiliaria de España (LSGIE), de un centro comercial. Con una superficie de 40.000 metros cuadrados, el objetivo es edificar tres plantas, construir 1.500 plazas de garaje y albergar casi dos centenares de comercios.

Otra empresa en el punto de mira del armamento político de Ahora Madrid es Blackstone. La macrosociedad de capital riesgo y nombre propio entre los inversores en el sector inmobiliario, utilizó, meses atrás, la compañía Magic Real Estate Blackstone para adquirir 1.860 pisos de la Empresa de Vivienda y el Suelo de Madrid (EMVS).

La operación, que se formalizó una vez que el comprador transfirió 128,5 millones de euros al Ayuntamiento de Madrid, es el espejo en el que Carmena y sus concejales quieren reflejar lo que retratan como "estrategia para recuperar las viviendas vendidas por la EMVS".

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